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La otra puerta al sueño americano: un antiguo pueblo de pescadores en Guatemala

Diario Prensa Libre, Guatemala. | 5 de Noviembre de 2007 a las 00:00
Cada semana, tres o cuatro embarcaciones cargadas con indocumentados centroamericanos, ecuatorianos e incluso asiáticos salen de las costas guatemaltecas, a fin de acercarse a Estados Unidos por el Pacífico mexicano. Lo que era una ruta alterna se convierte en el camino más utilizado por los traficantes de personas.

Por Coralia Orantes

Luego de que la empresa Genesee & Wyoming Inc. dejara de operar la línea de trenes de carga Chiapas-Mayab, que durante décadas fue utilizada por los indocumentados para llegar a la frontera norte con EEUU, cada vez más personas buscan aproximarse a la "tierra prometida" por la ruta que, por los mismos riesgos que conlleva, era considerada alterna. Se trata de un recorrido, a mar abierto, que, para los centroamericanos, comienza en Guatemala, en Ocós, San Marcos, donde zarpan las barcazas que se adentran en las turbulentas aguas del Golfo de Tehuantepec, en Oaxaca. Antes, en los tiempos del tren, los coyotes (traficantes de personas) organizaban un viaje a la semana, pero en la actualidad, la demanda hace que salgan tres o cuatro. Uno de estos partió de Ocós hace dos semanas, cargado de migrantes, la mayoría salvadoreños, pero nunca llegó a su destino, pues se hundió cerca de las costas de Oaxaca, y al menos 24 murieron. El relato de tres sobrevivientes salvadoreños aportó detalles a las investigaciones que autoridades guatemaltecas y mexicanas efectúan, pues en la actualidad Ocós concentra una buena parte del tráfico ilegal de centroamericanos. "Desde que se interrumpieron las operaciones del tren, hemos reforzado las alertas para que los compatriotas y los centroamericanos no utilicen la ruta marítima, pues el nivel de riesgo es muy alto", expresó la vicecanciller guatemalteca, Marta Altolaguirre. La funcionaria explicó que, recientemente, autoridades guatemaltecas y mexicanas recorrieron esta área fronteriza, para tomar acciones conjuntas.

Autoridades, indiferentes

La falta de seguridad y la indiferencia de las autoridades locales favorecen que el tráfico ilegal de drogas, armas y personas se multiplique en aquella localidad . Adela de Torrebiarte, ministra de Gobernación, dijo que el tránsito libre de centroamericanos por Guatemala complica el problema de seguridad y que es muy difícil atacar el tráfico de personas, pues tanto salvadoreños como nicaragüenses no tienen calidad de ilegales en el país. "No pretendemos restringir su locomoción, pero sí establecer mejores controles. Además, ya se está haciendo un trabajo de inteligencia en esa zona, para poder establecer cómo operan los coyotes y quién dirige las operaciones", dijo De Torrebiarte. Sin embargo, la realidad no refleja los planes a los que se refiere la ministra. En Ocós, la Policía Nacional Civil (PNC) sólo cuenta con 10 agentes, que se dividen en tres turnos. Alfredo Salvador Orozco, jefe de la subestación de la PNC en el referido lugar, asegura que por más acciones que se planifiquen, son vigilados permanentemente por los banderas, que alertan a los coyotes de cada movimiento. "En el caso de los salvadoreños que pasan por aquí, pueden andar libremente. Son ilegales hasta que llegan a México, pero eso ya no nos compete", explicó Orozco. Aunque se intentó conocer la versión de la alcaldesa de Ocós, Edilma Navarijo, quien fue reelecta para ocupar el cargo por cuatro años más, se dijo que "se encontraba fuera del pueblo". En su lugar, Jorge Alarcón, alcalde auxiliar de Ocós, se refirió a la situación, y dijo que aunque en la localidad todos saben quiénes son los coyotes, no hay pruebas contra ninguna persona, y no les corresponde a ellos investigar ese tema. Según la Procuraduría de los Derechos Humanos, es lo que permite que las redes operen a sus anchas, aunque esto pueda traducirse en muchas vidas perdidas, como ocurrió con los salvadoreños. Alejandro Rodríguez, asesor legal de la PDH, aseguró que la sección de migrantes de esa institución conoce la situación que se produce en Ocós, pero afirmó que la autoridad local no tiene voluntad de combatir a las redes del tráfico de personas.

