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Izquierda del norte no logra superar la derrota de 1990

Entrevista a William Grigsby. Por Jorge Capelán. | 14 junio de 2009

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William Grigsby Vado es un periodista nicaragüense, ex-editor jefe de El Nuevo Diario y Barricada, presidente de la asociación de periodistas de radio APRANIC y, entre muchos otros, director del popular programa de análisis Sin Fronteras. Pero Grigsby es además un revolucionario comprometido: Dirigente estudiantil en los 70s, militante del Frente Sandinista desde 1978, fundador de la corriente de izquierda del FSLN en 1994 y miembro de su comité central, la Asamblea Sandinista. En las vísperas de la celebración del 30º aniversario de la Revolución Popular Sandinista, a 47 años de la fundación del FSLN y 81 del inicio de la lucha de Augusto C. Sandino lo entrevistamos en Estocolmo para saber cómo ve uno de los más agudos analistas políticos de Nicaragua el desarrollo histórico del FSLN, sus perspectivas de futuro y las de esta ola emancipadora que recorre América Latina. Un tema complicado para la izquierda europea JC: Nicaragua y el Frente Sandinista son un tema complicado para la izquierda europea sobre el que no se escribe mucho, sobre todo en términos positivos. ¿Cuáles te parece que son las principales dificultades de esta izquierda para apreciar el desarrollo político de Nicaragua? WGV: La izquierda, principalmente la europea y la del hemisferio norte, no ha logrado superar la derrota del Frente Sandinista de 1990 y se ha quedado anclada en aquellos tiempos y en aquella década. 20 años después quisieran que todo volviese a ser igual que antes, y que todo no hubiese sido más que una pesadilla. Pero han transcurrido 20 años y Nicaragua ha cambiado muchísimo -en general, para mal- así como el mundo ha cambiado –también- para mal. No podés hacer un análisis de la situación del país hoy en día con el mismo prisma con el que lo hacías en los años 80. Hay diferencias cualitativas. La primera, creo, y que es probablemente donde más se empantana la izquierda universal, es a nivel subjetivo: Hoy en día Nicaragua tiene a un 60 por ciento de la población que no vivió la revolución. Un 75 por ciento de la población no vivió la dictadura somocista. Para la gran mayoría del pueblo nicaragüense, tanto la revolución sandinista como la dictadura somocista son una referencia, no sólo lejana sino, lo que es peor, ajena. Además tenés entre la gente una ignorancia o un conocimiento deformado de lo que ocurrió en ese entonces en el país. Por otra parte, el neoliberalismo no sólo es una modalidad del capitalismo que saquea a los pueblos a través de un neocolonialismo encubierto, sino también es un sistema ideológico que pervierte a los ciudadanos y los convierte en meros consumidores, no sólo de mercancías, sino de los mensajes de los grandes medios, absorbiendo como una esponja contenidos ideológicos, maneras de comportarse, que te encadenan a la individualidad, al aislamiento y a una competencia desalmada con tus iguales. De manera que eso que se dice en términos teóricos tiene una concreción práctica. Ahora te encontrás a una inmensa mayoría del pueblo nicaragüense que, aún estando empobrecida, sometida a regímenes de semiesclavitud, no logra despegar para la organización social para enfrentarse al sistema y conquistar sus derechos. La lucha es más para satisfacer las necesidades individuales que las colectivas, aún las del país. El neoliberalismo fue muy exitoso en confiscar el derecho del pueblo a la participación política bajo el precepto de que la política y los políticos son corruptos, de que la política es para los vagos, etcétera. Esas ideas fueron penetrando en las nuevas generaciones de modo que para mucha gente el principal interés es encontrar una posibilidad de irse de Nicaragua, arreglando su vida sin necesidad de mayores sacrificios aunque esclavizándose. Hace 30 años hubo una juventud que, en casi el cien por ciento, salió a las calles, tomó las armas y contribuyó al derrocamiento de la dictadura. JC: Vos viajás mucho por América Latina. Comparás los niveles actuales de movilización popular con los de la Nicaragua de hace 30 años. ¿Se puede decir lo mismo si lo hacés con el resto de América Latina hoy? WG: Igual. Ya quisiéramos tener el nivel de organización social de Bolivia, con las minorías empoderadas, los trabajadores organizados, los indígenas asumidos a sí mismos y los cocaleros defendiendo a viento y marea sus derechos contra toda la propaganda imperialista. Lo que pasa es que hemos tenido que pagar los costos de la contraofensiva que restauró el capitalismo en Nicaragua y de la ofensiva neoliberal posterior, así como los costos de nuestros propios errores. La prioridad de hoy es el hambre de la gente JC: Desde afuera