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Monseñor Romero y su aporte a la paz en El Salvador

San Salvador. Por Juan José Tamayo/Diario Co Latino | 11 octubre de 2017

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El teólogo español Juan José Tamayo explica los motivos por los que considera que la figura histórica de Romero ha sido tergiversada en el proceso de canonización y explica por qué apoya una canonización popular y no la canonización oficial de la Iglesia Católica que se desarrolla en el Vaticano. Tamayo es profesor titular de la Universidad Carlos III de Madrid, dirige actualmente la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos II. Sobre este y otros tópicos habló Tamayo con Diario Co Latino y APS, recientemente.

¿Porqué es importante el aporte de Romero a la paz?

-Porque cambió el concepto tradicional de paz que se venía desarrollando en la teología católica. La teología católica cuando trabajaba el tema de la paz, generalmente era heredera de la afirmación de Cicerón, que luego asume Agustín de Ipona y dice: si quieres la paz, prepara la guerra. Entonces, la paz, en la teología católica tradicional, es la ausencia de guerra, y la teología tradicional tiene una teología de la guerra justa, pero no tiene una teología de la paz. ¿Qué aportación hace monseñor Romero en el tema de la paz?: primero, yo creo que considerar que la paz es inseparable de la justicia, él tiene dos lemas dentro de su compromiso por la paz que proceden de dos textos del Antiguo Testamento. Uno del salmo 85 donde dice: la paz y la justicia se besan, y otro del profeta Isaías que dice: la paz solo es posible a través de la justicia, y a partir de ahí, él va a elaborar un discurso totalmente innovador, no solamente para El Salvador, sino que para toda la teología cristiana, incluso, para la propia teología de la liberación, y esa es la más importante quizás, aportación de Romero a la Teología de la Liberación, lo que va a hacer es analizar críticamente la situación económica, la represión política y el militarismo de El Salvador, considerando que esos son los obstáculos más importantes para la construcción de o para el trabajo por la justicia, y la construcción de la paz de El Salvador.

Yo creo que no se conocen suficientemente o no se han estudiado los discursos y las homilías de monseñor Romero. Yo suelo definir estas homilías como sermones políticos, pero dentro de la mejor tradición de la teología política europea. Él, lo primero que hace en una homilía es el análisis de la realidad e incluso hace un recorrido por las situaciones de violencia, por las víctimas que han sido provocadas por el Ejército, por la Guardia Nacional o por los Escuadrones de la Muerte. Luego hace un juicio ético apelando a una ética de la justicia, de la libertad y de la igualdad y luego hace una iluminación desde el evangelio invitando a la negociación porque él no es partidario del uso de la violencia, él critica no con el mismo tono pero sí de una manera generalizada tanto la violencia del sistema, la violencia del Ejército, del Gobierno, de los Escuadrones de la Muerte y más veladamente la violencia de las organizaciones que llama de la extrema derecha. Pero sí, él considera que la represión militar, que la oligarquía y que incluso los Estados Unidos contribuyendo con el apoyo económico y militar al Ejército, están fomentando la violencia estructural.

Lo que yo creo que es muy importante es que monseñor Romero en relación con el tema de la paz, se guía por la teoría de Ignacio Ellacuría. Ignacio Ellacuría distingue tres tipos de violencia: la violencia estructural, la violencia revolucionaria y la violencia de los Escuadrones de la Muerte acá en El Salvador, y en general la violencia terrorista que ejerce, incluso, la violencia estructural.

Ignacio Ellacuría dice: la violencia estructural es la raíz de todas las violencias siguientes y es el origen de las situaciones de violencia que se dan en una sociedad, y, por tanto, esa violencia estructural hay que erradicarla con los métodos adecuados. Segundo, la violencia revolucionaria que es la respuesta a la violencia estructural y que en algunos casos dice él, y ahí no avanza más allá de lo que dice la moral católica tradicional, que en algunos casos está legitimada y justificada cristianamente, si bien alerta de los peligros que tiene la violencia revolucionaria; y, tercero, la violencia terrorista de los Escuadrones de la Muerte, dice, está al servicio de la violencia estructural del sistema y, por lo tanto, debe ser condenada. Yo creo que monseñor Romero acentúa muy bien estas tres divisiones de la violencia y por eso las condena y las denuncia.

Sobre todo a mí lo que más me ha impresionado ha sido la denuncia de la oligarquía (en esta conferencia dedico tres páginas citando textos literales de la denuncia de la oligarquía), pero además directamente.

¿Por qué es más importante esta denuncia de la oligarquía y por qué usted hace énfasis en su ponencia?

