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Así asesinaron a Sandino

Managua. Por Walter Castillo Sandino (*), Tortilla con Sal. | 21 de Febrero de 2019 a las 09:25
Así asesinaron a Sandino

A propósito de conmemorarse el aniversario del infame asesinato del Héroe Nacional, el General Augusto Cesar Sandino, para nuestra familia esta sería la versión más acertada de cómo sucedieron los hechos históricos acontecidos la noche del 21 de febrero de 1934, ya que las fuentes utilizadas son seguras y de toda credibilidad. También es nuestro deseo que estas líneas, sirvan a todos para reflexionar en nuestro país y puedan provocar una reacción de orden histórico.

Datos biográficos

Nace en Villa Victoria, hoy Niquinohomo, el 18 de mayo de 1895, como a las 11 de la mañana el niño Augusto Nicolás Calderón Sandino, hijo natural de Margarita Calderón Ruiz, de oficio doméstico y de Gregorio Sandino López, acomodado agricultor. De niño trabaja con su madre recolectando café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense. A la edad de 17 años presencia los horrores de la intervención norteamericana y ve el cadáver del General Benjamín Zeledón el 4 de octubre de 1912, antes de ser sepultado en Catarina. A los 21 años (1916) trabaja como ayudante de mecánica en la hacienda Ceilán, propiedad de Pablo Jiménez Román, cerca de la frontera con Costa Rica.

La casa natal del General Augusto C. Sandino en Niquinohomo.

La casa natal del General Augusto C. Sandino en Niquinohomo.

En 1920, en Niquinohomo, hiere a Dagoberto Rivas ante una ofensa de este. En compañía de su primo, Santiago Sandino, se dirige a Honduras, en donde labora en empresas agrícolas de la costa norte. En 1921 se desempeña como bodeguero en el Ingenio Montecristo, de la Honduras Sugar and Distilling Company, establecida en La Ceiba, Honduras. En 1923 trabaja como jefe de cuadrilla de limpieza en el pueblo de Montecristo, La Ceiba, Honduras. Ese mismo año se traslada a Quiriguá, Guatemala, en donde trabaja en las plantaciones de la United Fruit Company.

Sandino continúa viaje hacia Tampico, Tamaulipas, México, en donde trabaja para la South Pennsylvania Oil Company. En 1925 obtiene trabajo en la Huasteca Petroleum Company, en la refinería de Cerro Azul, Veracruz, México, como jefe del departamento de expendio de gasolina. Renuncia a su empleo en la Huasteca Petroleum Company el 6 de mayo de 1926. Es aceptada su renuncia el 15 de mayo.

Inmediatamente después, el 16 de mayo de 1926, Sandino se embarca para Veracruz en el vapor "México" con el propósito de ingresar a las filas del Ejército Constitucionalista de Nicaragua, "que combatía contra el régimen impuesto por los banqueros yanquis en nuestra república", siguiendo hacia Guatemala por ferrocarril. Llega a Nicaragua el 10 de junio de 1926, visita a su familia en Niquinohomo. El país se encontraba sacudido por una guerra civil, llamada Constitucionalista, resultado de la lucha entre los liberales y conservadores por alcanzar el poder político. En esta guerra, los conservadores una vez más habían solicitado la intervención yanqui para mantenerse en el poder.

Luego Sandino se dirige al norte. Se emplea como asistente del pagador principal de la mina San Albino, Nueva Segovia. Para ese entonces la fuerzas liberales leales al depuesto vicepresidente, doctor Juan Bautista Sacasa Sacasa, y conducidas por el General José María Moncada Tapia, desembarcan en la Costa Atlántica de Nicaragua y en poco tiempo toman control de la franja comprendida entre Río Grande y Puerto Cabezas.

El General Sandino, con parte de sus ahorros traídos de México, adquiere unos cuantos rifles y municiones, y reúne a un grupo de trabajadores del mineral de San Albino, a quienes había convencido de sus ideales políticos. Libró la primera batalla de su vida el 2 de noviembre de 1926, en un lugar llamado "El Jícaro", enrolado con los liberales del doctor Sacasa y del General Moncada. En esta ocasión, acompañaban a Sandino veintinueve hombres y se enfrentó a una fuerza de doscientos guardias nacionales que por la superioridad numérica vencieron rápidamente al grupo armado dirigido por Sandino.

Posteriormente se dirige a Puerto Cabezas usando pipantes y atraviesa la selva de la Costa Atlántica usando sus ríos, en compañía de seis ayudantes, para solicitar más armas ante el doctor Sacasa; así consta en un documento que poseemos escrito por Sandino, titulado "Blanca y sus verdugos, para la prensa honrada del mundo en general", fechado el 18 de marzo de 1929 desde su Cuartel General El Chipotón y escribe entre otras cosas lo siguiente:

"Mi permanencia en Puerto Cabezas fue de 40 días, el 24 de Diciembre de 1926 los Yankees declararon zona neutral a Puerto Cabezas ordenando al doctor Sacasa la evacuación del Puerto en el término de 48 horas, por todo ejército constitucionalista y el retiro de elementos bélicos nicaragüenses que ahí hubieran. Al recibir la grosera intimidación procedieron a desocupar aquella plaza los constitucionalistas en el escaso tiempo de la intimidación. No pudiendo llevar todos los elementos bélicos ahí almacenados, gran cantidad de ellos fueron arrojados al mar por los Yankees. La desesperante humillación dio lugar a que las fuerzas de Sacasa dejaran abandonados 40 rifles y 7,000 cartuchos sobre la raya de la costa entre Puerto Cabezas y Prinzapolka. Mis seis ayudantes y yo no quisimos dar un paso sin llevar con nosotros los elementos abandonados, con la ayuda de algunos nativos de la Mosquitia condujimos por tierra a Prinzapolka aquellas armas y el parque. Moncada estaba en Prinzapolka y las armas recogidas por mi volvieron a quedar bajo su control. Varias cartas había escrito yo al General Moncada en solicitud de elementos para dar empuje a la guerra constitucionalista en las Segovias. Con engaños me entretuvieron. En mi afán de hacer algo por la Patria manifesté al General Moncada que me permitiera tan siquiera los 40 rifles y el parque que ya estaban perdidos de no haberlos recogido yo, me contesto Moncada que yo no haría nada en las Segovias, y que lo mejor para mí era ingresar a una de las columnas que él estaba destacando hacia el interior. Mi contestación fue que yo no miraba éxito en el ejército que él estaba destacando hacia el interior, si a la vez el enemigo no tenía una atención por las Segovias. Que en otro caso en Ejército Constitucionalista quedaría deshecho en las rondas de Chontales, no le gustó a Moncada mi razonamiento, se negó a darme las armas y yo me regresé para Las Segovias con mis seis ayudantes.

Viniendo de regreso encontré en Wonta, a los doctores Arturo Vaca y Onofre Sandoval que iban con rumbo a Prinzapolka a conferenciar con el General Moncada, el primero de dichos Señores era Ministro de Guerra y el Segundo Ministro de Fomento del Gabinete de Sacasa. Los referidos Ministros me invitaron a regresar a Prinzapolka, prometiéndome gestionar ante Moncada que se me permitiera traer los 40 rifles y el parque que ellos mismos habían considerado perdidos. Regrese a Prinzapolka, recibí los rifles, el parque y después de un mes de dura navegación sobre el Río Coco hacia Las Segovias, llegué el 2 de febrero de 1927 a Wiwilí".

