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La historia, la revolución, Fidel...
por Onofre Guevara López

El Nuevo Diario, 8 de agosto. | 9 de Agosto de 2006 a las 00:00
Era predecible que a la primera señal de relevo en la conducción revolucionaria en Cuba la "castrología" --venenosa o no-- desataría sus predicciones a devorar el futuro de la revolución cubana. La primera señal llegó con la dimisión temporal de Fidel por causa de enfermedad. Los que todo lo ven a través de la acción de los individuos y omiten o menosprecian el papel de las masas organizadas ya tenían hechas sus cuentas galanas para cuando Fidel saliera de escena y comenzar a repartirse los “despojos” de la revolución. Pero es evidente que agencias internacionales de noticias y comentaristas locales y extranjeros hasta hoy han echado un velo sobre la historia de la relación Estados Unidos-Cuba anterior a 1959. ¿Por qué? Porque ahí están las pruebas de cómo se ha expresado el apetito imperial yanqui por apoderarse de Cuba y el real interés del proyecto de la "transición democrática", la otra forma de querer lograr su ya bicentenaria pretensión. Ese proyecto gringo tiene mucha más edad que la idea de los antecesores de Fidel por llegar a Cuba. Resumo: 1) en 1803 Thomas Jefferson recibe de Napoleón Bonaparte el territorio de Lousiana a cambio de sesenta millones de francos; esto estimula en Jefferson el deseo de obtener de España las Floridas, y Cuba; 1810, Estados Unidos ocupa la Florida occidental con miras hacia Cuba; 1824, este país se opone a que Bolívar libere a Cuba y Puerto Rico; 1848, ofrece a España cien millones de dólares por Cuba; 1853, alega supuestos derechos sobre Cuba ante España; 1855, se descubre un proyecto de expedición estadounidense en Cuba del tipo de William Walker; 1897, William MacKinley anuncia su propósito de "liberar" a Cuba del dominio español; 1898 (15 de febrero), Estados Unidos vuela su propio crucero Maine en la Bahía de La Habana, mueren doscientos cincuenta tripulantes; los periodistas William Randolph Hearst y James Gordon Bennet desatan campaña de prensa a favor de la intervención, y en abril Estados Unidos declara la guerra a España, e invade Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas. En el tratado de rendición, España cede Puerto Rico, Guam y Filipinas; Estados Unidos reconoce la "independencia" de Cuba, pero le impone un gobierno presidido por el general Leonard Wood; 1901, impone a Cuba la "Enmienda Platt", un apéndice de la Constitución que le concede la base de Guantánamo y le autoriza a intervenir en Cuba cada vez que lo considere oportuno; 1903, Estados Unidos obliga a Cuba, por medio de un tratado, a no celebrar pactos con otros países sin su permiso; 1906, la lucha del pueblo cubano contra la dominación, hace que Teodoro Roosevelt le escriba a su amigo Henry White: "Precisamente ahora, en este mismo instante, estoy tan furioso con esa pequeña e infernal República de Cuba, que me gustaría borrar a su pueblo de la faz de la tierra"; bajo esas condiciones neocoloniales, Cuba pasó cincuenta y tres años gobernada por traidores, mafiosos y tiranos como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, hasta que... "en eso llegó el Comandante y mandó a parar". Este ominoso pasado es el que están absolviendo con su "olvido". Han transcurrido cuarenta y siete años de heroica resistencia de la revolución, con Fidel a la cabeza, frente a conspiraciones, terrorismo, invasiones y agresiones gringas de toda clase, sin que esto haya impedido convertir a Cuba en una potencia mundial en campos como la medicina, el deporte y la educación. Y, ahora, cobardemente, gente de Miami y su amo imperial esperan de la muerte de Fidel lo que nunca pudieron lograr por otros medios, igualmente inmorales. Y ésta es la historia reciente que están manipulando. Ante los hechos incuestionables de la historia, hay que estar cegado por el odio o muy prejuiciado para decir olímpicamente que la revolución cubana es un “proyecto fracasado”, cuando los fracasados han sido los proyectos ideados y ejecutados contra Cuba por el imperialismo durante ¡doscientos tres años! ¿Cómo, siendo latinoamericano, no molestarse por eso y, en cambio, considerar que en el corto tiempo histórico de cuarenta y siete años la revolución cubana ha fracasado por no haber llegado a ser todo lo perfecta que su pueblo y sus dirigentes quisieran que fuera, pero que el imperialismo no ha permitido que lo sea? ¿Debe morir por eso, junto a Fidel? Para una persona sensata, la desaparición de Fidel sería un hecho natural en el proceso de la vida, ni sería ajena a la emotividad y el sentimiento de pesar que produciría la muerte de un hombre extraordinario, pues la figura de Fidel traspasa las dimensiones nacionales de Cuba, se incrusta en el tiempo --porque su paso por la vida ya hizo historia-- y su proyección humana cubre todos los espacios habitados del mundo. La muerte física de Fidel --en cualquier momento que sea-- no obliga a conmover las estructuras del Estado revolucionario en los términos deseados por sus enemigos. Los cambios en Cuba tendrán las medidas trazadas por su propia historia. Aunque parezca paradójico, junto a Fidel, sin opacarlo ni rivalizar con él, ha surgido ya una dirección de carácter colectivo. De no haber sido así, la resistencia victoriosa de Cuba ante la agresión estadounidense no fuera lo firme que ha sido; la misma necesidad de garantizar la estabilidad del poder revolucionario y desarrollarla hizo emerger los cuadros capaces que están al frente de diversas instituciones y tareas del Estado, garantizando su continuidad. Con la solidez del liderazgo y la estabilidad de las instituciones, los niveles de organización política y de masas, es de esperar que los cambios sean dirigidos y controlados. Los gobernantes de Estados Unidos y sus agoreros creen que su plan para "la transición democrática" será un atractivo para Cuba, cuando sólo están recalando con su plan en la playa de los fracasos anteriores a lo largo de cuarenta y siete años. Para la revolución, han sido cuarenta y siete años de victoria sobre el poderío económico --con el bloque más largo de la historia--, militar, propagandístico, político y diplomático de los Estados Unidos. Una señal de la farsa de este plan la da el hecho de que entre las "ayudas" que prometen los gringos en la "transición democrática", está la asistencia médica al pueblo cubano. Quien conozca que Cuba es una potencia mundial en ese campo, recuerda cómo Fidel puso en evidencia su falacia, cuando le ofreció a Estados Unidos los médicos necesarios, sin condicionarlo a la "transición imperial" de este país hacia la democracia real, durante la tragedia que provocó el huracán Katrina y el abandono del gobierno de Bush a los ciudadanos pobres de Nueva Orleans. La ayuda que los gringos ofrecen a Cuba como evidente chantaje político hace años que Cuba se la está dando a la Latinoamérica con sus brigadas médicas y la formación de sus médicos en la isla. Los lectores no necesitan adivinar que mis apreciaciones sobre Fidel y la revolución cubana están determinadas por mi condición de militante de izquierda, como tampoco necesitarán adivinar lo que piensa en contrario quien lo hace determinado por su condición de militante de derecha, porque eso es algo absolutamente lógico. Lo que da la razón es la historia y los hechos que se produjeron en Cuba y seguirán produciéndose en adelante, con Fidel o sin él. Los hechos son los objetivos, no los criterios personales.

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