Escúchenos en línea

Cuba tranquila, pero preocupada por la salud de Fidel

Diarios y agencias internacionales. | 3 de Agosto de 2006 a las 00:00
La noticia de la enfermedad de Fidel fue recibida con tranquilidad. Los sindicatos armaron milicias obreras para evitar boicots de la oposición, hubo actos de lealtad en fábricas y una manifestación en La Habana. Su hermano Raúl, a cargo del gobierno, y las principales figuras del gobierno evitaron mostrarse en público. El martes, los cubanos obedecieron a su veterano líder y fueron a trabajar como todos los días. La cotidianidad de la isla sólo fue interrumpida por cortos actos en las fábricas y algunas manifestaciones públicas. Las consignas eran unánimes: reafirmar la lealtad a la Revolución y al Partido Comunista Cubano (PCC). Luego de una larga espera, el dirigente cubano emitió un comunicado sobre su estado de salud. "De ánimo me encuentro perfectamente bien, y lo importante es que en el país todo marcha y marchará perfectamente bien", afirmó. A pesar de la tranquilidad, el gobierno se está preparando en caso de un eventual levantamiento de los sectores opositores en la isla. Los sindicatos ya han movilizado una guardia obrera para custodiar las fábricas, escuelas y hospitales. Algunos cubanos se sorprendían ante la conmoción internacional por el traspaso de Fidel a manos de su hermano menor, Raúl Castro. "Por qué no va a haber normalidad aquí si no ha pasado nada. Los que se ponen nerviosos son los de Miami, aquí todos estamos tranquilos porque está Raúl, que es como si estuviera él (Fidel)", afirmó un residente del barrio capitalino de El Vedado. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del gobierno por evitar cualquier alteración de la vida cotidiana, todos en la isla hablaban de la decisión del veterano dirigente y de su estado de salud. Para frenar las especulaciones, el presidente Castro difundió un comunicado, entrada la tarde, en la que aseguraba estar mejor, pero que, dadas las circunstancias, su evolución médica se había convertido en un secreto de Estado y no puede estar divulgándose. "La situación se mantendrá estable muchos días, antes de poder dar un veredicto", adelantó para tranquilizar. Los sindicatos y las organizaciones políticas de la isla prefirieron no convocar a multitudinarios actos. Las manifestaciones se limitaron a los lugares de trabajo, en los que se dedicó 15 o 20 minutos a leer la proclama del lunes de Fidel y a reafirmar la lealtad a su líder y a la revolución. La única gran manifestación se realizó en el Parque Central de La Habana, bajo la convocatoria de organizaciones sindicales, sociales y políticas. En medio de banderas cubanas y fotos de Fidel, cientos de personas participaron en un acto de "reafirmación revolucionaria". Pero el objetivo era también demostrar el apoyo del pueblo cubano a su nuevo líder provisorio. "Raúl es un líder de la revolución sin discusión y la revolución está segura con él y la generación que ellos han preparado", afirmó en su discurso Armando Díaz García, secretario municipal del PCC. Para Pedro Martínez Pires, el director de la emisora cubana Radio Nacional, la tranquilidad que se vio ayer demuestra que el traspaso venía siendo planeado desde hace mucho por Fidel y sus asesores. La designación de Raúl, su hermano menor, como primer secretario del PCC, presidente del Consejo de Estado y comandante de las Fuerzas Armadas sigue la línea sucesoria constitucional, ya que antes ocupaba los cargos de vice en estas instituciones. Sin embargo, el comunicado del lunes, en el que Fidel traspasa sus funciones, no delega todos sus cargos a su hermano. El veterano dirigente eligió a su hermano para los puestos ejecutivos. Pero sus otras tareas, su trabajo en las áreas de Salud, Educación y Energía, fueron traspasadas a una comisión de figuras del Buró Político e importantes dirigentes del gobierno. La niña mimada del último año, la llamada Revolución Energética, quedará a cargo de tres hombres fuertes de la política cubana. El ministro-presidente del Banco Central, Francisco Soberón, de 62 años, el canciller, Felipe Pérez Roque, de 41, un hombre de total confianza del Presidente Castro, que fue su asesor durante más de siete años, y el vicepresidente Carlos Lage Dávila. Este último es considerado en la isla como el artífice de las calculadas reformas económicas que posibilitaron la liberalización del dólar, los mercados libres campesinos y el turismo extranjero. El martes fue un día clave para Cuba. Con la mirada de todo el mundo sobre la isla, la cautela y el silencio del gobierno, ahora dirigido por Raúl Castro, dio la imagen de tranquilidad y estabilidad que necesitaban en un momento en que los rumores no cesan de aparecer. La sociedad cubana apoyó a sus dirigentes manteniendo sus rutinas y, entre los sectores más militantes, manifestando su lealtad al nuevo gobierno provisional.

