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Las mujeres y su calvario: la muerte espera a aquellas con embarazo riesgoso

Por Traci Carl, LaVoz.com. Desde Managua. | 5 de Noviembre de 2007 a las 00:00
Dos semanas después de su boda, el cuerpo hinchado y desfigurado de Olga Reyes yacía en un ataúd abierto, víctima, según su esposo y algunos expertos, de las leyes que prohíben todo tipo de aborto en Nicaragua. Reyes, una estudiantes de leyes de 22 años, sufrió un embarazo ectópico, en el cual el feto se desarrolla fuera del útero, sin posibilidades de supervivencia, y causa hemorragias que ponen en peligro a la madre. Pero los médicos parecían tener miedo de tratarla por las leyes contra el aborto, dijo su esposo, Agustín Pérez. Los médicos con frecuencia reciben mujeres con infecciones, muchas causadas por abortos ilegales que se niegan a admitir por temor a ser castigadas, indicó la doctora Carla Cerrato. Agregó que, debido a que numerosas personas con algún entrenamiento médicos que realizaban abortos ya no los hacen, las mujeres toman medicinas o se extraen ellas mismas el feto, usando alambres u otros objetos. "Estamos viendo complicaciones que antes no se veían", dijo Cerrato en un atestado hospital público de Managua. Añadió que se ven histerectomías e infecciones severas que dejan a las mujeres estériles o muertas porque los obstetras no pueden hacer intervenciones que puedan causar daño al feto. "Hay que esperar que el feto muera. Con frecuencia, para la mujer es demasiado tarde", señaló Cerrato. Da la impresión de que eso fue lo que sucedió con Reyes. Su tía, Gioconda Reyes, una católica devota, dijo que la muerte de su sobrina la hizo cambiar de opinión. "No apoyo abortos para resolver embarazos indeseados, pero en casos como el de Olga, son necesarios", manifestó. "¿Cómo pueden dejar pasar cuatro días cuando los minutos eran preciosos. Le negaron el derecho a la salud, a la vida". Cuando finalmente se decidieron a intervenir, ya era demasiado tarde. Nicaragua pasó a ser el año pasado uno de 5 países donde está prohibida toda forma de aborto, incluso cuando es para salvar la vida de la madre, de acuerdo con el Centro de Derechos Reproductivos de Nueva York. La prohibición es cumplida al pie de la letra y el país se debate entre una fuerte tradición de respeto a los derechos de la mujer y una fe religiosa cada vez más conservadora. El presidente Daniel Ortega, un izquierdista radical que ha moderado sus puntos de vista, es católico y no quiere ir contra la Iglesia, que se opone firmemente al aborto. Grupos evangélicos y la iglesia católica dicen que el aborto ya no es necesario ya que los avances en la medicina permiten resolver situaciones que puedan comprometer la salud de la madre. Pero al menos tres mujeres han muerto por la ley del aborto en Nicaragua, y hay otros 12 casos bajo estudio, señaló la ginecóloga e investigadora universitaria Eliette Valladares, quien trabaja para la Organización Panamericana de la Salud y trata de determinar el origen de las muertes de mujeres embarazadas en el país. Antes de que entrase en vigor la prohibición total del aborto, el 18 de noviembre del 2006, se realizaban menos de una docena de abortos legales en Nicaragua. Había sólo tres médicos que efectuaban esas intervenciones, y solo si la salud de la madre peligraba. La Iglesia Católica Romana, no obstante, calcula que cada año se realizan unos 36.000 abortos secretos, a cargo de médicos o de otras personas, que actúan clandestinamente por temor a represalias incluso bajo las viejas leyes. El Ministerio de Salud registró las muertes de 84 personas embarazadas entre enero y octubre, comparado con las 89 de todo el 2006 y las 88 del año previo. Las hemorragias aparecen como la causa en 27 de esos casos. El ministerio se abstuvo de responder a preguntas sobre la ley. Grupos defensores del derecho al aborto irrumpieron en el Congreso varias veces en semanas recientes para exigir que se cambie la ley. El 25 de octubre no pudieron ingresar al edificio debido a las medidas de seguridad, pero se plantaron en el lugar portando carteles con inscripciones como "Asesinos de mujeres". Algunos legisladores quieren cambiar la ley. Sin embargo, no cuentan con votos suficientes. La Iglesia Católica Romana movilizó casi 30,000 personas, que participaron en marchas o firmaron peticiones apoyando la ley. "Un niño no es una enfermedad", sostuvo Henry Romero, un sacerdote que colabora con la campaña. "Cuando hay dos vidas en peligro, hay que tratar de salvar la de la madre y la del niño. Es difícil decir hoy que no es posible salvarlos a ambos". Reyes es una de tres víctimas fatales de la ley. Sabía que estaba delicada y fue con su esposo al centro médico de una ciudad chica. Allí la enviaron al Hospital Bertha Calderón para mujeres embarazadas en Managua, a más de una hora. En el hospital le hicieron una revisión de rutina y le dijeron que volviese al día siguiente. La hemorragia y los retorcijones empeoraron. Pérez dijo que la llevó a un hospital de la ciudad de León, donde le hicieron análisis ultrasónicos que confirmaron su condición y la dejaron por horas en una sala de espera. Un médico nuevo la vio y ordenó que la operasen. Sufrió tres paros cardíacos y fue sometida a una cirugía exploratoria. Valladares afirma que los médicos debieron actuar más rápidamente. "Sabían que tenía un tiempo determinado y que iba a romper. Todo el mundo sabe eso en un embarazo ectópico", se quejó. "No la atendieron por temor". La directora del Hospital Calderón, Olga María Chávez, dijo que Reyes llegó tarde en la noche y se le dijo que regresase a la mañana siguiente para que la viesen especialistas. Los médicos que la atendieron en León se negaron a hablar con la AP. Walter Mendieta, presidente de la Asociación de Ginecólogos de Nicaragua y quien apoya la prohibición del aborto, opinó que los médicos a veces exageran y que una operación para atender un embarazo ectópico no es lo mismo que un aborto. "Eso no tiene discusión. Es urgente, y hay que operar," aseguró. Pero admitió que muchos médicos temen ser acusados de realizar un aborto, lo que los expone a la suspensión de su licencia y varios años de prisión, por más que nadie haya sido enjuiciado todavía. Algunos médicos admiten realizar intervenciones que podrían ser ilegales, mientras que otros dicen que no quieren comprometer su carrera. "Muchos piensan que, en lugar de correr riesgos, es mejor dejar morir a una mujer", expresó el doctor Leonel Argüello, presidente de la Sociedad General de Medicina de Nicaragua.

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