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Nicaragua: elecciones, previsiones inciertas, por Andrea Donofrio

Andrea Donofrio, Equilibri.net http://www.equilibri.net/index.php | 12 de Octubre de 2006 a las 00:00
Faltando menos de un mes para las elecciones, el clima parece bastante vivo. La presencia de tantos candidatos, con más o menos posibilidades de victoria, vuelve la contienda electoral particularmente interesante. Las divisiones, tanto en la izquierda como en la derecha, podrían ser el elemento determinante para la victoria de una formación o la otra: los Estados Unidos y Venezuela vigilan la situación a la espera de los resultados. Las elecciones del 5 de noviembre parecen re-proponer un tema bastante recurrente en América latina: detrás de la convocatoria electoral se anida la adhesión a un modelo político divergente, la decisión sobre el "bloque" al que confiar la política exterior y económica. Elecciones camufladas, o mejor dicho recubiertas por el valor de preferencia sea por una ideología bolivariana o una liberal indiscriminada. Las diferencias con respecto al proceso electoral del 2001 son sustanciales: antes se trataba de una carrera entre dos, el ex Presidente Ortega y el empresario Bolaños. Actualmente, compiten 2 candidatos de derecha y 2 de izquierda, más un outsider, todos "ex": un ex Presidente (Ortega), un ex vicepresidente (Rizo), un ex Ministro de Asuntos Exteriores (Montealegre), un ex funcionario internacional, Jarquín y un ex guerrillero antisomocista (Pastora) el legendario Comandante Cero.