Cuando en 1927 el General José María Moncada se encontraba sitiado por las Fuerzas Conservadoras, pidió apoyo a los muchachos Segovianos comandados por Sandino. ¿Qué tan molesto debe haber sido para Moncada haber realizado tan desesperada petición? El General Sandino describe esta situación de la siguiente manera:

"Yo había enviado varios correos con el objeto de ponerme en contacto con las Fuerzas del General Moncada; ya lo había conseguido y las cartas del General Moncada para mí eran desesperantes, en la última de ellas hay un párrafo que más o menos dice así: «Si Usted no viene pronto en apoyo del Ejército, le haremos responsable por los desastres que pudiera haber»; ésta la firmaba Luis Beltrán Sandoval y José María Moncada. En los mismos días de la desesperación de Moncada me llegaron dos columnas de voluntarios desarmados, una de ellas al mando del Coronel Antonio López y la otra al mando del Coronel Pompilio Reyes. Blanca (Blanca Stella Arauz) y yo discutimos en privado el plan de combinación que debía permitirnos el envío de fuerzas al General Moncada y la toma de la ciudad de Jinotega. En una de las tardes del mes de marzo del mismo año, reuní a toda mi columna en la plaza de San Rafael del Norte, organicé las Fuerzas Armadas en cuatro compañías, un Estado Mayor y una Gobernación de Campo. Hice circular la noticia que íbamos para donde el General Moncada".

Sandino sale para Chontales el 13 de abril de 1927 en horas del mediodía, a la cabeza de ochocientos hombres de caballería, bien equipados. Toma el poblado de San Ramón, departamento de Matagalpa el día 18 de abril; sigue avanzando hacia Chontales y Boaco el 19 de abril. Derrota a las fuerzas del conservador Adolfo Díaz cerca de El Bejuco. Sandino ocupa el cerro El Chiflón el 30 de abril de 1927, también ocupa el cerro de El Común, en el departamento de Boaco el 2 de mayo de 1927 y no solo fue luego a derrotar al Ejercito sitiador de la columna de Moncada, sino que tomo todo su cuartel general del Ejercito Conservador con varios miles de rifles y muchos miles de cartuchos, con lo que tenía de sobra para equipar perfectamente a todo su Ejército, ya bastante numeroso.

Moncada se sintió tan sorprendido y envidioso por esta acción del General Sandino, que no pudo disimular las intenciones que pretendía para deshacerse de él; pero la trama no dio resultado y quedo descubierta al poco tiempo. El malestar de Moncada fue creciendo al ver que parte de sus soldados se incorporaban a las columnas de Sandino vitoreándolo. Algún tiempo después sucedió aquel acontecimiento que retrata a Moncada en toda su desnudez moral, vendiendo la libertad nicaragüense en el Pacto del Espino Negro de Tipitapa.

Desde aquella fecha el héroe de las Segovias siguió combatiendo al invasor solo, animado por su Espíritu recto de patriota y de heroico Jefe guerrillero. No había en él para ese entonces otro pensamiento que el de la liberación de su querida Patria de los invasores Yankees, luchando por una Nicaragua libre y soberana, con nuevas orientaciones fraternales y lograr tener un País feliz y respetado mundialmente. Bien sabia que nada podía esperar de la desencantada "Liga de las Naciones Ginebrina", la que nunca cumplió con su deber de protestar aunque siquiera una sola vez de la injusticia de la ilegal intervención norteamericana en Nicaragua.

Comprendía perfectamente cual era la tarea que le correspondía realizar a los propios hijos nativos, conquistar o mejor dicho: reconquistar esa soberanía nacional. Desde ese momento formo el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua "EDSN", el 2 de Septiembre de 1927, cuya Jefatura Suprema fue asumida por el propio General A C Sandino.

Miembros del Estado Mayor del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) en Mérida, Yucatán, 1929. De pie (izquierda a derecha): Capitán Rubén Ardila Gómez (colombiano), Capitán José Paredes (mexicano), General Augusto C. Sandino, capitán Gregorio U. Bilbert (dominicano). Sentados (izquierda a derecha): licenciado Froylán Turcios (hondureño) y el Coronel Farabundo Martí (salvadoreño)

Miembros del Estado Mayor del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) en Mérida, Yucatán, 1929. De pie (izquierda a derecha): Capitán Rubén Ardila Gómez (colombiano), Capitán José Paredes (mexicano), General Augusto C. Sandino, capitán Gregorio U. Bilbert (dominicano). Sentados (izquierda a derecha): licenciado Froylán Turcios (hondureño) y el Coronel Farabundo Martí (salvadoreño).

La prensa daba informes con bastante frecuencia de los hechos heroicos realizados por ese Ejercito Defensor, que no obstante sus recursos muy limitados mantuvo a raya al invasor y a la Guardia Nacional asalariada por el enemigo, consiguiendo al fin, después de mas de seis años de lucha, que el invasor abandonara el territorio patrio después de haber intervenido el doctor Juan Bautista Sacasa. Entonces el héroe hizo otro sacrificio muy grande, porque sabiendo, que su patria peligraba de una nueva invasión si la guerra interna continuaba; ofreció la paz leal y noblemente al Gobierno de Sacasa.

No vaciló un solo instante ante tal peligro, en sacrificar sus anhelos de mayores beneficios, bajo un Gobierno de principios fraternales, de igualdad de derechos y obligaciones; La paz se firmó el 2 de febrero de 1933, un día después declaró: "Quiero la paz en Nicaragua y he venido a hacerla" publicó La Prensa del 3 de febrero de 1933 y se retiró con sus hombres a las montañas segovianas. Seguidamente se dio a la tarea de organizar una Comuna Universal y Fraternal entre los obreros, agricultores, mineros e industriales a fin de que con su trabajo honrado pudieran ganar su subsistencia sin ser peligrosos en lo más mínimo a la paz del país que tanto amaban, creando luego nuevas fuentes de riquezas, como lo fueron las plantaciones de plátanos en extensos terrenos de las llanuras de Las Segovias, para exportar al extranjero y además emprendiendo la explotación de minas de oro, lavando las arenas auríferas del río Coco que existían en abundancia.

Era una Comuna Universal de halagadoras promesas para todos sus integrantes; se construyeron casas modestas pero higiénicas y cómodas para las familias de los colonos, los que recibían instrucciones sabias sobre las doctrinas de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (EMECU) de la cual el propio General era su Director, donde él mismo les impartía clases con todo amor fraternal, tratando a todos como hermanos, siendo respetado y querido como un patriarca, padre de todos y para todos; no existía el dinero entre ellos. La Comuna Universal era de todos por igual y se estaba sacando oro de las arenas de un modo primitivo, a lo gambusino, mediante lavados.

Como prueba de que todo marchaba bien ya el representante de Sandino en México el doctor Pedro José Zepeda había sido comisionado para ir a Estados Unidos a arreglar la venta de cargamentos de plátanos y de oro, así como la compra de maquinaria para las minas y el lavado de las arenas auríferas, cuando se perpetro el infame crimen que indignó a todo hombre honrado de la época. El hecho de que Sandino formara una "Comuna Universal" en Wiwilí (cooperativa), tras entregar las armas y firmar la paz, constituye la evidencia más palpable de su más grande sueño. La creación de la Comuna Universal en Wiwilí tenía como objetivo principal el modelar un Paraíso Terrenal en Nicaragua, que se convirtiera en un prototipo que pudiera ser copiado y reproducido por el mundo entero y lo interpretó como un paso hacia el proyecto de redención mundial de los pueblos oprimidos.

Como mataron a Sandino

En los días que mediaron desde el 9 de Diciembre de 1933, en que Sandino se regresó al campamento "Luz y Sombra" en Wiwilí en su tercer viaje, hasta el 16 de febrero de 1934 que vino Managua para no regresar a sus queridas montañas Segovianas. Sandino celebraba incansables y emotivas reuniones con todos y cada uno de sus compañeros de lucha. El 15 de febrero de 1934, como de costumbre, hizo formar su tropa y se dirigió a ella, pero esta vez de manera más efusiva, expresándoles siempre ideas definitivas y claras de su justa lucha. Había entre él y sus jefes que lo acompañaban un afecto muy especial; solo así se explica que le hubieran seguido en aquel lamentable estado de privaciones. Esta unión tenía un carácter espiritual muy fuerte que los identificaba y los mantenía firmes en la lucha, con una profunda convicción y lealtad, hija de las más dolorosas experiencias. Varios fueron testigos de las intimidades de esa despedida, cuando Sandino reunía a todos sus generales en una habitación separada y al rato se veía salir a cada uno de ellos limpiándose las lágrimas.

