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Saqueos y desorden agudizan crisis en el inundado Tabasco

Agencia AFP. Desde Villahermosa, Tabasco. | 5 de Noviembre de 2007 a las 00:00
La crisis que desde hace ocho días vive el estado mexicano de Tabasco (sur), afectado por las peores inundaciones de su historia, se agudizó el lunes por el desorden en la entrega de la ayuda y la inseguridad percibida por los pobladores tras registrarse saqueos. Cientos de personas se negaban a abandonar sus casas en Villahermosa, la capital de distrito, por temor a ser víctimas de los saqueadores que desde el sábado recorren en lancha las zonas anegadas rompiendo cerraduras en viviendas y locales comerciales abandonados. Muchos permanecen en las azoteas de sus viviendas e improvisan letreros pidiendo agua y comida, pero renuentes a acudir a los refugios ante la posibilidad de que les roben lo poco que les dejaron las inundaciones. Unas 50 personas fueron detenidas durante el fin de semana por haber hurtado electrodomésticos y aparatos de sonido en comercios y otros locales, según reportes de la prensa regional. De igual forma, la desesperación de muchos afectados se transformó en enojo debido a que la ayuda donada por miles de mexicanos empezó a llegar a Tabasco, pero su reparto es desordenado. Imágenes de la televisión mostraron cómo decenas de personas luchaban a las afueras de Villahermosa por conseguir una caja de víveres, al tiempo que algunas mujeres se quejaban de que la ayuda fuera entregada sin distinguir si se trataba de familias numerosas o de personas individuales. Pese al dramático cuadro que se registra en esta región del sur de México, los tabasqueños tuvieron algo de alivio el fin de semana debido a que no ha llovido y las aguas han bajado. En Villahermosa, donde viven 750,000 de los 2.1 millones de habitantes de Tabasco, el servicio de agua potable comenzó a restablecerse el domingo en algunas áreas, mientras que las clases en las escuelas fueron autorizadas el lunes por la secretaría de Educación en las pocas zonas que no se inundaron. Hasta el momento, el gobierno tabasqueño calcula que más de un millón de personas en 700 localidades de los 17 municipios del distrito fueron afectadas por las inundaciones. Las autoridades solo dieron cuenta de la muerte de una persona, aunque la prensa local reportó cuatro fallecimientos y al menos 100,000 personas atrapadas en comunidades adonde no ha llegado la ayuda. Al respecto, el presidente Felipe Calderón pidió la solidaridad del mundo para Tabasco, lo que de inmediato fue respondido por Alemania que el lunes anunció el envío de 250,000 euros, en tanto que Estados Unidos informó el fin de semana la donación de 350,000 dólares. Las inundaciones, que se iniciaron la noche del domingo 28 de octubre y se agravaron el miércoles siguiente, también han sido aprovechadas por propietarios de lanchas que se alquilan para transitar por las anegadas calles de Villahermosa. El centro histórico de la ciudad es visitado a diario por decenas de personas que acuden a ver cómo están sus hogares o a llevar ayuda a los cientos de familiares y conocidos que se han rehusado a abandonar sus casas. Esto ocasionó que los necesarios viajes en lancha se cotizaran en altos precios si no se quería esperar un lugar en las embarcaciones que gratuitamente prestan voluntarios coordinados por el gobierno. "A partir de este momento, nadie, absolutamente nadie, que no esté registrado en los módulos que van a estar en los embarcaderos (improvisados en las calles anegadas) va a poder entrar" al inundado centro de Villahermosa, dijo el gobernador de Tabasco, Andrés Granier. La medida pretende evitar los robos y la multiplicación de la rapiña luego de que el domingo las anegaciones disminuyeron ligeramente, agregó el funcionario. Tabasco ya había registrado en 1999 una gran inundación por el desbordamiento del río Grijalva, el segundo más grande del país, cuando unas 85.000 personas fueron afectadas.

