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Los ministros de Evo rendirán cuentas ante el movimiento social

Pablo Stefanoni, diario Página/12, de Argentina. Desde La Paz. | 11 de Agosto de 2006 a las 00:00
A poco de pasar los seis meses en el Palacio Quemado, el presidente boliviano, Evo Morales Ayma, está allanando el terreno para dar un golpe de timón que mejore la capacidad de gestión de su administración. Para eso ha definido un escenario acorde con la naturaleza sui generis del gobierno de la izquierda indígena boliviana: un plenario de movimientos sociales que se reunirá el próximo 16 de agosto en Quillacollo (Cochabamba) con la presencia del mandatario indígena para evaluar el desempeño de los ministros. Luego, el 18 y 19, el gabinete se reunirá en La Paz para realizar su propia autoevaluación. El vocero presidencial, Alex Contreras, fue cauto al señalar que se escuchará "una evaluación de los sectores sociales" y que "no se trata de cambios", pero todos recuerdan que, en su discurso sobre el estado de la nación del 5 de agosto, Morales dijo que "rodarán cabezas" de los funcionarios que no demuestren resultados. También estarán en la mira viceministros y directores. Una prueba esgrimida contra la capacidad de gestión gubernamental es que, en algo más de medio año, la administración Morales sólo ejecutó el 25 por ciento del presupuesto nacional. "Tienen que venir a criticar, si no esta reunión no tiene sentido", les dijo el presidente a los líderes de las organizaciones invitadas. "Nos van a dar duro, especialmente a los ministros; los movimientos sociales están aguantándose muchas cosas", dice un allegado al palacio. Un relevamiento entre doce organizaciones sociales que participarán del encuentro, publicado ayer por el matutino La Prensa, muestra que el ministro más cuestionado es el titular de Educación, Félix Patzi, desgastado luego del fracaso del congreso educativo y embarcado en una pelea con la Iglesia, más en el papel de llanero solitario que como parte de una posición compartida por el conjunto del gobierno. Anteayer, Patzi anunció que serán descontados los días no trabajados a los maestros que se plieguen al paro docente que se está organizando justamente para pedir su renuncia. Justicia es uno de los ministerios sintomáticos de las dificultades para combinar lo simbólico con lo operativo: la ex empleada doméstica Casimira Rodríguez no ha mostrado resultados y sectores campesinos y de trabajadores ahora piden "un jurista en ese cargo". Uno de los ministros más populares es el canciller David Choquehuanca, quien encarna posiciones indianistas y su cartera no afecta directamente a las organizaciones sindicales, como sí Educación. Quienes sí están en carteras sensibles con gran aprobación son los titulares de Desarrollo Económico, Celinda Sosa, y de Planificación, Carlos Villegas. Y, contra lo que se podía esperar, el ministro de Hidrocarburos y uno de los artífices de la nacionalización, Andrés Soliz Rada, tiene un apoyo limitado entre los movimientos consultados: tendría el apoyo de las organizaciones de la ciudad de El Alto, pero no así de los campesinos. El doble cargo de Evo Morales –presidente de la república y de los sindicatos cocaleros del trópico de Cochabamba– genera una dinámica de "doble poder" entre el Estado y los movimientos sociales: cada uno de los cotidianos viajes de Evo Morales resulta en una reafirmación del liderazgo carismático del primer mandatario, pero, al mismo tiempo, una rendición de cuentas ante los sindicatos y organizaciones comunitarias. El desafío, si se concreta el primer cambio de gabinete de la era Evo, será con quiénes llenar las carteras vacantes, dada la crónica falta de cuadros en el partido de gobierno. "En los primeros seis meses de gobierno, las grandes medidas anunciadas –especialmente la nacionalización de los hidrocarburos– nos han dado una gran legitimidad, pero a partir de ahora ya no hay medidas con tanto impacto en la agenda; la gente va a pedir gestión y ése es uno de los talones de Aquiles del gobierno", sintetiza otra fuente gubernamental consultada. Como en otros procesos basados en liderazgos carismáticos, la popularidad "del Evo" supera por mucho a la de sus colaboradores y más de uno se entusiasma con alguna variante de la teoría del cerco para justificar los errores y atribuir al líder los aciertos.

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