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«Tiembla la tierra, tiembla el mar de este lugar» ¡Ayudemos a la comunidad de Krukira!

| 16 de Septiembre de 2007 a las 00:00
«Tiembla la tierra, tiembla el mar de este lugar» ¡Ayudemos a la comunidad de Krukira!
Desde el pasado seis de septiembre, Radio La Primerísima ha lanzado una campaña nacional e internacional para ayudar a los damnificados de la comunidad de Krukira, jurisdicción del municipio de Bilwi, capital de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Dale una luz

Cantautores: Katia y Salvador Cardenal

En un lugar llora el cielo de ternura En un lugar todo el verde está de fiesta En altamar, no muy lejos de Corn Island y el Bluff, un hombre niño pesca un saco en el mar En un lugar quema el cielo las estrellas En un lugar que me vio jugar de niño tuve amistad, un amigo que no jugará más, pero la calle hoy se llama como él En un lugar llueve tanto que se apaga el sol y el lodazal besa siempre tus rodillas un viejo está aprendiendo sus primeras letras no tiene anteojos pero sabrá leer En un lugar donde el agua es a volcanes y el tiburón hizo nido en agua dulce el huracán pone un bosque en reverencia mortal tiembla la tierra, tiembla el mar de este lugar. Dale una luz a la gente que ha buscado su libertad contra el cielo y contra humanos dale una luz a este pueblo que ama tanto vivir en Nicaragua.

