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Caos, desesperación, hambre y llanto

Agencia ACAN–EFE. Desde Managua. | 8 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Caos, desesperación, hambre y llanto
La confusión en el cómputo de muertos y desaparecidos agrega una nueva nota trágica a la situación de caos que dejó el huracán "Félix" en el Atlántico norte, declarada zona de "desastre", donde se da cuenta oficial de 53 muertos, 105 desaparecidos, 100,000 damnificados, 8,477 desplazados y 8,848 casas destruidas. La aparición o no de los cadáveres de 52 náufragos misquitos nicaragüenses frente a las costas hondureñas se discute todavía, después de que las autoridades de ambos países confirmaran el hallazgo de los cadáveres, al parecer pescadores, de un grupo de 109, que buscaban refugio en el vecino país. El gobierno del presidente Daniel Ortega ha reconocido que la situación "es peor de lo que pensábamos" y que aún falta mucho para determinar la magnitud de la catástrofe. El Caribe Norte, región tradicionalmente amenazada por huracanes e inundaciones, presenta condiciones de alta vulnerabilidad ambiental, física, social e institucional, que se originan en sus bajos índices de desarrollo humano. Sólo se puede llegar a Bilwi por aire o por mar, porque las carreteras están cortadas y los ríos, tradicionalmente utilizados por los lugareños como medio de comunicación, están desbordados. Tampoco hay luz ni agua potable y la mayoría de los ríos de la zona, usualmente medios de transporte, están desbordados. La falta de comunicación con la región y en el interior de la misma, agreste y pantanosa, con una población censada de más de 313,824 personas, afincadas en un extenso litoral rodeado por manglares, dificulta aún más la tarea de rescate y recolección de información. La desesperación, el hambre y la incertidumbre han marcado estas 72 horas tras el paso del huracán "Félix", que el pasado martes azotó el Caribe Norte nicaragüense con vientos de 260 kilómetros por hora. El canal 2 de la televisión local mostró imágenes de cadáveres en estado de descomposición flotando en aguas cerca de la isla de Cayos Miskitos, al nordeste de Puerto Cabezas, la capital regional, cuando eran rescatados por unidades de salvamento del Ejército nicaragüense. Día y noche, cientos de personas se aglomeran en el desvencijado muelle de esa ciudad, partido por el ciclón, a la espera de la aparición de los familiares desaparecidos. El aeropuerto también se mantiene abarrotado de centenares de personas que corren hasta los helicópteros o aviones que llegan con ayuda humanitaria, que, a pesar de la pronta respuesta internacional, ha resultado insuficiente. El gobernador de la RAAN, Reinaldo Francis, dijo a Acan-Efe que es "poquita" la cantidad de alimentos, medicinas y agua que tienen en bodegas para la población afectada, calculada oficialmente en más de 50.000, aunque se estima que resulte ser el doble. "Las raciones de alimentos que le estamos entregando es para tres días nada más", reconoció. Los equipos de evaluación del gobierno aún trabajan para precisar la magnitud del desastre en 49 comunidades caribeñas y, aunque la cooperación internacional continúa llegando, se registran dificultades para hacer llegar los auxilios a los afectados por el meteoro. La ayuda de primeros auxilios recibidos está encaminada al "aseguramiento de la vida" de los sobrevivientes y para cubrir sus necesidades de viviendas, de educación, de infraestructuras y rehabilitación psicoafectivas. Algunos de los testimonios registrados de los sobrevivientes advierten del nuevo peligro que afrontan ante las enfermedades que provocan las aguas estancadas y pestilentes que dejaron las lluvias del huracán. El jueves pasado, cuando llegó al muelle una embarcación de salvamento y rescate, procedente de Cayos Miskitos, fue evidente la angustia de los costeños que corrían para identificar a un familiar entre los 14 cadáveres transportados en el barco. El rumor de que quemarían los cadáveres por su avanzado estado de descomposición, para evitar enfermedades, causó indignación entre la población que amenazó con quemar las instalaciones de la Capitanía, dijo a periodistas la alcaldesa de Puerto Cabezas, Elizabeth Enríquez. La alcaldesa agregó que "los sobrevivientes demandan a sus muertos, para sepultarlos, y que no los dejen en el mar". Enríquez calificó como "gravísima" la situación en la comunidad de Sandy Bay, golpeada por el huracán el pasado día 4 con vientos de 260 kilómetros por hora y donde, indicó, flotan cadáveres aún no cuantificados. "Mientras más pasa el tiempo, llegan más muertos y heridos", se lamentó la funcionaria. Lastenia Joseph, una de las comunitarias que se encontraba en el muelle de Puerto Cabezas, no contuvo el llanto cuando reconoció a su hermana menor, Mayra, entre los 14 cadáveres. Mayra había salido con una prima a acopiar langostas a los Cayos Miskitos, dijo Lastenia entre sollozos. En tanto, en el aeropuerto de Puerto Cabezas aterrizaban aeronaves con decenas de personas rescatadas con vida. Los sobrevivientes presentaban severos daños en la piel, debido a la prolongada exposición al sol y al mar. La pestilencia en la zona, por los muchos animales muertos que también flotan sobre las aguas, pone ahora en peligro la salud de los sobrevivientes, advirtieron las autoridades. La jefa de despacho de la alcaldía de Puerto Cabezas, Mirna Taylor, declaró en conversación telefónica con Acan-Efe que la ciudad está destruida, colapsada por los escombros y los árboles y postes del tendido eléctrico caídos. La ciudad huele mal, dijo, y al paso del huracán, ahora todos temen por las posibles enfermedades.

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