El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, manifestó su preocupación por las dificultades surgidas en Nicaragua en la etapa de los cómputos de las elecciones municipales realizadas el domingo en todo el país, informó el organismo desde Washington en un comunicado.
Según ese documento, el máximo representante de la OEA dijo en ese sentido que "una de las ventajas de las Misiones de Observación es que permiten resolver las dudas en momentos en que los resultados son estrechos, como ocurrió en Nicaragua en las elecciones de 2006".
El Secretario General hizo un llamado a todas las partes “para que encuentren a través de diálogo un mecanismo superador de esta situación, cuyo agravamiento implicaría un serio retroceso para el proceso democrático”, insistiendo en que es necesario “que sean los criterios incluidos en la Carta Democrática Interamericana los que guíen el camino de la solución a esta controversia seria”.
Insulza señaló que la OEA siguió con atención el proceso de recuento aún en marcha e hizo ver que no habiendo sido invitada a observar estos comicios, la OEA no está en condiciones de emitir opinión sobre ellos.
El comunicado de la OEA no hace referencia al trabajo realizado por el Consejo Supremo Electoral, CSE, en estos comicios, apegado a la ley vigente y en la que el principal papel de observadores lo tienen a cargo los fiscales de cada uno de los partidos políticos en la contienda, que tienen participación en cada una de las más de 11,000 juntas receptoras de voto.
Insulza olvida «experiencia» OEA como observadores
El secretario general de la OEA en esta ocasión omitió referirse al papel que ha jugado esa organización en las elecciones anteriores en Nicaragua, recordadas el pasado sábado por el presidente Daniel Ortega, cuando por segunda vez se refirió a los comicios de 1996.
Ortega señaló que en 1996 el CSE presidido entonces por Rosa Marina Zelaya cometió un fraude total, en la que las boletas de votación y las actas de las juntas receptoras de voto fueron lanzadas a los cauces y las calles de Managua y otras ciudades, anulando de hecho la voluntad popular.
El líder sandinista recordó que en esa oportunidad "observadores electorales" como el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, el ex presidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Óscar Arias, y el ex secretario general de la OEA y ex presidente de Colombia, César Gaviria, entre otros, lo obligaron a aceptar ese fraude electoral.
Ortega apuntó que Carter, Arias y Gaviria se reunieron en privado con él el día después de esas elecciones, y admitieron que ante esas irregularidades en sus países se decidiría de inmediato la anulación de los comicios y convocar a una nueva elección, pero que eso no era posible en Nicaragua, porque podría surgir una amenaza a la paz, a sólo seis años de terminada la guerra.
Agregó que Carter, Arias y Gaviria le pidieron entonces "sacrificarse" por la paz en el país, y aceptar el resultado del fraude, para evitar un derramamiento de sangre, aunque todos estaban conscientes de que se habían cometido unas irregularidades tan grandes que difícilmente podrían explicarse.
No obstante, una vez que obligaron a Ortega a aceptar esos resultados en aras de la paz en Nicaragua, Carter, Arias y Gaviria posteriormente brindaron una conferencia de prensa en la que dijeron todo lo contrario a lo que expresaron al líder sandinista, y señalaron "algunos incidentes" e "irregularidades" que no deslegitimaban el proceso, que fue un fraude.