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EEUU admite su derrota en Irak: repliegue silencioso y a cuentagotas

Diario Página/12, de Argentina. | 9 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Ya no hay dudas. Para el final de esta semana que comienza el gobierno de George Bush aceptará algún tipo de retirada de sus tropas desplegadas en Irak. La forma en que lo hará todavía nadie se anima a adelantar.

Por María Laura Carpineta

Sin embargo, algunos adelantos del propio comandante de las operaciones militares en Irak, el general David Petraeus, ya fueron delineando la estrategia. El Pentágono recomendará la partida de una brigada, es decir, de entre 3500 y 4500 soldados. Esa primera retirada se realizaría en enero, en principio, o en abril a más tardar. Destacando ese compromiso, Petraeus reclamará más tiempo y esperará a ver si algún éxito militar en los próximos meses logra calmar los ánimos en Washington. Hace sólo unos días, en una entrevista hecha por mail al diario The Boston Globe, Petraeus adelantaba el objetivo del informe que presentará mañana y el martes ante las dos Cámaras del Congreso junto al embajador estadounidense en Irak, Ryan Crocker. "Basándome en el progreso que nuestras fuerzas están consiguiendo, espero que pueda recomendar que parte de nuestras fuerzas se mantengan desplegadas", señalaba el comandante. Actualmente, Estados Unidos mantiene alrededor de 168 mil soldados en el terreno. Treinta mil de ellos fueron incorporados a principio de año con la nueva estrategia de la Casa Blanca, conocida como "surge". El plan era reforzar la seguridad de las zonas más violentas, principalmente Bagdad, para mejorar el clima de confianza y facilitar la conciliación política entre la dirigencia iraquí. A pesar de la autocrítica que haga el lunes Petraeus, lo cierto es que el comandante está convencido de que las cosas están mejorando y por eso no aceptaría una retirada mayor a la de una brigada. Según adelantó el sábado el diario the Washington Post, el jefe castrense le pedirá al Congreso de mayoría demócrata que le permita presentar una nueva evaluación dentro de seis meses. Sólo en ese momento, explicó el general, volverá a analizar la necesidad o no de enviar de vuelta a casa a más soldados. La estrategia del número uno en Irak sería, según el matutino, ganar tiempo para que los "logros militares" estadounidenses terminen de imponerse en todo el país. "El resultado ha sido un progreso en el área de seguridad, aunque ha sido, como ustedes saben, desparejo", había asegurado Petraeus en una carta que envió días atrás a los comandantes de las otras fuerzas de la coalición internacional en Irak. Prueba de este supuesto éxito es que fuentes de la Casa Blanca ya adelantaron a la prensa que, luego de las presentaciones de los informes frente al Congreso, Bush pedirá una nueva partida extra para la guerra en Irak, de aproximadamente 50 mil millones de dólares. El progreso desparejo del que habla Petraeus se limita a una mejora particular en algunas áreas –dos principalmente, la provincia de Anbar y el norte iraquí dominado por sus aliados incondicionales, los kurdos–. La otra parte del país que no anda tan bien deja cifras que siguen preocupando a la sociedad estadounidense y a la comunidad internacional. En el mes de agosto 56 soldados norteamericanos y más de 1800 civiles iraquíes murieron en atentados, combates y ataques de uno y otro lado. Aunque las víctimas de la violencia sectaria disminuyeron en la capital –un dato que a la Casa Blanca le encanta repetir–, lo cierto es que las cifras globales no demuestran una mejora de la situación nacional, según sostuvieron analistas independientes que desfilaron por el Congreso en los últimos días. Todas esas cifras serán puestas a prueba en las próximas horas en el Congreso. Las mayorías demócratas en las dos Cámaras intentarán desafiar el panorama prometedor que, según la prensa norteamericana, presentará Petraeus. "El informe Bush-Petraeus intentará convencernos de que la violencia está disminuyendo y por eso que el "surge" está funcionando. Aun si las cifras fueran ciertas, la conclusión es equivocada", aseguró ayer el número dos de los demócratas en el Senado, Dick Durbin. En las últimas semanas la oposición había dicho a la prensa que espera algún tipo de plan de retirada gradual que al menos traiga de vuelta a los 30 mil soldados extras que habían autorizado en enero pasado. La cadena de diarios estadounidenses McClatchy Newspapers publicó el sábado que el Pentágono estaría dispuesto a aceptar esa opción. Citando fuentes militares, sostuvo que, más allá de lo que suceda en la semana en el Congreso, ya se acordó retirar una brigada ahora –seguramente de la provincia de Anbar– y retomar el repliegue en abril del año próximo. El comando militar en Irak evaluaría entonces en qué zonas podrían empezar a traspasar el control a las fuerzas locales. Según el medio norteamericano, retirarían una brigada por mes hasta llegar de nuevo al contingente de 130 mil soldados que mantenían antes del refuerzo del verano pasado. Esta versión podría coincidir con el pedido de Petraeus de volver a rendir una evaluación frente a los legisladores en Washington dentro de medio año. Allí podría determinar qué zonas habían mejorado y cuántos hombres podrían volver. Sin embargo, todo indica que será un compromiso de palabra y nada más. Dentro de medio año y ya en la recta final de la campaña presidencial, nada evitará que el comandante militar cambie de parecer si entiende que la situación ha cambiado en Irak. Por ahora la única certeza con la cuenta del Congreso es que todavía falta mucho para que las fuerzas iraquíes puedan hacerse cargo de la seguridad del país y Estados Unidos pueda irse con la tranquilidad de haber cumplido su misión. Así se lo comunicó el jueves a los legisladores un comité independiente compuesto por 20 jefes militares y policiales retirados, convocado especialmente por el Legislativo para analizar la situación iraquí. Según este grupo de expertos, las fuerzas locales necesitan al menos un año y medio más antes de poder asumir el mando. Esta definición podría ser crucial para los enfrentamientos de la semana que empieza. Para los republicanos que siguen al lado del presidente, es la confirmación de que no se pueden retirar todavía. Para los demócratas podría ser un elemento legítimo para no forzar un cronograma de retirada inmediato. De todas maneras, y con la vista puesta en las elecciones, la oposición no desperdiciará la situación de debilidad del gobierno. "Si sacamos los plazos, las condiciones y los cronogramas de retirada, ¿cuál será su urgencia para actuar?", cuestionó la precandidata presidencial y senadora Hillary Clinton.

