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¿Está perdiendo Israel la guerra contra Hezbolá?

| 28 de Julio de 2006 a las 00:00
¿Es posible –es concebible– que Israel esté perdiendo su guerra en el Líbano? Desde este pueblo en el sur del país, veo las nubes marrones y negras de humo del último ataque en la ciudad de Bint Jbeil: hasta 14 soldados israelíes muertos y otros rodeados, después de una devastadora emboscada de la guerrilla de Hezbolá en lo que se suponía que era un exitoso avance israelí contra un "centro terrorista".

Por Robert Fisk. The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12, de Argentina. Desde Qlaya, sur del Líbano. Traducción: Celita Doyhambéhère.

El humo se ve también a mi izquierda, sobre la ciudad de Khiam, donde un puesto de observación aplastado queda como el único recordatorio de los cuatro soldados de la ONU –la mayoría de ellos decapitados el martes por un misil fabricado en Estados Unidos– muertos por la fuerza aérea israelí. Soldados indios del ejército de la ONU en el sur del Líbano, visiblemente conmovidos por el horror de traer a sus camaradas canadienses, fijianos, chinos y austríacos de vuelta en por lo menos 20 pedazos, desde el puesto de la ONU, al lado de la prisión de Khian, dejaron sus restos en el hospital de Marjayoun ayer a la mañana. En años anteriores pasé horas con sus camaradas en este puesto de la ONU que está claramente marcado con pintura blanca y azul, con la bandera celeste de la ONU frente a la frontera israelí. Su deber era reportar todo lo que vieran: el cruel fuego de misiles de Hezbolá desde Khian y la brutal respuesta israelí contra los civiles del Líbano. ¿Era por esto que debían morir, después de haber sido blanco de los israelíes durante ocho horas, mientras sus oficiales le rogaban a la Fuerza de Defensa israelí que cesara el fuego? Un helicóptero israelí hecho en Estados Unidos se ocupó de eso. Mientras tanto, en Bint Jbeil, otro baño de sangre tenía lugar. Declarando que "controlaban" esta ciudad libanesa del sur, los israelíes eligieron meterse en una trampa de Hezbolá. Cuando llegaron al mercado desierto, fueron emboscados por tres lados, y sus soldados cayeron al suelo bajo el fuego sostenido. El resto de las tropas israelíes –rodeadas por los "terroristas" a los que supuestamente debían liquidar– pidieron ayuda desesperadamente, pero cuando un tanque israelí Merkava y otros vehículos se acercaron para ayudarlos, también fueron atacados e incendiados. Diecisiete soldados israelíes murieron hasta ahora en esta operación desastrosa. Durante su ocupación del Líbano en 1983 más de 50 soldados israelíes murieron en un solo ataque suicida. A esta altura de la guerra, aniquilar a Hezbolá parece una meta ya olvidada. Los soldados israelíes intentan matar a Hasán Nasralá, líder de Hezbolá. Sin acabar con su vida, difícilmente podrán cantar victoria. En Kiryat Shmona y en Metula, en el extremo norte del Estado hebreo, a pocos kilómetros del campo de batalla, la artillería se empleaba a fondo. Dispararon cientos de proyectiles sobre el sur de Líbano, prácticamente desierto de civiles. Y la aviación también atacó la sede central en Beirut de Amal, el partido chiíta cuyo líder, Nabih Berri, a su vez presidente del Parlamento libanés, se entrevistó con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice, el lunes. Todo apunta, a tenor del fracaso de los diplomáticos, a que la situación va a empantanarse. Así lo afirmó un general israelí: "La ofensiva durará varias semanas". Pero Israel es el que se está quedando sin tiempo en el sur del Líbano. Por quinta vez en treinta años sus ataques lo han colocado en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra en el Líbano. El número de muertes civiles ya llegó a 400. Y todavía Estados Unidos no quiere intervenir para evitar la masacre, ni aun para pedir un cese de fuego de 24 horas para permitir que los 3000 civiles todavía atrapados entre Qlaya y Bint Jbeil, que incluyen a un número de habitantes con doble nacionalidad (dos canadienses entre ellos) puedan huir.

