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Agua, el lamento del futuro

Por Luis Beaton Fonseca, agencia PL. | 14 de Marzo de 2008 a las 00:00
Tal como el hombre trata de tener acceso hoy al petróleo, el agua debe convertirse en el futuro en uno de los productos más costoso y codiciado por el ser humano. Expertos y especialistas alarmados por la contaminación de las fuentes del preciado líquido lanzan a diario un pedido de auxilio, lo que no es extraño en Nicaragua, donde importantes espejos de agua como el Lago Managua o Xolotlán, son ya naturaleza muerta por la acción irresponsable de los humanos. No fuera de peligro está su hermano mayor, el Lago Nicaragua o Cocibolca, el mar dulce de los nicaragüenses, la mayor reserva de agua del país y de toda Centroamérica, que a diario recibe en sus aguas elementos contaminantes de la agricultura, la ganadería y las ciudades que se alzan en sus márgenes. Con sus ocho mil 624 kilómetros cuadrados de superficie, el embalse natural no sólo llama la atención por sus hermosos paisajes, sus archipiélagos paradisíacos, su rica flora y fauna. Sus aguas atraen también la atención de extranjeros que claman por su privatización. En un evento realizado esta semana en Nicaragua donde se analizaron los agentes y acciones contaminantes que afectan esa masa, no faltaron las advertencias de expertos acerca de que el agua será causa de guerras y valdrá más que el petróleo. Por ejemplo, el representante del Banco Mundial Joseph Owen, declaró que el encuentro era para saber cómo Nicaragua puede proteger este lago tan importante para el desarrollo económico y social. Dijo que "el agua será el motivo de las guerras en el futuro cercano, el precio del agua podrá llegar a superar el del petróleo de hoy". Cierto o no, para beneficio de los nicaragüenses uno de los organismos crediticios más importantes del mundo parece preocupado por los recursos de los nicaragüenses y se apresta a "ayudar" con 20 millones de dólares planes de saneamiento rural para proteger el Cocibolca. Por lo pronto, científicos, naturalistas y los más diversos sectores del país parecen preocupados por la situación y el deterioro de este mar particular de agua dulce propiedad de los nicaragüenses. Los tóxicos, el lodo y la presencia de plaguicidas en sus aguas, alarman a los expertos. Ya los nicaragüenses dudan de la salud y la calidad de sus aguas, en momentos en que aumentan los daños a causa del monocultivo, de la ganadería extensiva, de la industria y el turismo. Tal vez, en el futuro, algún humano no pueda calmar la sed en el Cocibolca y el grito de agua, agua, sea frenado por un cartel que alerte sobre un peligroso líquido contaminado.

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