La bola de nieve de los pacifistas

Por Juan Manuel Barca

El 15 de septiembre es una fecha importante para Bush. En el mismo momento en que el Congreso reciba el informe del general David Petraeus sobre Irak, una masiva movilización en Washington exigirá al gobierno el "fin inmediato a la guerra". Conducida por veteranos que estuvieron en el país de Medio Oriente, la marcha será el comienzo de siete días de acciones que incluirán la ocupación del Congreso. Desde que Estados Unidos invadió Afganistán, la política exterior de Bush fue perdiendo legitimidad y alimentó un fuerte movimiento contra la guerra que hoy se expresa en dos coaliciones nacionales de gran convocatoria en las que participan socialistas, demócratas, grupos étnicos, sindicatos y veteranos de guerra. Estos grupos, sin representantes ni siquiera en los gobiernos locales, salieron de la marginalidad gracias a la timorata actitud del Partido Demócrata en el Congreso. Autodenominados "antiwar", los grupos que se oponen a la guerra tienen una agenda ambiciosa por delante. Uno de sus objetivos principales es superar la movilización de febrero del 2003, que convocó a 500.000 personas en la sede central de la ONU de New York City, y la marcha de septiembre del 2005 que reunió a 300.000 frente a la Casa Blanca en Washington, con un saldo de 370 activistas arrestados. Por eso más de 50 organizaciones nacionales están llamando a la marcha del 15 de septiembre, que será encabezada por un contingente de veteranos de Irak, familiares y soldados. Cuando la manifestación llegue al Congreso, miles de manifestantes se harán los muertos simbolizando los cerca de 4000 militares estadounidenses caídos y los más de 600.000 iraquíes asesinados desde el inicio de la ocupación norteamericana, según la estimación de la revista médica inglesa The Lancet. Entre los principales "sponsors" se encuentra Actúa Ahora para Parar la Guerra y el Racismo (Answer), una de las dos coaliciones más grandes del país en cuya dirección participan grupos árabes, musulmanes y el comunista Partido de Socialismo y Liberación (PSL), que en el 2004 se separó de Trabajadores del Mundo (WWP), informó el diario estadounidense The New York Times. Actualmente la coalición organiza campañas contra la ocupación israelí en Palestina, contra las amenazas de Estados Unidos a Venezuela, Cuba, Irán, Corea del Norte, y a favor de los derechos de los inmigrantes. Otros auspiciantes de la gran marcha de septiembre son varios grupos que integran Unidos Por Paz y Justicia (UFJP), la mayor coalición antibélica del país, que representa a más de 1400 organizaciones y alberga en su conducción al Partido Comunista, Veteranos de Irak contra la Guerra (IVAW) y a la organización sindical Trabajadores en Lucha Contra la Guerra (Uslaw), según el sitio de UFJP. Dentro de esta liga participan demócratas radicales, partidos socialistas, estudiantes y la líder activista Cindy Shenan. "Hay que distinguir entre los dirigentes nacionales del partido y los millones de personas que votan a los demócratas, e incluso sus cuadros locales. La influencia de las fuerzas opuestas a la guerra se refleja en el hecho de que ni un solo demócrata de los que se candidatearon para las presidenciales del 2008 puede posicionarse públicamente a favor de la ocupación en Irak", señaló explicó a Página 12 Michael Eisenscher, coordinador nacional de Uslaw, una red que incluye a más de 160 gremios y representa a 4 millones de miembros. En tanto, los sindicatos también están empezando a despertar gracias al movimiento pacifista. Un triunfo de Uslaw fue dirigir la campaña para que la mayor central sindical del país, la conservadora AFL CIO, adoptara una posición antibélica en su convención del 2005, dos años después de la invasión. "Fue la primera vez en 50 años de historia que la federación se opuso a una acción militar de Estados Unidos contra otro país. Desde ese momento, hemos logrado que AFL CIO realizara seminarios con delegaciones iraquíes en sus oficinas y construyeran un centro de solidaridad en Amman –capital de Jordania– para proveer ayuda a los sindicatos de Irak", dijo Eisenscher.

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