Escucha o baja a tu disco duro la canción La comunidad de Krukira está situada en el Litoral Norte de la RAAN, a 16 kilómetros al norte de Bilwi (ubicado a unos 572 kilómetros de Managua), a la orilla de la Laguna del mismo nombre y frente a las costas del Mar Caribe. Cómo surgió la idea (Sin Fronteras). Audio en RealPlayer A este esfuerzo se ha sumado la Universidad Central de Nicaragua (UCN) y varias escuelas públicas y privadas de la ciudad de Managua, los Comités Internacionalistas de Zaragoza, España y el Secretariado de Solidaridad con Centroamérica (ZAS), de Suiza. EL Comité de Zaragoza recauda fondos a través de la cuenta corriente de Ibercaja número 2085 0135 16 0300266586, con la denominación Huracán o Nicaragua. La selección de la comunidad de Krukira, totalmente devastada por el huracán Félix la madrugada del 4 de septiembre, ha sido realizada por Radio Caribe, de Bilwi, dirigida por Kenny Lisby. En las sedes de Radio La Primerísima y de UCN, se han recibido centenares de donaciones en ropa, alimentos, medicinas, juguetes y otro tipo de objetos. También hemos recibido transferencias de dinero de Estados Unidos y Europa. Hemos procedido a la clasificación e inventario de toda la ayuda recibida, para luego empaquetarla y rotularla debidamente. El principal problema que debemos resolver es el transporte hacia Bilwi. Ahora que ha sido restablecido el paso sobre el Río Wawa Boom, ya es posible hacer el viaje por tierra. Pero debemos coordinar con el Ejército para utilizar sus camiones y formar parte de una caravana que viaje con seguridad garantizada. Otra posibilidad es enviar la primera carga por tierra hasta el Puerto La Esperanza, en el municipio El Rama, y luego por barco a Bilwi. También es posible enviarla por aire, pues funciona un puente aéreo entre Managua y Bilwi, aunque sólo están permitidos los vuelos oficiales o de naciones amigas. Estamos haciendo intensas gestiones con las autoridades del gobierno y del Ejército para poder enviar la ayuda por cualquiera de las vías. Krukira es parte del municipio de Bilwi. El ex alcalde de esa ciudad Guillermo Espinoza, recuerda que "es un municipio muy dependiente del resto del país. Allí no se produce arroz, frijoles, plátanos, ni mucho menos carnes de cerdo, res, pollo, ni huevos. Todo esto se lleva desde lejos y cuesta hasta un 40 por ciento más de lo normal, por eso estamos apuntando a desarrollar la parte productiva". Agrega que es uno de los pocos municipios del país donde todavía quedan importantes recursos marinos y forestales, pero si continúan aprovechándose de manera desordenada en los próximos años no quedará nada. De acuerdo a cifras oficiales, Krukira tenía antes del huracán aproximadamente 2,700 habitantes, predominantemente de la etnia Miskitu, y unas 270 viviendas. La comunidad contaba con seis veleros para la pesca, una escuela y un puesto de salud. Pero según un informe del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), publicado en 2005, "la comunidad de Krukira tiene una población de 3,000 habitantes (Roger Rivera, Autoridad Comunal). Tradicionalmente, se ha dedicado a la pesca de escamas tanto en el mar como en la laguna. Las personas en Krukira que se dedican a la captura de la tortuga verde son básicamente pescadores de Awastara que migraron a esta comunidad por asuntos familiares. En la actualidad solo existen cinco veleros y dos de ellos en malas condiciones. No se descarta la posibilidad de que puedan aumentar el número de veleros ya que los aprendices pretenden tener sus propios veleros. El número de faenas es de dos por mes". Algunos de sus líderes son: Leticia Tómas Krukira y Róger River Krukira, del Consejo de Ancianos, Timoteo Bushy, encargado de Desarrollo Territorial y Marcos Rivera, Juez Comunal. El informe oficial de la Defensa Civil censó 248 viviendas en la comunidad, y todas las reporta como destruidas. Krukira tenía una planta eléctrica de 46 kilovatios que quedó inutilizada. También despareció su puesto de salud. De la única escuela de primaria, sólo quedaron los cimientos. Ahí estaban matriculados 62 niños en preescolar, 257 de primero a sexto grado. También recibían clases 4 niños con capacidades diferentes (como parte del modelo de "Escuela Inclusiva"). Las clases las impartían 16 docentes, originarios de la comunidad y de la ciudad de Bilwi. El municipio de Bilwi (cuyo nombre impuesto por los del Pacífico es Puerto Cabezas) está hermanado con Vilafranca del Penedés y San Pere de Ribes, Catalunya; Burlington, Vermont, Estados Unidos; y Manchester, Gran Bretaña. Un reporte de Naciones Unidas, tras una visita a la comunidad, informa que "los 2,500 habitantes de Krukira están luchando por recuperarse del golpe que les dio "Félix", y sostuvieron una asamblea en la destechada iglesia de la comunidad, a la que asistieron mujeres, jóvenes, niños, varones y el juez de la comunidad. La presencia del UNICEF en Krukira ha permitido a los niños tener actividades educativas y psico-afectivas que les ayudará a superar con mayor rapidez el trauma del desastre. Al final del diálogo entre la comunidad de Krukira, se sintió una ambiente de esperanza, ganas de trabajar por la superación de la catástrofe y recibieron el mensaje y el compromiso del Sistema de las Naciones Unidas en la voz del señor Alfredo Missair quien les transmitió las condolencias por los miembros desaparecidos y el compromiso de trabajar en las etapas subsiguientes a la emergencia".

