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Hambre, desesperación y locura diezman a indígenas miskitos

Agencia AFP. Desde Waspan, Atlántico Norte, Nicaragua. | 13 de Agosto de 2006 a las 00:00
El hambre, la pobreza y la marginación sumen en la desesperación, la demencia e incluso la muerte a comunidades de la etnia miskita asentadas sobre la ribera del río Coco o Wangki, en la frontera norte con Honduras, según líderes comunales. Los años de marginación en que han estado bajo gobiernos de distinto signo político terminaron por afectar a esta población indígena -integrada por más de 200.000 personas- a causa del hambre, el analfabetismo, las enfermedades de todo tipo y las condiciones insalubres e infrahumanas de habitación. Unas 80 comunidades miskitas están asentadas a orillas del río Coco, uno de los más caudalosos del país, que corre paralelo a la frontera con Honduras hasta salir al mar Caribe; en la mayor parte de su recorrido son zonas inaccesibles y sólo se puede llegar caminando, por vía acuática o área. Las continuas crecidas del río les lleva a cruzar la frontera con Honduras, donde también habitan miembros de esta etnia, en su mayoría familiares. "No hay comida, con la crecida del río (Coco) por las lluvias intensas en esta época del año, los peces no pican y la gente sólo se alimenta de guineos (...); los niños son los más afectados", dijo a la AFP Napoleón Castillo, de la comunidad de Leymus. Nubes de zancudos asedian a los indígenas, lo que les causa enfermedades como la malaria y el dengue, que ellos tratan con medicinas naturales debido a la lejanía de los centros de atención médica. En muchas comunidades no hay trabajo, las tierras no sirven para la siembra, porque son pantanosas y la única forma de sobrevivir es a tavés de la pesca. En esas circunstancias, "poseídos por un diablo invisible que de repente se mete al cuerpo, la gente corre por el monte, o el diablo los agarra, los lleva al río y los mata", contó Castillo. Alucinados y con un comportamiento agresivo, capaces de atentar contra la vida de otras personas y la propia, los afectados se introducen al río y se ahogan "muchas veces no se puede hallar el cuerpo", relató Castillo. No hay un registro sobre el número de personas afectadas o de muertes ocurridas bajo estados de histeria colectiva, que los nativos denominan 'grisi sikni'. "Dios es lo único que puede salvar la vida. Hay que estar orando al señor" porque no hay médicos para atender este problema y son curados con yerbas y ritos de curanderos de la comunidad, observó Castillo. Los testimonios sobre las crisis de histeria colectiva en varias comunidades miskitas de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) comenzaron en 2004, lo que convocó a sociólogos y antropólogos con conocimientos en estos grupos sociales para ayudar a solucionar el problema. A la fecha no hay una explicación médica o clínica de parte de las autoridades de salud. Marcos Rivas, de la comunidad de Bilwaskarma, 12 km al sureste de Waspan, cree que las personas alucinadas son víctima de brujería, aunque reconoce que el hambre está de por medio en esta situación. "La cosa ahora está difícil, muchos se han ido de Bilwaskarma para tener trabajo y ayudar a la familia", tal es el caso de sus padres, que le dejaron al cuidado de sus hermanos menores para emplearse en servicios domésticos o de marinero en Puerto Cabezas, capital de la RAAN. No obstante, tras un tratamiento, el tema de la lucidez mental en las comunidades fue olvidado, pero la situación continúa presente entre los indígenas.

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