Escúchenos en línea

Ciudadano insta a iglesias a luchar contra el SIDA

Radio La Primerísima. Desde Managua. | 26 de Enero de 2008 a las 00:00
En carta enviada a Radio La Primerísima, el ciudadano Mario José Gutiérrez Morales, afirma que la epidemia del Sida en Nicaragua, con los datos actuales del Minsa, está desafiando la conciencia del conjunto de la sociedad y sus instituciones, y en particular a las Iglesias Cristianas. Morales Gutiérrez interpela a las iglesias cristianas a que asuman la gravedad de esta situación, puesto que "nos sentimos tan desbordados” de tantos problemas nacionales, que nos hacemos los locos como que no pasa nada, (“ese no es mi problema”), ante el inminente desborde de la epidemia que junto al hambre galopante en nuestro país nos está llevando a una situación nacional insostenible. Nuestras instituciones estatales y sobretodo religiosas deben dejar de lado posiciones moralistas farisaicas ante un hecho fundamental como es la vida y la dignidad de los y las nicaragüenses, sostiene. Hay que decirlo con toda la palabra, el fundamentalismo religioso en Nicaragua es el principal obstáculo para el abordaje correcto de la problemática del VIH SIDA, y es un eje transversal que intoxica y enerva perjudicialmente toda propuesta de desarrollo nacional, dice Morales Gutiérrez. La crisis del VIH SIDA se ha convertido en un reto evangélico para que los funcionarios eclesiásticos sean realmente iglesias, en obra y en verdad. Es tal su magnitud al interior de toda nuestra sociedad, que exige de todos unificar esfuerzos, un cambio de actitudes para que la población vaya asumiendo cambios en su comportamiento sexual y emocional frente a la epidemia del SIDA, ya que urge la responsabilidad de pronunciar palabra de esperanza y actos de comprensión y consuelo, dice Morales Gutiérrez. Debemos señalar los temas éticos con un enfoque de salud y no anularlos con posiciones cerradas, preconcebidas y que las iglesias asuman oficialmente un accionar en común con todos los actores de la sociedad para que el mundo les crea, añade. En primer lugar, dice Morales Gutiérrez, debemos “confesar que las iglesias cristianas como instituciones han sido lentas en hablar y en actuar; que muchos(as) cristianos(as) son rápidos en juzgar y condenar a mucha gente que ha contraído la enfermedad; muchas iglesias comparten la complicidad del temor que se ha esparcido por el mundo más rápidamente que el virus mismo”. Es por esto que, primero, los cristianos y cristianas, tanto los ordenados como los laicos, deben pedir perdón por su pecado de omisión, falso juicio y condena y sobretodo por ese inmenso silencio despiadado que ha significado marginación, exclusión y muerte, apunta. La experiencia nos enseña que la vida es más diversa y rica que las afirmaciones morales abstractas. Los conceptos debemos contextualizarlos y evitar el absolutizar las afirmaciones morales. Morales Gutiérrez sostiene que debemos reconocer que solamente en la acción solidaria y sin prejuicios con los afectados por el VIH SIDA, es que podemos revelar al Dios que confesamos, que Él es todo amor y que conduce lleno de compasión y misericordia la historia de la humanidad, y que este mismo amor incondicional sobrepasa cualquier barrera que los mismos humanos levantamos. Es solamente en la común unión solidaria de los creyentes que podremos responder al llamado evangélico del Reino que Dios que nos exige: “¡Vengan, los benditos de mi Padre! Tomen posesión del Reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo, porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, pasé como forastero y me recibiste en tu casa, anduve sin ropa y me vestiste, estuve enfermo y me visitaste, estuve en la cárcel y me fuiste a ver” (Mateo 25, 34-36) Este es el momento histórico de que las Iglesias se conviertan en Comunidad de Sanación. El Sida en medio de la pobreza es desgarrador y las iglesias deben desgarrar sus creencias y sus corazones para que se arrepientan de su complicidad, sus miedos y rígidos moralismos. expresa. Morales Gutiérrez agrega que la Sociedad Civil clama, hace un firme llamado a la conversión a todas las comunidades cristianas a una auténtica conversión en el mismo corazón a todos los agentes evangélicos, y les dé una nueva visión y mentalidad ya que no se puede establecer una acción de ayuda desde el juicio, la condena o la reserva moral. Nuestra conversión individual y comunitaria debe manifestarse a través del