La vida se asoma en medio de la tragedia

Extractos de reportaje del diario La Prensa, escrito por Jorge Loáisiga Mayorga y Eugenia Mayorga Celedón Thomas tiene ochenta años de vivir en Krukira, una comunidad 30 kilómetros al norte de Puerto Cabezas. Su casa era de tambo, como la mayoría de las de aquí, era un patrimonio familiar compartido con su hermana, Marcia. Ahora la casa de Thomas y las de otras 2,500 familias de este lugar están en el suelo, totalmente destruidas, así como la iglesia, la escuela y la clínica. Son los estragos de Félix, un endemoniado huracán que azotó violentamente a Krukira y a sus vecinas comunidades Tuapi, Pahara y Betania, pero gracias a la evacuación y "a Dios", entre sus habitantes no hubo muertos que lamentar. Sin embargo, lamentan la desaparición de Jairo Rivera, un joven pescador de estos hijos de la tierra que viven del mar en este lugar que se asemeja al paraíso, con una hermosa laguna a la par, que al día siguiente del huracán amaneció "tapizada" de peces muertos. El padre de Jairo lleva dos días buscándolo, pero hasta ahora su búsqueda en el mar ha sido infructuosa. "Dicen que subió hasta el Cabo (Gracias a Dios), pero no lo encontró", señala uno de los jóvenes. Mientras Thomas se esfuerza por enderezar algunos clavos con un martillo, para acondicionar un lugar donde guarecerse de las lluvias que son constantes en este lugar, su hermana Marcia permanece tendida en el suelo, cobijada con una vieja sábana, porque está enferma. Ella no habla español. "Ella estar enferma. Después de huracán caer con enfermedad, no saber qué tiene", dice el anciano, con el poco español que habla, pero sin detener su trabajo de enderezar clavos retorcidos que saca de la bolsa de su pantalón, para reparar su casa. "No tener casa. Hermana y yo vivir aquí. Ver cómo reparar. Necesitar ayuda", agrega Thomas mientras levanta una tabla de su antigua casa. Allan Zaires, otro de los habitantes de Krukira, no resiente tanto la pérdida de su casa, sino de lo que él considera el patrimonio cultural de un pueblo milenario. "Se fue al suelo el patrimonio ancestral de nuestro pueblo. La herencia de nuestros antepasados", dice mientras señala los árboles del parque de la comunidad, que probablemente tenían centenares de años, por el diámetro de sus troncos. "Aquí no murió nadie, pero hemos perdido todo lo que nuestros ancestros padres nos heredaron y eso duele mucho", precisa, mientras recorremos la comunidad. "Necesitamos agua. Los pozos están contaminados, urge que nos traigan agua", comenta Kliford Wester, quien dice ser el "doctor" de la comunidad. "Lo lamentable es que recién habíamos construido ocho pozos. Ahora no sirven", agrega Denis Peralta, un sociólogo con cargo de coordinador del Proyecto Grupo de Voluntariado Civil (GPC), de la Universidad Regional Atlántico Norte (Uraccan) en esa comunidad. La construcción duró un mes y tuvo un costo de 42 mil córdobas sin incluir la mano de obra de los comunitarios, "pero ahora el huracán los contaminó, por eso es que esta comunidad está pidiendo a gritos agua", agregó Peralta. Lo extraño es que en la comunidad hay centenares de naranjas que cayeron de los árboles, pero nadie las levanta para sacarles el jugo y saciar la sed. "Es parte de su cultura. Ellos no tocan las frutas de los árboles", justifica Peralta. La devastación es inmensa en este lugar. Pero más inmensa es la tragedia humana de ver a tantas personas sin sus hogares. Se observan todas las casas en el suelo. Totalmente destruidas. Los árboles partidos por la mitad como si la mano de King Kong los hubiese quebrado o arrancado de raíz. "Los árboles crujían, como cuando se quiebra un hueso", dice Pildon Solís, quien nos ha servido de "guía", en el recorrido por Krukira. En el camino a Tuapi y Krukira, viniendo de Puerto Cabezas, los pinares se ven totalmente arrasados y da la impresión de que las hojas de los más pequeños hubiesen sido chapodadas. También se observan algunas láminas de zinc incrustadas en los árboles. La ayuda empezó a llegar desde el jueves, pero es insuficiente. Richell Rivera dijo que sólo le dieron cinco libras de arroz, tres de frijoles, cinco de cereal fortificado y una cuarta de aceite. "Es la ración por familia, dijeron", asegura Rivera mientras camina entre los árboles caídos, rumbo a "su casa".