-Precisamente, por lo que he dicho anteriormente de su idea de la paz, porque considera que la oligarquía es la que está contribuyendo a la violencia estructural e impidiendo la práctica de la justicia, y es claro que sin eso no se puede entender. Él, por ejemplo, llega el momento en que habla de la idolatría de la riqueza y ahí es muy interesante porque invierte la idea de libertad y esclavitud. Y dice: es esclavo aquel que está sometido al dinero, es esclavo aquel que está constantemente poniendo su proyecto de vida en el dinero y es libre, sin embargo, aquella persona que tiene un proyecto de vida en el que el dinero no es lo vital.

 

¿Será posible que esa crítica a esa violencia estructural, a la oligarquía, fue la causa de su asesinato?

-Yo creo que hay un momento en que se produce en El Salvador una cuádruple alianza y además es una cuádruple alianza sagrada, una santa alianza, que son: el Gobierno, el Ejército, los Escuadrones de la Muerte, la oligarquía y los Estados Unidos. Ahí hay esa especie de cuadrilátero que está fomentando esa violencia. Entonces, él se da cuenta de que esta alianza es la que está actuando en contra de la ciudadanía, del pueblo y por eso, no sé si recuerdan, la famosa carta que Romero escribe a (Jimmy) Carter (presidente de los Estados Unidos).

Romero se entera por los medios de comunicación de que Estados Unidos tiene el propósito de enviar apoyo económico y militar para evitar esta situación de resistencia por parte del pueblo. Entonces, él dice: Señor presidente, la ayuda militar y la ayuda económica lo que va a hacer es reforzar todavía más la represión contra la ciudadanía, contra el pueblo. En ese sentido no apoye económicamente y militarmente al Gobierno y al Ejército, y le dice que además esa sería una injerencia contraria a la libre decisión que tiene el pueblo salvadoreño de decidir su propio destino.

¿En el marco de la Teología de la Liberación, como encaja y cómo podemos ubicar a Monseñor Romero? -Pues sobre todo en los siguientes terrenos: primero, que es símbolo de un cristianismo liberador. Él no es teólogo, pero sin embargo, se basa en los principios de la Teología de la Liberación al desarrollar ese cristianismo liberador y en el caso de Monseñor Romero es todavía más encomiable porque en El Salvador se encuentra solo y, primero, es la voz que clama en el desierto, ya no es que esté perseguido por la oligarquía, por el Ejército y el Gobierno sino que sus propios hermanos en el episcopado le han dejado totalmente solo y aislado porque ellos de alguna manera han legitimado esa cuádruple alianza. Y en ese sentido me parece que es una figura destacadísima de la teología de la liberación en la medida que va defender a un cristianismo liberador frente a un catolicismo romano que era lo que estaban practicando sus propios compañeros en el episcopado y que él siendo sacerdote sufrió en carne propia hasta su conversión en el año 1977 ante el cadáver de Rutilio Grande y de sus acompañantes que iban con él y que fueron también asesinados, por eso en la primera aportación es precisamente poner en práctica los grandes principios de la Teología de la Liberación y desarrollar en El Salvador una Iglesia conservadora, tradicional, alineada con el poder, de poner en práctica ese cristianismos que opta por los pobres, que trabajan por la justicia y que se comprometen por la paz vinculada con la justicia.

¿A qué atribuye que, 25 años después de firmada la paz, El Salvador no tenga paz social y tengamos los niveles altos de violencia que tenemos?

-No conozco suficientemente y no soy un analista político de ningún tipo, pero especialmente tampoco lo soy de El Salvador y solamente tengo las noticias, la información que ustedes me van comunicando, pero posiblemente la falta de paz social y el incremento de la violencia en el terreno social se deba a que no se ha seguido la lección de monseñor Romero de la paz vinculada con la justicia.

Los Acuerdos de Paz de 1992 respondieron a esa necesidad imperiosa de que se parara el ruido de las armas, pero yo creo que de entonces para acá no se ha logrado armonizar los elementos de justicia y libertad, y me temo -claro yo no puedo hacer juicios sobre actuaciones del gobierno actual o del gobierno anterior del Farabundo Martí, porque no lo conozco suficientemente-, pero a mí me parece que el déficit más importante en El Salvador desde los Acuerdos de Paz ha sido considerar que la paz es la ausencia de guerra, un concepto que a mí me parece totalmente superado el no haberse preocupado del bienestar social que implica una serie de medidas estructurales que contribuyan a eliminar o al menos a paliar, la pobreza estructural y la injusticia del sistema, pero esa es una opinión personal que no tiene ningún valor porque tampoco conozco suficientemente la situación de El Salvador.