Aquellos rudos hombres, que no temblaban ante nada, lloraban por el fatídico viaje del General Sandino a la Capital, en especial del hombre más fiel a su causa revolucionaria, el General Pedro Altamirano (Pedrón), un hombre de carácter áspero y de facciones grotescas, pero valiente como los guerreros antiguos quien, fracasado en su perorata persuasiva suplicándole a Sandino que desistiese de su viaje a Managua, lloraba como un niño. Cuando se despidieron ambos hombres, Pedro Antonio Arauz (hermano de Blanca Segovia) nos contaba que ésta fue una de las pocas veces que vio llorar a Pedrón. Era sin duda, el último adiós de dos generales revolucionarios, compañeros de lucha.

Por su parte, el jefe Director de la Guardia Nacional Anastasio Somoza García, cumplía años en esos días y sus serviles le hacían inacabables fiestas, porque la Guardia es la que más fiestas daba en Nicaragua a costa del pueblo que pagaba los impuestos y se quedaba sin comer. Pues bien, tales fiestas se prolongaban tanto que alcanzaban toda la semana y le llamaron la "Semana Somoza", como si se tratara de una señorita burguesa. Fue en uno de estos días de fiesta que un diario de Managua llamado "La Noticia", publicó entre sus crónicas de agasajos de la "Semana Somoza" una larga serie de actos violatorios de los Acuerdos de Paz y asesinatos de la Guardia Nacional en muchas partes del país.

En esos días se suscitó un intercambio de palabras entre el citado diario y Somoza. Con este motivo, en su editorial del 6 de febrero de 1934, dijo el director de «La Noticia»: "No soy enemigo de la Guardia Nacional, únicamente quiero que sea una institución útil a la Patria, al orden, al Gobierno y al pueblo. No soy ni puedo ser enemigo del general Anastasio Somoza, Jefe director de la Guardia. Como amigo le digo lo que no le van a decir a él, porque unos lo ven poderoso y se acercan para quedar bien y obtener algo, y otros temen decir en voz alta lo que todo el mundo repite por lo bajo. Eso que dicen es lo siguiente, entre otras cosas: Que en estos momentos, Sandino está dejando de ser el problema militar del país, y que la Guardia Nacional se está convirtiendo día a día en el verdadero problema de la paz nacional. Que la Guardia es la que tiene a su cargo mantener la paz material del país, pero también tiene la obligación de mantener la paz moral. Que la Guardia Nacional debe prestigiar al Gobierno y que los detalles el encarcelamiento del subsecretario de Relaciones y lo ocurrido al subsecretario de la Guerra, están demostrando que Nicaragua está cayendo en las garras de un militarismo que socava la confianza pública en Nicaragua. Que de los oportunistas de todo tiempo se acerquen a quien ven con poder y con dinero, sea jefe militar o ministro de Hacienda, para quedar bien con él, en esperanza de favores, agitando ante ellos el incensario político. Tengo la esperanza de que el general Somoza hará por su parte todo cuanto esté para que el Reglamento de la Guardia Nacional se reforme, dando al Ejército lo que es del Ejército, o la Constitución lo que es de la Constitución, a la Policía lo que es de la Policía".

Así era el ambiente de esa época de febrero de 1934, al momento del asesinato de Sandino por parte de la Guardia Nacional, siguiendo órdenes del Gobierno de Estados Unidos.

Fue precisamente para esos días que el diario "La Noticia" publicó un artículo donde informaba que la Guardia Nacional hacía todo un despliegue de su aparato bélico contra los ex-combatientes sandinistas en los campos de Wiwilí, donde se encontraba Sandino. Sin embargo el verdadero motivo del viaje de Sandino a Managua era el de constituir una Compañía Anónima minera para trabajar en las regiones de Wiwilí, la conformación de una Comuna Universal. Se sabe que entre su equipaje de viaje llevaba rocas con buen contenido en oro que quería mostrárselas al doctor Sacasa, para demostrarle de la prosperidad del proyecto. Estaba convencido de haber encontrado una buena veta de oro, cerca de la comuna en Wiwilí y, con ánimo de ayudar a sus viejos compañeros de lucha, se dedicaría a hacer planes para formar una mina de producción cooperativa en esa región.

Llegan a Managua el 16 de febrero los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor, el padre del guerrillero Gregorio Sandino, su hijo el Coronel Sócrates Sandino, un joven militar llamado Juan Ferreti y el ayudante de Sandino, Santos López. Todos se hospedan en la casa del Ministro, profesor don Sofonías Salvatierra.

En Managua, el Presidente Juan Bautista Sacasa los invitó a almorzar con él en Casa Presidencial. Le hacían compañía don Salvador Calderón Ramírez (residente en México), a quien se le había mandado a llamar para que sirviera de asesor, y el general Horacio Portocarrero, amigos del general Sandino y delegados suyos en las conferencias de paz, quienes habían llegado a Managua hacía unos pocos días. Ellos habían ido al campo de aterrizaje a dar la bienvenida al General.

Los periodistas entrevistan a Sandino quien les reafirma nuevamente "...que la Guardia Nacional es inconstitucional y por eso no le entregaría nunca sus armas...", una noticia muy desagradable para el Jefe Director de la Guardia Nacional, el Mayor General Anastasio Somoza García, pero quien no le demostró hostilidad alguna a Sandino, ya que tenía otros planes maquiavélicos para Sandino.

El Presidente Sacasa ofrece otro banquete el sábado 17 de febrero a los principales generales sandinistas. Todo fue tan cordial que hasta Sandino y Somoza se abrazaron y se tomaron fotos que se hicieron famosoas, poniendo ambos sendas dedicatorias.

El domingo 18 de febrero, en la noche, estaba Sandino en la Casa Presidencial y llegó en ese momento el general Somoza. Había por allí un ejemplar del diario «La Noticia» de ese día, cuyo editorial decía que Sandino y el jefe de la Guardia estaban de acuerdo en cuanto a la constitucionalización de ese cuerpo militar.

Se leyó el artículo y Sandino dijo: "está bien. Ahora solo falta que esa unión sea de modo que no se olvide que la desunión la pueda aprovechar nadie en contra del país". Inmediatamente abrazaron a Sandino al oírle hablar así. Ya el general Somoza lo había abrazado pocos momentos antes al encontrarse.

Ese mismo día se cruzaron dos cartas convenidas entre el Presidente y el General Sandino, en que se fijaban la forma de cumplir con las garantías ofrecidas. La del General Sandino, que fue la primera, redactada por él mismo en la Casa Presidencial, dice así:

«Managua, 18 de febrero de 1934.

Excelentísimo señor Presidente de la República,

Doctor Juan B. Sacasa. Casa Presidencial.

Excelentísimo señor Presidente: Como usted tiene presente, en los Convenios de Paz firmados el 2 de febrero de 1933 entre usted y yo, con las asistencias de las delegaciones de los partidos Conservador y Liberal Nacionalista y de cuatro delegados del suscrito, en mi carácter de Jefe Supremo del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, se estipula en el artículo dos del referido convenio que los partidos Liberal y Conservador señalarían como puntos capitales de sus respectivos programas políticos, el respeto a nuestra Constitución y leyes fundamentales de la República y en mantener por todos los medios racionales y jurídicos el resplandecimiento en toda su plenitud de la soberanía e independencia política y económica de Nicaragua.

Comprendo pues, señor Presidente, que el partido Liberal ha llegado al poder encontrando muy estrecha la independencia política y económica del país y que por esta misma razón de no independencia es que existe una institución militar apolítica en Nicaragua, con reglamentos extraños a nuestra carta fundamental.

Comprendo sus fervientes deseos de encauzar el país dentro de nuestras leyes; pero que hay el inconveniente de la existencia, o sea el de la Guardia Nacional, con formas y procedimientos inconstitucionales y el resguardo de emergencia.

Que usted tiene en el Río Coco, al mando de los generales Francisco Estrada y Juan Santos Morales; fuerza ésta que es constitucional desde el momento que es puesta por usted en su carácter de Presidente de la República y comandante general y que está al arbitrio de usted para su continuación o no.