Hambre y sed en Krukira

Agencia Francesa de Prensa (AFP) Fecha: 6 de septiembre 2007 Miles de indios miskitos de la comunidad de Krukira, una de las localidades del Caribe norte de Nicaragua más afectadas por el huracán Félix, se peleaban este jueves por las últimas reservas de comida, mientras calmaban la sed y el hambre con cocos y naranjas que cayeron en el diluvio, constató la AFP. "No hemos comido, perdimos todo", se quejó el pescador Wildred Simons, rodeado de varios vecinos de su comunidad que desde hace dos días permanecen a la intemperie, bajo condiciones intermitentes de sol y lluvia. Esta comunidad de más de 2.500 habitantes, que vivía apaciblemente de la pesca y la recolección de frutas a orillas de una laguna, fue arrasada por el huracán Félix que no dejó piedra sobre piedra. La familia de David Muller sobrevivió de milagro entre los escombros de su propia vivienda de madera. "Nosotros quedamos atrapados, como 12 personas en un hueco de la casa y salimos hasta que terminaron los vientos porque teníamos miedo", relató Muller. Lo mismo ocurrió a la familia de Nelia Espinosa, cuya vivienda fue aplastada por dos árboles, según dijo la mujer que yacía sobre una madera. Mientras, su vecina intentaba hervir con fuego de leña un poco de agua para lavar los trastes sucios tirados sobre el lodo, donde pasan los cerdos y gallinas que sobrevivieron al huracán. El ciclón tumbó 248 casas de madera en la comunidad, la escuelita en la que estudiaban 400 niños, la iglesia evangélica, enormes árboles con más de medio siglo de existencia que fueron desprendidos de raíz. El único autobús que tenía la comunidad salió volando por el aire y se estrelló contra la tierra; y el parquecito fue aplastado por los árboles. "A nosotros nos costó mucho construir nuestra comunidad", con el dinero que poco a poco íbamos juntando, ahora no sabemos qué vamos a hacer. Esto nos da mucha tristeza", expresó el reverendo de la iglesia Morava Bayardo Romero, quien duerme en una casita de laminas de zinc que construyó cerca de su destruida iglesia. La comunidad de Krukira se fundó en 1845, y "nunca, ni siquiera nuestros antepasados habían pasado algo así", cuenta el reverendo, quien aseguró que no emigrarán a ningún lado porque "los indígenas nunca abandonan su tierra". La mayoría de la población permanece a la intemperie, sin agua, porque los pozos se contaminaron con sapos y otros animales muertos, y sin comida, porque el huracán destruyó los veleros que usaba para salir a pescar. Algunos vecinos discutían entre ellos por qué el juez, máximo líder de la comunidad, no repartió a todos una comidita que mandó a traer el día anterior. "No como desde hace dos días, solo he tomado coco de agua", dijo Junior Bilboa, un pescador que perdió su bote y deambulaba entre los escombros de la localidad, mientras grupos de niños recogían cocos caídos y naranjas para paliar el hambre, a la espera de que el gobierno les envíe alimentos y ayuda para reconstruir sus hogares.