Cientos rehúsan dejar sus casas

Cientos de personas se niegan a abandonar sus casas anegadas desde hace una semana por inundaciones por temor a ser víctimas de los saqueadores. Alicia y Marta parten a media mañana en una lancha pagada por las autoridades estatales para ir a buscar a su padre y hermana, respectivamente, cuyas casas están en el margen occidental del río Grijalava, en la capital tabasqueña, Villahermosa. Alicia busca a su padre, de 67 años y enfermo de diabetes, que desde que la zona fue inundada, siete días atrás, se ha negado a abandonar su casa a pesar de que varios familiares han ido a buscarlo. "Es un hombre muy terco, pero ya me lo voy a traer", asegura la mujer, aunque el subdirector de Desarrollo Agropecuario, José Domingo García, le advierte que las autoridades no pueden forzarlo a dejar su casa. "Hemos traído a toda la gente posible, todavía hay un poco de resistencia a que salgan, seguimos invitándolos: ellos tienen que venir", dice antes de afirmar que se calcula que todavía están en sus casas anegada "cientos de personas" sólo en ese sector de la ciudad. García coordina las varias decenas de lanchas que salen todos los días del embarcadero improvisado de la calle 2 de abril, cercana al centro de la capital tabasqueña. De ahí parten los botes a buscar a la gente que queda en sus casas o a llevar familiares o voluntarios con comida para la gente aislada. Marta quiere ir a la casa de su hermana embarazada a buscarla a ella y a su sobrino de un año, de quienes no sabe nada desde que comenzaron las inundaciones. "Hemos buscado en todos los albergues y no la encontramos. Tiene que estar todavía en su casa", supone. Tras tener cruzar el río Grijalva, el grupo logra llegar a casa del padre de Alicia. El hombre se asoma al balcón de su segundo piso junto con dos perros. El agua queda a medio metro de ese nivel y apenas ha bajado 25 centímetros en los dos últimos días. "He venido por ti, papito. Hemos estado muy preocupados por ti. Vente ya", le pide la mujer desde el bote. El hombre, quizás abrumado por los seis socorristas equipados con todas las herramientas necesarias para un arriesgado rescate que van en la lancha, duda: "¿Y los perros?", pregunta a su hija. "Deja a los animales, eso se puede reponer, la vida, no", le responde y el hombre finalmente accede a acompañarla. Mientras se prepara, un vecino de enfrente se lamenta: "Hemos oído en la radio que vienen a robar. Esos maleantes vienen para acá y no pasa nada. ¿Cómo es posible?". En efecto, en el recorrido de la lancha se pudieron observar varias casas abiertas e incluso rejas de negocios forzadas, probablemente por acción de los saqueadores. Los perros observan el bote alejarse. Además de ellos, se quedan en la casa cinco pavos. "¿Porqué se va si ya está bajando el agua?", le grita una vecina de su calle desde su balcón. "Es cuestión de un rato. Ahorita vuelvo", bromea él. Luego se pone a pensar y le señala a su hija: "Los pavos se van a morir". "Se preocupa por los animales", se sorprende ella, contenta de poder sacar de allí a su progenitor. El hombre había sobrevivido bien casi una semana aislado, pero empezaba a quedarse sin sus provisiones. "Tenía unos frijolitos, pero ya se me estaban acabando". También el gas para cocinar y el agua, aunque unos conocidos que pasaban por ahí en lancha le dejaron un garrafón. En la siguiente escala, Marta no tiene éxito. Los rescatistas entran a la casa de su hermana por la azotea y no encuentran a nadie. La noticia le angustia: "¿Dónde puede estar?". En el embarcadero de la calle 2 de abril, otra lancha desembarca a una pareja de ancianos, Ulises y Gladis. Su casa, como a un kilómetro del río, fue de las últimas en inundarse, pero aunque tienen alrededor de 70 años y ambos estaban enfermos, no tenían intención de salir hasta que unos sobrinos fueron a sacarles "de la oreja", dice él. "Todos salen en estampida. Estas cosas hay que tomarlas con calma y ver hasta dónde llega el agua", argumenta Ulises. "Teníamos todo ahí, no hay problema. Podíamos resistir 15 días, 20 días, un mes", desafía.

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