Los Candidatos

Los programas de los partidos comparten los contenidos y sobre todo el silencio en lo relacionado a cómo obtener los fondos necesarios para la realización de las propuestas, omitiendo que, desde hace dos décadas, la suerte económica del país ha estado vinculada a la financiación de organismos monetarios internacionales, que condicionan e imponen la política económica nicaragüense. El nuevo gobierno tendrá que tener como prioridad la realización de inversiones en educación, la creación de puestos de trabajo, la solución de la crisis energética y la lucha contra la criminalidad. El favorito, Daniel Ortega, del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), ha basado su campaña electoral en la Reconciliación nacional y la difusión de la alianza Unidad Nicaragua Triunfa, a través de la voluntad de relacionarse con la base haciendo visitas "casa por casa" en toda Nicaragua (denominado la Peregrinación), para acapararse el voto "indeciso" y convencer al electorado adverso al sandinismo de la bondad del proyecto. Por medio de la reconciliación con figuras políticas de relieve y las cumbres de la jerarquía católica local, la estrategia del FLSN, (ideada por la esposa de Ortega, la poetisa Rosario Murillo), se basa en no caer en las provocaciones, desertando cualquier debate público, privilegiando el contacto directo con la población. Pero la figura de Ortega presenta un lado oscuro y uno "innovador": el primer aspecto tiene que ver con el pacto político-institucional estipulado con el ex presidente Alemán, condenado a 20 años por corrupción y narcotráfico, pacto escandaloso pero que encaja plenamente con la lógica política e histórica del país. Sin embargo, a diferencia de los demás partidos, el FSLN tiene la ventaja de poder ofrecer una alternativa a la proverbial dependencia de los EEUU, en razón de las óptimas relaciones entre Ortega y los fundadores del proyecto ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) o sea Venezuela, Cuba y Bolivia, poniendo la adhesión a la alianza como parte de su agenda política. Ortega sabe que goza del pleno apoyo de Chávez, apoyo que se concretaría en el suministro de petróleo a precios muy interesantes. La derecha nicaragüense se presenta "irremediablemente" dividida contra el peligro sandinista y salvo complicaciones de último momento presentará a dos candidatos: José Rizo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Eduardo Montealegre, quien se ha apenas retirado del PLC para fundar la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). Montealegre, banquero, ex Ministro de Asuntos Exteriores en la administración Alemán y ex Ministro del Tesoro de Bolaños, goza del apoyo de la empresa privada (Cosep), del Gobierno Bolaños y de los Estados Unidos, pero no está arraigado en las masas y el mundo rural. Igualmente, el escándalo de las quiebras bancarias y de la emisión de los Bonos del Tesoro (CENIs), con relativo enriquecimiento personal, mellan su imagen. Rizo no parece gozar de la autoridad necesaria para vencer la elección y su candidatura parece manchada de "pecado original" o sea, de haber sido elegido por Alemán, líder indiscutido del PLC. Según algunos, Rizo, definido como el "candidato perdedor" es la víctima de sacrificio del proyecto de Alemán para favorecer la victoria de Ortega y la revisión de su proceso judicial (que lleva en espera más de 3 años en las listas, pues los jueces ligados al FLSN están aplazándolo "sabiamente"). El enfrentamiento entre los dos candidatos ha sido tan áspero que una reunificación parece imposible sobre todo porqué debería ser determinada por una "retirada": en este fanta-hipótesis, la imagen de Montealegre, después de muchos ataques al "Pacto libre-sandinista" y a la corrupción de Alemán sufriría un golpe demasiado fuerte; una capitulación de Rizo sería la señal del fin del poder de Alemán en el partido, pero la estrella del "caudillo liberal" no parece ser de esta inclinación. Además, el áspero choque ha erosionado la base, provocando separaciones "irreparables" a nivel de militancia, tanto que una renuncia de uno de los dos candidatos podría coincidir sencillamente con un aumento del abstencionismo. El nuevo candidato del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), Edmundo Jarquín, tiene la difícil tarea de llenar el vacío improvisado y traumático provocado por la muerte de Herty Lewites. Con la ayuda del cantautor Carlos Mejía Godoy, Jarquín, vice de Lewites, ha basado su campaña en mensajes claros y originales, refiriéndose al programa y los ideales propugnados por su predecesor. El objetivo principal es hacer conocer al País Jarquín, semidesconocido en la patria y ligado al mundo de los organismos internacionales (por 16 años ha ocupado cargos directivos en el Banco Interamericano de Desarrollo). Pero el haber aceptado, como lo hizo también el ALN, la financiación directa del Instituto Republicano Internacional (IRI), organismo cercano a la extrema derecha estadounidense, para la formación de los cuadros del partido, parece haber mellado su imagen; sobre todo en consideración del hecho que gran parte del electorado del MRS proviene de la militancia sandinista. En último lugar, los continuos ataques verbales contra Ortega (culpable de haber traicionado los ideales del General Augusto César Sandino a la hora de firmar el "pacto sucio de 1999" con Alemán) se están convirtiendo en un bumerán negativo. De todas formas, el MRS representa un partido que podrá restarle votos al FSLN, aunque en menor medida con respecto a cuánto pudiera verificarse en la dividida derecha nicaragüense.

Sondeos

El acuerdo coyuntural entre el FSLN y el PLC en el 2000 ha llevado a la reforma de la Ley electoral, que prevé la victoria en la primera vuelta para el candidato que alcance el 35% de los votos siempre y cuando se de un descarte de al menos el 5% para el segundo. En el caso que un candidato consiguiera el 40% de los votos, su victoria resultaría automática, independientemente del resultado del segundo clasificado. Pero en el caso en el cual ningún candidato alcance los dos porcentajes antedichos, la ley electoral prevé un segundo escrutinio entre los dos primeros clasificados el cual debe tener lugar un mes después de las primeras votaciones. Según los últimos sondeos, publicados la pasada semana por M&R Consultores, el segundo escrutinio resultaría la hipótesis más probable. El estudio efectuado entre el 15 y el 25 de septiembre sobre una muestra de más de 4.000 electores y publicado por el periódico "La Prensa", asigna a Ortega el 30,95% de las intenciones de voto, mientras en el segundo sitio se ubica Montealegre con el 26,4%. El sondeo le da el tercer puesto a Rizo con el 16,3% de los votos, en el cuarto Jarquín con el 15,9% y en la última posición con un 1% Edén Pastora, de la Alternativa por el Cambio (AC). Según el director de M&R, Raúl Obregón, el dato de mayor interés concierne el eventual segundo escrutinio, donde para evitar un posible triunfo del FLSN, el frente "anti-orteguista" estaría listo a reagruparse alrededor de la figura de Montealegre; el 74% de los que no voten por Ortega se han declarado dispuestos a votar por Montealegre o cualquier otro candidato, independientemente del partido de procedencia, que haya llegado en el segundo escrutinio.