La pesca comunitaria de Krukira

(Extractos de un artículo publicado por Juan Ramón Roque y Giovanna Guglielmi, en la Revista El Observador Económico. Edición 165. Febrero del 2006). (...) Según la definición del IDH 2005 de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe, la actividad pesquera artesanal está conformada fundamentalmente por todos los pescadores individuales, asalariados y organizados en pequeñas asociaciones comunitarias. En las comunidades costeras, la actividad pesquera se organiza en torno a las mismas estructuras e instituciones con que están compuestas las comunidades. Es decir, casi exclusivamente en torno a la familia nuclear o a la familia extendida, ya que son éstas las unidades productivas propias de las comunidades. La comunidad de Krukira se ubica a 16 kilómetros de Puerto Cabezas, a orillas de la laguna costera de Krukira, con una abertura hacia el mar Caribe. Su extensión territorial es de 35 mil hectáreas. Las tierras son de uso colectivo, con la libertad de que cada quien dentro de la comunidad pueda ocuparlas como prefiera. La comunidad de Krukira nace unos 300 años atrás, según lo que atestiguan sus habitantes. Los primeros pobladores provenían de una comunidad vecina llamada Pájara y actualmente los descendientes de las familias fundadoras siguen habitando en la comunidad. Krukira tiene la peculiaridad de estar partida en dos sectores a partir de una zanja. Esta zanja cruza la comunidad hasta la laguna y la divide en Krukira Alta y Krukira Baja. Sin embargo, esta división no es sólo física, sino también una división social y cultural al interno de la comunidad. En Krukira Baja se encuentran los pobladores originarios, de origen caribises o caribes, con características afrodescendientes, mientras que Krukira Alta tiene una formación más reciente, mayoritariamente miskita. Tradicionalmente sólo los habitantes de Krukira Baja se dedicaban a la pesca, pero con la expansión de la comercialización de los productos pesqueros, toda la comunidad ha convertido esta actividad en su principal medio de sobrevivencia. Los pescadores son mayoritariamente individuales y en menor escala son parte de pequeñas empresas familiares. Esto explica, por lo menos parcialmente, porqué las asociaciones comunitarias o las cooperativas representan casos tan marginales. La razón se aduce principalmente a factores socio-culturales, por los cuales las actividades económicas en las comunidades están estrechamente vinculadas: por un lado, con las relaciones de parentesco y por otro lado, con una división del trabajo por género al interior de la misma unidad familiar. En efecto, la percepción de la gente de las comunidades es que trabajar en cooperativa no funciona, sino que "sólo en familia se puede".

El peso comunal de la pesca

En Krukira viven aproximadamente 200 familias y al menos, una de las personas que habitan en el hogar, se dedica a la pesca. En las familias existe una fuerte división del trabajo por género y por edades. Los hombres jefes de familia salen a la pesca, los jóvenes ayudan en los trabajos agrícolas y las mujeres además de sus quehaceres del hogar, generalmente asumen las otras partes de la actividad de la pesca como el acopio y la venta. La comunidad, valga señalar, también cuenta con 25 acopiadoras que son pequeñas empresas familiares. La mayoría de las familias pescan dentro de la laguna, ya que muy pocas de ellas tienen los recursos necesarios para la pesca en mar abierto y en particular, para la captura de la langosta, que es mucho más remunerativa. Según un miembro del consejo de ancianos de la comunidad, en promedio, cada familia logra reunir mensualmente entre 280 – 300 libras de productos provenientes del mar, que son depositadas en las acopiadoras, pues