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Lula enfrenta a golpistas

Buenos Aires. Por Darío Pignotti/Página 12 | 19 de Marzo de 2017 a las 09:20
Lula enfrenta a golpistas

Entre mediados de 2005 y fines de 2006 Lula revirtió la campaña de desprestigio y desinformación tutelada por la empresa de Globo y finalmente fue reelecto para un segundo mandato en octubre de 2006. Ahora la pelea es más despareja.

Como en 2005. Luiz Inácio Lula da Silva encabezó un acto multitudinario en la avenida más importante de São Paulo, desde donde proclamó que no dejará de dar pelea hasta que se haya restablecido la democracia y deploró la reforma previsional propuesta por el presidente Michel Temer, que parece cada vez más sólo en la defensa del ajuste ortodoxo.

Enérgico, casi embravecido, Lula fue ovacionado cuando dijo “el golpe entronizó a un ciudadano sin ninguna legitimidad para acabar con las conquistas sociales del pueblo”.

Avisó que si se promulga el proyecto de Temer y los banqueros millones de pobres nunca recibirán  su jubilación y contrastó las penurias actuales, con 13 millones de desocupados, con los 22 millones de puestos de trabajo heredados de las gestiones del PT.

Con su participación en el cierre de la “jornada nacional de lucha” organizada por movimientos populares y sindicatos, Lula  confirmó la decisión de recorrer Brasil siguiendo una estrategia que recuerda a la adoptada en 2005 para repeler el primer intento de golpe mediático-judicial bautizado como el Mensalão.  Entre mediados de 2005 y fines de 2006 el entonces presidente revirtió la campaña de desprestigio y desinformación tutelada por la empresa de Globo y finalmente fue reelecto para un segundo mandato en octubre de 2006.

Ahora la pelea es más despareja: el PT fue desalojado del gobierno por el golpe gerenciado por Michel Temer en mayo del año pasado, Lula es 12 años más viejo y ya no lo acompaña Marisa Leticia, su esposa fallecida hace dos meses atormentada por la persecución del juez de primera instancia, con cursos en el Departamento de Estado, Sergio Moro.

El acto de São Paulo fue un buen comienzo. Los cálculos son variables pero hubo una concurrencia que estuvo entre los 150 mil y 250 mil personas en la Avenida Paulista, de la que se habían apropiado las clases medias en el clímax del activismo golpista de 2015 y 2016.

Difícilmente las agrupaciones neocons logren eclipsar la concentración del miércoles, en el acto convocado para  el 26 de marzo en defensa del juez Moro.

Mientras tanto se aguarda otra pueblada el próximo domingo cuando Lula visite el nordestino estado de Paraíba y las obras de canalización del río São Francisco, iniciadas durante su gobierno, que llevaron agua a regiones históricamente afectadas por la sequía.

Y el 3 de mayo están anunciadas caravanas de militantes que viajarán hasta la sureña Curitiba, donde Lula tendrá que comparecer ante Moro.El tiempo dirá si Lula logra concluir exitosamente esta travesía por el país para  abortar el plan para  proscribirlo de las elecciones de 2018.

“Comenzó  un nuevo momento político”  aseguró el líder de los Trabajadores Sin Techo, Gilherme Boulos, al hacer un balance de los actos en San Pablo y otras 24 capitales.

En la movilización de Brasilia los campesinos sin tierra ocuparon el Ministerio de Hacienda, donde su titular Henrique Meirelles ideó la política económica en curso que tiene por naves  insignia el congelamiento del gasto público durante veinte años, ya aprobado, y la controvertida reforma previsional, cuestionada fuera y cada vez más dentro del gobierno .El combo del ajuste se completa con los proyectos de precarización laboral y de  limitación del derecho de huelga que más parece la extinción del mismo, según el texto que se tramita en el Senado.

Hubo una participación importante en la concentración brasiliense donde militantes de la Central Unica de los Trabajadores (CUT) distribuían el periódico Popular que en su editorial propuso avanzar en la Unidad Popular contra el golpe. La otra meta, de medio plazo, es convocar a una huelga general pero para ello habrá que superar las divergencias entre la CUT, próxima al PT, y Fuerza Sindical, la central del diputado Paulo Pereira da Silva, uno de los agitadores del golpe que derrocó a Dilma y habitual masa de maniobras patronal.

Temer fue el hazmerreír del periódico que le dedica varias sátiras. En una caricatura el septuagenario gobernante aparece vestido como el rey Luis XVI y detrás suya, media cabeza más alta, camina su esposa, la treintañera Marcela Tedeschi vestida con la pompa de María Antonieta. Se dice en Brasilia que la ex mis belleza del interior de San Pablo y ahora “primera dama”, tiene algunos caprichos principescos como el de reformar el Palacio de Alvorada, con dinero público a pesar del techo de gastos, para darle un toque personal.

Las refacciones se hicieron pero no fueron del gusto del matrimonio presidencial que finalmente, y alegando la presencia de “fantasmas” (Temer dixit) dejaron Alvorada para volver a vivir en la residencia del vicepresidente, el Palacio Jaburú. Conclusión: el presidente de facto ahora ocupa dos mansiones oficiales, reside en Jaburú y ofrece cenas, que más bien parecen banquetes, en Alvorada, el último en la noche del miércoles después de la concentración encabezada por Lula en São Paulo.

Los diarios del jueves ningunearon la  concentración de la Avenida Paulista y el resto del país que, según los organizadores sumaron cerca de un millón de personas. Es difícil tener cifras precisas pero es un hecho que el repudio fue multitudinario y dejó secuelas que ahondaron las fisuras dentro del bloque gobernante.

Despúes de que Lula dejo el escenario montado junto al Museo de Arte de São Paulo, de altas columnas rojas, Temer organizó una cena en Alvorada para mitigar diferencias con sus correligionarios del Partido Movimiento Democrático Brasileño. Pero al parecer no tuvo el éxito que esperaba porque ayer, el líder del bloque de senadores del PMDB, Renán Calheiros, posiblemente advertido de la cada vez mayor rechazo de la reforma jubilatoria y el crecimiento de Lula, manifestó sus cuestionamientos al proyecto en el que Temer se juega parte se su incierto destino político.


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