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Acusan a nica de matar seis personas en San Salvador

San Salvador. elsalvador.com | 9 de Junio de 2017 a las 12:45
Acusan a nica de matar seis personas en San Salvador

Kevin Ramsés Moreno Bonilla (19 años) nació en el municipio nicaragüense de Mateare, departamento de Managua.

Llegó a El Salvador hace varios años y ahora es un cabecilla de la Mara Salvatrucha (MS-13), del grupo que extorsiona y trafica drogas y armas en las calles aledañas a los mercados Central y Sagrado Corazón.

Así consta en el proceso judicial que se le sigue por el ataque del 15 de marzo en el centro de San Salvador, en el que murieron a balazos seis personas.

Actualmente, está detenido y es uno de los cabecillas que tiene el mando y el control en el centro, de acuerdo a investigadores que le han seguido los pasos.

En El Salvador no vive sólo. La casa que habita cerca del Distrito Italia (bastión de la MS-13) también, la comparte con su madre, su hermana, ambas de nacionalidad nicaragüense, su compañera de vida y una bebé de pocos meses.

En los alrededores del Mercado Central lo conocen con el alias de Piwi, aunque pocos, casi nadie, saben que no es salvadoreño.

Aquel 15 de marzo, el Piwi y otro marero fueron los que atacaron a balazos a dos vigilantes de Avimce (Asociación de Vigilantes de Mercados y Centros Comerciales). Lograron matar a Héctor Antonio Morales García, y herir a Rafael O.G.C., otro vigilante, que, incluso herido, le asestó varios balazos al Piwi.

Ese vigilante, Rafael O.G.C., murió 10 días después en un hospital y fue sepultado en un municipio del departamento de La Paz; con él sumaron siete las personas que murieron a consecuencia del ataque de los pandilleros a vigilantes privados y de la persecución que éstos hicieron hacia quienes habían participado en el ataque inicial, según consta en el requerimiento que la Fiscalía ha judicializado.

En el momento cuando el Piwi y otro pandillero muerto atacaron a Los dos vigilantes en la 4a. Avenida Sur, eran aproximadamente las 9:00 de la mañana. Pero lo capturaron tres horas después, casi por casualidad.

El Piwi logró correr herido varias cuadras, pero las cámaras de vigilancia instaladas en las calles inmediatas al ataque lo captaron. Horas después, los monitores de las cámaras notificaron a la policía que un carro tipo sedán, color amarillo, aparentemente taxi pirata, que se desplazaba por la 17a Avenida Sur y 4a Calle Poniente había participado en la evacuación de un pandillero lesionado.

Los policías lo interceptaron. Además del conductor, en el taxi pirata viajaba un joven con heridas de bala, una mujer adulta, una joven y una bebé.

Sin embargo, cuando los policías creían que el herido era trasladado a un hospital, éste ya venía. Sí, regresaba del hospital nacional de San Bartolo, en Ilopango, donde no lo pudieron atender porque no tenían aparatos de rayos X, por lo que le aconsejaron que se fuera para el hospital Rosales.

Solo un detenido por el tiroteo

El Piwi es el único que fue enviado a prisión preventiva por el juzgado de Paz que realizó la audiencia inicial. El resto de capturados salió en libertad bajo medidas, es decir que tienen que ir a firmar cada cierto tiempo al juzgado de instrucción a donde fue enviado el proceso judicial.

La Fiscalía y Policía no lograron recabar las suficientes pruebas contra el resto de detenidos, a pesar de haber muchas cámaras de vigilancia en la zona donde fueron cometidos los asesinatos. Es más, el nombre de los cinco mareros, con apariencia de vendedores, ni siquiera es mencionado en el requerimiento que la Fiscalía presentó ante el Juzgado Segundo de Paz de San Salvador.

Aquel 15 de marzo hubo seis muertos y uno más que, a consecuencia de las heridas de bala, murió diez días después. Ese mismo día, la policía capturó a siete personas, entre estas el presidente de Avimce, Salvador Hernández Pineda, y otro vigilante (German Galindo Pérez) de esa misma asociación. Además, capturaron al Piwi y a cuatro personas más.

Pero el nombre de los cinco mareros, con apariencia de vendedores, que murieron ese día ni siquiera es mencionado en el requerimiento que la Fiscalía presentó ante el referido juzgado. Sólo se menciona el nombre de Morales García y otra persona que resultó lesionada.

El Piwi fue acusado de asesinar al vigilante Héctor Antonio Morales García. Hernández Pineda fue acusado homicidio en grado de tentativa contra una víctima con régimen de protección y amenazas contra otra persona, también bajo el mismo régimen.

Galindo Pérez, el otro miembro de Avimce, fue acusado de disparo de arma de fuego y de resistencia al arresto. Las otras cuatro personas capturadas únicamente fueron acusadas por el delito de agrupaciones ilícitas.

Aunque familiares de algunos de los cinco muertos el 15 de marzo, han negado que sus parientes fueran pandilleros, la Policía dijo lo contrario, horas después de la matanza. “Mi hermano no era marero, se ganaba la vida vendiendo.

Hace 20 días se había convertido en papá”, afirmó una hermana de Walter Bautista, quien murió a balazos en el sector conocido como La Ceiba, y el último que fue acribillado.

