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Obama, ¿más de lo mismo?

Caracas. Por Fernando Ramón Bossi | 3 de Marzo de 2009 a las 00:00
"¿Será que hay un gobierno nuevo en Estados Unidos, o sigue mandando Bush?", manifestó el presidente Chávez hace unos días en un acto en conmemoración por los 20 años del levantamiento popular contra el modelo neoliberal conocido con el nombre de "El Caracazo". Y agregó que el presidente Barak Obama no debería seguir "el mismo camino torpe y estúpido del anterior gobierno estadounidense". En otra alocución Chávez no fue menos contundente: "El Gobierno de Obama ha dicho ayer que yo no colaboro en la lucha contra el narcotráfico y que Venezuela se ha convertido en uno de los países que más apoya el narcotráfico. El país que más apoya el narcotráfico en este planeta es el que él gobierna, si es que de verdad lo gobierna, el presidente Obama. Y es Estados Unidos, el primer consumidor de drogas en todo el mundo". El Reporte de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos 2009 del Departamento de Estado sostuvo que tanto Bolivia como Venezuela fracasaron "ostensiblemente en hacer esfuerzos" y en "cumplir obligaciones bajo acuerdos internacionales antinarcóticos". En el mismo sentido que se manifestó el comandante Hugo Chávez, el General Alberto Muller Rojas, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, señaló: "… esta semana descalificaron a Venezuela en materia de derechos humanos y lucha contra el narcotráfico, pero no se descalifican ellos, que torturaron prisioneros en Iraq y Guantánamo y son los primeros promotores del narcotráfico". Ante el informe de Derechos Humanos, que descalifica también a Bolivia, el presidente Evo Morales y su gobierno contestaron categóricamente. Después de denunciar las actuaciones de Estados Unidos en Medio Oriente, Sacha Llorenti, viceministro de Movimientos Sociales, recordó que el gobierno estadounidense protege actualmente al ex presidente neoliberal boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada y a quien fuera su ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, acusados por genocidio en los hechos violentos ocurridos entre septiembre y octubre de 2003 en Bolivia. Por su parte Leonilda Zurita ejecutiva de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa y Secretaria de Relaciones Internacionales del Movimiento al Socialismo, indicó: "Atacan al gobierno pero no dice nada de la masacre de campesinos en Pando, ni de las golpizas y humillaciones a indígenas por parte de la oposición". Unos días antes el presidente Morales había acusado al gobierno norteamericano de querer "infiltrar" la empresa estatal de hidrocarburos YPFB a través de agentes de la CIA. A esto se suma el incidente entre el gobierno de la República Argentina y la Casa Blanca, aparentemente descomprimido ante las disculpas del nuevo titular de la CIA, León Panetta, quien había expresado la vulnerabilidad del país sureño ante la crisis económica actual. Y tampoco queda al margen la expulsión del Ecuador del diplomático de Estados Unidos, Armando Astorga, acusado por el gobierno de Rafael Correa de emplear ayuda oficial para someter a la Policía. Toda una serie de incidentes y provocaciones a solo unas pocas semanas de la asunción de Barak Obama a la presidencia, son claras señales que el comportamiento de la Casa Blanca con respecto a América Latina y el Caribe no parece indicar importantes cambios. Todo lo contrario podríamos afirmar. La política exterior estadounidense para esta nueva etapa ya fue definida en su momento por el nuevo presidente: "la política de la zanahoria y el garrote", ambas combinadas. O tal vez dicho en forma más elegante por Hillary Clinton el 13 de enero ante el Senado de los Estados Unidos, el "involucramiento vigoroso" o "diplomacia directa". En el mensaje de su comparecencia en torno al manejo de la política exterior, Hillary se refirió tanto hacia América Latina como al nivel global, y centró su discurso en la llamada "diplomacia directa" y el uso del "poder inteligente", vale decir la combinación del poder de la diplomacia, el poder militar, el poder económico, legal y cultural, "escogiendo las herramientas correctas o la combinación de herramientas para cada situación". Señalando puntualmente a Bolivia y Venezuela, la Secretaria de Estado, en esa oportunidad manifestó: "por demasiado tiempo hemos cedido el terreno de juego a Hugo Chávez; un líder democráticamente electo que no gobierna democráticamente… Deberemos tener una agenda positiva en el hemisferio en respuesta al tráfico de temor propagado por Chávez y Evo Morales". Y agregó: "Retornaremos a una política de involucramiento vigoroso". Este "involucramiento vigoroso", "diplomacia directa" o "poder inteligente" de la que habla Hillary Clinton, coincide con la filosofía del actual jefe de la CIA, León Panetta, quien en varios escritos ha manifestado la necesidad de que los estadounidenses no actúen en base al "miedo" o al "temor", sino de manera consecuente con sus necesidades y esperanzas. En pocas palabras, la recomendación del señor Panetta apunta a que los Estados Unidos no deben planificar sus políticas externas e internas condicionadas por factores psicológicos, sino tomar la ofensiva en base a los intereses de la Nación. Ahora, ¿cuáles son los intereses de la Nación?, ¿Cuáles son las necesidades y las esperanzas del pueblo estadounidense? La respuesta no la da Panetta, pero se deduce que no es otra cosa que mantener la hegemonía mundial y la política imperialista del Pentágono. De ahí que todo indica que la política exterior de los Estados Unidos, bajo la administración Obama, poco cambie para Nuestra América. Tal vez algunos "retoques de maquillaje", alguna que otra medida que presente un rostro menos horroroso, pero en última instancia el rigor de la lógica del imperio prevalecerá. Por ejemplo, la política de dureza absoluta contra la inmigración sigue al pie de la letra el mandato de Bus: en los dos meses que va del año, la Dirección General de Migración confirma que la deportación sólo de guatemaltecos ascendió a 3.345, casi un 15% más de los deportados en igual período del 2008. No hay dudas que la mira de la Casa Blanca apunta hacia los gobiernos revolucionarios y progresistas de la región, fundamentalmente a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. El director de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, el almirante Denis Blair, hace apenas unas semanas había declarado que "el presidente Hugo Chávez mantiene una ‘coincidencia ideológica’ con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia… Pensamos que Chávez va a seguir manteniendo sus vínculos con las FARC, proporcionándoles refugio como resultado de su afinidad ideológica y su interés en influir en la política colombiana", y agregó: "Los crecientes vínculos de Chávez con Irán, junto con la ausencia en Venezuela de leyes financieras y controles de frontera, a lo que se suma una corrupción generalizada, han dado forma a un ambiente de explotación para Hezbolá". Ya antes de asumir la presidencia Obama había declarado que "Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región" y que el respaldo venezolano a "entidades maliciosas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (...) crea problemas que no se pueden aceptar". Ahora bien, también tenemos que ser concientes de que nuestros gobiernos revolucionarios avanzan gracias a que cada vez logran más independencia y soberanía. Nada es más cierto que entender que mientras más distantes estamos de las políticas dictadas por el Pentágono, más autonomía acumulamos, más libertad y, por lo tanto, más poder obtenemos. A nuestro poder soberano es a lo que le teme el imperio, presidido por Bush, por Obama o por quien sea. La hora de la segunda y definitiva independencia se está construyendo en Nuestra América y la soberanía que ejercen varios países de la región ya se presenta como un eje de reagrupamiento para avanzar hacia la unidad de América Latina y el Caribe. De ahí que el Departamento de Estado ataque inescrupulosamente a los gobiernos populares de la región, con infamias, mentiras y calumnias; informes escritos por lacayos a sueldo del gran capital que no revisten un mínimo de seriedad. Ante las acusaciones de autoritarismo, corrupción e irrespeto a los Derechos Humanos, los latinoamericanos caribeños debemos contestarles como lo hizo allá por 1928 el General Augusto Sandino: "Los verdaderos bandoleros están en las cavernas de la Casa Blanca".
(***) Fernando Ramón Bossi es presidente de la Fundación Emancipación para la Unidad y Soberanía de América latina y el Caribe.

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