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Hay señales que la democratización del Consejo Seguridad ONU deje ser utopía

Nueva York. DPA. | 21 de Febrero de 2009 a las 00:00
Hablar de la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU es hablar de un eterno proceso que empezó hace 15 años, que se ha convertido en la principal asignatura pendiente de las Naciones Unidas y que ahora parece recobrar un nuevo impulso. El panorama geopolítico ha hecho que muchos países pidan una renovación de un Consejo que se formó tras la Segunda Guerra Mundial. El órgano se creó con cinco miembros permanentes con derecho a veto y formado por los ganadores del conflicto: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. El Consejo lo completan diez miembros no permanentes que representan a las cinco regiones del planeta y que tienen carácter rotatorio. Ahora se habla de ampliar el órgano a 25 o 26 miembros. En un nuevo intento por tirar adelante la reforma, el jueves, los 192 estados miembros celebraron, por primera vez, negociaciones intergubernamentales. Algo que los países han definido como un momento histórico y como una nueva etapa en la que la reforma parece estar más próxima, gracias, según se preconiza desde la ONU, a la voluntad de los países de llegar a un consenso. Este impulso es resultado de la resolución 62/557 aprobada el 15 de septiembre por la Asamblea General, en la que se puso como fecha última para empezar las negociaciones intergubernamentales el 28 de febrero de este año. ¿Pero es factible que la reforma sea una realidad no muy lejana o es una simple utopía? "Espero que este año se vean progresos en la reforma", manifestó el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D'Escoto. D'Escoto, quien fue ministro del gobierno sandinista en Nicaragua, ha mostrado, desde que tomó la presidencia, una contundente voz crítica con el actual Consejo. Para el máximo representante de la Asamblea General, la ONU está "subyugada" al poder de unos pocos. El funcionario presentó esta semana un plan de acción elaborado por el grupo de trabajo encargado de estudiar la reforma y en el que participan los estados miembros de la ONU. A partir del 4 de marzo, los países empezarán a concretar los detalles del nuevo modelo, en una primera ronda de negociaciones que acabará en abril. En mayo, se iniciará la segunda ronda. ¿Pero los países enfrentados llegarán a un acuerdo? En la reunión del jueves, Giulio Terzi, el embajador de Italia ante las Naciones Unidas, uno de los países que quiere ser uno de los nuevos miembros del Consejo, se mostraba optimista: "Puedo asegurar que vamos bien encaminados", dijo, y añadió: "Lo que se necesita es flexibilidad". Italia es uno de los países que forma el grupo llamado Unidos por el Consenso junto con Argentina, México, Corea del Sur y Pakistán, entre otros, y que se oponen al llamado Grupo de los Cuatro, integrado por Japón -el segundo país que más dinero dona a la ONU-, Alemania -el tercer país donante- Brasil e India. Los integrantes del Grupo de los Cuatro quieren pasar a ser miembros permanentes del Consejo, algo que no ven con buenos ojos los de Unidos por el Consenso, por cuestiones de rivalidad -por ejemplo, en el caso de Pakistán e India, con un largo historial de conflictos entre ambos países-, que defienden como alternativa una ampliación del órgano con miembros no permanentes. Junto con estos dos grupos, se encuentra el grupo africano, que se siente sub-representado a pesar de que la mayoría de decisiones del Consejo tratan sobre los conflictos que vive la región, como es el caso de Darfur o Somalia. África defiende tener dos miembros permanentes y cinco no permanentes. Las diferentes posturas e intereses han provocado que el intento de una reforma no haya visto la luz de una manera clara. A pesar de ello, uno de los candidatos favoritos a ocupar un asiento permanente, Japón, se muestra optimista. El embajador nipón ante la ONU, Yukio Takasu, aseguró a DPA: "Nos estamos moviendo hacia un nuevo escenario". "Los quince años de discusiones sobre la reforma se acabaron". Para Takasu, el proceso de reforma se encuentra en un momento "histórico" que vaticina un cambio de modelo del Consejo en un futuro no muy lejano. Pero a pesar del optimismo, uno de los puntos claves es si los cinco miembros con poder de veto van a estar dispuestos a apoyar la reforma. "Estamos en un momento de una gran transformación, donde crisis como la financiera o la climática requieren de una participación global", explicó Takasu. "Además, tenemos el cambio en el gobierno de Estados Unidos". Este país defiende una reforma del Consejo pero no quiere que se amplíe excesivamente y pierda "efectividad", según palabras de la embajadora norteamericana ante la ONU, Susan Rice. Para que la reforma pueda salir adelante, dos tercios de la Asamblea General tienen que aprobar el modelo propuesto. Luego, dos tercios de los países, incluidos los cinco miembros permanentes del Consejo, tienen que ratificar la reforma en sus cámaras legislativas. La anterior y única reforma que se hizo en el Consejo fue en 1963, cuando se aprobó ampliar de 11 a 15 miembros el órgano. La ampliación se hizo efectiva en 1965. Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas entre 1997 y 2006, decidió acabar su mandato con la reforma convertida en una realidad. Los países no llegaron a un acuerdo y el largo debate por una democratización de la ONU continúa hoy en día.

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