se hacen varios señalamientos críticos, tanto acerca de las tácticas de Frente Sandinista como de las limitaciones de su propuesta actual... WGV: A mí me parece que la izquierda europea equivoca el análisis político, el momento político y la correlación de fuerzas que hay en Nicaragua en este momento. Tenemos que partir de la realidad que tenemos para construir la nueva realidad. Esa realidad está compuesta, no únicamente por el hecho de si hay máquinas, tierras y recursos sino principalmente por seres humanos que en su mayoría han sido empobrecidos, arrinconados en la ignorancia, que ahora tienen escasos valores revolucionarios porque han sido individualizados. Es de esa realidad que hay que partir. Puedo tener (o no tener) reservas acerca de la manera cómo el Frente Sandinista llegó al poder. Puedo tener (o no) reservas acerca de la manera cómo el FSLN ejerció sus cuotas de poder antes de llegar al gobierno. Pero hay un hecho que es incontestable: Me guste o no me guste, el Frente Sandinista está en el poder y tiene un liderazgo que, si bien es personalizado en la figura del presidente Ortega, a lo largo de 19 años demostró consecuencia en lo que respecta a lo esencial de la lucha del pueblo nicaragüense. Con sus altos y sus bajos, como todo liderazgo político, cometiendo errores, a veces muy graves, pero que en lo fundamental está en el poder y cuyas acciones en estos dos años y medio no están dirigidas a llevar adelante un proyecto político a la usanza de los 80s sino que están dirigidas hacia la realidad que hoy vive Nicaragua. La prioridad para esta Nicaragua de hoy no es la conquista de la libertades democráticas (que ya las tenemos), no es la construcción de un nuevo estado (que, aunque torcido por el neoliberalismo, ya lo tenemos), no es la construcción de un ejército o una policía. La prioridad hoy es el hambre de la gente, el hambre en todo el sentido de la palabra: hambre de comida, de salud, de saber, etcétera. Si ésta es la prioridad y vos tenés una precaria correlación de fuerzas a nivel parlamentario y a nivel social, entonces tenés que empezar a resolverla a partir del sistema de cosas establecido en el país. Es muy fácil, lo he repetido muchas veces, decirle al gobierno que es asistencialista al capitalizar a los campesinos con el bono productivo cuando no se tiene hambre. En sí, no está mal un discurso de estado de derecho, de libertad de expresión, de organización popular y de conciencia ciudadana, pero es muy fácil hacerlo cuándo vos tenés resueltos tus tres platos de comida a nivel individual, familiar y social. Entonces, hay una diferencia de clase en el enfoque: Los que tienen resuelta la vida están incómodos por la manera en que el presidente Ortega está resolviendo la vida de la gente empobrecida. Cientos de miles de emigrados han sido expulsados del país por el sistema. ¿Qué puede ser más terrible para una persona que las condiciones de su país la expulsen porque no puede vivir ahí y que para poder sobrevivir tengas que irte de tu país? Yo creo que la inmensa mayoría de los nicaragüenses que durante muchos años se han marchado se fueron con dolor aunque muchos hoy en día tengan su vida resuelta. A menudo nos olvidamos que una gran parte de los nicaragüenses que se fueron en los 90s eran el capital humano, la inteligencia del país, la gente más preparada, la gente formada por la revolución. Todos los que trajo la burguesía de Miami y otros centros de poder capitalistas venían a hacer dinero, pero la gente que el pueblo formó en los países del antiguo campo socialista, en Cuba o incluso en algunos países capitalistas, fué marginada por su posición política y por su ideología, sobre todo en el campo. Fueron excluidos del sistema por ser sandinistas. Es muy fácil hablar de clientelismo político cuando vos no sos el que ha sido víctima de esa exclusión por ser sandinista. También es muy fácil hablar de clientelismo político y de que se distribuyen de beneficios en base a la filiación política. Puede ser que en el primer año del nuevo gobierno haya ocurrido así, ¿y qué? ¿Acaso no eran los sandinistas los que eran lanzados al desempleo, arrinconados prácticamente como animales? Te voy a citar una referencia histórica: Cuando asesinan a Sandino en 1934, lo que hizo Somoza fue perseguir uno por uno a todos los sandinistas. Toda la zona de Matagalpa, Jinotega y Las Segovias, que era mayoritariamente sandinista, fue tierra arrasada. Los sandinistas desaparecieron físicamente, excepto unos cuántos que lograron esconderse en la montaña y que luego fueron pieza vital para el enlace histórico con la nueva generación. Sus tierras fueron confiscadas, familias enteras fueron asesinadas. Ese mismo método somocista, aunque con formas más modernas, matando de hambre en lugar de físicamente, es el que han aplicado en esos 17 años de gobiernos