Sin embargo, señor Presidente, como en los mismos convenios hay la obligación de su parte de dar garantías eficaces a la vida e intereses de todos los hombres que militaron a mis órdenes en la recién pasada campaña que sostuvimos contra las fuerzas interventoras de Estados Unidos en Nicaragua, y ya que esa indispensable garantía no podía realizarse sin corregir la forma y procedimientos legales de la Guardia Nacional, deseo reiterar a usted las pruebas de mi cooperación franca y leal, en los casos que en alguna forma pueda yo contribuir al mantenimiento de la paz.

Con el propósito de que usted, por parte de la gente que militó conmigo, no tenga ninguna dificultad para el desarrollo de su programa de gobierno y de ofrecerle asimismo las facilidades para que reglamente la forma y procedimientos de la Guardia Nacional de acuerdo con la constitución de la República, influiré en el ánimo de los hombres que integraron mi ejército, a fin de que unánimemente demos a usted un voto de confianza en el sentido de fortalecer su autoridad y pueda hacer más eficaces las garantías a que nos dan derecho los Convenios del 2 de febrero de 1933 y pueda también durante un tiempo determinado verificar la reglamentación de la Guardia Nacional.

Lo básico de esta carta será saber de usted la manera de garantizarnos, tanto la constitucionalización de la Guardia como los otros modos de garantizar la vida e intereses de todos de todos los hombres, quienes militaron a mis órdenes durante la reciente pasada campaña que sostuvimos contra las fuerzas interventoras.

De usted muy atento servidor.

Siempre mas allá.

A. C. Sandino»

El Presidente le contestó así:

Casa Presidencial. Managua. 20 de febrero de 1934.

Señor general Augusto C. Sandino. Ciudad.

Estimado general:

Impuestos de los conceptos de su atenta carta de ayer, me complace manifestarle, desde luego, que estoy de acuerdo con usted en el objetivo altamente patriótico del Convenio de Paz que suscribimos a 2 de febrero de 1933, con la intervención directa de los delegados de los partidos conservador y liberal nacionalista de la República.

Aunque la apreciación personal de usted difiere sustancialmente con la mía sobre varios puntos de que trata en su carta, no considero el caso entrar en detalles específicos. Puesto que, por otra parte, abundo en buena voluntad para satisfacer amplia y razonablemente los deseos de usted en todo lo que propenda a mejorar el funcionamiento de la Guardia Nacional, creada para el sustentáculo de las instituciones de la República, y para dar eficaz garantía a todo nicaragüense, sin distinción de ninguna clase, al amparo de las constituciones y las leyes.

Precisamente, un régimen de justicia por parte de la autoridad, y una vida ordenada, de paz y de trabajo por parte de sus habitantes, son indispensables para la conservación y resplandecimiento pleno de nuestra autonomía nacional.

Por eso me he encontrado siempre dispuesto o más bien dicho decidido a poner mi contingente en el propósito de que la ley orgánica y reglamentos de la Guardia Nacional se corrijan en breve, lo cual se realizará dentro del primer semestre de este año, para amoldarlos a la constitución y al sistema administrativo legalmente establecido en el país.

Me doy el gusto de manifestarle, que mientras se llevan a la práctica esas necesarias reformas y para inspirar mayor confianza en el ánimo de usted, mandaré a los departamentos del Norte un delegado del Ejecutivo y de la Comandancia General, a cuya orden directa estará la fuerza pública de aquella región, y a quien daré el encargo especial de recoger todas las armas que se hallan fuera de control del Gobierno, así como el de atender con solicitud a la protección de los hombres que militaron bajo las órdenes de usted.

Con el mayor agrado le dirijo esta carta en forma de satisfacer a los deseos expresados por usted, por la actitud patriótica que se ha demostrado inquebrantablemente desde que firmamos el Convenio de Paz, y también por las manifestaciones espontáneas que me ha hecho en cuanto al fortalecimiento de mi autoridad, las que agradezco muy sinceramente.

De usted atentamente,

Juan B. Sacasa

El día lunes 19 de febrero Sandino envía otra nota al Presidente doctor Sacasa: reiterándole que la Guardia es inconstitucional. La cuestión a resolver, casi única, pero que era fundamental y legal y que por lo mismo no constituía una exigencia, era la manera como el Presidente se pondría en condiciones de hacer efectivas las garantías ofrecidas. En esas pláticas de paz, Sandino exige garantías para los combatientes que pelearon defendiendo la soberanía nacional mancillada por los invasores, apoyados por algunos traidores y entreguistas nicaragüenses. Sandino en forma clara le decía al Presidente Sacasa: "la Guardia los está aniquilando a pesar de haber un compromiso de alto al fuego y respeto mutuo, pero si esto continúa volverán a coger las armas los combatientes".

Mientras se verificaban las conferencias, los reporteros de los periódicos asediaban a Sandino pidiéndole entrevistas. Algunos de esos reporteros tenían el propósito de producir sensación en interés de la venta diaria y así no se cuidaban de la exactitud de los conceptos vertidos por él, ni de escribir todo lo que les decía. El interés era presentar el choque entre Sandino y la Guardia, lo cual le daba sensación a las ediciones. Sandino les decía, por ejemplo: "Muchos me invitan a la Revolución y yo digo que el que quiera guerra, que la haga; la paz es necesaria al país y no seré yo quien la altere. Oigo hablar aquí de gente sin trabajo. Me río de eso, cuando allá está la riqueza en las manos; hay que irse a aquellas montañas a recogerla". Pero esto no lo publicaban.

Aunque sí hubo un periódico que publicó que Sandino había dicho que en Nicaragua existían tres poderes: el Gobierno, la Guardia y él. Cuando eso salió publicado, el General dijo: "No vuelvo a darle reportaje a ese (periódico), que pone las cosas como le gustan". Sandino mal podía expresar tales palabras que difundió ese diario, cuando en las entrevistas con el Presidente le decía: "Yo no tengo que ver en que haya Guardia Nacional o no, ni en las personas que la dirijan; yo mismo como ciudadano que soy, estoy obligado a pagar los impuestos para mantener el ejército o la Guardia, o como se llame; lo que quiero únicamente es que se nos den las garantías constitucionales y que se constitucionalice la Guardia". Por constitucionalización de la Guardia Sandino lo que quería dar a entender es que el Presidente de la Republica, como comandante general, la mandara directamente y de verdad.

Mr. Arthur Bliss Lane

Mientras tanto, la embajada norteamericana por medio de su Ministro (embajador) Arthur Bliss Lane, informa a su gobierno: "que su Agente Consular norteamericano en Matagalpa Sr. John A. Willey le dice que hay mucho temor en las Segovias con respecto a los futuros movimientos del General Sandino y que las actividades del bandolerismo podrían interferir en los embarques de café y la posibilidad de un ataque a Matagalpa con el propósito de saquearla".

El martes 20 de febrero el General Sandino fue nuevamente a la Casa Presidencial con sus asesores y el doctor Leonardo Arguello Barreto, Ministro de Relaciones Exteriores, en representación del Presidente Sacasa. El General Sandino –en presencia del Ministro Diplomático norteamericano Arthur Bliss Lane– dijo a los periodistas algo que no le gustó al diplomático Lane: "A Estados Unidos le gustaría sacarme de la región del Río Coco, a fin de que la tierra allí pueda caer en manos norteamericanas y servir como fuente de abastecimiento alimenticio en caso de una guerra".

El miércoles 21 de febrero se hizo público el arreglo de la cuestión segoviana y los diarios pidieron copias de las cartas para publicarlas. De la Casa Presidencial consultaron al General Sandino de su opinión y este contestó que no veía inconveniente en darlas. Tenía dispuesto ir al otro día a Niquinohomo a ver a su mamá y en la tarde fue a la Casa Presidencial a verificar una gestión a favor de su amigo, el doctor Escolástico Lara. Se le facilitó un automóvil de la Secretaría de Agricultura y poco después de las cinco de la tarde llegó acompañado del propio señor Lara, de su padre don Gregorio y de los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor.