De todas maneras sí les quiero decir una cosa, que buena parte de los partidos políticos de izquierda en Europa al menos, no sé si en América Latina, creo que también, han hecho demasiadas concesiones al neoliberalismo y han renunciado en buena medida a una parte de su programa que es el trabajo por la integración de la ciudadanía y en trabajo por el bienestar social de todos los ciudadanos. No sé en qué medida en América Latina también ha podido suceder, y en ese sentido yo creo que los gobiernos de izquierda han estado sometidos a distintos sistemas de dominación. El sistema de dominación capitalista bajo el signo neoliberal, el sistema de dominación colonial bajo el signo del neocolonialismo; el sistema de dominación patriarcal bajo el signo de esa violencia de género, que además en este país se está viviendo de una manera dramática y que a nivel mundial ha supuesto el año 2016 sesenta mil feminicidios. El sistema de dominación del modelo científico técnico de desarrollo de la modernidad es la que está depredando el hogar común. El modelo del sistema de dominación de los fundamentalismos religiosos que con frecuencia desembocan en esos terrorismo legitimados y practicados en nombre de Dios. Y, finalmente, otro sistema de dominación peligrosísimo que es el sistema de dominación homofóbica, es decir, la consideración de que el modelo de sexualidad solamente es uno, que es el modelo heterosexual que se impone como el único válido y que genera fobia hacia otras formas de relaciones sexuales, a otras formas de identidad sexuales o de no reconocer la diversidad sexual. A mí me parece que hoy monseñor Romero sería un crítico severo y radical de todos esos sistemas de dominación y echaría en cara a los partidos de izquierda que están haciendo demasiadas concesiones a esos sistemas.

Usted nos ha dicho antes que monseñor es un pedagogo de la Liberación, ¿cómo se explica esta frase?

-No se puede considerar que Monseñor Romero sea un teólogo de la liberación, un teórico de la liberación. Y eso que tenía buena formación, estudió en Roma en su juventud, y tenía su titulación teológica universitaria, pero yo pienso que si algo caracteriza a monseñor Romero es la Pedagogía de la Liberación para formar una conciencia crítica en la ciudadanía, y eso lo va a llevar a cabo pues a través de las homilías que son ejemplo de pedagogía. He oído que las homilías de monseñor Romero los domingos en la catedral eran objeto de transmisión radiofónica y que el pueblo estaba escuchando con un interés espectacular porque él era un educador del pueblo, pero un educador de pueblo que no dejaba a éste en un estado de pasividad o de acatamiento del sistema sino que lo llevaba a generar una conciencia crítica que se tradujera en una ciudadanía participativa.

Eso lo hacía a través de todos estos medios, sobre todo, siguiendo dos métodos: el método Jocista, de juzgar y actuar, y el método de la pedagogía del oprimido de Paulo Freire. Paulo Freire, ese gran educador popular brasileño que tuvo que exiliarse por la persecución de la dictadura y estuvo en Ginebra trabajando con algunos organismos internacionales. Los paso a seguir, decía Paulo Freire, en una pedagogía de la liberación serían: el primero, Pasar de una conciencia intransitiva y mítica a una conciencia transitiva y causal. Es decir, No quedarse en que las cosas son como son y pueden ser de otra manera, sino analizar las causas que generan esa situación.

El segundo paso sería el paso de una conciencia transitiva y activa a una conciencia crítica, es decir, a cuestionar el sistema en sus causas y sus reglas. El tercer paso sería el de la conciencia crítica a una conciencia transformadora. O si se quiere de un paso de la conciencia a la acción. Y por eso, Yo creo que monseñor Romero si en algo destacó, y creo que ha sido poco estudiado, ha sido como un pedagogo que acompañó al pueblo y le ayudó a cambiarle de conciencia y a llevarle a una acción incluso reivindicativa.

¿Cree que va a ser canonizado Monseñor Romero?

