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Guarimbas y su campaña de terror en Venezuela

Caracas. Álvaro Verzi Rangel/alainet.org | 23 de Mayo de 2017 a las 09:42
Guarimbas y su campaña de terror en Venezuela

Nuevamente las zonas de clase media-media alta de Caracas, Maracaibo, Valencia, San Cristóbal, Margarita y Barquisimeto han presenciado los focos terroristas de la derecha venezolana en esta nueva campaña de desestabilización que busca la imposición de un imaginario colectivo internacional adverso al gobierno, quizá para justificar la invasión de fuerzas externas, fallidas (casi) todas las aventuras diplomáticas.

Son las zonas donde habitan los “sifrinos” (bacán, cheto, chuleta, concheto, pituco, cuico, currutaco, esnob, fresa, gomelo, jevito, lechuguino, pez gordo, pijo, pipi, en otros países latinoamericanos). La estrategia es mostrar víctimas en las agresivas manifestaciones (endosadas, obviamente, al gobierno) y asegurar la divulgación masiva de su terror por los medios internacionales de comunicación, muchos de los cuales ya hastiados, la están llamado “la rebelión de los ricos”.

Los grandes medios privados están construyendo un relato perverso de la violencia en Venezuela que ha penetrado en amplios sectores incluso en algunos intelectuales progresistas. Según este relato, todas las muertes (42 desde el 3 de abril de este año) y los heridos (que alcanzan a 700) son atribuidos al gobierno de Maduro, que es presentado “como una dictadura o régimen que reprime salvajemente al pueblo”, advierte el ecuatoriano Eduardo Tamayo.

Añade que desde que la OEA adoptó, el 3 de abril, la resolución de aplicar la Carta Democrática a Venezuela, se le dio luz verde a la oposición para concretar sus propósitos desestabilizadores, señala la canciller venezolana Delcy Rodríguez.

La ofensiva de la extrema derecha, aupada internacionalmente por políticos como Luis Almagro, Pedro Pablo Kuczynski, Trump, Temer, Macri, Peña Nieto, Rajoy, Santos y Uribe, y por la cúpula de la Iglesia de Venezuela, entró en una nueva fase: más violenta, más agresiva, continuada, y recurriendo a métodos hasta ahora desconocidos, como el asedio a las embajadas de Venezuela en el mundo, el empleo de armas de fuego, el colocar a niños al frente de las manifestaciones.  El guion ya conocido en Ucrania, Siria y otros países pretende ser reeditado en Venezuela.

El mexicano Luis Hernández Navarro indica que como parte de esa estrategia insurreccional, que busca derrocar a la presidencia democráticamente electa, fomentando una fractura del Ejército y un eventual golpe de Estado, muchas de las grandes cadenas informativas no tienen empacho alguno en manipular la información que difunden, en ocultar el nivel de respaldo real de amplios sectores la población hacia el gobierno, y en tapar la violencia de la oposición.

Por eso difunden, sin pudor alguno, aunque no sea cierto, que el presidente Maduro les habla a las vacas, cuando en realidad se dirige a jornaleros agrícolas. Quieren presentarlo como un personaje enloquecido, sin juicio para distinguir entre la ficción y la realidad, incapaz de gobernar, añade el analista mexicano.

Cada vez se verifica una mayor carga de violencia, racismo, de odio de clase y de fascismo, acompañadas por la presencia de agentes paramilitares y/o sicarios tarifados de bandas criminales que intentan extender y generalizar la pataleta de los niños y niñas malcriados de Venezuela, cofinanciada por gobiernos extranjeros y ONGs que dependen de ellos.

Pero en una sociedad que hasta comienzos de este siglo vivía de acuerdo al estilo de vida miamero y hollywoodense, el ser opositor –“ser venezolano” según su publicidad- es una forma de vida, y con ese criterio mercantilista que los caracteriza, han puesto en marcha una moda “combatiente”. Las y los “militantes” de la oposición utilizan costosísimos equipos en sus marchas y concentraciones: máscaras antigás, lentes, cascos, escudos, cámaras GoPro y hasta modernas armas largas desfilan como herramientas de choque.

Estemos claro: no se puede ir con un yin y una camiseta a la marcha (así se pueden vestir los “negros” chavistas), sino que las lideresas opositoras –Lilian Tintori, Maria Corina Machado, entre otras- muestran qué equipo deben utilizar para ser consideradas realmente opositoras con glamour.

Tal es así que el diario Últimas Noticias, el de mayor venta en el país, hizo un estudio de cuánto cuesta vivir la aventura de poder gritar “¡Basta de dictadura!” mientras se lanza una bomba molotov o puputov (con heces) a los gendarmes. Es más, al mejor estilo hollywoodense quiere creer que cuenta con superhéroes y promueve un imaginario colectivo que los disocia de la realidad permanentemente.

Hoy el gobierno se ve en la necesidad de ampliar el muro de contención para detener esta situación de desestabilización y terrorismo que comenzara en 2014 y vemos hoy repetida en 2017 y que trata de imponer el miedo entre la población venezolana e imaginarios colectivos de ingobernabilidad, hambre y represión en los medios internacionales.

Pero basta con revisar la procedencia de los apellidos de las familias de los dirigentes opositores y hacer un gran árbol genealógico familiar para entender por qué estas personas le han declarado la guerra a los gobiernos chavistas.

Y como si los fondos propios no bastaran, la oposición venezolana tiene un nuevo financiamiento aprobado por el gobierno estadounidense en este 2017 por 20 millones de dólares que ya está llegando por diferentes vías y mecanismos a los dirigentes antichavistas para seguir financiando los actos terroristas.

El gobierno de Caracas ha denunciado que el Departamento de Estado norteamericano no pierde tiempo coordinando un ataque global contra Venezuela. Todas las fuerzas de la derecha -locales y externas- se han juntado en una ofensiva frontal económica, financiera, psicológica, mediática, ideológica contra la Revolución Bolivariana y todo lo que ella significa.

La pupucracia

Los estrategas de la oposición utilizan los manuales de Gene Sharp y su teoría de la no violencia y la desobediencia civil como arma política (aplicada por los organismos de seguridad estadounidenses y sus cómplices en los golpes blandos de los últimos 15 años en todo el mundo). Intentan copiar las “primaveras de colores” del este europeo, pero ésta con los colores de Benetton.

A inicios de siglo y de milenio, insistimos que entrábamos en plena guerra cultural, en la batalla de ideas, donde las armas ya no eran tanques o ametralladoras, sino la palabra, la imagen, las distintas formas de comunicación. Claro, en esta batalla cada uno pelea con lo que tiene. Unos tienen ideas y salen a confrontarse con ellas, otros deben conformarse en combatir con excrementos, con lo que tienen, en la jornada nacional en la que tiraban a la policía con puputovs (molotovs de heces).

Porque en 18 años no han podido presentar una sola idea, propuesta, plan, proyecto. Y eso es dramático, porque ni siquiera se les ha pegado una idea aunque fuera ajena…Y hoy, las armas intelectuales que presenta la oposición venezolana,  estos recipientes llenos de heces, que nada tienen de rudimentarios, son armas biológicas, que no solo están prohibidas en el país sino en todo el mundo.

El costo de ser una/un combatiente de la libertad