Pocos minutos después salió el Presidente y en torno de Sandino se hizo una rueda de amigos distinguidos. El héroe segoviano hablaba con buen humor; refería episodios de la guerra constitucionalista que todos oían con agrado por la manera interesante con que se expresaba. El Presidente lo invitó a comer y todos fueron a la mesa, menos el doctor Lara, quien tenía urgencias profesionales. En la mesa, Sandino estuvo siempre alegre y ocurrente. Observando bien, decía, "hemos adelantado mucho, porque antes los presidentes salían del poder para el destierro, y ahora todos están aquí: don Bartolo, el general Moncada, el General Chamorro. Solamente don Adolfo Díaz no está, pero no porque nadie se lo impida".

El complot para asesinar a Sandino

Mientras los Generales Sandinistas cenan pacíficamente con el Presidente doctor Juan Bautista Sacasa, confiándose de la Paz firmada días antes, en la oscuridad de la noche los implicados en el complot finalizan sus últimos pormenores.

Terminada la cena, hablaron de la formación de una Compañía para explotar lavaderos de oro en la región del Río Coco; se trazaron sus bases y la escritura pública de sociedad la cual iba a autorizar el doctor Alejo Icaza Icaza el día que regresara de Niquinohomo el General Sandino. Serían las diez de la noche cuando salieron de la Casa Presidencial. El doctor Sacasa despidió al General Sandino con un abrazo; el General Portocarrero hizo lo mismo, y el señor Calderón Ramírez, ambos invitados por Sandino para que lo acompañaran, pero Calderón manifestó, conjuntamente con el Presidente, que se quedaban para esperar al General Somoza con quien arreglarían los detalles de sus futuras funciones de Delegado del Ejecutivo en las Segovias, pues él (Calderón) era el designado de acuerdo con el arreglo convenido.

El doctor Federico Sacasa, hermano del Presidente, con toda amabilidad fue a despedir a Sandino y sus acompañantes hasta la puerta de la salida y luego entraron en el auto: en la parte trasera tomaron asiento el General, don Gregorio Sandino y el Ministro de Agricultura y del Trabajo don Sofonías Salvatierra; en la parte delantera, con el chofer, los dos ayudantes, generales Estrada y Umanzor.

Descendieron de la Loma de Tiscapa, en donde estaba la Casa Presidencial, sin ninguna novedad, hasta que llegaron hasta el pie de la colina donde estaban las garitas del Campo de Marte, en una de las cuales, en la del Hormiguero (cárcel), en un trecho en que las luces no disipan la oscuridad, el auto fue detenido por un pelotón de 15 guardias, dirigidos por el teniente Lizandro Delgadillo quien fingiendo ser alistado, gritó: "¡Párese este carro! ¡El que levante las manos lo tiran! –lo repitió tres veces– Todos a tierra". Se bajaron y todos entregaron sus pistolas, menos don Gregorio y Sofonías porque no andaban, mientras tanto el sargento Emilio Canales con una ametralladora Thompson simula arreglar un carro.

La señorita Maruca Sacasa Argüello, hija del Presidente Sacasa, venía en otro automóvil detrás de Sandino. Ella fue testigo de su detención. Le dijo a los militares que el General venía de cenar con su padre; al comprobar que era inútil, volvió a Casa Presidencial a informar a su padre. Preocupado, el doctor Sacasa inmediatamente llamó al Campo de Marte, pero por órdenes del General Somoza, sus llamadas no fueron atendidas.

Momentos después entró un pelotón de guardias y el jefe que lo comandaba, dijo dirigiéndose a Sofonías: "Usted y el señor Sandino (don Gregorio) quedan aquí hasta segunda orden y los otros van con nosotros". A lo que Salvatierra le preguntó que si eso era orden del Presidente. Esta pregunta tenía por objeto recordarles la autoridad del Comandante General, que la estaban haciendo pedazos.

Al oír esto Sandino dijo: "No, es orden militar y esa se acata inmediatamente" y marchó sin tardanza seguido de Estrada y Umanzor. Don Gregorio y Sofonías quedaron siempre de pie. en medio del patio. Al rato, un guardia les llevó asientos.

En las cárceles del hormiguero dejan a Don Sofonías y a Don Gregorio, al resto se los llevan en un camión con destino desconocido. Mientras tanto los militares Policarpo "el coto" Gutiérrez, López Barrera y Davidson Blanco toman como cuartel del Campo de Aviación, próximo a la casa de Salvatierra quienes después de rodearla la ametrallan durante 15 minutos en forma indiscriminadamente, muriendo peleando en el operativo el Coronel Sócrates Sandino que no había ido a la cena y un niño inocente, criadito de don Sofonías que jugaban en la puerta principal, resulta herido el yerno del Ministro Salvatierra Sr. Rolando Murillo. Lograron escapar por la parte de atrás de la casa al terminársele el parque, el Coronel Santos López quien resulta herido en el intercambio de disparos y el Capitán Juan Ferreti que andaba de visita en el Hotel Anaya y llegaba al lugar de los hechos, huye a Costa Rica donde posteriormente dio declaraciones sobre los hechos.

Mientras tanto, en el camión de la Guardia el capitán Delgadillo y el subteniente Carlos Eddy Monterrey, con diez alistados, llegan a su destino a la parte oriental del Hospicio Zacarías Guerra, en un lugar desolado llamado "Campo Larreynaga".

En los últimos momentos de su vida el General Sandino, de pie, con las manos en los bolsillos, declaró: "Mis líderes políticos me embaucaron".

Se dice que el capitán Delgadillo debía dar la orden, pero tuvo escrúpulos por ser hermano masón de Sandino y no quiso presenciar la masacre, poniendo en manos del subteniente Monterrey el mando del pelotón, pero Delgadillo hizo un disparo al aire en señal que autorizaba a aquél a hacer fuego.

Una bala penetró en la cabeza del héroe y otra en el corazón. Ya muerto, a Sandino le quitaron parte de su ropa, su reloj, una leontina de oro y un anillo de brillantes.

El resto de los generales recibieron una lluvia de balas.

Mientras tanto, en la prisión "El Hormiguero" su padre Don Gregorio Sandino, al escuchar los disparos, dijo: "....Ya los están matando. El que se mete a redentor, muere crucificado".

Sócrates SandinoEn la foto, Sócrates Sandino.

Los cadáveres fueron montados al camión de la Guardia y los llevaron al asalto a la casa del ministro Salvatierra. Juntaron sus cuerpos con los de los sandinistas que ahí asesinaron. Luego los trasladaron a un predio en las cercanías del Aeropuerto Xolotlán y los lanzaron a una fosa común. Ahí quedaron sepultados los cuerpos de los generales Augusto Cesar Sandino, Juan Pablo Umanzor, Francisco Estrada, Sócrates Sandino y un niño inocente, asesinado en el asalto a la casa de Salvatierra. Levantó el acta el teniente Domingo Ibarra Grijalba en su carácter de Oficial de Leyes de la GN. (Años más tarde, Grijalba escribió el libro "Sandino o el calvario de la Segovias", pero Somoza lo expropió y lo hizo suyo, como si fuese el autor).

Testimonio de don Gregorio

En un documento poco conocido, don Gregorio Sandino López hizo pública su versión sobre los trágicos acontecimientos sucedidos la noche del 21 de febrero de 1934, a pesar de existir la más estricta censura en Nicaragua en todos los órdenes de comunicaciones para evitar que el mundo supiera como fue asesinado el General Sandino. Días después, el diario "Panamá América" logró obtener exclusivamente copia literal de esa declaración del padre de Sandino.

El documento dice textualmente lo siguiente:

En la ciudad de Managua a las doce y quince minutos de la tarde del día 24 de febrero de mil novecientos treinta y cuatro, se presentó el Señor Gregorio Sandino López, casado, mayor de edad, agricultor del departamento de Masaya.

Ante el Capitán Joaquín Rivas S., Guardia Nacional, Presidente del Consejo de Investigación nombrado por el Jefe de División de la Guardia Nacional, en relación con los deplorables hechos ocurridos la noche del veintiuno de febrero del presente año. Previo juramento declara que:

Sandino, su padre, sus hermanos y amigos de la familia paterna.

