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Agentes de la migra piden sexo y no dinero a los inmigrantes

New York. Diario El Tiempo, de Colombia. | 21 de Marzo de 2008 a las 00:00
"Quiero sexo. Una o dos veces. Eso es todo. Tendrá su "green card". No tiene que volver a verme", dice funcionario en la grabación que la víctima hizo con un celular y entregó a "The New York Times". "Los 16 minutos de grabación, que la mujer primero entregó al periódico y luego al fiscal de distrito de Queens, sugieren el vasto poder de los funcionarios de bajo nivel de inmigración, y la creciente desesperación de parte de los inmigrantes que están buscando estatus legal. El resultado, que incluye el arresto de un agente de inmigración la última semana, subraya la dificultad y el peligro de denunciar, incluso en el raro caso, cuando el abuso del poder puede haber sido registrado en una grabación", dice "The New York Times". El periódico identifica al agente (del servicio de inmigración), arrestado la semana pasada, como Isaac R. Baichu, de 46 años, quien irónicamente era un inmigrante de Guyana. Baichu manejó casi 8.000 aplicaciones a "green card" durante sus tres años como adjudicador de la oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración de Estados Unidos (United States Citizenship and Immigration Services), en Garden City, Nueva York, parte de Departamento de Seguridad Doméstica (Department of Homeland Security). "El agente le solicitó (cuando tuvo la entrevista para acceder a la "green card") el número del teléfono celular, y la llamó tres días después. Le sugirió -ella dijo-, que con su poder podría descarrillar su vida y deportar a sus familiares, aludiendo a un incidente que tuvo con agentes de aduanas (hace 15 meses), antes de su matrimonio con un ciudadano de Estados Unidos. Le solicitó atender a una entrevista en privado. A mediodía del 21 de diciembre (del 2007), en un carro parqueado en Queens Boulevard, él fijó su precio, sin darse cuenta de que lo estaba grabando todo en el celular en su bolso", dice el periódico. Cuando la mujer trató de dejar el carro, el funcionario la obligó a hacerle sexo oral para demostrar "que estaba hablando en serio". "A pesar de sus protestas, dijo ella, él siguió adelante", agrega. Baichu se declaró inocente de felonía y cargos de obligar en diciembre pasado a la colombiana (de 22 años) a hacerle sexo oral, y prometer ayudarla con sus papeles de inmigración a cambio de más favores sexuales. Si es condenado, enfrentará ocho años de cárcel. La agencia lo suspendió de su cargo y le suspendió el pago de su salario, y el inspector general de "Homeland Security" está revisando otros casos en los que está involucrado, dijo un vocero el miércoles. El periódico dice que nadie sabe qué tan extendido está el chantaje sexual, pero menciona otros casos de agentes acusados en Atlanta, Miami y Santa Ana, California. Esos casos incluyen a un adjudicador de inmigración de 60 años de edad en Santa Clara, California, que fue acusado de demandar favores sexuales a una mujer vietnamita de 29 años a cambio de aprobarle su solicitud de ciudadanía. El agente, Eddie Romualdo Miranda, fue absuelto del cargo de felonía sexual el pasado mes de agosto, pero fue declarado culpable de agresión menor y sentenciado a período de prueba. En Atlanta, otro adjudicador, Kelvin R. Owens, fue declarado culpable en el 2005 por asalto sexual de una mujer de 45 años durante su entrevista de ciudadanía en un edificio federal, y sentenciado a fines de semana en la cárcel por 6 meses. Y un agente de Inmigración y Aduanas responsable por transportar a una mujer haitiana a detención está esperando juicio por cargos de llevarla a su casa y violarla. Dinero, no sexo -dice "The New York Times"- es la moneda más común de la corrupción en inmigración, pero de acuerdo con un testimonio de Michael Maxwell, ex director de investigaciones internas de la agencia, en el 2006 ante el Congreso, más de 3.000 quejas de mala conducta de empleados quedaron sin ser investigadas por falta de personal, incluyendo 528 que involucran cargos criminales. "Los cargos contra Baichu, que llegó a ser ciudadano de Estados Unidos en 1991 y gana unos 50.000 dólares, parecen ser parte de un patrón más grande, de acuerdo con registros de gobierno y entrevistas", reitera "The New York Times". Maxwell, el ex jefe de investigaciones, le dijo al Congreso en el 2006 que la corrupción interna era "rampante", y que los empleados enfrentaban constantes tentaciones para cometer crímenes. El subalterno inmediato de Maxwell, Lloyd W. Miner, de 49 años, de Hyattsville, Maryland, se revela como un ejemplo. Fue sentenciado el 7 de marzo a un año de prisión por inducir a una mujer de 21 años de Mongolia a permanecer en el país ilegalmente, y la hospedó en su casa. La agencia dijo que ha triplicado su equipo de investigación desde entonces, y tiene 165 quejas serias pendientes. Pero dejó de publicar direcciones de correo electrónico y números telefónicos para denunciar tales casos, dijo la señora Jan Lane, jefe de seguridad e integridad, porque carecen de personal para escoger entre los miles