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¿Cuántos deben morir sin riñones para que atiendan víctimas de IRC?

Managua. Por Giorgio Trucchi, Rel-UITA | 14 de Febrero de 2008 a las 00:00
Según datos de la Asociación Nicaragüense de Afectados por Insuficiencia Renal Crónica (ANAIRC) ha llegado a 2.677 el número de fallecidos por IRC en los últimos años. Todos fueron ex trabajadores azucareros del Ingenio San Antonio, empresa de propiedad de la compañía Nicaragua Sugar Estates Ltd. (NSEL)1, que forma parte del poderoso Grupo Pellas, cuyo presidente es el ingeniero Carlos Pellas Chamorro. En las últimas décadas el concepto desafortunadamente muy poco abstracto de que el trabajo muchas veces es sinónimo de muerte ha golpeado fuertemente a la inmensa mayoría de los países. Se trata de un fenómeno que se agudiza en la medida en que nos dirigimos hacia el Sur. Trabajadores y trabajadoras siguen siendo víctimas de las "muertes blancas", no importa el continente donde ocurran, ni que se trate de obreros agrícolas, de la construcción o de una maquila, porque el resultado no cambia: el trabajo necesario, que debería llenar de dignidad al ser humano y ser fuente de orgullo personal, se transforma en una trampa mortal bajo la mirada tantas veces indiferente de las sociedades, de buena parte de la clase política y del sector empresarial. "Morir de trabajo" es algo que los sectores más empobrecidos y marginados del planeta tienen en común. Mano de obra barata que se transforma en números y estadísticas, en perfectos desconocidos y desconocidas cuyas identidades adquieren un valor solamente para un restringido círculo familiar y muchas veces ni siquiera eso. En mi tierra hay un lema que se acostumbra repetir a los y las jóvenes que terminan sus estudios y se preparan para ganarse la vida: "El trabajo ennoblece al hombre". Estas palabras, que quizás llevan consigo una antigua y lejana acepción machista de que sólo el hombre es apto para trabajar, encierran en sí un significado muy profundo que se ha ido perdiendo con el pasar del tiempo, aplastado por conceptos, teorías y modelos económicos que siguen negando una verdad muy sencilla: el trabajo es la principal fuente de la riqueza y por ende, las y los trabajadores tendrían que ver respetados sus derechos humanos, laborales y sindicales, ampliamente reconocidos a nivel internacional. Casi nunca es así y el dramático caso de los ex trabajadores azucareros de Nicaragua es sólo un ejemplo de unas largas jornadas laborales que tienen muy poco de noble, y en su lugar dejan al ser humano sin aliento. «El cubano» y «Dennis Martínez» La última vez que miré a Juan Cabrera y a Mariano Uriarte fue en Chichigalpa en el mes de noviembre 2007, durante la segunda evaluación del proyecto piloto de asistencia sanitaria financiado por la Asociación Italia-Nicaragua. Ambos estaban muy contentos por ser parte del proyecto y por haber mejorado un poco su situación. Juan Cabrera "El cubano", seguía agradeciendo al Señor y la solidaridad internacional, porque la creatinina había bajado mucho. Te miraba con una sonrisa y te volvía a agradecer nuevamente, apretando fuerte tu mano y enseñándote los brazos que ya no estaban hinchados como antes. "Se murió de repente de un ataque cardíaco", nos cuenta Carmen Ríos, presidenta de ANAIRC. "Se sintió muy mal y buscó un taxi para ir al Centro de Salud. En el recorrido tuvo el primer ataque. Lograron estabilizarlo, pero a las 4 de la mañana tuvo otro ataque más fuerte y se fue. No hay dudas de que es consecuencia de la IRC, porque esta enfermedad compromete progresivamente los otros órganos". Para Mariano Uriarte, un hombre muy parecido al campeón nicaragüense de béisbol Dennis Martínez, al punto que cuando se lo dije la última vez que lo vi soltó una carcajada, el proceso que lo condujo a la muerte fue aún más doloroso. "Estaba muy mal, pero con el proyecto logramos bajarle la creatinina de 14 a 6,4. Le propusieron una diálisis, pero no quiso, porque dijo que ya había molestado demasiado a su familia y que quería terminar con todo esto. La creatinina se le subió a 42 y se murió hace pocos días", recordó Ríos. Según la última investigación de Denis Meléndez Aguirre, del Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (CISAS), titulada "La última zafra: la Insuficiencia Renal Crónica en la historia laboral agrícola de Nicaragua", al 30 de abril de 2007 el número de personas fallecidas era de 2.433 personas. En consecuencia, han fallecido 1.426 personas durante los últimos 24 meses. Esto equivale a un promedio de 59,42 personas por mes. Según ANAIRC el registro de personas fallecidas por esta causa al 08 de enero de 2008 es de 2.677 personas. "La gente continúa a enfermarse –dijo la presidenta de ANAIRC– y han estado saliendo más afectados del Ingenio San Antonio. Frente a esta situación, seguimos gestionando con el Ministerio de Salud (MINSA) y con el Seguro Social (INSS) los medicamentos y la atención especializada y hemos tenido una respuesta satisfactoria. Hay muchos casos que ya necesitan una diálisis, pero existe todavía una cierta desconfianza entre