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11/09: Cabos sueltos de una historia mal contada

Redacción Central de Prensa Latina | 11 de Septiembre de 2007 a las 00:00
11/09: Cabos sueltos de una historia mal contada
El sexto aniversario de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York trae al recuerdo de los estadounidenses una historia que para algunos resulta difícil de creer. La versión oficial sostiene que 19 hombres de origen árabe secuestraron cuatro aviones con el objetivo de impactarlos contra los símbolos del poder económico, militar y político de Estados Unidos y, así vengar los desmanes de Washington en el Levante.

Por Ismel Enriquez

Aunque el gobierno defiende la culpabilidad de elementos islámicos en los atentados y da por zanjadas las pesquisas, la mayoría de los norteamericanos opina que ese capítulo de la historia nacional presenta demasiadas lagunas y datos contradictorios como para pasar la página. Un estudio de la consultora Zogby reveló el pasado jueves que dos tercios de los estadounidenses objetan que la Comisión Nacional encargada de investigar haya hechos haya esclarecido de forma convincente algunos aspectos. La pesquisa de Zogby arrojó que el 51 por ciento de las personas consultadas culpa al presidente George W. Bush y al vicepresidente Richard Cheney en lo que considera una autoagresión para sacar al país del atolladero económico y rebasar la impopularidad del ejecutivo. La realidad demuestra que los mayores beneficiados con la caída de los edificios neoyorquinos fueron los empresarios y políticos vinculados a la industria petrolera, que obtuvieron una justificación para poner sus manos sobre los hidrocarburos del Medio Oriente. Historias más o menos creíbles, con datos comprobados o por comprobar, especulan que la mano de la Casa Blanca y la Agencia Central de Inteligencia están detrás de los atentados. Otras responsabilizan a agentes secretos de Israel y Paquistán. Más allá de las suposiciones, Morgan Reynolds, ex consejero de Bush durante su primer mandato, afirma que ningún avión por muy cargado de combustible que estuviera podía derretir la estructura de acero de los rascacielos. Reynolds sostiene que "únicamente una demolición profesional, controlada, puede explicar todos los elementos probados en la investigación sobre el desplome de los tres edificios", las dos Torres Gemelas y el edificio 7 que cayó ocho horas después. Científicos que intentan explicar por qué esas tres construcciones se precipitaron con tanta facilidad sólo encuentran una respuesta: manos desconocidas colocaron el detonante Thermite en los cimientos para respaldar la versión de un ataque terrorista. El testimonio del puertorriqueño William Rodríguez, testigo de los hechos, así como el registro sismográfico tomado en el momento del derrumbe, confirman que antes del impacto de los aviones se produjo una fuerte explosión. Andreas von Vulgo, ex ministro de Defensa alemán y experto en operaciones secretas, afirmó en abril de 2006 que agentes de la CIA perpetraron los ataques, utilizaron la torre 7 como centro de control, y luego la demolieron para borrar evidencias. El ex subsecretario del Tesoro Paul Roberts indicó en una ocasión: "Ingenieros cualificados han dicho que el Centro Mundial de Comercio se derrumbó a causa de cargas explosivas. De hecho, si se mira la forma en que cayeron las torres no hay más remedio que creerlo". Otro aspecto que despierta dudas es la supuesta embestida de una nave de American Airlines contra la sede del Pentágono, pues las fotos tomadas del incidente y el tamaño del boquete dejado por la colisión, hacen pensar en un cohete. Para muchos militares de experiencia resulta inconcebible que un avión viajara directo hacia el cuartel general del Ejército estadounidense durante 40 minutos sin accionar alarma, o que la Fuerza Aérea entrara en acción cuando los atentados estaban consumados. De manera sospechosa, el Centro de Defensa Aeroespacial de Estados Unidos estaba apagado, y los terroristas escogieron como diana el ala oeste del Pentágono que, debido a reparaciones, contaba con menos personal del acostumbrado. Algunos funcionarios manifiestan que el gobierno detectó meses antes un movimiento inusual de miembros de Al Qaeda, prácticas de pilotaje, e incluso, el fiscal David Schippers acusó al Buró Federal de Investigaciones de conocer la fecha y los objetivos de los ataques. Todo lo anterior cobra mayor relevancia si se tiene en cuenta que un inversionista anónimo, cuyo nombre permanece en secreto a pesar del tiempo, arrendó y aseguró cada torre contra actos terroristas por tres mil 200 millones de dólares, apunta la página digital Voltairenet. El 11 de septiembre pudo ser el catalizador mencionado por Cheney, el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, y su entonces lugarteniente Paul Wolfowitz en su Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, en donde contemplaban revolucionar la industria militar del país.

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