neoliberales. Tantos compañeros y compañeras fueron despedidos de sus puestos de trabajo por ser sandinistas, como lo que hizo Humberto Belli en el Ministerio de Educación durante los cuatro primeros años del gobierno de Chamorro. Otro tema es el de la retórica religiosa. Yo no entendí sino hasta hace un par de años esa religiosidad presente en el discurso oficial del Frente Sandinista. Un amigo, Tony Solo, me lo explicó muy sencillamente. "Lo que pasa - me dijo - es que durante todos estos años la gente se fue quedando sola: pobre, hambrienta y sola. Y la única cosa en la que se pudo refugiar fue en Dios. Y había un culto o una parroquia que venía a decirle que tuviera calma, que tuviera paciencia, que se resignara, que si se portaba bien las cosas le iban a salir mejor, y que por la vía de rezar, rezar y rezar se iba a curar, porque en el hospital no habían médicos que lo curaran, entonces tal vez la santa le hacía el milagrito..." Para el que tiene resuelta la vida, esto es ignorancia, atraso cultural, etcétera. Pero para el que ha estado en la situación en la que ha estado el pueblo de Nicaragua, es mucho más complejo. Vos estás en la sin remedio, sin saber qué hacer, estás desesperado y te vas aferrando a esa figura divina. Según estudios sociológicos hechos en Nicaragua, el 96 por ciento de los nicaragüenses consideran que lo más importante es Dios. Yo me sorprendía, porque uno ve compañeros de lucha de los años 80 y de los 70 que hoy en día se han vuelto fanáticos religiosos. Cuando uno comienza a platicar con ellos y a hablar de las historias personales, entonces uno se encuentra con las tragedias más terribles. Los europeos me dirán que "eso es debilidad ideológica". Pues puede ser, pero habría que ponerse en los zapatos de la persona. Yo no he estado en esos zapatos. Antes yo era muy severo en mis juicios sobre esos compañeros y compañeras. La Europa de antes del fin de la segunda guerra mundial era muy devota. La iglesia católica tenía su sustento en Europa. Por eso es que ahora reclama autoría en la constitución europea y quiere que lo refleje, porque efectivamente así fue. La iglesia católica no tendría el poder que hoy tiene si Europa no se lo hubiese otorgado. En Europa se fue perdiendo la religiosidad en la sociedad a medida que la gente ha fue teniendo resuelta la vida. Con individualismo, alienación, etcétera, pero no se puede comparar el nivel de vida europeo con el de nuestros países. En la medida en que han ido resolviendo sus problemas materiales, los europeos han ido perdiendo la religiosidad. Al mismo tiempo, cada vez que hay crisis se dispara la asistencia a las iglesias, ya sea en los países ricos o en los pobres. O sea que esto tiene una explicación general tanto para unos como para otros. Lograr comunicarse con un pueblo empobrecido implica, entre otras cosas, hablar con él de esa figura llamada Dios. No te podés comunicar con esa comunidad humana si no hablás su mismo lenguaje. Esto no justifica el que a veces el presidente Ortega y también Rosario Murillo hayan exagerado la nota. A veces se les ha ido la mano con lo de la religiosidad, pero creo que hoy en día, 30 meses más tarde, han moderado esos contenidos y creo que los han colocado en su justa medida. En torno al tema de Dios se está dando una de las principales disputas ideológicas en el seno de nuestra sociedad: La iglesia católica se había apoderado de la idea de Dios, no sólo como ser superior, sino también como símbolo y representante del poder, como administradores de ese poder. Entonces vienen el presidente Ortega y Rosario y dicen que "cumplirle al pueblo es cumplirle a Dios". O sea, que le están disputando a la jerarquía católica en su propio terreno la cuestión de quién administra el poder divino ¿lo administran ellos, la jerarquía eclesiástica, o lo administramos todos? Esa es una disputa enconada que ayuda a explicar algunas de las reacciones recientes de la jerarquía católica contra el gobierno. No estoy diciendo que ahora nos tengamos que volver teólogos, no se trata de eso, sino de partir de una realidad para, desde ella, encontrar los caminos para transformarla. Creo que los europeos, y en general la gente en el hemisferio norte, no han entendido esa manera de encontrar respuestas en Nicaragua. La lucha por la liberación nacional, un proceso histórico JC: Para mucha gente la revolución de 1979 fue una revolución perdida. Mencionabas la democracia, el estado no-somocista y un ejército soberano. ¿Fueron esos los resultados de la revolución? WGV: La Revolución Popular Sandinista es una fase del proceso de liberación nacional de Nicaragua que empezó con Sandino y aún antes, con Benjamín Zeledón que se rebela cuando los yanquis invaden el país después de haber propiciado la renuncia del general José Santos Zelaya. Benjamín Zeledón es muerto en combate en 1912. Yo