los afectados que se rehúsan a ir a los hospitales". El caso de Juan Martínez es emblemático. "Mi hija Mercedes murió de IRC a los 21 años. En el hospital de León le practicaron una diálisis y la mantuvieron hospitalizada durante tres meses. Cuando la dieron de alta regresó a la casa para seguir con su terapia, pero no teníamos las condiciones para garantizar la higiene que se necesita en casos como este y se generó un proceso infeccioso. Sufría mucho y al final decidió arrancarse el catéter. A la media hora falleció. Ha habido muchos casos como el mío y es por eso que la gente le tiene miedo a la diálisis. Existe la percepción entre nosotros los afectados que con la diálisis se sufre mucho. Sufre el afectado, sufre la familia y casi siempre se trata de familias pobres que no pueden costear los gastos de transporte y medicamento. La gente está convencida que la diálisis no sirva y que más bien acelera el proceso que lleva a la muerte". Sirel conversó la semana pasada con el Dr. Jesús Marín, director del Centro Nacional de Prevención y Control de Sustancias Tóxicas del Ministerio de Salud (MINSA) y en la entrevista advirtió de este fenómeno de rechazo que se debe al trato que se les daba en el pasado a los pacientes. Al mismo tiempo señalo las grandes inversiones que la nueva administración del MINSA hizo en el 2007, invitando los afectados a acercarse a los nuevos centros que se abrieron en cinco importantes hospitales del país. "Se necesita que el MINSA desarrolle una fuerte campaña para convencer a la población que la situación ha cambiado, que ha mejorado la atención y que la diálisis es importante, como es importante también el suministro de medicamentos en la etapa inicial de la enfermedad. Tal vez –continuó Martínez– habría que acondicionar unos locales para que el enfermo se recupere antes de regresar a su casa, donde en la mayoría de los casos, se trata de hogares muy pobres que no brindan las condiciones para atender casos de IRC. Es importante también que el MINSA explique que la IRC no solamente genera la enfermedad del riñón, sino otras enfermedades que hay que atender. Pero mientras nos ayudamos a través del apoyo solidario de las organizaciones que se han comprometido con nuestra causa", terminó el directivo ANAIRC. Negociaciones: ¿hasta cuándo habrá que esperar? Si bien es cierto que por un lado el actual gobierno ha comenzado a dar respuestas concretas al caso de la IRC, por el otro la actitud de la compañía propietaria del Ingenio San Antonio ha sido de una aparente indiferencia total. "ANAIRC logró sacar, hasta junio del 2007, 3.860 pensiones y esto es el resultado de un gran esfuerzo a favor no solamente de nuestro afiliados, sino de todos los afectados y de las viudas en general", nos comentó Carmen Ríos. "Un punto que todavía no hemos podido solucionar es lo relativo a las negociaciones con la empresa, que seguimos considerando como una de las partes que deben involucrarse para dar una solución a este dramático caso. En los últimos ocho meses hemos enviado cartas al señor Carlos Pellas para poder reunirnos y comenzar a dialogar en búsqueda de una salida, pero hasta el momento no hemos recibido respuestas, sino tácticas dilatorias". Según la presidenta de ANAIRC no se puede obviar la presencia de miles de afectados que fueron trabajadores de los ingenios azucareros, entre ellos el Ingenio San Antonio. Últimamente se están presentando además muchos casos de afecciones entre quienes vivían dentro del ingenio y entre los familiares de los afectados. "Evidentemente es un problema de salud pública que también afecta, y complica, el proceso de producción de la industria azucarera. Considerando que éste es un caso que amerita la intervención de todos los actores sociales y económicos del país hemos solicitado, en reiteradas ocasiones, la atención para las personas con IRC. Hasta esta fecha el caso no ha sido atendido con la seriedad del mismo. Las personas siguen muriendo como consecuencia de la IRC", expresa la última carta enviada a la empresa el pasado 29 de enero del 2008. Para Ríos, "los trabajadores siguen enfermándose y muriéndose y tenemos que movernos. Hemos tratado tener una comunicación directa, pero parece que no les importa, así que nos vamos a ver obligados a buscar otros instrumentos para que nos escuchen y vamos a contar con el apoyo de organizaciones nacionales e internacionales. De una cosa puede estar segura la empresa: No nos va a cansar", concluyó. En la página web del Grupo Pellas, la compañía, entre otros, define como visión y principios del grupo, "contribuir, de forma sostenible, con inversiones y programas de desarrollo social y ambiental. Valorar a nuestro personal, somos sensibles a sus necesidades y nos proponemos contribuir a su desarrollo, capacitarlo, remunerarlo adecuadamente y motivarlo en la búsqueda de la excelencia. Operar bajo estrictos principios éticos, sociales y ambientales apoyando al desarrollo de nuestra comunidad y protección del medio ambiente". ¿Cuántos muertos faltan para que las víctimas sean escuchadas?

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