Segundo mensaje de Fidel

Tras la intervención quirúrgica de emergencia a que ha sido sometido este lunes y que le ha obligado a delegar sus poderes en el Estado, el Partido, el Gobierno y las Fuerzas Armadas, el presidente de Cuba Fidel Castro ha emitido su segundo mensaje a los cubanos, en el cual informa que su situación de salud es estable y agradeció las muestras de solidaridad tanto en Cuba como el mundo. En un texto difundido por el programa radiotelevisado Mesa Redonda Informativa, que trató sobre la repercusión de su proclama emitida este lunes al pueblo de Cuba, el mandatario afirmó gozar además de un buen estado de ánimo.

Mensaje íntegro

Yo no quiero inventar noticias buenas, porque no sería ético. Y si las noticias fueran malas, el único que va a sacar provecho es el enemigo. Debido a los planes del Imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de Estado que no puede estar divulgándose constantemente y los compatriotas deben comprender eso. No puedo caer en el círculo vicioso. Puedo decir que es una situación estable, pero una evolución real del estado de salud necesita el transcurso del tiempo. Lo más que podría decir es que la situación se mantendrá estable durante muchos días antes de poder dar un veredicto. Estoy muy agradecido por los mensajes de nuestros compatriotas y de muchas personas en el mundo. Lamento haberles causado tanta preocupación y molestias a los amigos en el mundo. De ánimo me encuentro perfectamente. Lo importante es que todo en el país marcha y marchará perfectamente bien. El país está preparado para su defensa por las Fuerzas Armadas revolucionarias y el pueblo. Nuestros compatriotas lo conocerán todo a su debido tiempo como pasó cuando mi caída. Hay que luchar y trabajar.

FIDEL Y EL DOLOR

Por Miguel Bonasso, diario Página/12, Buenos Aires.