creo que allí se inicia el proceso de liberación nacional de nuestro país. Estamos hablando de casi 100 años. Es un proceso que ha tenido sus altos y sus bajos, siguiendo una curva como todo el resto de la historia de la humanidad que va por oleadas. Tenemos la lucha de Zeledón que es derrotado, acaban con todos los indígenas que lo apoyaban, los yanquis se quedan unos años, van y vienen, y aparece Augusto César Sandino que retoma esa bandera de liberación nacional. Hay una frase muy interesante de Sandino cuando explica por qué Farabundo Martí y él se separaron. Las primeras explicaciones de parte de Sandino fueron de mucho resentimiento, pero ya después él ofrece una explicación más serena: "Yo estaba de acuerdo con todo lo que decía Farabundo - dice Sandino - sólo que no es el momento". Para él, que era un animal político aunque a duras penas hubiese terminado el bachillerato, lo que lo movía era la liberación nacional, el sacar a los gringos, lograr la independencia y la soberanía nacional, "después iremos con lo otro". Eso se correspondía con el estado de la conciencia de su propio ejército y con un análisis empírico de la correlación de fuerzas en el país. Y cuando llega a Managua por primera vez en febrero de 1933 después que los yanquis se habían ido de Nicaragua, Sandino es recibido como un héroe en Managua, lo que fue hábilmente ocultado por la gran prensa de la época. Ese recibimiento muestra que la bandera de la independencia había prendido en los nicaragüenses. Fueron los grandes medios conservadores los que primero comprendieron la necesidad de acabar con Sandino porque ese entusiasmo se podría llegar a convertir en otra cosa. De manera encubierta, en los conciliábulos palaciegos entre conservadores y liberales (y con Somoza) es que se va creando el clima para que éste ejecute a Sandino. Entonces se abre un gran paréntesis que empieza con el asesinato de Sandino en 1934 y termina en 1956 con el ajusticiamiento de Anastasio Somoza García por Rigoberto López Pérez. Son 22 años de un oscurantismo total. A partir de la ejecución de Somoza García se abre un nuevo compás cuyo punto más alto es en 1961 con la fundación del Frente Sandinista y que culmina en 1979 con sus altos y sus bajos, porque de por medio está Pancasán, el 71, las divisiones del 70 del 74 y, al revés, también con sus puntos altos. Al culminar ese ciclo con la revolución del 19 de julio de 1979, el Frente tenía tres tareas grandes: La conquista de las libertades, resolver la contradicción nación-Estados Unidos, y resolver el problema de la pobreza de Nicaragua. El Frente Sandinista acometió las tres tareas. De ellas, y hasta antes de que el presidente Ortega asumiese nuevamente el poder en 2007, sólo una de ellas estaba intacta: la conquista de las libertades. Esto incluía la fundación de un nuevo estado con su ejército y su policía, todo el andamiaje institucional y el sentido de pertenencia a una nación, que se había venido constituyendo durante todos los años anteriores pero que tuvo su etapa de reafirmación en los años 80. El sentido de la nación nicaragüense parece poca cosa en términos "marxista-leninistas" pero en un país de tal atraso cultural y político como Nicaragua era de gran magnitud. Primero tenés que tener una identidad para luego saber qué hacer. Pero quedaban las otras dos tareas. Nicaragua había conquistado la independencia de los EE.UU., pero los gobiernos capitalistas de la década de 1990-2000 renunciaron voluntariamente a ella. Entregaron el país en términos políticos y económicos a los intereses norteamericanos y europeos. JC: Pero no pudieron controlar totalmente al ejército y a la policía... WGV: ...entre otras cosas, por la resistencia que hubo: Los que sacan la cara por el Frente Sandinista en la primera mitad de los años 90s son los sindicatos, porque toda la gran estructura del Frente Sandinista estaba aún desorientada. La estructura partidaria, piramidal, organizada a la usanza tradicional de los partidos de izquierda, se vio desbordada. Ahí salieron los trabajadores y las trabajadoras, los campesinos y las campesinas, sin importar si eran militantes o no, y son ellos y ellas los que sacan la cara por el Frente. En esos años duros, Daniel es el miembro de la dirigencia histórica que se pone al frente de eso y se gana la autoridad dentro del sandinismo, lo que explica en parte su liderazgo. Es ahí y no en los 80s que Daniel se gana la autoridad. Es que esa correlación de fuerzas tan disputada en los 90s es la que serena a la derecha y la hace tener cuidado con meterse con el ejército. Sin embargo, hicieron contrarreformas importantes, el esfuerzo lo hicieron: La manera más fácil de destruir una institución es corrompiéndola por medio de cursos, becas o, por ejemplo, de no darle recursos a la policía para forzarla a buscarlos por la vía privada a