éstas se encargan de comercializarlas con las empresas exportadoras que se encuentran en Bilwi (casco urbano de Puerto Cabezas). Si hiciéramos un pequeño ejercicio de multiplicación, nos daríamos cuenta que solo esta comunidad de 200 familias aporta mensualmente entre 56,000 – 60,000 libras de productos provenientes del mar y entre 672,000 – 72,000 libras anuales de productos provenientes del mar. Si bien, no nos atrevemos a cuantificar monetariamente lo que significa en ingresos para la comunidad, ya que está en dependencia de qué producto se extraiga y cuál sea su precio de mercado (además que la percepción de los dirigentes de la comunidad es que están siendo explotados por los empresarios), no se puede obviar el gran aporte que esta comunidad pesquera brinda al sector y la economía regional. Y atención, ésta solamente es una comunidad de las 18 contempladas en el litoral pesquero de la RAAN y de las 44 comunidades de la zona marino – costera del Caribe nicaragüense. Los pescadores entrevistados de Krukira, aseguran que el recurso pesquero está en disminución. Sin embargo, ninguno de ellos ha denunciado el uso depredador de estos recursos naturales. Se desconocen las razones, podría interpretarse que en Krukira no hay un pensamiento interiorizado en sus pobladores de preservar los recursos pesqueros, lo cual es paradójico por su origen indígena. No obstante, podría concluirse que el patrón de desarrollo de las actuales generaciones no está en función de la sostenibilidad de los recursos o bien que carecen de una visión intergeneracional, ya que se encuentran despreocupados por encontrar otra alternativa a la actividad pesquera y así, dejar oportunidades y riquezas a las futuras generaciones. Es indudable que ha venido cambiando la mentalidad y la visión del desarrollo en dicha comunidad, puesto que las necesidades se han incrementado y con ellas, la dependencia por el mercado y de los bienes de consumo que no pueden autoproducirse. No obstante, hay que apuntar que existen valores culturales ancestrales, que podrían servir de freno contra la sobre-explotación de los recursos pesqueros. Por ejemplo, las leyendas miskitas cuentan que existen espíritus malvados cuyas funciones sirven como frenos y reguladores para evitar la explotación de los recursos naturales. Sin embargo, el arraigo a esos valores se diluye en la medida que las aspiraciones de los jóvenes cambian con cada época y cada generación. Hoy en día, las expectativas de los pobladores han crecido y se han modificado de tal manera, que el simple acceso a la escuela ya no les resulta suficiente. Los jóvenes desean seguir estudiando hasta niveles más avanzados, aspiran a mayores competencias técnicas y con acceder al mercado de consumo. Si para lograr esto, necesitan extraer más recursos de la naturaleza, pues se hace, porque no se quieren seguir sintiendo alejados del progreso y porque de algún lado deben salir los recursos. Las necesidades van cambiando y con ellas las formas para llegar a satisfacerlas. El problema surge porque no existe ninguna alternativa viable que pueda reemplazar la pesca. Además, que esta actividad depende muy fuertemente del mercado internacional y de las políticas que aplican las empresas exportadoras. Los pescadores artesanales no conocen ninguna manera para influir ni ser determinantes en el mercado. Esto también se debe a las estructuras y formas organizativas mismas de los pescadores artesanales y comunitarios, que a pesar de ser un gran número de pequeños productores no han logrado organizarse y juntar las fuerzas y sus intereses para obtener beneficios comunes, tanto en términos de los retornos monetarios como en términos de un manejo más consciente y sostenible de este recurso común que es la pesca.

