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Sorpresiva derrota y el futuro incierto para «Chocolatito»

Los Ángeles, California. Por Bernardo Pilatti | ESPN Digital | 10 septiembre de 2017

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El tailandés Srisaket Sor Rungvisai ratificó de manera espectacular su victoria de la primera batalla al vencer de nueva cuenta, esta vez con un terrible nocaut en el cuarto episodio, a Román “Chocolatito” González y así conservar su cinturón universal del Consejo Mundial de Boxeo en las 115 libras.

El tailandés despejó todas las dudas luego de aquella controversial victoria en la primera pelea y al mismo tiempo, se metió definitivamente en la élite de la categoría y dejó en el limbo el futuro boxístico del nicaragüense.

Fueron demasiadas cosas para tan pocos asaltos. Lo más importante, no obstante, fue develar las enormes incógnitas que traía consigo esta pelea y que les apuntamos en el análisis previo. El posible problema en enfoque de Chocolatito, la buena o mala asimilación a los cambios que le impondría su nueva esquina comandada por Sendai Tanaka y por sobre todas las cosas, su equilibrio mental y emocional.

González venía de una derrota que no fue, pero pudo ser y en la que se vio por momentos inferior a su rival y se agudizó aquella impresión de que las 115 libras están más allá de su techo. Decididamente esta no es su división. Le falta poder, le falta físico y sólo faltaba que perdiera el motor emocional para que los golpes de cualquier rival lo destruyeran.

Eso ocurrió en la noche del StubCenter. El nicaragüense se entregó. Ya en el primer asalto comprendió que enfrente tenía un rival confiado, duro, fuerte, rápido y con una estrategia imposible de superar.

Esa precariedad mental lo dejó expuesto a los golpes que llegaron por todos lados, con las dos manos de Rungvisai, hasta que en el cuarto asalto lo tomó con impactos durísimos y fue dos veces a la lona, la segunda para no levantarse.

La imagen desoladora de un ex campeón mirando a su esquina como pidiendo disculpas desde la lona fue la viva demostración de que allí se consagraban muchas cosas, entre ellas, los errores de gestión a su carrera.

La muerte de Arnulfo Obando, su entrenador de siempre, inició el camino que terminó en Carson City. Fue equivocado ir a la primera pelea contra Rungvisai y también lo fue ir de inmediato a la revancha. Era una duda, es verdad, pero el desempeño de “Chocolatito” demostró que fue un error que sus manejadores debieron prever.

Los boxeadores son figuras que crecen en su carrera a partir de los equilibrios, a partir del sentido común de quienes los guían. La muerte de un entrenador como Obando, de tanta influencia, necesariamente significaba un nuevo comienzo para la carrera de “Chocolatito”.

Debieron parar y evaluar el impacto para reconstruir lo que se hubiera roto.

No respetaron esa premisa, como tampoco imaginaron que las 115 libras podrían ser un límite imposible de superar y llevaron a González a Japón imaginando que la soledad, junto a la presencia de un entrenador experimentado, resolverían todas las ecuaciones.

La actuación del nicaragüense, su mirada extraviada en la esquina y el penoso desempeño en el ring demostraron lo contrario. Se equivocaron.

Pero, no sólo hubo errores del lado del ex campeón. Sor Rungvisai creció en su boxeo y trajo al StubCenter no sólo confianza de campeón, trajo un plan, trajo capacidad de golpeo, contundencia, efectividad y un volumen de precisión en sus golpes abrumador.

“Chocolatito” nunca logró responder de contragolpe ni tampoco alcanzarlo con sus golpes. Intentó en el primer asalto ir hacia los laterales como mandaba el manual, pero no pudo o no supo repetir los ensayos del campamento. Ni siquiera logró salir hacia la mano derecha de su rival para evitar su mano zurda. Por el contrario, se movió hacia esa mano, no encontró nunca un lugar por dónde colar un gancho a las costillas y peor que eso, cuando intentó entrar con la derecha, jamás encontró el objetivo.

Fue una torpeza avanzar por la derecha para soltar esa mano recta, cuando adelante hay un rival que lo espera con el pie izquierdo detrás y su mano dura lista para tomarlo al fallar.

El nocaut se vio venir tan temprano como en el segundo asalto. Era cuestión de tiempo. En el ring había sólo un púgil, el campeón.

Es difícil imaginar ahora que pasará con “Chocolatito”. Su carrera se encuentra bajo esa encrucijada del “sigo adelante o aquí me quedo”.

Deberá tomarse un tiempo y elegir. O se retira como parece indicarle su ánimo o mejor que eso, hace lo que debió hacer cuando murió Obando: tomarse un descanso, olvidarse por un tiempo del boxeo, recargar las baterías y dejar que el tiempo cure las heridas antes de decidir su futuro.



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