cambio de darle seguridad a los negocios. Hasta 2006 existía en todos los departamentos la denominada "Asociación de Amigos de la Policía" con ese fin. Habían semi-privatizado la policía, no lo hicieron por la vía jurídica ni por la política, sino por otra. Si el Frente no hubiese ganado en 2006 ese proceso de privatización habría culminado con una policía totalmente corrupta, porque ya había graves problemas. Creo que todavía los hay, aunque ya no de la gravedad de hace unos dos o tres años. De no haber ganado el Frente estaríamos en graves aprietos, con una policía cada vez más hostil al pueblo, y cada vez más parecida a lo que son otras policías del continente - o del capitalismo. Exactamente lo mismo habría pasado con el ejército, aunque el ejército es menos visible porque hay menos contacto cotidiano con la población ya que ellos están encerrados en sus cuarteles, pero la penetración de los servicios de inteligencia norteamericanos y del Comando Sur de los EE.UU. en la escala de mandos, en la formación de cuadros, en los contenidos, en las prebendas, era muy importante. Y todavía, desgraciadamente hay resabios de eso. Todavía está vigente el convenio por el cual el ejército manda anualmente un grupo de oficiales a la Escuela de las Américas por un convenio que se firmó con el Comando Sur. Esos son desafíos que tiene pendientes el propio ejército. Entonces, un proceso de liberación nacional del que sólo te sobreviven las libertades políticas de las que hemos hablado, en el que los gobiernos capitalistas le entregan la soberanía a los EE.UU. y a los gobiernos europeos, y en que el progreso de la gente no sólo no está resuelto, sino que está peor que nunca, el gobierno del Frente se encuentra con dos tareas básicas: restaurar la independencia y la soberanía nacionales, y resolver el problema de la pobreza. La izquierda europea olvida que el socialismo no se decreta JC: O sea, que las tareas de socializar la economía, etcétera, son tareas que quedan todavía más para el futuro... WGV: Es que los amigos de la izquierda europea olvidan que el socialismo no es un decreto, no es una cosa de mera voluntad política. Tiene que ver, entre otras cosas, con un desarrollo de las fuerzas productivas. A esto hay que sumarle conciencia, capacidad de organización, modelo, metas, etcétera. El desarrollo de las fuerzas productivas en Nicaragua es nulo. En muchos aspectos, Nicaragua aún tiene relaciones precapitalistas de producción, como en el Caribe, en las zonas ganaderas, en algunas zonas agrícolas, todavía hay gente que alquila tierras bajo formas casi feudales. Nicaragua no es Venezuela, y eso que la realidad de Venezuela también es compleja. Lo que quiero decir es que el socialismo no se decreta, se construye, y ahí está la debilidad del Frente. Porque en la construcción del socialismo, que es una meta del Frente Sandinista, no basta ir resolviendo problemas materiales si no vas creando una conciencia política, de clase. Debido a que el Frente Sandinista dejó de ser un partido político en funcionamiento, con todo lo que eso implica para un partido revolucionario, lo que tenés ahora es que el gobierno va haciendo obras y no hay un instrumento político que acompañe esa resolución de problemas para que la gente vaya tomando conciencia. El sandinismo, una fuerza poli-clasista JC: Otro aspecto es que dentro del propio Frente Sandinista hay diferentes clases sociales, lo que le da una dinámica especial a la organización... WGV: Esto es interesante. La izquierda europea olvida que el Frente Sandinista, para culminar el derrocamiento de la dictadura, primero hizo una alianza poli-clasista, un "frente amplio" en el antiguo lenguaje marxista. Esta alianza tenía dos diferencias sustanciales: Primero, el Frente Sandinista no era un partido, sino una organización político-militar, y siempre a nosotros nos enseñaron que "del Frente Sandinista surgirá el partido revolucionario y el ejército revolucionario". Siempre, desde cipotitos [niños] nos enseñaron eso en el Frente. Y efectivamente, así fue. Quienes desde los orígenes del Frente decían eso tenían razón, así fue. Y luego, más aún, a partir de 1969-70, al Frente Sandinista ingresan, paulatinamente primero y rápidamente después, segmentos de las capas medias radicalizados por la teología de la liberación, pero sectores medios al fin. Este proceso se acelera a partir del asalto a la casa de Chema Castillo en 1974, porque se despierta la imaginación romántica de mucha gente al ver a los guerrilleros victoriosos con su pañuelo rojinegro y su fusil. Era gente también animada por un genuino deseo de ayudar a liberar a Nicaragua de la dictadura, pero sin conciencia política. Por otro lado, el Frente necesitaba gente y también recursos, y esa era una manera de encontrarlos. Entonces, el Frente se nutre de muchos de estos sectores medios