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Félix aún amenaza patrimonio natural

Agencia IPS. Desde Managua. | 21 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Félix aún amenaza patrimonio natural
El huracán Félix no sólo destruyó casas y afectó a los pobladores de la costa norte de Nicaragua. Arrasó áreas de bosques protegidos, contaminó cuencas hidrográficas e, irónicamente en temporada de lluvias, dejó la amenaza de incendios forestales.

Por José Adán Silva

Félix golpeó a Nicaragua con una fuerza de categoría cinco, la máxima posible para un huracán. Ingresó por el litoral de la Región Autónoma del Atlántico Norte, que comprende 52 por ciento del territorio de este país de 129.494 kilómetros cuadrados. El huracán dañó 19.000 viviendas, afectó a más de 188.000 personas y provocó daños económicos todavía no cuantificables, según el informe que una delegación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó al presidente Daniel Ortega en esta capital el 14 de septiembre, 10 días después del desastre natural. Las consecuencias del paso de Félix pueden ser más graves, según un informe que difundió el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena). El área más afectada, dijo el portavoz del Marena, Noel Arvizú, es Bosawas, de 20.000 kilómetros cuadrados, declarada en 1991 como Reserva Nacional de Recursos Naturales por decreto presidencial, ratificado en 1997 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Bosawas era el bosque tropical húmedo más grande e intacto de América Central y es considerado la parte más importante del Corredor Biológico Mesoamericano. Los técnicos del Marena evaluaron que alrededor de 12 por ciento del bosque de pino fue afectado, así como buena parte de las plantas de hojas anchas, entre las que domina el mangle. Según Arvizú, seis cuencas hidrográficas de la zona presentan algún tipo de contaminación, dado que las torrenciales lluvias causaron el rebalse de letrinas precarias, cauces y pilas sépticas de empresas de minería y construcción del área norte del país. Ortega estimó que los efectos del huracán "han sido inmensos y mayores de lo esperado". También pidió ayuda internacional para establecer el alcance exacto de los daños, que incluyen "bosques, reservas naturales, manglares y casi todo el ecosistema", dijo. El coordinador de asistencia para casos de desastres de la ONU, John Holmes, señaló que las consecuencias económicas a largo plazo de Félix podrían ser graves y que la ayuda internacional es clave para la recuperación de Nicaragua. La ONU hizo un llamado internacional para donar hasta 40 millones de dólares para asistir al gobierno nicaragüense en las tareas de reconstrucción del país. Los fondos se destinarán a proveer con comida, albergue, sanidad, agua potable, educación, comunicación y logística a los afectados. Durante tres meses, el organismo mundial repartirá alimentos entre los más golpeados, anunció Holmes. El representante de la ONU en Nicaragua, Alfredo Missair, dijo que tras el huracán "nada quedó en pie. Ni los animales, ni la pesca, ni la naturaleza". Félix "ha sido un golpe tremendo para la gente del Caribe norte. Estamos ante una situación de máxima emergencia, pocas veces encontrada en algún lugar de la Tierra", agregó. Según la información preliminar del Marena, los vientos y lluvias de dejaron más de tres millones de hectáreas de bosques perdidas, siete reservas naturales arruinadas y seis cuencas hidrográficas afectadas. Las áreas protegidas como Bosawas, indica el informe oficial, perdieron tanta masa forestal que aparentemente el Corredor Biológico Mesoamericano quedó interrumpido. No se conoce la suerte de algunos animales en peligro de extinción, como el puma o el quetzal. "El huracán botó millones de hectáreas de bosques vírgenes de Bosawas, que eran refugio de animales en peligro de extinción. Ahora aparecen pumas, jaguares, tigres y monos por cualquier lado. Incluso los están cazando en poblaciones locales a donde habían bajado" describió a IPS el director de la oficina de Gestión de Riesgos del ambientalista Centro Humboltd, Andel García. También indicó que la furia del huracán destruyó completamente la Reserva Biológica Cayos Miskitos, donde toda la vegetación fue arrancada de raíz y las especies animales acuáticas y terrestres que dependían de los manglares desaparecieron junto con este tipo de ecosistema. La ministra del Ambiente y Recursos Naturales, Juana Argeñal, dijo a la prensa que debido a la destrucción del hábitat de cientos de especies animales y su merodeo por áreas habitadas por humanos, se iniciará la próxima semana una campaña pública para recordar la veda permanente de caza de aves y mamíferos que habitaban la zona destruida. Según la información oficial, el área afectada por el huracán es de 3.340.412 hectáreas: 825.957 no tenían cobertura vegetal espesa, 421.278 eran de pino y las restantes 2.093.177 hectáreas albergaban árboles de caoba, cedro real, cedro macho, manglares y frutales, entre otros. El riesgo de incendios forestales en la reserva afectada es el tema que más preocupa a las autoridades. El presidente ejecutivo del Instituto Nacional Forestal, William Shwartz, hizo un llamado de alerta a las autoridades del Sistema Nacional de Prevención de Desastres para que tomen medidas urgentes antes de que termine la temporada de invierno en Nicaragua, que abarca de mayo a noviembre. Su preocupación es que toda la madera tumbada por el huracán se seque y arda en los primeros meses de 2008, provocando daños ambientales mayores a la zona protegida de Bosawas. El jefe de Defensa Civil del ejército de Nicaragua, coronel Mario Pérez Cassar, respondió esta que las Fuerzas Armadas trabajan en la elaboración de un plan coordinado con las instituciones ambientales para evitar un incendio de grandes proporciones. El director del no gubernamental Instituto para el Desarrollo de la Democracia, Mauricio Zúñiga, dijo a IPS que propuso al gobierno ejecutar un proyecto especial para que la madera caída se use para la reconstrucción de las 19.000 casas que el huracán destruyó a su paso por Nicaragua.

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