desprendimiento de nuestras reservas y una entrega total y confiada a los designios del Espíritu Santo, indica. Nuestra acción pastoral debe estar situada con la actitud de aquellos que se dejan evangelizar. Para ser un verdadero espacio de salud, donde la solidaridad y la vida se repara, la comunidad cristiana necesita ser curada y vitalizada por el perdón de Cristo. Nuestra respuesta a esta crisis determinará si se opta por ser iglesia o secta. Aquí se debate la naturaleza misma de ser iglesia, apunta. Y junto con las iglesias esta crisis viene a afectar profundamente los fundamentos mismos de todo el sistema de salud de la población nicaragüense, creyente o no, por el empecinamiento y terquedad de los actuales grupos de poder (y muy bien identificados) por imponer sus ideologías fundamentalistas y autoritarias. Y nuestro pueblo no les delegó ese poder. Es un abuso de poder. La Comunidad de Fe como Espacio de Salud Toda comunidad puede y debe transformarse en un espacio de salud, de real y profunda acogida a todos los y las afectadas por el VIH SIDA. Para esto, toda educación para la prevención debe establecerse sobre la buena calidad de la información, y el objetivo de la prevención debe ser el que todos y todas “adoptemos formas responsables de comportamiento”. No se puede imponer cambios tendenciosos sino que se busca el ejercicio consciente de la responsabilidad en las conductas. Además, hay que dar a conocer nuestra opinión y acciones frente a la epidemia, y esto permitirá que los afectados por el VIH SIDA puedan tener la suficiente confianza como para compartir con la comunidad y sus líderes aquello que les preocupa y necesitan. Decía Pablo VI, en la apertura de la 2ª. Sesión del Concilio Vaticano II (20/Sept./63), y que se aplica a los enfermos afectados por el VIH SIDA: “Que el mundo lo sepa: La Iglesia lo contempla con profunda comprensión, con una admiración profunda, sinceramente dispuesta, no a someterlo, sino a servirlo; no a despreciarlo sino a valorarlo, no a condenarlo sino a sostenerlo y salvarlo”. Contemplar a los pobres, los indigentes, los que sufren hambre, los enfermos, los desamparados, en resumen toda la humanidad que tiene hambre, sufre y llora!!, significa que ellos tienen derecho a la Iglesia por derecho evangélico, y Jesús se alegra de repetir a todos y todas ellas que forman parte de su cuerpo: “VENGAN A MÍ” ¡ (Mt. 11:28), b) Proveer información correcta: aunque ésta desafíe ciertas afirmaciones morales de nuestra comunidad de fe. c) Respetar la confidencialidad. Nunca debemos preguntar cómo la persona se contagio; como cristiano debemos respetar la sagrada intimidad de las personas y cortar de raíz la curiosidad malsana y morbosa que en nada contribuye a un verdadero acompañamiento. d) Toda forma de discriminación o rechazo es totalmente contraria a la voluntad del Dios de Jesús. No hay discriminación más antievangélica, cruel y dolorosa que la que se ejerce a lo interno de la comunidad cristiana en nombre de Dios. e) La comunidad cristiana no solo debe dar acogida evangélica y cuido a los afectados por el VIH SIDA, sino que además, debe dar atención a los acompañantes pastorales, ya que la epidemia enfrenta a cada persona con los límites de la existencia humana. f) Hay que prestar atención al vocabulario utilizado para la prevención del VIH SIDA. Sugiere una visión de sociedad sitiada y por lo tanto reacciona organizando cruzadas. Este espíritu de cruzada se manifiesta en términos como: invasores, defensas, etc. Sería creativo otras expresiones menos sugerentes a la guerra, en las jornadas de prevención. Sabemos que en todo lo que decimos hay una historia previa que le da un encuadre ideológico y no es inocente el lugar desde donde se nos habla de VIH SIDA, así que debemos respetar, en todo momento, el pluralismo social y cultural existente en el contexto que estamos viviendo. Hay que evitar hablar desde el SIDA de “prosmicuidad”, tenemos que respetar las opciones del otro(a), ya que descalificamos desde una moral asumida por otra persona, ya que nadie le gusta que lo consideren prosmicuo. La comunidad cristiana como comunidad de sanación, debe renunciar a someter de semejante carga de culpabilidad a las personas afectadas por el VIH SIDA. Jesús destruyó para siempre en la convivencia evangélica toda relación entre enfermedad y castigo, y esa debe ser realmente una práctica cristiana.

Descarga la aplicación

en google play en google play