Antenoche recibí un llamado de La Habana que me dejó sin aliento. Un compañero argentino me avisaba: "Parece que Fidel está mal", y de inmediato la conversación se cortó, generando un insoportable suspenso. A los pocos minutos la CNN informaba que Fidel Castro había sido operado y que por primera vez en 47 años transfería transitoriamente sus responsabilidades de Estado a su hermano Raúl. De inmediato comencé a llamar a todos los amigos de La Habana sin resultado. Las líneas estaban saturadas. Recién a las doce de la noche logré establecer contacto telefónico con uno de los colaboradores más cercanos del Comandante. "Las cosas son así –me dijo– como se ha informado. Tú conoces nuestra ética y la del Jefe: jamás le mentiríamos ni le ocultaríamos nada al pueblo." Es cierto. Recordé a Fidel, sentado en una silla, aguantando el dolor de su terrible caída al finalizar un acto, cuando anticipó el diagnóstico de los traumatólogos y le explicó al pueblo cubano (y al mundo) que se había fracturado la rodilla y el hombro derecho. Antenoche, en el comunicado que leyó su secretario Carlitos Valenciaga, resplandecía la misma seriedad, la misma responsabilidad política, la misma precisión al hablar de radiografías, endoscopías y hasta filmaciones del inquietante sangrado que lo llevaba al quirófano. Era el estilo inconfundible del hidalgo que ha cedido transitoriamente la jefatura del Estado cubano. El colaborador de Fidel agregó que la operación había sido exitosa y que comenzaba un proceso de recuperación. Sus palabras y el tono de su voz me tranquilizaron. El episodio era serio, grave, pero el amigo confiaba, como yo, en la fortaleza del paciente, en ese dominio extraordinario que ejerce sobre la realidad su cerebro privilegiado. Pensé: "Fidel se va a morir cuando él lo decida y todavía no lo ha decidido". Recordé una conversación que habíamos tenido en el Palacio de Convenciones, hace siete u ocho meses. Parecía abstraído, lejano, pero súbitamente me miró como si regresara del futuro y confesó: "Lo que necesito es tiempo". Tiempo para completar lo que él llama "la revolución energética" y le va a significar a la isla un ahorro anual de dos mil millones de dólares; tiempo para que "Cuba sea económicamente invulnerable, como ya lo es militarmente"; tiempo para reconstruir el movimiento de Países No Alineados; tiempo para operar de cataratas y pterigium a seis millones de latinoamericanos en los próximos seis años; tiempo para que los educadores cubanos del programa "Yo sí puedo" ayuden a desterrar el analfabetismo de toda América latina; tiempo para que prospere la integración latinoamericana y el ALBA. Tiempo, en suma, para consumar una gigantesca empresa humanística que parece descomunal, imposible, para una pequeña isla sitiada de once millones de habitantes y ciento diez mil kilómetros cuadrados, que sobrevive a fuerza de dignidad, a noventa millas náuticas del monstruo. Que nadie espere encontrar aquí una "nota objetiva": tengo el extraordinario privilegio de contarme entre los amigos personales del Comandante Fidel Castro. Es un honor que me concedió hace poco más de tres años. Antes lo miraba como todos los de mi generación desde una respetuosa distancia. Lo veía instalado en la cima de la historia mundial, pero ignoraba sus rasgos de humor, sus provocaciones y travesuras, su fidelidad de fidel hacia los amigos, su desbordada curiosidad por todo lo humano, su imaginación de navegante y sus hábitos inveterados de conspirador. Su real ternura por los desvalidos. Una madrugada charlábamos en la sala de reuniones del Palacio de la Revolución y empezó a pronosticar lo que ocurriría a causa del gran terremoto que acababa de producirse en Pakistán. "Pronto vendrán los grandes fríos –me dijo– y los habitantes de los pueblos destruidos comenzarán a vagar sin destino en la ladera de las montañas. Habrá fracturas expuestas, gangrenas, y dolor, un indecible dolor humano. Tenemos que hacer algo." Pocos días después, médicos y paramédicos cubanos comenzaban a viajar a Pakistán hasta completar una generosa brigada de 2500. Que en cuatro meses atenderían a 700 mil pacientes. Que permanecerían con temperaturas bajo cero cuando los Médicos Sin Fronteras y los médicos de todas las ONG de este extraño mundo hubieran liado ya sus petates. En febrero, diez días antes de que mi compañera Ana de Skalon muriera de cáncer en La Habana, él la visitó, como lo hacía con frecuencia. Se iba ya, cuando se dio vuelta en la sala y le dijo inesperadamente: –Yo sé que tú luchas, Anita, y me parece muy bien que lo hagas, porque tú y yo pertenecemos a la misma clase de seres humanos. Ana, desde su agonía, le devolvió una sonrisa. El día de sus funerales, cuando la condecoró post mortem como "amiga de Cuba", me llevó a comer con él. No habló de Ana durante el almuerzo, pero mientras me acompañaba a los ascensores, me dijo con una voz inaudible. –Imagínate lo que sufres tú, lo que sufrió Anita y multiplícalo a nivel universal por los millones que sufren. Entendí, entonces, lo que le había dicho alguna vez a su amigo Hugo Chávez, que él no creía en la trascendencia del alma, pero aceptaba que el presidente venezolano lo incluyera entre los cristianos. Hace pocos días estuve con él aquí, en Córdoba, en la Cumbre del Mercosur. Lo acompañé en el acto, en la visita a la casa familiar del Che en Alta Gracia y en un almuerzo tardío el mismo día de su partida. Hablamos de todo un poco, junto con otros amigos cubanos y argentinos. Hasta de vinos. De tintos que él saboreó con nosotros. No soy clínico, pero lo vi bien. Animado, optimista. Contento porque a sólo 24 horas de finalizada la Cumbre ya le había comprado a nuestro país cereales y alimentos por 100 millones de dólares. En el palier del hotel saludó a todos los miembros de la embajada cubana y a los policías federales y de Córdoba que lo habían custodiado y querían retratarse con él. Luego se fue, envuelto como siempre en multitudes. Así lo quiero ver, muy pronto, arropado en el cariño y la admiración que se merece.

