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Los nicas en El Salvador: los necesitan y también los explotan

Diario La Prensa Gráfica, de El Salvador. | 17 de Diciembre de 2007 a las 00:00
Atraídos por $0.59, 400 nicaragüenses ingresaron al país el mes pasado para convertirse en los braceros que demanda la zafra. Una paga equivalente a $1.65 por tonelada de caña cortada les resulta suficientemente atractiva como para dejar los 20 córdobas por tonelada que recibirían en su país, equivalentes a $1.06.

Por Por Liliana Fuentes Monroy

Empujados por la experiencia de otros compatriotas que ya participaron en el proceso, los trabajadores —la mayoría de ellos con edad que ronda los 30 años— emprendieron el viaje con la esperanza de apuntalar su economía en cuatro meses y llevar pan a las mesas de sus familias o comprar estudio para sus hijos. Los pueblos de Villanueva, Cenizos, Montelimar, Somotillo, Pochomil y Achuapa recibieron en septiembre pasado a los técnicos salvadoreños que llegaron a las alcaldías en busca de braceros. Técnicos de una empresa salvadoreña que fue a pescar en aguas extranjeras debido a la escasez de manos locales. Transporte, alojamiento, comida y "buena paga" es lo que ofrecieron, así como el trámite del carné para trabajar temporalmente en tierra cuscatleca. Sin embargo, no se mal entienda: nada es gratis. En su tierra natal abordaron buses amarillos que los llevaron hasta su destino. La Compañía Azucarera Salvadoreña los transportó con una mochila por equipaje. Una mochila para dos mudadas de ropa, yinas, zapatos de trabajo, la infaltable gorra, una pichinga y una cobija. Los delegados de la Dirección de Migración fueron los responsables de tomar huellas e iniciar el trámite de los permisos temporales de trabajo que incluye la entrega de un carné, cuyo costo de $11 corre por cuenta del bracero. Los permisos temporales de trabajo duran seis meses y en el caso de la zafra comprende permisos que valen desde noviembre de 2007 hasta mayo de 2008. Estos 400 trabajadores llegaron en dos grupos. Uno, de 250, tuvo que viajar durante seis horas hasta la frontera El Amatillo, detenerse para realizar los trámites, hacer fila para tomarse la foto reglamentaria y luego emprender el viaje hacia los campamentos de El Progreso, en San Miguel, y Parras, en Usulután. Este proceso lo coordina el Ingenio Chaparrastique, en San Miguel. Y no es que en El Salvador no haya quien se dedique a la zafra. Los hay, pero cada vez se vuelven más escasos. Y cada vez quieren trabajar menos. La jornada para unos y otros inicia a las 5 de la mañana, pero mientras la mayoría de salvadoreños se conforman con trabajar hasta las 11 a. m., los nicaragüenses terminan a veces hasta las 6 de la tarde. La búsqueda de jornaleros salvadoreños en septiembre y octubre pasados fue infructuosa. En oriente se realizó por medio de algunas alcaldías, como las de El Tránsito, en San Miguel, y Concepción Batres, en Usulután, pero no hubo resultados alentadores para el Ingenio Chaparrastique, cuya administración proyecta moler 850,000 toneladas de caña, para un promedio de 6,800 al día. Eso precisa de 1,500 rozadores. Ni siquiera las convocatorias por radio funcionaron. Tal vez porque muchos salvadoreños prefieren vivir de las remesas. "Cada vez se hace más importante la mano de obra nicaragüense y hondureña porque el salvadoreño no quiere trabajar", concluye el gerente del Ingenio Chaparrastique, Enrique Suárez. Una posibilidad matizable, porque muchos, en efecto, reciben remesas y no sienten necesidad de trabajar, y menos por poco más de $200 al mes para un trabajo harto duro. Otros simplemente están esperando el día para emigrar hacia Estados Unidos. Además, esa importancia de los braceros nicaragüenses que asume Suárez no se corresponde con grandes condiciones de trabajo. Los que llegan sin herramientas deben comprar la cuma (machete) en $2, a pesar de que la ley laboral establece que el empresario pondrá ese recurso. Les venden la lima para afilarlas, les descuentan $24.75 cada quincena por la comida, tienen que pagar $11 por el carné de migración y no les dan zapatos adecuados para ese tipo de trabajo. Algunos trabajadores van a rozar caña en yinas. "En la parte industrial se le da al personal zapatos, en la parte de campo no es un requisito, no es un riesgo en el campo (andar descalzo)", justifica Suárez. Y, con todo, El Salvador y su zafra siguen siendo una bendición para quienes, al cabo de cuatro meses, pueden haber ganado más de $800 brutos.

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