En Israel las voces que cuestionan la guerra se están empezando a hacer oír

Por Sergio Rotbart, desde Tel Aviv. Diario Página/12

En estos días las voces en Israel que cuestionan el carácter de "autodefensa justa" de la guerra son anatemizadas con el estigma de traición al enrolamiento patriótico. Pero cada vez suenan más fuerte. En Tel Aviv marcharon 2500 pacifistas y en Nazareth los árabes israelíes piden paz. En un programa periodístico que se transmite por el Canal 10 de TV en horario central, el diputado árabe-israelí Muhammed Barkeh llama a poner fin a la destrucción y la muerte indiscriminada de israelíes y libaneses, agregando que esa tragedia ocurre en el marco de una "guerra norteamericana". El entrevistador lo interrumpe de manera intempestiva e impone su verdad: "Esta es una guerra norteamericana pero también iraní. ¡Usted trae a Irán!". Así queda truncado el debate y empieza un intercambio vociferante de acusaciones incomprensibles. En estos días las voces en Israel que cuestionan la legitimidad de la guerra o su carácter de "autodefensa justa" son anatemizadas con el estigma de traición al enrolamiento patriótico. "O están con el ejército israelí o con Nasrallah: es el mismo discurso usado por Bush tras los atentados de Al Qaida para justificar la invasión a Irak", dice Uriel Kon, un israelí de origen argentino que participó en la manifestación antibélica que tuvo lugar aquí el pasado sábado. Varios manifestantes tuvieron que eludir, no siempre con éxito, los huevos que algunos vecinos les arrojaban desde los balcones de sus casas. Y hacer frente a los gritos de "¡traidores!", "¡árabes!", "¡váyanse a Gaza!" que les espetaban conductores de automóviles que transitaban al lado de la marcha de protesta. A la concentración acudieron más de 2500 personas, y por primera vez en este tipo de eventos se notó la presencia masiva de militantes de partidos árabes que llegaron desde el norte del país para sumarse a los miembros judíos de los movimientos de la izquierda extraparlamentaria. Además, participaron representantes de la izquierda sionista que disienten con la postura oficialista de sus marcos políticos de pertenencia, como el caso de la ex diputada (por el partido Meretz) Shulamit Aloni. "Nuestro gobierno le ha permitido al ejército arrastrar al país a la destrucción", dijo la veterana luchadora por la paz y los derechos civiles. Otro orador, el secretario del Partido Comunista Israelí y ex diputado Issam Majul, afirmó: "Venimos hasta aquí para gritar el grito de las víctimas de Gaza, de Beirut y de Haifa". Según Uri Avnery, infaltable en cualquier acto de oposición al uso de la fuerza militar e infatigable defensor del diálogo, en la manifestación organizada una semana antes por su movimiento (Gush Shalom: El bloque de la Paz) hubo apenas cien personas. "Haber reunido 2500 a diez días de iniciados los combates –agregó Avnery– es un logro más grande que el conseguido en la misma etapa de la guerra del Líbano de 1982, cuando la protesta condujo a la caída del gobierno de Menajem Beguin y Sharon." Más compleja es la situación que atraviesan los ciudadanos árabes de Israel: víctimas, por un lado, de los ataques perpetrados por el Hezbolá contra los poblados de la Galilea, donde está concentrado el 50 por ciento de la población árabe del país, pero solidarios, por el otro, con sus hermanos árabes libaneses. El estereotipo de "infidelidad al Estado de Israel" que en tiempos de calma le impregnan los sectores judíos ultranacionalistas, se vuelve más difundido en la actual escalada del conflicto, cuando los árabes expresan su condena al accionar del ejército israelí. Cuatro árabes israelíes han muerto hasta el momento debido a ataques de Katyushas. Dos niños hermanos de tres y siete años fueron alcanzados por un cohete cuando correteaban en una calle de Nazareth, en las proximidades de su casa. El sistema de alarma no estaba instalado en Nazareth, la principal ciudad árabe de Israel. El estado deficiente de la infraestructura urbana se expresa también en la falta de refugios, en lademora de las fuerzas de rescate en acudir a los sitios afectados. Varios diputados árabes se quejaron ante la falta de instrucciones en idioma árabe en el sitio de Internet de la comandancia del ejército responsable de la población civil. En la casa de las víctimas, sus familiares oscilan entre la fidelidad expresa al Estado de Israel y el apoyo abierto a Hassan Nasrallah, el líder del Hezbolá. "No hay diferencia entre una sangre y la otra –dice uno de ellos–. Hay que parar los ataques de ambos lados. Ustedes quieren que yo acuse a Nasrallah, pero no puedo hacerlo. Nosotros no somos mejores que él, y si ellos mueren, también nosotros morimos".

