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Situación de damnificados es desesperante

Agencia ACAN–EFE. Desde Bilwi (RAAN) | 13 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Situación de damnificados es desesperante
El huracán "Félix" ha dejado un rastro de hambruna y enfermedad y el peligro de un estallido social en el Caribe norte de Nicaragua, donde tocó tierra con toda su furia hace ya más de una semana. Así lo constató Efe en una expedición de dos días por los municipios de Waspam, Bilwi y Rosita, todos en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), la zona devastada por el poderoso ciclón y la más pobre del país. Albergues con evacuados hacinados, agua contaminada en los ríos y pozos, niños desprotegidos y la insatisfacción general de una población que ya se sentía abandonada es el panorama dramático que ofrece la región, pendiente de la ayuda humanitaria internacional que llega a cuentagotas. El difícil acceso a la zona por las crecidas de los ríos, la desaparición de muchos puentes y el colapso de las carreteras ha obligado a las autoridades a establecer un puente aéreo entre Bilwi y Managua para hacer llegar a los damnificados los primeros auxilios. En la zona se ha perdido todo, las vivienda, la comida, las cosechas... y quienes no han perdido la vida temen caer enfermos por la insalubridad reinante. "Si sobrevivimos a los vientos del huracán, no sobreviviremos al hambre", advirtió a Efe Beatriz Martínez, de 46 años, y originaria de la comunidad misquita de Sahsa, situada en Tasba Pri (Bilwi), destruida por el ciclón. En Sahsa, que significa "un lugar pantanoso" en la lengua local, los indígenas utilizan sus cosechas para consumo y como intercambio con otras comunidades vecinas, pero ahora se han quedado sin nada y se quejan de los pocos alimentos que reciben. Sahsa es una de las comunidades que visitó Efe durante un recorrido aéreo y terrestre con la expedición de evaluación de daños de la organización internacional de ayuda humanitaria OXFAM y sus socias nicaragüenses Centro "Humboldt" y Acción Médica Cristiana. En la exploración también participó el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF). Fue en Sahsa, donde está la sede del Comité de Emergencia Local de 67 comunidades que integran Tasba Pri ("tierra libre" en misquito), donde los fuertes vientos de "Félix" desplazaron los cuatro pilotes que sostenían una casa de madera en la que se protegía una familia completa, que pereció bajo su techo. También en esa comunidad, Bartolo Smitt logró "amarrar" su vivienda con gruesas cuerdas y alambre de púas para que los fuertes vientos no se la llevaran y protegió a 10 familias, que hoy narran la hazaña. El viaje comenzó en Waspam, uno de los ocho municipios de la RAAN, de 9.300 kilómetros cuadrados de extensión y a 600 kilómetros al noroeste de Managua, donde aterrizamos en una pista de camino de tierra. En Waspam, habitada por misquitos, mayagnas y otras etnias, los daños por el ciclón no se aprecian a ras del suelo, por lo rudimentario del poblado, pero desde el cielo, se aprecia la magnitud del desastre ecológico, que afecta a las selvas de la cercana reserva de Bosawas. Ese parque natural, uno de los pulmones del mundo y proclamada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad como reserva de la biosfera, concentra un 10 por ciento de la biodiversidad mundial, apunta Calixto Osorio, vicealcalde de esa ciudad, fronteriza con Honduras. En Bilwi, la segunda parada y capital regional, se registra el ajetreo de un puerto que, a pesar de haber perdido el muelle, vuelve a mirar al mar como medio de comunicación y fuente de recursos. Pero del mar también llegan aún cuerpos sin vida, de difícil identificación, que las familias con miembros desaparecidos esperan que sean ajenos. Son las comunidades del litoral norte y llano norte de Bilwi las que registran la mayor cantidad de víctimas mortales y desaparecidos del huracán, además de daños en las infraestructuras, el medio ambiente, y en la producción agrícola. Tanto en Waspam como en Bilwi los líderes de la comunidad advierten del peligro de la aparición de epidemias, a causa del agua contaminada de ríos y pozos, y de la descomposición bajo las aguas de animales y otras materias orgánicas que aún no se han retirado. El hambre es general en las recónditas comunidades rurales, a las que ni siquiera llegan los servicios públicos de luz eléctrica, agua, o de comunicación telefónica, y el acceso vial se ha hecho imposible, explicaron. "Y la situación psicológica es fatal", añadió Brenda Rocha, de la Procuraduría del Estado, para quien debe darse respuesta integral a la población afectada que incluya no sólo agua, alimentos, semillas, retorno de los niños al año escolar y reconstrucción de viviendas, sino seguridad y estabilidad, dentro de lo posible. Si en una semana no se recibe atención, "la región colapsa", aseguró. En la comunidad Las Breñas, ubicada entre Rosita y Bilwi, Efe fue testigo de la desesperación de decenas de personas que aún permanecen en refugios sin alimentos ni atención médica. Dos menores han muerto en Tasba Pri por malaria y diarrea, ya desaparecido "Félix". La coordinadora de la situación de Emergencia en esa zona, Edith Morales, explicó que se identifican a diario afecciones en la piel producto de la falta de higiene y que se vive bajo el riesgo de que cualquier afección pueda ser fatal. Antes de marchar, un último vistazo a la población sin consuelo y el fatídico augurio de Beatriz Martínez al despedirse: "Nos vamos a morir. Enfermos o de hambre, pero nos vamos a morir".

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