Un personaje singular ligado a la pesca

Es interesante resumir brevemente la historia de la pesca en dicha comunidad, ya que el gran impulso hacia la comercialización de la pesca en Krukira se debió a la presencia de Kiodo Cristóbal, un jefe de familia que tuvo una amplia visión empresarial y de desarrollo. El señor Cristóbal, originario de Krukira Baja, fue cambiando la forma y la organización de la pesca. Trabajó duramente y con un gran espíritu empresarial y de mejoría de su nivel de vida. Fue el primero en adquirir un vehículo motorizado que usaba para vender los productos de la pesca en Bilwi y la familia del Sr. Cristóbal es la propietaria de los buses que diariamente comunican a la comunidad con Bilwi, la cabecera municipal de Puerto Cabezas. Esto indica que ha venido cambiando en la comunidad la visión inicial del desarrollo, puesto que cada generación tiene su propia visión y hoy, los habitantes de Krukira la han centrado en torno a la actividad pesquera. Según los dirigentes comunales, toda la comunidad vive casi exclusivamente de la pesca. El comercio es mínimo, las pequeñas pulperías se cuentan en los dedos de la mano y; la agricultura se ha vuelto simplemente una actividad complementaria a la pesca (las siembras de yuca y arroz se destinan exclusivamente al autoconsumo). Sin embargo, esta actividad de autoconsumo todavía se encuentra organizada según su forma tradicional, es decir, sigue vigente el sistema "pana-pana" - o "mano a mano", en que las familias de la comunidad se ayudan mutuamente en las labores agrícolas, se reparten el trabajo y, a su vez, los frutos de dichas labores. (...) Para las poblaciones marino-costeras, podrían mencionarse tres como sus fuentes principales de ingreso, entre ellas: la pesca que es la principal fuente de ingresos y de trabajo. Por otro lado, las remesas de aquellos caribeños que se embarcan en cruceros y navíos para trabajar en ellos durante largos períodos de tiempo y por último, la presencia de actividades ilícitas como el narcotráfico. Para el año 2004, el último dato recogido por la Administración Nacional de la Pesca (ADPESCA) sobre las personas que trabajan del mar, entre pesca industrial y artesanal, es decir, los empleos directos que se generan en esta actividad para la región del Caribe señala en total a 10,642 personas, divididas así: 2,543 en la pesca industrial y 8,099 en la pesca artesanal. Mientras que por empleos indirectos señala en actividades de servicio 600 y en comercio, acopio y reparación se mantiene otro estimado de 600. Las cifras indican un crecimiento en el empleo directo de la extracción con 991 empleos nuevos. La distribución de los mismos es de 702 en la pesca industrial y 289 en la pesca artesanal. Esto puede que se explique por un incremento en la producción de la extracción y la necesidad de una mayor cantidad de buzos o pescadores para realizar esta labor. No obstante, son muchos los empleos generados más por la pesca artesanal en comparación con la pesca industrial, quizás porque esta actividad sigue respondiendo a las estructuras socio-culturales de la Costa Caribe, es decir que la gente vive en comunidades y por lo tanto, su forma de pescar responde a este estilo de vida a través de la pesca artesanal. También por otro lado, las empresas exportadoras prefieren no cargar con ciertos costos que son asumidos por los mismos pescadores artesanales, que a fin de cuentas, tienen que vender sus productos a las mismas empresas. La ganancia de la empresa resulta en ahorrarse las distintas etapas del proceso de la actividad de pesca y limitarse a acopiar el producto. (...) Según el IDH2005 es debido a que "lo que se reporta como pesca comunal corresponde a la producción capturada por las comunidades y rechazada por ADPESCA, ya que las tallas no son las requeridas para su comercialización externa. Por tanto, la producción comunal se vende en el mercado local". Los buzos entrevistados, por su parte, dicen que esto no necesariamente es así, es decir, las empresas también suelen aceptar los "rechazos" pagados a un menor precio. Aún cuando los productos no son transables en el exterior, lo que hay que tomar en cuenta es que la comercialización y la distribución del producto continúan teniendo un cierto impacto económico en las comunidades. El IDH2005 se propuso investigar, ¿hasta qué punto las regiones autónomas han desarrollado sistemas productivos sostenibles, capaces de generar excedentes que les permitan sostener y mejorar la institucionalidad autonómica y su relación con los actores económicos? En Diciembre del año pasado (2005), autoridades de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) presentaron su propuesta de "Conglomerados productivos de la RAAN", el cual según sus exponentes, indicaron que "era un esfuerzo por vincular el Plan Nacional de Desarrollo con el Plan Regional". Precisamente, a través de la integración de los aspectos básicos y fundamentales para la implementación de los conglomerados productivos. La implementación de dicha estrategia es aún un punto de discusión y convergencia por no tener la claridad necesaria que si la definición de esta política pública nacional es un "disfraz" o verdaderamente responde a los intereses étnicos de la Costa Caribe. En palabras de la Dra. Mirna Cunningham: "...las regiones tienen un Plan de Desarrollo aprobado en el 2004 [...] sin embargo, necesitan que estos elementos puedan calzar dentro de la Estrategia del Plan Nacional de Desarrollo, el cual es un Plan que no ve a la Costa como una zona de alta productividad y por lo tanto no es de su interés, no ve a la Costa como una zona que efectivamente pueda contribuir a desarrollar sus conglomerados productivos priorizados, y por lo tanto, no es de alta productividad. Además, ve a la Costa como una zona muy conflictiva, por el hecho de estar demandando descentralización y autonomía, que complican la situación puesto que hay que estar lidiando con esos intereses étnicos incomprensibles para el Gobierno Central. Entonces, ¿cómo lograr que este Plan Regional de Desarrollo pueda calzar con la propuesta del Gobierno Central, cuando este último prioriza la propiedad privada y aquí (RAAN y RAAS) prevalece la propiedad colectiva? Lo que quiero decir es que hay elementos de fondo y si no se ponen de acuerdo con la propuesta regional y la propuesta del gobierno central, no hay posibilidades de articularse [...]"

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