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Nica desempleado en Costa Rica mata a cuchilladas a su mujer

San José. Diario Extra. | 13 de Agosto de 2008 a las 00:00
Las constantes discusiones, los gritos que sobrepasaban las viejas paredes de lata de la humilde vivienda, eran el presagio de la trágica muerte ocurrida el martes al mediodía en Guardia, Liberia. La sangre manchó el cuerpo de María Mercedes Chévez, de 39 años, nicaragüense con muchos años de vivir en Costa Rica, adonde vino a buscar una mejor vida, más encontró un fatídico desenlace para sus días. Cuentan vecinos que el martes, como en muchas otras ocasiones, la mujer discutía con su compañero sentimental, un hombre identificado como José Alberto Díaz Obando, de 40 años y también nicaragüense. A Díaz últimamente se le veía agobiado por estar desempleado, pues vino al país a trabajar en las meloneras, pero en esta época lluviosa es difícil hallar trabajo en el campo en la zona de Guanacaste. Este tema condujo a discusiones recientes, pues la crisis económica que pasaba la pareja se apoderaba de todo. Eso abrió el espacio para que el martes vinieran los golpes, luego se escuchó en el barrio un gemido de agonía, seguido de un silencio sepulcral. El crimen se había consumado. Días de discusión Al parecer los problemas entre la pareja habían aumentado desde el fin de semana pasado. Según vecinos cercanos, los nicaragüenses estuvieron discutiendo el sábado y el domingo. La relación se les había escapado de las manos y cualquier tema era causa de discusión entre ambos, indicaron conocidos. Sin embargo no esperaban que el asunto terminara con muerte. Versiones extraoficiales indican que el martes, desde horas de la mañana, el hombre y la mujer bebieron licor dentro de su casa y eso provocó que volvieran a escena las discusiones del fin de semana. En la vivienda, ubicada a 200 metros de la delegación policial de Guardia, se desató la última confrontación entre Chévez y Díaz. Con un cuchillo de cocina el furioso hombre atacó a su mujer, sin piedad alguna le hundió el arma varias veces en el cuello, hombros y brazos hasta verla desvanecerse. Cegado por la ira, el nicaragüense se aferró a darle muerte a su compañera y nada lo detuvo en su acción criminal. La mujer trató de correr pero la muerte la topó en el pequeño patio de enfrente. Con el cuerpo de la mujer entre los brazos, Díaz reaccionó y quedó paralizado a la espera de los oficiales de la Fuerza Pública. Vecinos aterrorizados por el acontecimiento dieron aviso a la policía, que en cuestión de minutos llegó al lugar. Los uniformados encontraron al asesino con las manos ensangrentadas, con el cuchillo apretado entre los dedos y con la mirada perdida, cabizbajo, silencioso, como arrepentido de sus actos. Paramédicos de la Cruz Roja acudieron con la esperanza de encontrar a la mujer con signos vitales, sin embargo la agresión fue violenta y Chévez estaba sin vida cuando los socorristas llegaron. “Ella intentó atacarme con el cuchillo, yo me defendí, le quité el cuchillo y no medí lo que hice”, declaró el autor del crimen a las autoridades, al mismo tiempo que se entregaba.

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