"El veintiuno de febrero de los corrientes venimos aquí a la Casa Presidencial mi hijo Cesar Sandino, el Ministro Salvatierra, el General Juan Pablo Umanzor y el General Francisco Estrada, de haber arreglado lo pertinente a una Compañía Minera Nicaragüense para explotar el oro en Wiwilí, invitó al señor Presidente para que nos quedáramos con él y su familia. Como a las diez de la noche, poco más o menos, dispusimos irnos para la casa del señor Salvatierra donde estábamos hospedados, pensando ir al día siguiente para Niquinohomo, lugar de nuestra residencia, y de vuelta pasar firmando las escrituras de la Compañía Minera Nicaragüense y enseguida mi hijo el General Sandino y sus compañeros, cuando íbamos enfrente del portón del Campo de Marte, que estaba frente al Colegio de los Hermanos Cristianos, nos sorprendieron de pronto como diez o más guardias nacionales con ametralladoras diciéndonos que no nos moviéramos, porque el que se moviera era hombre muerto.

Entonces mi hijo César Augusto y los demás que íbamos, no me fijé si el señor Salvatierra hizo lo mismo, levantamos las manos y mi hijo Cesar Augusto ordenó que dejáramos que ellos quitaran las armas, porque él no ensuciaba sus manos, y así fue que ellos las quitaron. A continuación ordenaron que echáramos pie a tierra, todos menos el chofer quien quedó en el carro y entonces los guardias quitaron dos maletas pequeñas que llevábamos en el carro y nos condujeron al Hormiguero o cuartel. Estando allí nos pusieron a todos en fila y prepararon todos las ametralladoras las pusieron bala en boca, apuntándonos y entonces mi hijo Cesar Augusto les habló a los guardias diciéndoles: "Dígale por teléfono al General Somoza que porque me manda a fusilar, pues yo los quiero a todos ustedes como a mis hermanos, pues son nicaragüenses y yo también y luché por sacar al invasor o interventor y cuando logré que hubieran desocupado el país, vine a hacer la paz y ahora estoy haciendo o formando una compañía anónima minera para ir a trabajar allá en las regiones de Wiwilí, para que tengamos oro y tengamos trabajo para todos los que quieran irse a trabajar allá, pues aquellos minerales son muy riquísimos. Dígale más: que él me ha declarado que es mi amigo, pues así me lo demostró cuando me fue hacer un visita a casa del Ministro Salvatierra y yo correspondí igualmente yendo a su casa a pagarle la visita cambiando retratos con dedicatorias y otras cosas más. Que hace como cinco días que nos encontramos en Casa Presidencial, yo le daba la mano y él me dijo que no era la mano sino un abrazo fraternal y acto seguido me abrazó fuertemente diciéndome que los dos estaban identificados para conciliar la paz en Nicaragua y trabajar por la prosperidad de ella».

El Teniente López, que era el que estaba con nosotros, le obedeció y fue al teléfono y después que habló con Somoza llegó donde estábamos parados y ordenó que el Ministro Salvatierra y yo quedáramos parados en el mismo lugar y que Augusto, Estrada y Umanzor fueran conducidos para la puerta de salida y quedé escuchando el ruido cómo caminaban con dirección al Oriente, como quien va para la iglesia del Perpetuo Socorro.

Que a continuación nos brindaron asiento al señor Salvatierra y a mí, allí en el patio donde estábamos parados, pero a continuación volvió el Teniente López solo, que venía muy fatigado, quitándose la corbata y diciendo que había corrido como siete kilómetros.

Cuando se oyeron los primeros disparos al lado Oriente, le dije al señor Ministro Salvatierra: "están fusilados Augusto, Umanzor y Estrada" ese fue mi presentimiento, a continuación oí la segunda disparadera y entonces dije "están matando a Sócrates, a Ferretti y al Coronel Santos López" y cuando en medio de la excitación nerviosa estaba dije: "pero no importa, ya mis hijos cumplieron con su misión que era lo que tenían que cumplir y yo les había dicho que el que a Redentor se mete, crucificado muere y que no esperaran recompensa alguna".

Enseguida llegó el Ministro Americano (Mister Arturo Bliss Lane), como a la una y media de la noche allí al Hormiguero y nos saludó diciéndonos que llegaba a sacarnos y cuando salíamos, dijo el señor Ministro Salvatierra al Teniente López que si íbamos libres o íbamos presos, todavía; a lo que él contestó que estábamos libres; entonces el señor Ministro Americano, nos montó en su carro y nos llevó a la legación Americana (Embajada Norteamericana). Después que nos brindó asiento, nos preguntó cómo había ocurrido y yo se lo referí a él así como lo estoy declarando a ustedes, entonces el señor Ministro Salvatierra le pidió permiso para hablar por teléfono con la casa Presidencial y el señor Ministro Americano, procedió gentilmente dando el aparato telefónico para que hablara, entonces el señor Presidente le dijo que nos fuéramos para la Casa Presidencial.

En vista de eso el señor Ministro Americano nos brindó su carro y acompañado por él y su secretario Mister Damels vino a dejarnos, ahí quedamos hasta la hora en que nos han atendido, tanto el señor Presidente como su apreciable familia y los amigos que nos han venido a visitar".

Interrogado al señor Gregorio Sandino si reconocía a alguno o algunos de los guardias que los capturaron en el Portón frente al Campo de Marte contesto: "el que nos aprendió era un cabo porque así me lo dijo el señor Ministro Salvatierra por la insignia que portaba sin llegar a saber su nombre ni número"

Preguntado el mismo señor Sandino si ya en el Hormiguero reconoció algún guardia u oficial contestó: "que reconoció a un Teniente López porque así lo llamaban sus subalternos que no le supo su nombre, pero que no es el Teniente López de Jinotega porque a este él lo conoce".

Preguntando si fue maltratado por la guardia en su persona contestó: "que nadie le maltrató y que más bien fue tratado con consideración durante su permanencia en el Hormiguero".

Declara que ha dicho la verdad la rectifica y firma entre líneas y vale».

Masacre en Wiwilí

Desarme de las tropas sandinistas tras la firma de los acuerdos de paz, en 1933.Desarme de las tropas sandinistas tras la firma de los acuerdos de paz, en 1933.

Días después del asesinato de los generales Augusto C. Sandino, Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y Sócrates Sandino, el General Somoza García ordena a la aviación y a la GN, atacar y arrasar el Campamento Agrícola y Minero de Sandino en Wiwilí llamado "Luz y Sombra". Ahí había centenares de campesinos reconcentrados por Sandino junto con sus mujeres e hijos. Al frente estaba el Coronel Abraham Rivera Rivera y el General Ramón Raudales. El ataque fue una terrible carnicería con un saldo de más de 300 familias asesinadas. El Coronel Rivera y el General Raudales logran evadir el cerco y salvar sus vidas.

Durante varios meses, la Guardia Nacional con 500 efectivos se dedicó a "limpiar" la zona donde operaban las fuerzas sandinistas. Los "valientes pacificadores" estaban al mando del coronel Rigoberto Reyes, mayor Alberto Baca, capitán Hermógenes Prado, teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa), teniente Rodolfo Dorn y otros de menor rango. Seguido de esta matanza, el General Somoza ordenó a sus subalternos que ejecutaran al instante a todo sandinista que encontrasen en cualquier lugar y lo mismo a todos aquellos que les ayudasen dándoles refugio y comida.

El campamento de Sandino fue saqueado por la Guardia Nacional. Lo guardias se apoderaron de gran parte de los archivos del Ejército de Sandino y estos más tarde fueron utilizados en el libro que el Teniente Grijalba le hizo a Somoza en 1936, llamado "El Verdadero Sandino". (Toda la documentación capturada por la Guardia entre (1927-1932), fue llevada a los Estados Unidos cuando los marines desocuparon Nicaragua y actualmente se encuentran en la "Sección de Documentos Navales de los Archivos Nacionales en Washington" y en los "Archivos del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos en Washington", muchos de estos documentos han sido publicados también en "Marine Corps Gazette" y en los llamados "Papers Relating to the Foreign Relations of the United States." y pueden ser vistos en la actualidad en una página de Internet llamada "The Sandino Rebelion in Nicaragua 1927-1934", cuyo propietario, el profesor Michael Schroeder, nos ha autorizado reciente a hacer uso de esos documentos).

