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Honduras cree que ha mejorado en la prevención de huracanes

Por Thelma Mejía, IPS/IFEJ. Desde Tegucigalpa. | 8 de Septiembre de 2007 a las 00:00
En plena temporada de ciclones, Honduras exhibe mejor capacidad de reacción, pero sigue sin políticas para reducir su vulnerabilidad a los desastres naturales, como impedir que se habiten zonas anegables que fueron devastadas nueve años atrás por el huracán Mitch, afirman expertos. Sólo en Tegucigalpa, una de zonas más vulnerables a las inundaciones, se requieren 78 millones de dólares para mejorar la infraestructura de las áreas de riesgo, dijo el alcalde de la capital, Ricardo Álvarez, entrevistado para este artículo. El río Choluteca, que atraviesa la capital hondureña, necesita un dragado para que vuelva a su cauce original, cuyo costo está estimado en 4,2 millones de dólares. Pero, además, mucha gente ha vuelto a vivir en sus riberas por la falta de un plan de contingencias en el plano nacional y en los 298 municipios del país, sostuvo Álvarez. El huracán Félix, que ingresó debilitado a territorio hondureño el 5 de este mes, causando lluvias intensas y desbordes de algunos ríos, demostró la capacidad de coordinación de instituciones estatales y locales bajo el liderazgo de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), estimaron varios expertos consultados. "Esto antes no se daba, ni cuando el Mitch. Había mucho celo profesional entre las instituciones y los datos eran dispersos, confusos. Ahora vimos un equipo más coordinado desde los gobiernos locales y a nivel central, que permitió generar un amplio proceso de alerta temprana entre la ciudadanía", dijo el meteorólogo y catedrático de la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Nabil Kawas. El Servicio Meteorológico Nacional ha adquirido más experiencia, sostuvo. Tras una capacitación en 2005, puede predecir con más eficacia la cantidad de lluvia que puede caer sobre un determinado territorio, lo que permite controlar los depósitos de agua potable y represas hidroeléctricas y efectuar descargas programadas si son necesarias, explicó. Además, "la gente ha aprendido a protegerse y a preocuparse, no hubo muertos, y eso demuestra que estamos mejor que cuando nos tocó enfrentar los embates del huracán Mitch". Unas siete mil personas murieron en Honduras y más de tres mil en Nicaragua cuando Mitch asoló América Central, en octubre de 1998. Por el desastre, ambas naciones retrocedieron dos décadas en materia de infraestructura y desarrollo. Ahora, los comités de emergencia locales de Tegucigalpa funcionaron con tal precisión que "se sabía, por ejemplo, qué pulpería (tienda de artículos domésticos) estaba en una zona de mayor riesgo en comparación con otras, y la labor de convencimiento personal para evacuar tuvo resultados positivos", dijo el alcalde Álvarez. En los barrios donde la alcaldía no pudo limpiar las bocas de alcantarilla para evitar inundaciones, los propios residentes se organizaron para hacerlo. Para el presidente Manuel Zelaya, haber evacuado 25 mil personas en menos de un día fue un éxito. La alerta temprana permitió esa evacuación en cuatro de los 18 departamentos del país, la mayoría en la selvática región de la Mosquitia, sobre el océano Atlántico y fronteriza de zonas nicaragüenses estragadas por Félix, como Puerto Cabezas y el Cabo de Gracias a Dios. La franja de la Mosquitia, una vasta zona que comparten Honduras y Nicaragua, y los bosques de las cordilleras de las dos naciones ayudaron a que Félix, que tocó tierra el día 4 como huracán de máxima potencia, se debilitara y no causara daños severos en Honduras, según los expertos consultados. El huracán ingresó por una de las zonas más boscosas de América Central, de montañas con vegetación, y "nos salvamos por un golpe de suerte, porque si ese huracán entra por otro sector, nos hubiera destrozado", opinó la bióloga y catedrática universitaria Mirna Marín. En Nicaragua, unas 40 personas murieron, 120 estaban desaparecidas y 50.000 fueron damnificadas por Félix. Para Marín, Honduras es hoy tan frágil como después del paso de Mitch. "La gente retornó a vivir cerca de los ríos y en las zonas inundables, y no hay una política estatal que evite esas acciones", dijo.

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