Interés internacional

Vista la ambigüedad de las últimas elecciones centroamericanas (Costa Rica, México) el gobierno nicaragüense ha decidido firmar un memorando de acuerdo con los miembros de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE) sancionando algunos privilegios e inmunidades para quienes tendrán la incómoda tarea de garantizar la máxima transparencia del proceso electoral. La presencia de más de 100 observadores ha sido solicitada expresamente por el Ministerio de Asuntos Exteriores nicaragüense y el Consejo Supremo Electoral (CSE). Los observatorios se colocarán en todas las regiones del país monitoreando el regular desarrollo de la convocatoria electoral y el período post-electoral. Entre las principales preocupaciones que pudieran "invalidar" el regular desarrollo está la posible injerencia extranjera, el empleo de las instituciones estatales para influenciar el resultado electoral y la inicua distribución de los representantes de los muchos partidos en los Consejos Electorales. Los Estados Unidos parecen fuertemente interesados en el resultado electoral. Durante una conferencia en Managua, el congresista estadounidense Dan Burton, conocido por la ley Helms-Burton contra el gobierno cubano, reproponiendo el más clásico de los discursos antisandinistas, ha invitado a las fuerzas de la derecha nicaragüense a unirse contra Ortega. Burton, reviviendo las fantasmas del pasado y la amenaza de una ruptura de las relaciones entre los dos países, ha declarado que para los EEUU sería muy difícil mantener buenas relaciones con Ortega ya que "reconducirá a la guerra y la inflación, así como a la desestabilización de la región". Para el embajador estadounidense, Paul Trivelli, las declaraciones americanas tienen una función didascálica, informar a la población sobre las consecuencias de una victoria sandinista, presentando la confrontación electoral como una encrucijada, una elección entre pasado y futuro, entre el caudillismo chapado a la antigua y el liderazgo moderno. El funcionario para los asuntos latinoamericanos, Thomas Shannon, ha precisado que los EEUU respetarán el resultado y trabajarán con quienquiera gane las elecciones presidenciales, asegurando que será "Montealegre o Jarquín." Las declaraciones americanas han provocado la indignación y una fuerte reacción de parte del Frente Sandinista, que ha acusado al gobierno de Bush de injerencia además de provocar "estúpidos alarmismos", acusaciones a las que ha contestado secamente Trivelli calificando las palabras americanas respetuosas de la libertad de expresar juicios sobre cuanto ocurre en un país y en defensa de la democracia en América latina.

Conclusión

En un país en el que la figura del candidato resulta más relevante que los contenidos de los programas políticos (como lo demuestra la pérdida de puntos del MRS post-mortem de Lewites, partido reagrupado alrededor de su figura más que un proyecto "desestabilizador") los EEUU están intentando de desacreditar a Ortega por todos los medios posibles definiendo al líder sandinista como la punta del ariete del líder venezolano Chávez, ya que su eventual victoria equivaldría a una ulterior "molestia" en el área latina. Para muchos analistas, los tres presidentes liberales y conservadores de los últimos 12 años, han sido elegidos con el beneplácito de la Casa Blanca, para la cual el objetivo de fondo es frenar el expansionismo bolivariano en América Central, un tipo de "no pasará" Chávez. Pero, las elecciones son de vital importancia para el país, aunque la idea de que algo pueda cambiar, quienquiera resulte vencedor, es cada vez más débil.

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