Las bombas matan bebés en Gaza

Por Anne Penketh y Daniel Howden. The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Desde Gaza. Traducción: Celita Doyhambéhère.Sólo las manchas de sangre en sus mortajas mostraban la tragedia que había ocurrido. Dos hermanas palestinas, una de sólo ocho meses y la otra de tres años, estaban muertas. Murieron cuando un proyectil de un tanque israelí impactó un casa cerca de Jbalya, en la sitiada Franja de Gaza. Ayer se cumplió el primer mes del secuestro del soldado Gilad Shalit e Israel aumentó las operaciones dentro de la Franja en una operación cuyo nombre en código es La Columna de Sansón. La crueldad de la respuesta a ese secuestro y la determinación de las operaciones para detener los cohetes de los militantes palestinos se mostraron ayer con una descarga de ataques aéreos que mataron a por lo menos 24 palestinos, incluyendo tres niños y un hombre minusválido. Los proyectiles israelíes impactaban a razón de uno por minuto durante toda la tarde y los edificios de Beit Hnoun se sacudían por el fuego constante. Israel bombardeó ayer los barrios de Sajala y Tufah, en el este de Gaza, en la jornada más cruenta en los territorios autónomos desde el 25 de junio. El ejército mató a 140 palestinos desde que comenzó sus ataques. Más de la mitad eran civiles. La ofensiva israelí continuó el resto de la jornada, en la que también fue muerto Mohammed Adas, un miembro de una fuerza de intervención rápida puesta en funcionamiento recientemente por el ministro del Interior palestino, Said Siam. Entre los que murieron ayer había siete leales al gobernante grupo militante Hamas y un hombre armado de la facción islámica Yijad. Casi 60 personas resultaron heridas, incluyendo un cámara de la televisión palestina. Seis estaban en condiciones críticas. El alcalde de la Franja de Gaza dijo que los israelíes han causado un daño generalizado en una represalia desproporcionada después de la captura del soldado Shalit. Maged Abdul Ramadam dijo: "El objetivo anunciado es que el gobierno (Hamas) caiga. Pero sé que no sucederá porque nunca le dieron al gobierno electo la oportunidad de probar si estaba por la paz o no. En la segunda intifada, la situación empeoró. Desde que el nuevo gobierno asumió, todo se puso peor. Y desde fines de junio es intolerable". Saeb Erekat, un importante asesor del presidente palestino Mahmud Abbas, le pidió al mundo que recuerde la situación de los palestinos, que pasó a segundo lugar por el conflicto en el Líbano. "Esta es una guerra olvidada", dijo. "Instamos a la comunidad internacional a que intervenga". El ejército de Israel, que abandonó Gaza en 2005 después de 30 años de ocupación, dijo que había llevado a cabo ataques contra hombres armados. Zumbando en el cielo, aviones no tripulados disparaban misiles a los militantes en las calles, dijeron los testigos palestinos. Israel también bombardeó las oficinas utilizadas por una fuerza liderada por Hamas en la ciudad de Gaza. El ejército israelí anunció ayer que levantó el cierre impuesto en Cisjordania desde el 20 de julio pero mantiene esta medida en la Franja de Gaza, que se encuentra completamente aislada desde hace meses. El primer ministro israelí, Ehud Olmert, rechazó los pedidos de los militantes de liberar a los cientos de prisioneros palestinos a cambio de la libertad del soldado Shalit, pero dijo que podría considerarlo más adelante para ayudar a Abbas, un moderado. El vocero de Hamas, Sami Abu Zuhri, dijo: "La posición de Hamas es clara. Debe haber reciprocidad de tiempo y acción en el proceso, es decir que el soldado sea liberado y los prisioneros palestinos queden libres al mismo tiempo".

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