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Siete puntos sobre la ONU y el Consejo de Seguridad

Rafael Hernández Bolívar, Rebelión | 21 de Octubre de 2006 a las 00:00
UNO: El 80% de los países latinoamericanos ha votado por Venezuela en la elección del Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad de la ONU para que nuestro país ocupe por dos años la representación del grupo latinoamericano. Descontando la abstención de Chile, menos del 20% le ha dado su voto a Guatemala. De esta manera, resulta evidente que la región decidió quien debe ser su representante; pero, por la acción diplomática desplegada por Bush, no es posible concretar esa voluntad. Es decir, que los países latinoamericanos no pueden elegir su propio representante porque EEUU decidió vetar la decisión mayoritaria de los latinoamericanos. Este hecho constituye por si mismo la puesta en evidencia del papel de gendarme y de tutor que se atribuye el imperio sobre América Latina y que ha venido desempeñando a lo largo de la historia de la ONU. DOS: La representación venezolana ha dejado claro que la lucha por el puesto en el Consejo de Seguridad no es contra Guatemala ni siquiera contra EEUU. El objetivo es por adecentar la ONU, pidiendo que los países decidan libremente de acuerdo a sus intereses y a su conciencia sobre quienes deben integrar los órganos de la ONU. En este sentido, es coherente con el discurso del Presidente Chávez quien solicitó su reestructuración y democratización. Ha sido Estados Unidos quien ha centrado la atención del mundo sobre sí al obstaculizar ese objetivo y de esta manera se revela ante las naciones como el enemigo del pluralismo y la democratización en el seno del organismo internacional. TRES: Venezuela ha conservado durante treinta y cuatro rondas de elecciones el sólido apoyo de 77 países lo cual demuestra no sólo un reconocimiento internacional a sus posiciones antiimperialistas y soberanas sino también el sentimiento creciente entre los países de liberarse del tutelaje norteamericano y asumir los organismos internacionales en términos de igualdad y sin privilegios para las grandes potencias. Independientemente del resultado final de esta confrontación, lo cierto es que esto ya constituye una victoria. A pesar de todos sus esfuerzos, EEUU no ha logrado imponer su candidato ni ha logrado con sus presiones y chantajes doblegar la decisión de los países que apoyan a Venezuela. En este sentido, hemos propinado una gran derrota moral a un imperio acostumbrado a que su voluntad se cumpliera sin chistar en todos los rincones del mundo. CUATRO: Ha sido muy triste el papel de Guatemala cuando por boca de su embajador en la ONU reconoce que EEUU ha desplegado agresiones hacia Venezuela y admite que el apoyo para la postulación guatemalteca se debe a que EEUU se opone a la candidatura de Venezuela. Queda claro que la posición de dignidad de Venezuela, de defensa de su soberanía y proclamación de la paz y relaciones de justicia y de equidad entre los pueblos, son los motivos que le han ganado la animadversión del imperio. Si la política internacional de Venezuela hubiese sido de sumisión a los EEUU no habría duda que nuestro país hubiese ganado en una primera ronda. Como ocurrió en el pasado en que Venezuela fue miembro del Consejo de Seguridad para hacerle comparsa al imperio. CINCO: La conducta de EEUU en este asunto es francamente de grosería imperial. La actitud del embajador John Bolton es lo más antidiplomático que se pueda ver en los últimos tiempos en ese escenario. Bolton se paraba a cada momento, tratando a los representantes de los países como lacayos, contando los votos butaca por butaca. Era como ver a un policía revisando las esquinas de una cuadra de New York, precisamente la cuadra donde queda la ONU. El mismísimo George Bush ha tenido que tomar el teléfono y llamar a diversos presidentes para halagar, sobornar o amenazar en función de garantizar el voto de esos países. SEIS: Es evidente que esta elección para el Consejo de Seguridad se convirtió en una discusión clave de la geopolítica mundial. Es decir, la elección colocó sobre la mesa asuntos que son consustanciales a la existencia y funcionamiento de la ONU. ¿Por qué hay países miembros permanentes y países miembros no permanentes? ¿Por qué no puede ampliarse la representación en el Consejo de Seguridad? ¿Cuál es el verdadero peso específico que tiene en la resolución de los conflictos? ¿El Consejo de Seguridad no es acaso la espada del imperio? ¿Por qué no hizo nada para impedir la agresión contra el pueblo del Líbano? SIETE: La oposición venezolana planteó las cosas, una vez más, de manera sectaria, con una ceguera proverbial. O, para decirlo más clara y rápidamente: Rabiosamente antichavista. ¿Cómo es posible que sean tan ciegos para no ver la escala mundial de este debate? ¿Qué entiende la oposición por soberanía de los pueblos? ¿En qué consiste la política exterior de un gobierno que es constitucionalmente soberano? La derecha venezolana, apátrida y entreguista, no tiene respuestas para estas preguntas porque sencillamente no tiene proyecto de país. Tampoco tiene claro el hecho histórico de que somos una nación y, muchísimo menos, tiene sentimiento de patria, ¿cómo puede importarle el mundo en que vivimos, más allá de las gríngolas de sus intereses particulares?

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