COMANDANTE

Por J. M. Pasquini Durán, diario Página/12, Buenos Aires.

Mito, leyenda, icono. ¿Cómo nombrar al último héroe vivo del siglo XX? Sobrevivió, según sus propias cuentas, a seiscientas conspiraciones para asesinarlo y quedó maltrecho pero en pie después del estrepitoso derrumbe del comunismo soviético que no pudo arrastrarlo al abismo de las ilusiones perdidas. De sus ochenta años de vida, dedicó más de cincuenta al sueño revolucionario desde una isla de las Grandes Antillas, con 110.860 kilómetros cuadrados, un poco más grande que la provincia de Catamarca, estirados sobre las aguas como "un largo lagarto verde", en las propias barbas de su peor enemigo, el más grande imperio del planeta. Desde Cuba, las noticias sobre sus problemas de salud se apoderaron de la atención expectante del mundo entero, aun en los medios informativos controlados por sus críticos, adversarios y enemigos jurados. Nunca perdió esa capacidad de irradiación, desde que profetizó frente al tribunal que lo juzgaba después del primer intento fallido de alzar a su pueblo en armas: "La historia me absolverá". Nadie supo jamás dónde y cuándo dormía, comía o hacía el amor. Ni siquiera hay recuentos precisos sobre la identidad y el número de sus descendientes carnales, el último de los cuales, al menos de los conocidos, estuvo en la Cumbre de Mar del Plata, un muchacho recién salido de la adolescencia. Dueño de los cargos formales más empinados de la Revolución que lideró desde antes de la primera hora, será siempre "El Caballo" para los más antiguos y para todos, en su país y en América latina, "El Comandante", con su uniforme de fajina color verde oliva, el mismo que vistió en el mitin de la Ciudad Universitaria en Córdoba, hace un rato nomás, donde volvió a demostrar su capacidad maratónica de oratoria, hablando por más de tres horas seguidas y eso para hacerla corta. Es una personalidad magnética, allí donde se presenta, tanto para las muchedumbres como para los líderes políticos de todos los talantes y su obra magna, la Revolución Cubana, que zarandeó las ideologías de todos los bandos, ya está consagrada como una referencia insoslayable de la historia contemporánea. Aunque nadie ya canturrea las tonadas de los tiempos fundacionales, aún sigue válido, en varios sentidos, aquel estribillo del cantautor Carlos Puebla que anunciaba: "Llegó el Comandante y mandó a parar". Tanto para sus virtudes como para sus defectos, el paso del tiempo y las mutaciones culturales de época le hicieron mella. El mismo Fidel, como lo reconoció ante los presidentes convocados al último plenario del Mercosur, hoy en día cree en la revolución de las ideas, en lugar de las armas, y destaca como prioridad el valor de la racionalidad en la política. Aceptó incluso que no habían logrado realizar el sueño de una sociedad justa, aunque sigue rechazando las críticas que le demandan el libre tránsito de las personas y la plenitud del derecho al disenso. Empeñado en su eterna batalla bíblica contra el gigante americano, a lo mejor considera que si afloja, pierde. Hasta sus enemigos, en cambio, tienen que reconocer que los avances en la salud y la educación no tienen comparación en América latina y en otras latitudes. Son muchos los que han recibido el beneficio solidario en esos campos: el intendente de Córdoba, Luis Juez, acepta que su gobierno está alfabetizando a miles de adultos iletrados con los métodos probados por los cubanos. Sería vana la tarea de condensar aquí la trayectoria huracanada de una gesta y de un protagonista que dejaron marcas profundas en el último medio siglo. Hoy, cuando tantos aguardan por las buenas noticias, así fuere por el sentido de eternidad que se les adjudica a las leyendas, no ha llegado la hora de los balances sino de los buenos augurios. Que el Comandante libre esta lucha con el mismo espíritu de cada una de las batallas en las que puso el cuerpo: "Hasta la victoria, siempre".

Descarga la aplicación

en google play en google play