Si gana la derecha continuará la privatización de los servicios públicos, por Orlando Núñez Soto

El Nuevo Diario. | 4 de Octubre de 2006 a las 00:00
En la página de Opinión del diario La Prensa del día 27 de septiembre aparece un artículo del director del Institute of Economic Affaire de Londres, señor John Blundell, donde propone privatizar los bancos centrales. Este instituto fue instalado por el mentor del articulista, el economista Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974 y principal teórico del neoliberalismo. Citando a Hayek, el señor Blundell nos dice: "Hayek insistía que la moneda no tiene que ser creada por una autoridad única, sino que lo mismo que los idiomas, las leyes y la moral emergen y evolucionan espontáneamente. Hayek instaba a los empresarios a lanzar un movimiento en respaldo de la moneda libre". Ciertamente, Hayek, autor de Camino a la Servidumbre y de La Fatal Arrogancia o los Errores del Socialismo, entre otros, propone la privatización total a los niveles más impensables por liberal alguno. Recordemos que el liberalismo nació con varias tendencias en su seno: tendencia hacia el socialismo, tendencia hacia el anarquismo de derecha y tendencia hacia el neoliberalismo. La tendencia que hasta ahora subsiste con mayor éxito es precisamente el neoliberalismo. Inspirado en las tesis de Hayek para lanzar la revolución conservadora, el neoliberalismo se entrona en el Chile de Pinochet, la Inglaterra de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan, es decir, bajo gobiernos autoritarios de ultraderecha. Desde entonces, el neoliberalismo avanza en todo el mundo, impulsado por los organismos financieros internacionales (BID, BM, FMI), causando los estragos que ya conocemos. Uno de los pilares del neoliberalismo de Hayek es la privatización de todos los servicios públicos que el gobierno entrega a la población a cambio de los impuestos que el pueblo paga. Hayek propone acabar con los impuestos progresivos porque, según él, restringen la igualdad. Los impuestos progresivos son los que se cobran de acuerdo al ingreso de las personas, de tal manera que el que gana más, paga más. En Nicaragua, el neoliberalismo es bien conocido, quizás no tanto por los estudiosos de la economía, pero sí por el pueblo que padece los efectos de la privatización de los servicios públicos, entre ellos, la salud, la educación, la telefonía, la electricidad y el agua. Sin embargo, el señor Hayek no termina su lucha contra la intervención del Estado en la economía y en la sociedad con la privatización de los servicios públicos, sino que además insiste en que tenemos que olvidarnos de querer imponer la justicia social. No hay que ser tan arrogante, nos dice Hayek, y querer instituir la justicia social, pues ni siquiera Dios lo hizo. Para Hayek, la justicia social, igual que la moral, la ley y cualquier otra institución reguladora del orden deben de dejarse a la libre y espontánea evolución de la sociedad, puesto que las costumbres son más importantes que cualquier intento de intervenir sobre el libre albedrío de la gente. "El derecho protege la libertad, la ley la mata", dice Hayek. "Cualquier ley se convierte, sigue diciendo Hayek, en un instrumento de intimidación ideológica con el objetivo de conseguir el poder de la coerción legal". Sabemos que a los regímenes neoliberales lo que les interesa es el crecimiento económico a cualquier precio y al más corto plazo, incluso al precio de la destrucción de la naturaleza y del bienestar de la población, tal como lo están experimentado en América Latina en general y en Nicaragua en particular. Por supuesto que durante la contienda electoral nicaragüense de 2006 casi nadie habla de esto. Para los candidatos y discursos de la derecha, el neoliberalismo no aparece por ningún lado, todos los problemas se los achacan al pacto libero-sandinista. Si se dieran una vuelta por América Latina se darían cuenta que en el resto de países latinoamericanos no hubo revolución sandinista, ni pacto libero-sandinista y, sin embargo, los estragos sociales del neoliberalismo son iguales a los nuestros. En los discursos escuchamos que ofrecen más empleo y más atención a los pobres, tal como lo dijeron en las campañas anteriores, pero no se han comprometido a cambiar de estrategia económica. En otras palabras, si no lo hicieron en 16 años, no lo van a poder hacer ahora, sobre todo si mantienen las mismas políticas económicas. Ahora aparece el diario La Prensa enviándonos un mensaje del señor John Blundell donde nos conmina a privatizar el Banco Central: "El mundo, nos dice Blundell, está regido por la opinión de la gente. Ya es hora que cambie esa opinión de que los gobiernos son honestos y competentes custodios de nuestro dinero". A cambio de los gobiernos, los neoliberales nos proponen que todos los servicios públicos se los entreguemos a la empresa privada. Y como ya le dimos el negocio de la telecomunicación y de la electrificación, ahora quiere que le demos el Banco Central. Ciertamente que los gobiernos neoliberales están llenos de funcionarios corruptos, igual que está infectada de corrupción la empresa privada. La diferencia es que a un gobierno lo podemos cambiar, le podemos exigir, lo podemos presionar para que mejore el control de las cuentas públicas, pero frente a un empresario privado no podemos hacer nada, pues estaríamos violando la libertad personal o la libertad de mercado. Por lo tanto, habría que advertir a los votantes que de ganar la derecha neoliberal seguiremos recibiendo más privatización de los servicios públicos, incluyendo la emisión de nuestra moneda, para mayor gloria de la ganancia privada. Si los votantes todavía no saben quiénes son los partidos de la derecha, escúchenlos y fíjense si pregonan revertir la privatización de los servicios públicos, o si por el contrario continuarán con las políticas neoliberales dictadas por los organismos financieros internacionales.