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Ortega, su camisa blanca y el frío otoñal de Chile

Agencia EFE. Desde Santiago, Chile. | 9 de Noviembre de 2007 a las 00:00
La camisa blanca del presidente de Nicaragua Daniel Ortega destacó hoy en la llegada de los mandatarios a la sede de la Cumbre Iberoamericana, en una mañana fría en que la temperatura cayó tan bruscamente que ninguno resistió la tentación de comentarlo. Una jornada fría en los debates pero también en la temperatura ambiente porque los ocho grados centígrados con los que amaneció la capital chilena, frente a los casi 30 de la víspera, despistaron a propios y extraños, ya que desde algunos desconcertantes vestuarios hasta los discursos tuvieron un tono sorprendente. Llegado de tierras centroamericanas, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, apareció en mangas de camisa entre la llovizna santiagueña frente a unos periodistas madrugadores y ansiados de noticias, pero acorralados por los controles de seguridad. El propio Ortega comentó con la anfitriona de la cumbre, la presidenta chilena Michele Bachellet, mientras miraban a un cielo que amenazaba lluvia en la alfombra roja de acceso a la centro de convenciones Riesco, sede de la cita iberoamericana. La camisa blanca de Ortega parecía una protección escasa para la gélida mañana, pero el líder sandinista sólo pudo consolarse afirmando que no se lo esperaba. Casi todos los mandatarios recurrieron al traje y la corbata en su vestuario y alguno que otro no dudó en echarse una bufanda al cuello. La primavera de Santiago había pasado en 24 horas de una máxima de 28 grados a 16 grados y la mínimas de 11 a 6, en un día de neblina, con un 94 por ciento de humedad relativa. Además de Ortega, también se dejaron la corbata en casa los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de Ecuador, Rafael Correa, vestidos con camisas típicas y el mandatario aimara del altiplano con la chaqueta de paño, sin solapas, y con motivos andinos que suele llevar en sus actividades públicas. Bachelet recibió a todos y cada uno de los mandatarios y el comentario sobre el frío que hacía era unánime. El venezolano Hugo Chávez besó la mano de su colega chilena, que luego se encontró con la que en menos de un mes -el 10 de diciembre toma posesión- será la segunda mujer presidenta de Sudamérica, la argentina Cristina Fernández de Kirchner. Cristina, protegida del frío con un elegante abrigo verde, acompaña, todavía como primera dama, a su esposo Néstor Kirchner, aunque la Cumbre Iberoamericana ya la recibió con el protocolo que merece su nueva función política: en la mesa de los presidentes, estaba sentada al lado de su marido. Luego, Bachellet la felicitó en nombre de la Cumbre en el plenario, enhorabuena que también transmitió al presidente electo de Guatemala, Alvaro Colom, sentado al lado de su predecesor, Oscar Berger. Ya en el turno de intervenciones, varios líderes reiteraron la felicitación a Cristina Fernández. Las imágenes de la televisión institucional ofreció más adelante detalles de los corrillos que se formaron dentro de la sede de la cumbre y el efusivo abrazo que se dieron Chávez y Cristina Kirchner. También fue muy cálido el saludo entre el rey Juan Carlos y el presidente de Perú, Alan García. Ambos departieron un buen rato, mientras el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, no paraba de hablar por el móvil, con su ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, al lado. Chávez y Kirchner hablaron largo rato a solas y en otro momento en compañía de Evo Morales. No faltaron las bromas entre Chávez y el presidente de Brasil, Luiz Lula da Silva, antes de que los mandatarios pasaran al salón de la plenaria. El último en entrar fue Hugo Chávez, cuya presencia en la XVII Cumbre Iberoamericana estuvo en el aire ayer, jueves, pero finalmente el líder venezolano arribó a Santiago de Chile poco después de las cinco de la mañana. Irónico, Chávez preguntó si había llegado Castro. El líder cubano no asiste a las cumbres desde 2001. A las dos últimas, 2006 y la de Santiago, por razones de salud. Su hermano, Raúl, al que cedió el poder interinamente en julio del pasado año. El único color, o sabor, de la jornada lo pusieron los mandatarios cuando acudieron al Cerro de San Cristóbal, un parque capitalino, para plantar un árbol, cada uno de ellos de una especie nativa chilena. Todos ellos se dispusieron, con pico y pala en mano, a hacer su obra social y solidaria con el medioambiente de forma cordial y con la ayuda de un joven voluntario chileno. Después llegó la hora de la foto de familia, se la tomaron todos los presidentes antes de percatarse de que faltaba Daniel Ortega, quien llegó poco después y se repitió la sesión. A partir de ahí, más reuniones privadas y una cena de gala en el Palacio de la Moneda, todo organizado por la anfitriona Bachelet, la única mujer entre tanto presidente.

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