radicalizados, acompañados de muchos sectores campesinos y obreros, y es con estos sectores que acomete la embestida final contra la dictadura. Segundo, lo más importante, es que sectores medios altos y sectores de la burguesía antisomocista hacen una alianza con el Frente. Es el Grupo de los Doce, en el que estaba Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Miguel D'Escoto y otros. Ese sector, que era una alianza, termina fusionándose con el Frente Sandinista. Entonces, desde el punto de vista clasista estamos hablando de una composición muy heterogénea. Y se terminan fusionando, no a partir de la base, sino a partir de las cúpulas. Porque todo ese segmento se integra a la dirección del país, del estado y del partido. Y tenés ministros, embajadores, etcétera, con una formación política relativamente débil. El único que evoluciona con una fuerza ideológica importante es el padre D'Escoto. Al terminar los 80s y la revolución, serán principalmente esos sectores medios y burgueses los que terminarán separándose del Frente Sandinista en la primera mitad de los 90s junto con algunos compañeros provenientes de las filas guerrilleras tradicionales. Entonces, vos tenés a todos los ex-ministros, embajadores y dirigentes de cualquier cosa entre los fundadores del MRS. Sin embargo, dentro del Frente aún permanecen otros sectores poli-clasistas. Determinados sectores del sandinismo, gente que ocupó funciones importantes dentro del sandinismo, encontraron en los 90s una fórmula capitalista para acumular un tesoro personal y se convirtieron en empresarios que se confesaban siempre sandinistas pero desde su posición de empresarios. Ellos nunca fueron excluidos del Frente y lo que medía su pertenencia al Frente era su lealtad a la figura de Daniel Ortega más que su lealtad al programa histórico del FSLN o a las clases populares. Eso es un problema político para el Frente Sandinista. Entonces encontrás fenómenos como el de Herty Lewites u otros que ahora están acompañando al gobierno y otros que ya no lo están, como por ejemplo Alejandro Martínez Cuenca. Son sectores que han acumulado capital, son los llamados empresarios del Frente Sandinista. Ellos trabajan al sector de los profesionales, los capta y se convierten en un lobby dentro del Frente, interesados no en los cargos partidarios, sino en la cercanía al Secretario General y la eventual posibilidad de acceder a cargos públicos. Éste grupo fue ganando espacios importantes. Otro aspecto es que encontrás sectores empobrecidos provenientes de las Fuerzas Armadas muy radicalizados, principalmente ex-militares y miembros del antiguo servicio militar. También hay otro segmento de profesionales pobres, formados desde la pobreza, algún ingeniero o algún abogado, y después otro gran segmento de ex-empleados públicos de la década de los 80s despedidos en los 90s con determinadas capacidades pero que fueron marginados totalmente. Entonces, vos tenés ahí una composición variopinta, tanto en el origen de clase como en las posiciones políticas e ideológicas. Una base muy importante del Frente ubicada principalmente en las Segovias ha conservada intacta la mística del trabajo político. No es casualidad que el mejor trabajo electoral a lo largo de los 90s hasta la fecha se ha dado ahí en las Segovias. Luego, parte de ese trabajo se recuperó en Occidente donde hay otra realidad, con obreros agrícolas, muchas familias de inmigrantes, etcétera. León recupera parte de lo que era la formación marxista, la dirigencia local y regional. Ahí los resultados están a la vista. En cambio, en el sur del país, en Carazo, Masaya, Granada, con una composición clasista de comerciantes y pequeños productores que van a Managua a vender, hay otra realidad social que no sufrió tanto el embate del desempleo como Occidente. Ahí hubo una debilidad inicial del trabajo que se fue recomponiendo al compás de los resultados electorales del Frente. En Carazo, de tres alcaldías que gobernábamos en el 2000 pasamos a la totalidad el día de hoy. Ahí se lograron resultados electorales, pero no desde el punto de vista partidario. El partido en el sur es de escaso desarrollo. En cambio, el electorado es muy potente. En el centro del país, en Chontales y Boaco, el partido siempre ha sido débil y lo sigue siendo. Tiene mejores resultados de gobierno, pero no tiene mejores resultados electorales. Y en el Caribe hay una alianza con una organización miskita. Lo que se ha logrado en Matagalpa y Jinotega ha sido sobre la base de resultados de gobierno. En Jinotega hemos tenido históricamente muy pocos resultados electorales. En Matagalpa hemos ido creciendo a partir de recomponer la relación con el campesinado, con programas de gobierno. Los programas de gobierno son hoy en día la punta de lanza para derrotar los miedos y la aprehensión de la gente hacia el