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Las prioridades de Hillary para América Latina

Diario El Universal, México. | 5 de Febrero de 2008 a las 00:00
Estados Unidos debe reconstruir sus relaciones con América Latina con una agenda que incluya fortalecer el estado de derecho, reducir la desigualdad social y una reforma migratoria, dijo la precandidata presidencial demócrata Hillary Clinton. "Tenemos que empezar a reconstruir nuestras relaciones con Latinoamérica con una agenda amplia y concreta que permita que nuestros países progresen", dijo Clinton al asegurar que para ello se enfocará en "cuatro prioridades" respecto a la región, si llega a la presidencia. En un artículo con su firma para el diario mexicano El Universal publicado este martes, cuando se llevan a cabo elecciones internas en los partidos Demócrata y Republicano en una veintena de estados, la senadora cuestionó la política hacia la región del actual mandatario estadounidense, George W. Bush. "Durante los últimos siete años, la política del presidente Bush hacia las Américas ha sido de descuido y promesas fallidas", señaló la ex primera dama. Hillary Clinton dijo que entre las cuatro prioridades de su eventual gobierno para las Américas están "alentar una gestión pública más efectiva que fortalezca el estado de derecho" y "ayudar a reducir la desigualdad social en base a la meta de las Naciones Unidas de reducir la pobreza extrema en 50% en 2015". También se plantea trabajar con los países latinoamericanos para encarar "los desafíos compartidos del cambio climático y la seguridad en materia energética" y lograr "una reforma migratoria integral que respete nuestras leyes, nuestra herencia como país de inmigrantes y nuestros valores".

Recuperar la confianza entre Estados Unidos y América Latina

Por Hillary Clinton, diario El Universal de México. Martes 05 de febrero de 2008

Los países de América Latina merecen el respeto y la atención de Estados Unidos. Somos socios en temas críticos que van desde el crecimiento económico hasta la seguridad nacional. Compartimos retos comunes incluyendo la protección de los valores democráticos, la lucha contra una creciente desigualdad social y el fortalecimiento de nuestras economías. Pero durante los últimos siete años, la política del presidente Bush hacía las Américas ha sido una de descuido y de promesas fallidas. Últimamente el presidente ha comenzado a hablar de justicia social, pero en la práctica su gobierno se ha enfocado casi exclusivamente en la expansión del comercio internacional y la lucha contra el narcotráfico. Como resultado, nuestra credibilidad y liderazgo como nación se encuentran en uno de sus puntos más bajos en la historia. Hasta el compromiso de Estados Unidos con ideales compartidos como la democracia, se ha visto ensombrecido ante los ojos de nuestros vecinos. Mirando hacía el futuro, pienso en aquel dicho: "una buena acción es la mejor oración". Tenemos que empezar a reconstruir nuestras relaciones con Latinoamérica con una agenda amplia y concreta que permita que nuestros países progresen. Necesitamos tomar medidas decisivas que reflejan nuestros lazos comunes e intereses compartidos. Es lo que haré como presidenta. Tengo cuatro prioridades para nuestro hemisferio. Primera, mi gobierno trabajará en forma cooperativa con los países de la región para alentar una gestión pública más efectiva que fortalezca el estado de derecho y garantize la seguridad personal. La gente en América Latina se está esforzando por construir instituciones que puedan cumplir con la promesa de que la democracia puede mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Necesitamos apoyarlos. Mi administración promoverá transparencia, sistemas judiciales independientes, y medidas contra la corrupción, que son herramientas importantes para contrarrestar a los enemigos de la democracia, que en Latinoamérica son el populismo y la demagogia. En Cuba, el régimen de Castro defiende una visión que es fundamentalmente opuesta al modelo de gobierno libre y abierto por el cual los latinoamericanos han votado, luchado y hasta defendido con la vida. Yo utilizaré cada oportunidad para demostrar que Estados Unidos es un verdadero amigo de las fuerzas que buscan el cambio democrático. Segunda, estoy comprometida con ayudar a darle una respuesta real a la creciente desigualdad social en las naciones de nuestro continente. Apoyo la meta de las Naciones Unidas de reducir la pobreza extrema en 50% para el 2015. Para alcanzar ese objetivo, necesitamos medidas innovadoras, como la legislación que han propuesto el senador Robert Menéndez y el congresista Elliot Engel para crear el Fondo de Inversión Social y Desarrollo Económico para las Américas, lo que incrementará nuestra ayuda, con un enfoque especial sobre la expansión del acceso a una educación de calidad. También reformaré el Millennium Challenge Corporation para que las regiones empobrecidas en países de ingresos medios puedan acceder a la ayuda externa de Estados Unidos. Apoyaré programas que permitan que las familias construyan su propio futuro, como los programas Bolsa Familia de Brasil y Oportunidades de México que proveen dinero a familias pobres que mantienen a sus hijos en la escuela y que les dan exámenes médicos periódicos. Y estas ideas para combatir la pobreza pueden ser puestas en vigencia en nuestro país también, como algunas que ya están dando resultados en la ciudad de Nueva York. Tercera, trabajaré con nuestros vecinos para encarar los desafíos compartidos del cambio climático y de la seguridad en materia energética. El Hemisferio Occidental provee casi 50% de las importaciones de energía que requiere Estados Unidos, y hay un enorme potencial para lograr mayores grados de cooperación que beneficien a todas nuestras naciones desde Canadá a Chile, integrando mercados y encontrando nuevas fuentes de energía, tradicional y no tradicional, incluyendo la próxima generación de tecnología en biocombustibles. Cuarta, trabajaré para lograr una reforma migratoria integral que respete nuestras leyes, nuestra herencia como país de inmigrantes, y nuestros valores. Como senadora de Nueva York, yo sé cuán importantes son las contribuciones de los inmigrantes a nuestro país, y sé que no tiene sentido deportar a todo el que se encuentre aquí de manera ilegal. Necesitamos arreglar nuestro fallido sistema migratorio con una solución práctica, humana y realista. Ayudar a que Latinoamérica prospere reducirá la presión sobre nuestras fronteras, pero eso en sí no es suficiente. El asegurar nuestras fronteras debe ser parte de una reforma integral del sistema migratorio, interés compartido por todos los países de la región. También trabajaré con nuestros vecinos para combatir el crimen organizado, las pandillas, y los cárteles de droga. Apoyaré esfuerzos por construir sistemas judiciales y policiales más efectivos y responsables que aseguren los derechos de las personas, especialmente en México, América Central y el Caribe. Y trabajaré de cerca con las autoridades mexicanas para monitorear los flujos financieros en la frontera. Como presidenta, le daré a Latinoamérica el respeto y la atención que se merece. En colaboración con nuestros socios de la región, trabajaré para restaurar la credibilidad de Estados Unidos, entregando resultados concretos para la gente. Juntos, construiremos un futuro más seguro y prometedor para nuestros niños.

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