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Guatemala: ¿tiempo de esperanza?

Por Carlos Malamud, Infolatam. Desde Madrid. | 6 de Noviembre de 2007 a las 00:00
A la tercera fue la vencida y Álvaro Colom, el candidato de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), ganó las elecciones presidenciales guatemaltecas, con el 52.82% de los votos. El derrotado de esta segunda vuelta fue Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP), que sólo obtuvo el 47.18%. Si el PP sólo se impuso en la capital, Guatemala, y en el departamento de Baja Verapaz, la UNE triunfó en 20 departamentos, en algunos de ellos conquistando más del 60% de los votos. Pensando en un reparto territorial del sufragio se puede afirmar con claridad que la victoria de Colom se fraguó en el interior del país y en las redes y compromisos que supo tejer fuera de la ciudad de Guatemala durante su dilatada carrera política. Las encuestas prometían una elección reñida y así fue, aunque el desenlace vaticinado era el opuesto al que tuvo lugar. Las mediciones demoscópicas también hablaban de un escaso porcentaje, claramente menor al de la primera vuelta. La tendencia histórica de las elecciones guatemaltecas, con menor asistencia en la segunda vuelta presidencial que en la primera, muestra el escaso interés de buena parte de la sociedad ante unos comicios que estima muy lejanos y totalmente ajenos a sus intereses. Otra cosa es cuando la elección presidencial coincide con comicios donde se deciden cargos más cercanos a la gente, bien sean municipales o legislativos. Si bien en esta ocasión la tendencia se mantuvo, la asistencia a las urnas fue superior a otras convocatorias anteriores equivalentes. Es probable que la mayor participación de esta oportunidad reflejara una creciente movilización a favor de Colom, especialmente en los departamentos del interior. Como se ha señalado, los principales apoyos con que contó Pérez Molina, un ex general del ejército guatemalteco, se centraron en la ciudad de Guatemala, el lugar donde más caló su mensaje de ley y orden, de mano dura contra el narcotráfico, las maras y otras variantes del crimen organizado. En este sentido, los reclamos del votante urbano y del votante rural diferían algo, como quedó reflejado en el resultado final. Tradicionalmente el votante guatemalteco ha sido un votante muy conservador, muy demandante de una política de dureza contra la inseguridad ciudadana, como muestran los resultados de anteriores elecciones presidenciales. Es posible que las encuestas previas, que vaticinaban la victoria del PP, se realizaran primando el voto urbano y fueran influidas por los desempeños pasados de la ciudadanía. A partir de este momento los temas electorales ya son historia y las cuestiones candentes comienzan a girar en torno a las designaciones del presidente electo, ¿quiénes serán los favorecidos para integrar su gabinete?, y a los temas más acuciantes que serán integrados en la agenda del nuevo gobierno. Desde la perspectiva interna, y más allá de su mensaje dialogante, Colom deberá dar respuestas claras y contundentes a las amenazas a la seguridad ciudadana. Si bien el presidente electo no es demasiado partidario de la mano dura, prefiere crear puestos de trabajo y apostar por el crecimiento económico para sacar a la gente de la pobreza y la marginalidad en la que se encuentra, la realidad guatemalteca no le deja demasiado margen de maniobra. Sus preferencias políticas se basan en proyectos de maduración muy lenta y mientras tanto la sociedad exige respuestas inmediatas, lo que le llevará a pensar en otro tipo de medidas, más coyunturales y más efectistas, para aportar tranquilidad a una población angustiada por la falta de seguridad. Maras, corrupción y narcotráfico forman una trilogía que debe ser enfrentada con resolución si no se quieren perder los resortes de la gobernabilidad democrática y ver como la legitimidad de ejercicio del gobierno comienza a descender. A esto se agregan los temas de la corrupción y la impunidad, como han mostrado los escasos avances en el juzgamiento de crímenes pasados por violaciones de derechos humanos. Precisamente, desde la perspectiva de la gobernabilidad democrática la posición de la UNE es mejor que la del PP, ya que su grupo parlamentario, pese a no tener la mayoría del Congreso, es la minoría mayoritaria, lo que facilitará alianzas y acuerdos con otras fuerzas políticas. De todos modos, hay que recordar que la disciplina parlamentaria no es un valor en alza dentro del parlamentarismo nacional. Junto a estas cuestiones nos encontramos con otras propias de un país que no hace mucho tiempo se incorporó al DR-CAFTA (Tratado de Libre Comercio de América Central y la República Dominicana con Estados Unidos) y que tiene en las cuestiones comerciales y energéticas otros dos frentes calientes. Esta cuestión está muy vinculada a las relaciones con sus vecinos centroamericanos y con Estados Unidos. La integración regional centroamericana es la menos comprometida de todos los procesos de integración subregional que hoy tienen lugar en América latina y Guatemala es una parte esencial del mismo. América Central tiene pendiente la negociación de un Tratado de Asociación con la Unión Europea, un extremo que ha aclarado bastante el voto afirmativo en el referéndum sobre el DR-CAFTA celebrado en Costa Rica. Tras su triunfo Álvaro Colom señaló su voluntad de ser el presidente de todos los guatemaltecos. Aquí reside probablemente uno de sus mayores desafíos, considerando los factores de desigualdad y exclusión social que priman en las relaciones entre los guatemaltecos. La presencia de múltiples etnias indígenas así lo atestigua. Las respuestas que dé serán claves para ver hacia dónde orienta su gobierno y para saber si el lema de su partido, la búsqueda de la esperanza, puede convertirse en una realidad. (**) Carlos Malamud es profesor de Historia de América de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), de España, e Investigador Principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Ha escrito numerosos libros y artículos de historia latinoamericana, destacando su reciente Historia de América, Alianza Editorial, Madrid, 2005.

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