sandinismo, pero lo que falta es quién va atrás, recogiendo eso, renovando las filas del Frente, incorporando a esa gente y dándoles un cuerpo orgánico, ayudándoles a evolucionar. Eso es lo que falta ahí. Yo creo que eso que se conformó como un grupo de poder, como un lobby, constituido por los sandinistas que habían adquirido recursos materiales y financieros sigue teniendo mucha influencia dentro del Frente. El Frente Sandinista sigue conformándose como una agrupación poli-clasista. Esa es una realidad que permanece en el Frente y yo no creo que, desde el punto de vista de la historia nicaragüense, sería conveniente el hacer un partido sólo de las clases empobrecidas; no es parte de la manera de ser de los nicaragüenses y en cierta medida el sandinismo trasciende las propias clases. Entonces, sí se puede hablar claramente de un sandinismo con posiciones revolucionarias y socialistas, y de un sandinismo con posiciones reformistas, de compañeros de origen sandinista que hoy tienen posiciones socialdemócratas - incluso dentro del frente (que los hay). El contingente más avanzado que hay dentro del Frente Sandinista es, sin duda, el de los trabajadores. Este contingente proviene de lo que hoy es el Frente Nacional de los Trabajadores. Ese es el contingente de mayor fuerza, el que se moviliza, el que más empuja cambios a favor de los trabajadores. Hay otro sindicato sandinista que es más oportunista, que apuesta más al oportunismo político, y que no ha sido capaz de defender con autenticidad esos intereses. En la zona franca, ese segmento de la Central Sandinista de Trabajadores (CST) que es muy minoritario, ha hecho una política de conciliación de clases bajo la marca CST facilitando el trabajo de los empresarios taiwaneses, coreanos y norteamericanos para seguir con una política laboral semi-esclavista. Esa composición pluri-clasista se refleja en la composición del gabinete y en las políticas generales del Frente. Al Frente Sandinista no se le puede analizar con la lupa de los partidos clásicos. Eso no se ha podido hacer nunca en toda su historia, y me parece que esto permanece fuera del lente de la izquierda europea y norteamericana. Yo creo que si no se enfoca de esta forma es difícil entender lo que ocurre en Nicaragua. Ahora bien, también creo que el liderazgo unipersonal que ejerce Daniel Ortega dentro del Frente Sandinista, si bien por un lado es su principal fortaleza, también se convierte en un freno al desarrollo cualitativo del debate interno de la organización para articular una dirección colectiva en el trabajo. Esto es consecuencia de lo que pasó antes en el Frente Sandinista. En 1997, el Frente toma uno de dos caminos, el de la reforma del estado y de ocupar posiciones en el estado para, partiendo de esas posiciones ir creando las condiciones para ganar el poder político en las elecciones, en lugar de tomar el camino de la resistencia popular, de la organización y acumular de caudal electoral, social y político desde la lucha de clases contra la restauración del capitalismo. Al tomar ese camino de pactar espacios institucionales con el PLC sacrifica la naturaleza del Frente Sandinista que, de ser un partido de debate, de análisis, de toma de decisiones colectivas. De hecho había mucha inconformidad en la base sandinista con lo que estaba ocurriendo. Y lo que hace la dirección del partido es, tanto acabar con esos espacios orgánicos dejando un esqueleto con las personas más leales y alejar a la base sandinista de la vida militante. La izquierda europea se olvida de los objetivos JC: ¿Había otra salida en ese momento? WGV: Yo creo que en ese momento sí la había, pero estar analizando eso a estas alturas del partido es como analizar la prehistoria. Hay un hecho consumado y es que el Frente Sandinista tiene el poder. A mí me hubiese gustado que hubiese llegado de otra manera, pero eso es pasado. Yo luché para que se llegase al poder de otra manera y no lo conseguí. Ellos, por la otra manera llegaron a la meta que era conquistar el poder. Me podrá dar pesar el método que escogieron, pero el hecho es que conquistaron el poder y ahora, desde el poder, están haciendo lo correcto. Que no me guste lo que hicieron, que pactaron con Alemán, que hay gente corrupta, todo eso es cierto. Pero el gobierno constituido el 10 de enero de 2007 está básicamente integrado por nuevos cuadros del sandinismo, muchos de ellos vinculados a las luchas populares, y que están haciendo lo posible en el marco de las condiciones políticas y sociales críticas del país y tomando en cuenta que la correlación de fuerzas en la asamblea nacional es desfavorable. Es que esta parte de la izquierda europea se ha quedado anclada en lo que desde su perspectiva o de la mía debería ser y no ve lo que es. Acepto que esa izquierda tuviese sus reservas antes de llegar el Frente Sandinista al