Según relatan los familiares de Sandino, días más tarde de la masacre, a pocas millas del campamento, el coronel Rivera, agotado de andar huyendo sin armas y sin hombres,  se encontraba en el río Yamales en compañía de su esposa, Petrona Irías, y de varios acompañantes. Es capturado por el coronel de la GN Rigoberto Reyes y por el mayor Alberto Baca y lo fusilan en el acto junto con su esposa y demás acompañantes siendo enterrados en un lugar llamado "Playa Hermosa".

Algunos de los hombres del General Sandino: Marcial Rivera Zeledón, Tomás y Germán Blandón (hermanos del General Pedro Blandón y de Vicente) fueron perseguidos implacablemente y asesinados por patrullas de la Guardia Nacional al mando entre otros, del Teniente Edmundo Delgado (Juan Matagalpa) y sus hombres.

El General Pedro Altamirano (Pedrón) se internó en la montaña a pelear por su cuenta por siete años hasta que fue también muerto por asesinos pagados por la GN. Casi todos los miembros del Estado Mayor Sandinista fueron muriendo asesinados uno tras otro, siendo el último el General Ramón Raudales que muere en 1958 en un movimiento armado en contra del gobierno de Luis Somoza D. Los Somoza de esa manera sientan y afirman las bases de su Gobierno dictatorial en Nicaragua."....Sin embargo los norteamericanos al terminar la guerra admitieron públicamente haber sido derrotados por el General Sandino...."

El general, en el centro, rodeado de miembros de su estado mayor. La fotografía fue registrada en San Rafael del Norte durante las negociaciones de paz en 1933.

Quienes mataron a Sandino

Según el testimonio de uno de los participantes en este crimen, el teniente Abelardo Cuadra Vega, escribió años después cómo se había planeado todo:

«El día miércoles 21 de febrero de 1934, como a las cuatro y media de la tarde, mientras dirigía el entrenamiento de unos boxeadores en el ring del "Campo de Marte", se le acercó el subteniente César Sánchez (primo del general Somoza) y le dijo: "dice el General Somoza, que te espera en su oficina a las seis de la tarde" y añadió: "se trata de un asunto de mucha importancia que el General quiere tratar con algunos oficiales". Y se marchó.

Con reloj en mano, cinco minutos antes de las seis de la tarde llegó a la oficina del General Somoza en el Campo de Marte, donde encontró reunidos a un grupo de oficiales. Llegó completamente ajeno a lo que iba a tratarse, pero en cuanto escuchó las primeras palabras y opiniones que salían de los corrillos formados en la oficina, se dio cuenta que se trataba de solucionar las dificultades existentes entre el General Sandino y la Guardia Nacional.

El General Somoza no llegó sino hasta las seis y cuarenta y cinco de la tarde. A su llegada hicimos silencio y nos sentamos en semicírculo. Somoza, detrás de su escritorio, nos habló así: "Les he mandado a llamar por ser ustedes oficiales de mi entera confianza y para someterles a sus consideración la solución que debe darse a las dificultades que existen entre la vida del General Sandino y la vida de la Guardia Nacional. Yo vengo ahora mismo de la Embajada Norteamericana y he presentado al Ministro Arthur Bliss Lane, este mismo problema y él me ha prometido su apoyo incondicional".

Alguien de los presentes dispuso que se hiciera un acta firmada por cada uno de los asistentes y así se realizó. Se sabe que se redactaron dos actas: la primera fue elaborada por el Capitán Francisco Mendieta, pero al leerse la misma el General Gustavo Abaunza objetó que ella estaba redactada de manera tan ambigua que parecía que era el Poder Ejecutivo quien ordenaba la ejecución que estaban planeando. Por tal motivo, se redactó una segunda acta y esta fue elaborada por el mismo General Abaunza, obedeciendo al cargo para el cual había sido colocado allí (Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional). Esta última acta fue aprobada por unanimidad, pues era más clara la responsabilidad directa sobre el Ejército.

Al momento de firmar el acta, el teniente Abelardo Cuadra observó que las firmas eran completamente ilegibles; y entonces propuso que todos, para asumir la responsabilidad consiguiente, pusieran su nombre en letras de molde bajo cada firma».

El acta en mención hasta hace muy poco fue considerada como un secreto de guerra, llamado "Pacto de Sangre" o conocido también como "La Muerte del César", en la que literalmente se puede leer lo siguiente:

"CUARTEL GENERAL, GUARDIA NACIONAL DE NICARAGUA

Managua, Nicaragua

Los suscritos, miembros del Estado Mayor de la Guardia Nacional y altos oficiales del mismo cuerpo

CONSIDERANDO

Que el país pasa por un momento de angustia proveniente del no-desarme de las fuerzas del General Sandino, quien se había comprometido a efectuarlo el 17 de febrero pasado, valiéndose de subterfugios o imposiciones que van en mengua del buen nombre del gobierno de la República y del Ejército que es la salvaguardia de las instituciones patrias;

CONSIDERANDO

Que no nos cabe el derecho de deliberar, pero sí de robustecer la acción de aquel que tenemos como jefe superior a fin de que él en sus procedimientos esté respaldado por la opinión unánime de los jefes y oficiales subordinados a su comando;

ACORDAMOS

Dar un voto de confianza al Jefe Director de la Guardia Nacional, General Anastasio Somoza, a fin de que sus gestiones se encaminen a sacar avante el buen nombre de la República, de nuestro eximio gobernante doctor Juan B. Sacasa y de la Guardia Nacional, único cuerpo armado de la República, que es el sostén de las instituciones nacionales.

Firmado de nuestra espontánea voluntad, en la ciudad de Managua, a los veintiún días del mes de febrero de mil novecientos treinta y cuatro a las siete de la noche.

1. General Anastasio Somoza García, Jefe Director de la Guardia Nacional;

2. General Gustavo Abaunza, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional;

3. Coronel Samuel Santos, Jefe de Operaciones e Inteligencia de la Guardia Nacional;

4. Mayor Alfonso González Cervantes, Jefe de la Pagaduría de la Guardia Nacional;

5. Capitán Lizandro Delgadillo, Jefe de la 15ª. Compañía de la Guardia Nacional;

6. Capitán Francisco A. Mendieta, Jefe de Abastos de la Guardia Nacional;

7. Capitán Policarpo Gutiérrez (alias el "Coto Gutiérrez"), de Servicio Temporal en Managua;

8. Capitán Carlos Tellería, Oficial Ayudante de la Guardia Nacional;

9. Capitán Diego López Roig, Jefe de la 17ª Compañía de la Guardia Nacional;

10. Teniente Federico Davidson Blanco, Oficial Ejecutivo de la 17ª. Compañía;

11. Teniente José Antonio López, Jefe de la Policía de Managua;

12. Teniente Ernesto Díaz, Segundo Jefe de la Policía de Managua;

13. Teniente Abelardo Cuadra Vega, Jefe del Segundo Batallón de la GN;

14. Subteniente César Sánchez, Oficial Ejecutivo de la Primera Compañía de la GN;

15. Oficial Carlos Zelaya

16. Camilo González Cervantes".

(Este último fue un empleado civil del Campo de Marte, amigo de correrías de Somoza, años más tarde nombrado General por Somoza en pago de sus servicios personales, por ciertas razones aún desconocidas).

El General Somoza García, un hábil asesino, que para protegerse e impedir que en el futuro alguno de los implicados quisieran negar su participación en el crimen, les hizo firmar el acta. Escogió para la ejecución del crimen a los Capitanes Lisandro Delgadillo y Policarpo Gutiérrez (apodado "el coto Gutiérrez", por haber perdido un brazo en la guerra contra Sandino) y a los Tenientes Federico Davidson Blanco y José Ángel López, quienes se reúnen a solas con Somoza.

Sandino rumbo a Veracruz, México, 1929.