"Vayan a quitarle al tufo las pistolas"

A vendedores de las calles aledañas a los mercados Central y Sagrado Corazón no les extraña que en la investigación judicial por los siete muertos que hubo el pasado 15 de marzo no figuren los nombres de los cinco pandilleros con fachada de vendedores que fueron acribillados aquel día.

“Aquí matan y matan gente pero una nunca se da cuenta que agarren a los asesinos”, dijo una comerciante de verduras que le ha tocado ver por lo menos diez asesinatos que han sido cometidos en los últimos tres años en la zona conocida como El Triángulo, que es la intersección de la 7a. Avenida Sur y la calle Gerardo Barrios, justo el límite de territorios entre la MS-13 y la pandilla 18.

Por conveniencia, por negligencia, o connivencia, tanto comerciantes como vigilantes dicen que confían poco en los policías. Algunos, porque directamente los ven cuando pasan recogiendo los sobornos de manos de vendedores de drogas o de armas; otros no les tienen confianza porque en más de una ocasión han denunciado reuniones de pandilleros, transas de drogas o armas o cualquier contrabando, y los policías llegan horas después, cuando ya no hay ni rastro de lo que denunciaron.

Hay vendedores que dicen estar seguros de que así como hay policías que son cómplices de los pandilleros, también los hay que están a favor de que los vigilantes maten a miembros de maras.

Un ejemplo de esto último es el caso del asesinato de un pandillero que era conocido con el alías de “Chucho”.

Ocurrió a finales de 2016, este era un pandillero que se ocultaba bajo la fachada de vendedor de café instantáneo.

El día que lo mataron, según varios comerciantes, estaban cerca dos policías. Estos vieron quiénes habían acribillado al pandillero, aparentemente, en defensa propia, pues aquel les había disparado con una arma de fuego que llevaba debajo de una gabacha.

Sin embargo, en lugar de proceder a detener a los vigilantes, les dieron un consejo: “Váyanse y quítenle el tufo a las pistolas”. Cualquier arma de fuego que ha sido disparada queda impregnada de olor a pólvora.

Vigilantes que hablaron con El Diario de Hoy a condición de mantenerlos en el anonimato, explicaron que para quitarle el olor a pólvora a un arma basta con orinarse en ella. Las fuentes dejaron entrever que aquello que los comerciantes comentaron a este Diario había sido verídico, es decir que los policías apremiaron a los vigilantes que dispararon contra el Chucho, a que se retiraran rápido del lugar y que le “quitaran el tufo a las pistolas”.

Al leer el requerimiento judicial sobre los hechos de sangre que fueron cometidos el 15 de marzo en las cercanías del mercado Central lo primero que salta a la vista es que como víctima mortal sólo se menciona a uno de los vigilantes de Avimce, Héctor Antonio Morales García. De los cinco supuestos pandilleros disfrazados como vendedores no se menciona ni los alias. Por esas cinco muertes la Fiscalía no ha acusado a ningún sospechoso.

Los “pasajes de la muerte”

Cada pandilla tiene su propio lugar donde meten a aquellas personas de quienes sospechan son miembros o colaboradores de sus rivales y que se atreven a caminar por las calles de territorios dominados bien por la pandilla 18 o por la mara Salvatrucha.

Diversas fuentes coinciden en identificar dos de esos lugares.

La clica Centrales Locos Salvatruchas, de la MS13, por ejemplo, tiene el pasaje Cañas. A ese lugar llevan a toda persona que privan de libertad. En más de algún local o bodega que existe en ese pasaje interrogan a las víctimas a quienes aplican severas golpizas o amenazas verbales para obtener de ellas la verdad.

Las fuentes aclaran que desconocen el lugar exacto donde la MS mantiene cautivas a sus víctimas. Lo único de lo que tienen certeza es que la policía ha rescatado vivas a varias víctimas, especialmente hombres jóvenes, que eran mantenidos en alguna bodega o local del pasaje Cañas.

Otro de los lugares donde esa agrupación criminal lleva a sus víctimas a interrogarlas, a golpearlas o asesinarlas en el pasaje Colombia.

De acuerdo con las fuentes, en ese pasaje hay bodegas donde los pandilleros hacen sus reuniones, guardan armas y golpean o matan a aquellas personas que privan de libertad por considerar que andan recabando información para la pandilla rival.

Entre tanto, las fuentes afirman que la Pandilla 18 Revolucionaria también tiene sus guaridas donde torturan a sus víctimas, las ejecutan y luego las sacan en vehículos para deshacerse de los cadáveres. Según los informantes, el pasaje Chávez es, para la pandilla 18, el equivalente de los pasajes Colombia o Cañas para la MS.

Ese lugar, donde la pandilla 18 hace sus reuniones y demás fechorías está cerca del bulevar Venezuela, indican las fuentes.

¿Por qué la gente de esos lugares no denuncian? Las fuentes dan dos respuestas: La primera es porque las personas no confían en la policía (los ven recibir soborno de parte de vendedores de armas y drogas o conversar con vendedores que son pandilleros) y la segunda es porque mucha gente que vive o trabaja en esos tres pasajes son, precisamente, miembros de pandillas o colaboradores de esas mismas agrupaciones criminales.

“Cuando uno se atreve a denunciar que en tal lugar hay armas o están reunidos los muchachos, la policía va llegando una hora después. Una no entiende por qué”, explica una vendedora que conoce esos lugares.


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