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Pueblo teme convertirse en fantasma por efecto Trump

Ciudad de México. Dpa | 6 de Marzo de 2017 a las 12:43
Pueblo teme convertirse en fantasma por efecto Trump

En Boquillas del Carmen hay temor. Los habitantes tienen miedo de que se vuelva un pueblo fantasma si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumple con el plan de sellar con un muro la frontera con México.

"Necesitamos a los turistas que llegan cada día de Estados Unidos", dice Esperanza Coronado, que vende bolsas de tela bordadas a los visitantes en este pueblo mexicano situado a la orilla del río Bravo.

"Son nuestra única fuente de ingresos".

Mientras que en otras partes la línea limítrofe entre Estados Unidos y México está fuertemente protegida por rejas metálicas, sólo el río divide a los dos países entre el Parque Nacional Big Bend de Texas y el estado mexicano de Coahuila.

Una lancha de remos traslada cada día a unos 40 turistas estadunidenses hacia México. Comen unos tacos, pasean por el pueblo y compran souvenirs. Unas horas más tarde, vuelven a Texas.

"Si Trump construye su muro, estamos jodidos", dice Ventura Falcon, dueño de uno de los dos restaurantes de Boquillas del Carmen. En la entrada tiene colgado un cráneo de animal con una banderita estadunidense y la imagen de Trump. Una inscripción dice: "No al muro".

Trump anunció que construirá un muro en la frontera de más de 3.000 kilómetros para frenar el tráfico de drogas y la inmigración ilegal.

Pretende, además, que lo pague México, algo que el Gobierno mexicano ya descartó por completo.

Se desconoce por dónde pasará el muro, pero los habitantes de Boquillas del Carmen ya saben lo que les podría esperar. En 2002 les cerraron el cruce fronterizo como reacción a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Boquillas del Carmen se volvió un pueblo muerto.

"Nos fuimos a Norias de Boquilla. Mi esposo cosechó candelilla (una planta) y se dedicó a la producción de cera. Un trabajo muy duro", cuenta Juanita Sandoval Romero. Cuando la frontera fue reabierta en 2013, los pobladores regresaron.

La vida es sencilla en esta remota comunidad. Sus habitantes viven en casas humildes y no hay más que montañas y desierto alrededor. La siguiente población medianamente grande en México es Múzquiz, a cuatro horas en automóvil.

 

En Boquillas del Carmen hay una iglesia, una pequeña clínica de salud y una escuela para los niños de unas 40 familias. "Nos va bien aquí", dice Falcon.

Andrea Díaz González está preocupada por el futuro. Vende pequeñas figuras de cobre a los turistas: escorpiones, pájaros, armadillos.

"Acá tenemos nuestras casas", explica. "¿Dónde vamos a ir?" Boquillas del Carmen fue fundado a finales del siglo XIX. Sus pobladores trabajaban en las minas de plata y plomo de las montañas de la Sierra del Carmen. Durante mucho tiempo la frontera no tuvo ningún tipo de restricciones al paso. "Cuando era niño íbamos con frecuencia a la ciudad de Marathon en Texas", relata Cruz González Vásquez, de 86 años. "Mi tío y mi tía vivían ahí". Hasta que la frontera fue cerrada en 2002, había facilidad para internarse a Estados Unidos. "Cruzábamos a Estados Unidos todo el tiempo. Los agentes de protección fronteriza nos conocían a todos", afirma Falcon. "Mientras nos quedáramos en el Parque Nacional Big Bend, no necesitábamos visa".

Ahora las cosas son distintas. Aunque sólo el río separa a los dos países, los habitantes de Boquillas del Carmen sólo pueden cruzar si tienen visa, pero la mayoría no tiene. Del lado estadounidense hay un puesto de control automatizado en la oficina del guardaparque, que cierra puntualmente a las cinco de la tarde y opera cinco veces por semana.

A la mayoría de los habitantes de Boquillas del Carmen no les interesa cruzar de manera permanente a Estados Unidos. Les gustan su pueblo junto a la suave corriente del río y las imponentes montañas de la Sierra. Pero la frontera abierta es vital para ellos. "Si ponen un muro, otra vez esto se vuelve un pueblo fantasma", dice Falcon.


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