de mensajes (la mayoría irrelevantes) que resultan. Los inmigrantes, dijo, deberían informar las transgresiones a cualquier autoridad en la que confíen. La historia de la mujer y lo que dice exactamente la grabación "The New York Times" describe a la colombiana como una mujer delgada que luce como una adolescente, que se había dedicado los últimos meses a ser niñera de sus familiares en Queens, y lloraba la muerte de dos de sus hermanos en Cali, y esperaba la estampilla en su pasaporte, una que le permitiera regresar a Estados Unidos si visitaba a su familia. "Vino a Estados Unidos con visa de turista en el 2004 y permaneció más tiempo del que se le había permitido. Cuando se casó con un ciudadano estadounidense hace un año, la ley le permitió "ajustar" su estatus ilegal. Pero a menos de que su solicitud a la "green card" fuera aprobada, no podría visitar a sus familiares o las tumbas de sus hermanos y luego reingresar legalmente a Estados Unidos. Si su solicitud era negada, enfrentaría deportación". Ella tenía otra razón para temer, y no solo por ella. El incidente que el periódico menciona con agentes de aduanas se produjo porque un conocido la contrató hace 15 meses a ella y dos de sus familiares (mujeres) en Nueva York para llevar 12.000 dólares en efectivo a un banco. Las tres mujeres, todas viviendo ilegalmente en el país, fueron arrestadas, aparentemente actuando en el marco de una investigación de lavado de dinero. "Después de determinar que las mujeres no tenían información útil, los oficiales las liberaron", dice "The New York Times". Por temor a que Baichu pidiera a agentes de inmigración detenerla junto con sus familiares por este caso, en lugar de llamar a la policía, la colombiana prendió la cámara de video de su celular, lo puso en el bolso y fue a encontrarse con el agente. Dos miembros de la familia dijeron que miraron ansiosamente desde sus carros parqueados en el mismo lugar mientras ella desaparecía detrás de vidrios polarizados del carro Lexus del agente. "Estábamos preocupados de que el tipo arrancara, se la llevara lejos y le hiciera algo", dijo una de las familiares en español. En la grabación, Baichu pone las condiciones con acento guyanés y estilo "casi paternal". "El no pediría mucho, dijo: sexo una o dos veces, visitas a su casa en el Bronx, quizás contacto con otros colombianos que necesitaran su ayuda con sus problemas de inmigración". En inglés vacilante, la mujer expresó su renuencia, y preguntó cómo podría ella estar segura de que él mantendría su palabra. "Si lo hago, es muy difícil para mí, porque tengo esposo, y estoy realmente enamorada de él", dijo ella. El agente insistió en que ella tendría que confiar en él. "Yo no te pediría hacer algo por mí si yo no puedo hacer algo por ti, ¿cierto?", dijo, y razonó, "nadie va a ayudarte por nada", haciendo notar que ella no tenía dinero. El agente se describió a sí mismo como un padre soltero de una niña de 10 años, diciéndole, "necesito amor, también", prediciendo, "te voy a gustar porque son un tipo simpático". Repetidamente, ella respondió "o.k.", sin convicción. En un momento él le agradeció por aparecer, diciendo, "sé que te sientes muy asustada". Finalmente, ella trató de salir. "Déjeme ir porque (sic) le digo a mi marido que vengo a casa", dijo ella. Él, repetidamente, muestra la grabación, pidió sexo oral. "¿Ahora mismo? ¡No! Protestó ella. "No, no, ahora no puedo". Él insistió, incluso enfatizó. "Vengo de un país diferente, también. Conseguí mi "green card" de la misma forma que tú", dijo él. Luego, dice ella, él la agarró. Durante un minuto mudo que sigue en la grabación, ella dijo, se rindió ante sus demandas por temor de que usara su autoridad contra ella. Luego de acudir al periódico, la colombiana tuvo cita con el fiscal de distrito de Queens. Allí, Carmencita Gutiérrez, una fiscal de distrito asistente, comenzó a monitorear las llamadas telefónicas entre el agente y la joven mujer, dijo un vocero. Cuando Baichu arregló encontrarse con la mujer el 11 de marzo en el restaurante Flagship en Queens Boulevard, los investigadores estaban listos. En la conversación grabada allí, de acuerdo con la denuncia, Baichu le dijo que él esperaba ella hiciera "lo mismo de la última vez", y le ofreció llevarla a un garaje o baño del negocio de finca raíz de un amigo de forma tal que se sintiera "más cómoda haciéndolo" allí. Baichu fue arrestado mientras salía de la comida y se dirigía a su carro, luciendo joyas de oro y diamante, dijeron los fiscales. Fue liberado después de pagar una fianza de 15.000 dólares. Su abogado, Rally Attia, dijo que él no tenía la autoridad de entregar o negar peticiones de "green cards" sin la aprobación de su supervisor. "The New York Times" concluye la historia contando que el esposo de la colombiana escucho por accidente una conversación de ella con un primo en la que se refería al caso, lo que la obligó a contarle toda la verdad. El esposo abandonó la casa hace un mes y aún no ha regresado. La "green card" no ha llegado. "Sigo esperando", dijo la colombiana de "The New York Times".

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