¿Por cuánto me cruzan?

En Ocós, cualquiera da detalles de cómo y por cuánto se puede llegar al "otro lado". Incluso, los niños, que en ocasiones son contratados como vigilantes, llevan a los interesados hasta algún intermediario del coyote, y éste inicia la negociación. Chepe habla con acento mexicano. Explica que dependiendo de la nacionalidad y de qué tanta ayuda quieran para cruzar la frontera con EE. UU., así será la tarifa. Para los indocumentados, el sueño americano por la ruta marítima puede costar de US$6 mil hasta US$12 mil. "La ventaja de irse por mar es que es más rápido y se evitan que sean asaltados en el camino, como pasa por carretera", asegura Chepe, quien también hace ver los riesgos que se corren, como si llegara a fallar el motor o si el mar estuviera bravo, y las olas dañan la embarcación. "Si deciden que mejor hacen el intento por tierra, se les consigue una credencial mexicana, por si los agarra la migra", explica. Aunque los controles de seguridad no existen, los coyotes han cambiado de estrategia. En la actualidad, Ocós es un punto de embarque, pero las operaciones y los dormitorios donde se ocultan los indocumentados se encuentran en las colonias Limones, La Blanca, Tilapa y Tilapita. Es por ello que, mientras Ocós parece un pueblo fantasma, con poco comercio y casas deshabitadas, en Limones la prosperidad salta a la vista: casas de dos o tres pisos y construcciones de cemento que han reemplazado a los ranchos. Restaurantes y comercios se sostienen a costa de los migrantes, algo que, según los mismos pobladores, es normal, sobre todo después de haber sido una de las regiones más afectadas por la tormenta Stan, en el 2005. La pesca y el turismo ya no son una opción, y es por ello que familias completas se dedican al negocio de los indocumentados. "El que se dedica a pescar seguirá siendo pobre, porque lo más que se venden son unas 10 libras de pescado al día", reconoció uno de los pescadores del lugar. Después de los salvadoreños, los ecuatorianos y peruanos son quienes más arriban al país, guiados por las redes del contrabando de personas, que ofrecen llevarlos hasta Estados Unidos. La Organización Internacional para las Migraciones ha determinado que los ecuatorianos utilizan los puertos de Salango, Puerto Cayo, Cabo Pesado y Pedernales, para salir de su país, por vía terrestre o marítima. Incluso en algunos casos solo pasan por Guatemala para trasladarse a otra embarcación. Las estadísticas revelan que cada mes ingresan al país unos mil ecuatorianos de manera ilegal. Los coyotes organizan el flete (viaje) con los propietarios de los barcos, pagan a la Policía y a la Marina de Ecuador para que no aporte detalles de las operaciones, una situación similar a lo que sucede en Guatemala y México. Manuel de Jesús Martínez Ovando, de nacionalidad mexicana, es el Coyote dueño de la embarcación en la que perdieron la vida por lo menos 24 personas, en la costa mexicana de Oaxaca, el 16 de octubre último. Sus antecedentes dan cuenta de que el 27 de septiembre último, 18 días antes de la muerte de los indocumentados, fue detenido cuando se descubrió que transportaba a 15 personas, entre ellas un turco, un hondureño y el resto salvadoreños, hacia una vivienda en la colonia Limones, Ocós, para trasladarlos en la madrugada a la embarcación que tenía México como destino. Por razones que se desconocen, Martínez recobró su libertad. Este tiene diez años de vivir en Guatemala, se casó con Maricela Rodas Morales y es conocido en el pueblo como uno de los líderes de los contrabandistas de indocumentados. Su familia recibió noticias de que está vivo y que se encuentra en un centro asistencial de México, por lo que viajaron a buscarlo. Las 24 personas que murieron hace dos semanas, o los 30 guatemaltecos que en julio del 2000 murieron en el peor naufragio de ilegales ocurrido en esa ruta, deberían ser motivo suficiente para que nadie más quisiera intentar llegar a EEUU por ese trayecto. "Se debe trabajar en incrementar las advertencias. La vigilancia, conjunta entre México y Guatemala, debe ser marítima y costera. Esa ruta no debe seguir siendo utilizada", expresó la vicecanciller Altolaguirre. Pero la realidad es otra. Las barcazas con 20 ó 30 migrantes se lanzan al mar en busca de un sueño, aunque haya que pagar con la vida.

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