-Pues no sé si va a ser canonizado o no, si ni siquiera lo deseo. Porque, claro, hay que tener en cuenta de que hay dos tipos de canonizaciones en el cristianismo, la canonización del catolicismo romano y la canonización del catolicismo popular liberal. Entonces, ahí está, yo creo, la opción. ¿Porqué tipo de canonización optamos? Por la canonización oficial del catolicismo romano que lo va a reconocer como mártir por odio a la fe y como ejemplo de virtudes de piedad, como ejemplo de piedad mariana, como un taumaturgo o más bien optamos por el modelo de canonización que ha hecho el pueblo con su profetismo, por su opción por los pobres, por su compromiso por la liberación. Pues yo creo que esa es la gran opción. Fíjense que la contradicción que existe entre la demora en la beatificación de monseñor Romero y la celeridad que tuvo el proceso de canonización de (Jose María) Escrivá de Balaguer, él fue canonizado por el catolicismo romano en función de su ortodoxia y de su servicio a las clases dominantes. Sin embargo, monseñor Romero no fue canonizado por el catolicismo romano y que lo hizo 35 años después con la llegada del Papa Francisco pero desde el momento de su muerte o incluso antes, fue canonizado por la ciudadanía y no solo por los creyentes, sino también por las ciudadanas y los ciudadanos de El Salvador, de América Latina y del mundo entero, por eso la santidad que reconoce el pueblo a monseñor Romero es una santidad política, en el sentido de que él ejerce una actitud cívica de que intenta contribuir a cambiar las condiciones sociales y económicas de su propio país. Yo personalmente me inclino y soy partidario de la canonización popular liberadora, que es la que me importa porque destaca aquellos comportamientos que provocaron el asesinato de Romero. Se dice, después de la beatificación la imagen de Romero que se está dando yo creo que es una imagen muy distorsionada. Se reconoce que fue un devoto de la virgen María, que yo no lo pongo en duda; se reconoce que hizo milagros, no lo sé; se reconoce que fue un hombre fiel a Roma, tengo mis dudas porque recibió en los tres años y un mes que fue arzobispo de El Salvador tres visitadores apostólicos y lo de visitador apostólico es un eufemismo, en realidad eran detectives del Vaticano para investigar su acción pastoral, porqué, porque en el Vaticano, por influencia de otros obispos colegas suyos de acá creían que se había desviado de la acción pastoral y de la función espiritual que le correspondía y de alguna manera dijeron pues se lo tenía merecido, si se había desviado de su objetivo y del campo que le tocaba cultivar, y por eso yo creo que, yo personalmente le digo, me inclino por…  porque en realidad no niego que fuera devoto de la virgen, no niego que fuera una persona que tuviera una fidelidad o por lo menos una lealtad al Vaticano, pero a mí me parece que esos no fueron los motivos por los que mataron a monseñor Romero, en absoluto, por eso estoy en contra de mis colegas, los miembros de la Comisión Teológica romana que fueron los que acreditaron el reconocimiento del martirio, pero estoy en contra del motivo que aducen para haberlo como martirizado.

¿Qué motivo y cuál es el motivo que usted cree?

-La comisión teológica dice: Monseñor Romero beato y mártir de la fe, mártir por odio a la fe, no es verdad. Los asesinos de Romero lo mismo que los asesinos de (Ignacio) Ellacuría , de los jesuitas y de Elba y Celina, eran cristianos, no tenían odio a la fe, de eso presumían, de ser cristianos y consideraban que ejercían ese servicio eliminando a estas personas que eran unos subversivos, no, para mí el motivo del martirio, del asesinato de Romero es su trabajo por la justicia, la denuncia de la oligarquía, la llamada de atención a las fuerzas represivas. No hay que olvidarse que en una de sus homilías citó a (Roberto) d’Aubuisson y le calificó como persona mentirosa y falsa, eso fue un mes antes de su asesinato, y él tomo buena nota y se vengó el día 24 de marzo. Entonces, no es verdad que monseñor Romero fuera asesinado por el odio a la fe, sino que fue asesinado precisamente por haber ejercido esa actividad profética subversiva contra los grandes poderes del Estado y sobre todo de la oligarquía”.

¿Qué llevaría al Vaticano a plantear que por esa razón habían asesinado a Monseñor Romero, por qué el eufemismo?

-Yo creo que porque la teología del martirio con la que trabajan en el Vaticano es la teología más clásica de la época del Imperio Romano y de las persecuciones sociales y políticas, de los mártires de la guerra civil española. Todos ellos responden a un patrón que tiene el Vaticano y es decir: fueron enemigos de la fe y los persiguieron por ser cristianos, pero no es verdad. Ni siquiera en el caso de los mártires de las cruzadas donde fallecieron los obispos españoles asesinados, ni siquiera creo que el motivo fuera el dio a la fe. Lo fue porque la iglesia Católica española durante los dos últimos siglos se había aliado con la aristocracia y con la oligarquía y había legitimado la situación de feudalismo que asolaron la mayoría de las regiones de España. Cuando me pregunta por qué esa motivación que dan los teólogos del Vaticano para reconocerlo mártir o beato, porque tienen ese esquema: no contempla en el Vaticano, en el catolicismo vaticano, que alguien sea asesinado por denunciar las injusticias. No les entra porque el tema de la justicia para ellos es irrelevante y lo que buscan es defender el depósito de la fe.



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