La responsabilidad de Estados Unidos

Pero hoy sabemos la verdad, de todas formas. Hemos tenido nuevas evidencias sobre el involucramiento directo del Gobierno de Estados Unidos en este crimen, pues se trata de las afirmaciones del Coronel GN Francisco Solórzano Murillo, primo del joven Rolando Murillo Rivas, yerno de Sofonías Salvatierra, Ministro de Agricultura y del Trabajo del doctor Juan Bautista Sacasa, quien en declaraciones testimoniales relata los hechos que estremecieron al mundo ese 21 de febrero de 1934.

En ese acto criminal se conoce que fue herido en el abdomen este joven Murillo Rivas quien yacía en el suelo a eso de las 10:30 de la noche luchando por su propia vida con los ojos cegados de la abundante sangre que tenía en su rostro. Según las declaraciones del coronel Francisco Solórzano Murillo, estando en su beneficio de café y arroz que tenía en Masatepe, en el mes de febrero de 1934, recibió una llamada telefónica de Managua en la que se le dijo que su primo Rolando Murillo quería hablar con él antes de morir, pues le decían que estaba muy mal herido. Dice que salió inmediatamente para Managua el día 22 de febrero de 1934 y cuando llegó a la casa de la mamá del joven Murillo Rivas, lo llevaron a su cuarto y que Rolando le dijo:

«Has llegado a tiempo, pues dentro de poco me operan y ya no sé si hubiera podido hablar contigo. Quiero contarte que como a las ocho de la noche de ayer (21 de febrero) llegué a casa de mi suegro (don Sofonías Salvatierra) aunque ya se rumoraba que a César Augusto Sandino y a sus compañeros los iban a capturar en la casa de mi suegro. Encontré solo a Sócrates Sandino Tiffer, enfermo en los ojos, haciéndose unos remedios. De pronto apareció el capitán Juan Ferreti, y dijo: "acaban de capturar al General (Sandino), a sus compañeros y a don Gregorio, así es que vámonos antes de que nos agarren. Que en ese momento rodeaban la casa las patrullas de la Guardia Nacional. El capitán Juan Ferreti huyó saltando por una tapia vecina y Sócrates Sandino corrió a su cuarto. En esos momentos se oyeron disparos de ametralladoras por el lado de la Aviación y Sócrates dijo: "Ya mataron a César Augusto". Luego entraron los guardias a la casa y Sócrates sostuvo un violento tiroteo con ellos hasta que se le terminó el parque. Sócrates cayó muerto y yo (Rolando Murillo) caí mal herido de un balazo en el hígado. Cuando se terminó la balacera, se llevaron el cadáver de Sócrates y a mí (Rolando Murillo) me dejaron tendido en el suelo. Como el ministro americano (el embajador) Arthur Bliss Lane, llegara junto con las patrullas de la Guardia Nacional y andaba por ahí como inspeccionando el lugar, al pasar, cerca de mí, lo cogí de una pierna y le dije: "Señor Ministro, sálveme, yo soy civil, yo nada tengo que ver en estos asuntos". No me hizo caso y al dirigirse a la puerta de salida se encontró con el policía Meléndez, a quien le dijo algo mientras me señalaba con la mano. Enseguida se apareció un soldado de la Guardia Nacional el que me dijo: "Te voy a rematar". Yo le dije entonces: "¡no seas bárbaro! Tenés familia, tenés madre, tenés esposa, tenés hijos, pues todo eso tengo yo también". En ese momento llegó Santos Ramírez y me preguntó: "¿Qué te pasa?" "Me balearon y éste me quiere rematar". Entonces Santos me echó sobre su hombro y me llevó a su camioneta que le dicen "La Barata", me fue a dejar a la casa de mi madre. A Santos Ramírez lo echaron preso porque me debía haber entregado (entiéndase eliminado)».

En este momento entraron unos hombres con una camilla para llevárselo al Hospital, donde el eminente cirujano, doctor Rodolfo Espinoza R. realizó la delicada operación. Pero su primo, Rolando Murillo, murió varios días después, el 17 de Marzo de 1934, como a las 6 de la mañana, supuestamente por complicaciones de las heridas recibidas esa fatídica noche, y se llevó a la tumba el resto de la historia de aquel suceso sangriento. Esta versión fue desmentida por el propio primo del señor Murillo Rivas, el coronel GN Francisco Solórzano Murillo.

La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿qué hacia el propio embajador de los Estados Unidos de Norteamérica en esa fatídica noche, acompañado de guardias nacionales, solamente minutos después de perpetrado semejante crimen? No era lógico que este señor se encontrara de casualidad a altas horas de la noche en esa casa, la cual se encontraba en un lugar apartado en las afueras de Managua, frente a la iglesia de El Calvario, mucho menos en horas de la madrugada del 22 de febrero de 1934 en los cuarteles de la GN. Todo indica que este crimen no solamente fue planificado por el Imperio yanqui, sino que lo supervisaron quienes veían amenazados sus intereses en la región Centroamericana.

Arthur Bliss Lane fue designado embajador de Estados Unidos en Nicaragua el 31 de julio de 1933, en sustitución de Matthew Hanna. Arriba a Managua el 28 de Noviembre de ese mismo año y presenta credenciales el 7 de diciembre de 1933. Todo parece indicar que la decisión de eliminar al General Sandino fue tomada desde Washington.

Desde tempranas horas del día 21 de febrero de 1934, Bliss Lane sostenía incansables reuniones planificando este crimen. Después de una conversación telefónica con Somoza, ambos sostienen una entrevista personal en horas de la mañana. Luego Lane almuerza con Moncada. A las seis de la tarde de este mismo día, Somoza García se reúne con dieciséis oficiales de la guardia para ultimar detalles del plan criminal. Después, en horas de la tarde (6:00 pm), se le ve cerca de la Casa Presidencial corroborando la asistencia del General Sandino y sus generales; y cerca de las 10:30 de la noche del 21 de febrero se presentó en la casa de Don Sofonías Salvatierra. Pese a las extremas medidas de seguridad de los militares, él no tuvo problemas para llegar y ver al joven Murillo herido y desangrándose. La demostración de poder de Bliss Lane quedó expuesta cuando cerca de la 1:30 de la madrugada del día 22 llegó a El Hormiguero y se llevó en su carro a los señores Salvatierra y Sandino hasta la sede diplomática norteamericana. Más tarde los condujo a Casa Presidencial, donde el presidente Sacasa le pidió que mediara ante Somoza García, pues creía que se trataba de un golpe de Estado. Logró hablar con Somoza, quien le acompañó a Casa Presidencial. Fue testigo cuando aquél le dijo al Presidente que ignoraba todo lo acontecido, pues esa noche había estado en el recital de una declamadora peruana.

Por la mañana, a petición del Presidente Sacasa, Bliss Lane acompañó al campo de aviación al general Portocarrero y al doctor Salvador Calderón Ramírez, quienes partieron a El Salvador.

Los admiradores del "Héroe de las Segovias" sintieron su asesinato y muchos se expresaron en revistas y diarios. Entre ellos estaba el escritor y político mexicano José de Vasconcelos, que le había conocido cuando él visitó México en los primeros meses de 1930, quien el 1 de marzo de 1934 publicó lo siguiente:

"Asesinado fríamente, canallescamente muere el hombre que durante seis años realizó la hazaña increíble de tener a raya a un imperio. Conozco la leyenda negra que se ha tejido en torno a Sandino y aunque la creo en su mayor parte falsa, conviene recordarla para poder decir después que, a pesar de ella, Sandino es una de las más grande figuras de la historia Iberoamericana".

(*) Nieto del General Sandino. Síntesis editada de su trabajo publicado en el sitio Web Tortilla con Sal, el 12 de febrero de 2009.

Otra foto del Estado Mayor del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) en Mérida, Yucatán, 1929. De pie (izquierda a derecha): Capitán Rubén Ardila Gómez (colombiano), Capitán José Paredes (mexicano), General Augusto C. Sandino, capitán Gregorio U. Bilbert (dominicano). Sentados (izquierda a derecha): licenciado Froylán Turcios (hondureño) y el Coronel Farabundo Martí (salvadoreño).


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