gobierno, o durante los seis primeros meses del gobierno, esperando ver su comportamiento. Pues bien, el comportamiento en general es impecable. Claro que ha cometido errores. Un grave error estratégico es desde mi punto de vista la cuestión del aborto terapéutico, el gobierno todavía tiene la oportunidad de rectificar y creo que está esperando el momento político para hacerlo. Pero el hecho concreto es que las políticas que realiza este gobierno van dirigidas a beneficiar a las clases populares y a darle mejores condiciones de vida a la gente. Porque a veces se nos olvida, Jorge: ¿Para qué tomamos el poder? Tomamos el poder para que las mayorías empobrecidas vivan mejor, para que tengan la oportunidad de ser felices, que tengan su casita, su refrigeradora, su televisor, que sus hijos estén bien vestidos, que tengan acceso a educación y salud públicas, que puedan ir a la universidad, que tengan vacaciones, que tengan derecho al ocio -algo a lo que los pobres no tienen derecho- ahora ¿cómo llegás a esa meta? lo podés hacer a partir de valores equilibrio y de justicia social o lo podés hacer a partir desequilibrio e injusticia social para los demás y que vos vivas bien, que es lo que hace el capitalismo, en especial el europeo, por ejemplo Suiza, Francia, Suecia están bien relativamente hablando en términos materiales porque habemos otros en el tercer mundo que estamos mal porque nos explotan. Entonces, el método es lo que varía, y los valores con los cuales lo hacés, pero al fin de cuentas, lo que nosotros desde la izquierda queremos es que la gente viva mejor. Evo lo dice, él tiene una frasesita: "Vivir mejor o vivir bien". Nosotros queremos hacer las cosas para que la gente viva bien. Ese es nuestro objetivo y eso no lo lográs por decreto ni tenés una gran alcancía de dónde sacar los recursos ni un millonario generoso que te los vaya a dar, lo tenés que hacer sobre la base de tu propio esfuerzo con la ayuda de tus amigos. Y yo creo que este gobierno lo está haciendo bien. Yo interpreto este período de gobierno como uno de transición en el que se sientan las bases sociales para propiciar condiciones políticas de conciencia y dar un salto de calidad, en éste o en el próximo período, si logramos tener éxito en esto. La principal acción del Frente Sandinista en estos cinco años es la acción de gobierno. Si hacemos un buen gobierno tendremos mejores posibilidades de avanzar en la conciencia, en la organización popular y en la sociedad. Si no, nos liquidamos en términos históricos. No se trata sólo de que la alternativa sería la derecha, sino que además otra izquierda dentro del Frente Sandinista, otra manera de hacer las cosas, probablemente rompería el equilibrio. A mi manera de ver las cosas, vos tenías que llegar al gobierno, y gobernar, sin causar una ruptura con los EE.UU. que lleve al país a la guerra, sin causar una ruptura con el capital oligárquico-financiero que te lleve a la guerra, que te lleve al aislamiento, sin causar una ruptura con los poderes fácticos como las iglesias católica y evangélica que te lleven a una ruptura social. Es decir que tenés que hacer las cosas de tal forma que, no es que los demás tengan que quedar conformes, pero que no se llegue al nivel de una ruptura. Entonces tenés que hilar fino. JC: Si no hubiese pasado lo que pasó en Venezuela, en Bolivia, etcétera, este cambio no hubiese ocurrido... WGV: Es como cuando triunfamos en el 79. Sin Cuba jamás hubiese triunfado la Revolución Sandinista. Hoy en día, probablemente hubiésemos ganado las elecciones del 2006, pero no habríamos podido tener este gobierno con determinados resultados. Sin Venezuela, sin el ALBA, sin la fortaleza que te da el ALBA, probablemente este gobierno estaría en jaque. No sólo es el capital el que se mundializa, sino también la lucha y la resistencia y, lo mejor, la mundialización de las soluciones. Nosotros no podríamos estar resolviendo el problema energético si no hubiésemos tenido la ayuda de Venezuela, ni el problema de la salud y el de la educación si no tuviésemos a Cuba. JC: El gobierno sandinista se propone acabar con la dependencia del petróleo para el año 2014. Eso parece de un nivel de ambición enorme. WGV: Sobre todo a la luz de la crisis mundial del capitalismo. La meta formulada en 2007 y anunciada en 2008 es esa. Iba por buen camino, habrá que evaluar cuál ha sido el comportamiento de la inversión extranjera en los sectores hidroeléctrico, geotérmico y eólico. Parece que el plan va bien y no ha sido alterado por los acontecimientos. De ser así es seguro que en el 2014 tendremos la independencia energética. Algo que ni siquiera en la época de la revolución habíamos soñado. La gente se debe apropiar del ALBA y del socialismo JC: Hablemos un poco de la globalización: ¿Cómo ves el tema del ALBA, de lo que algunos llaman "el socialismo del siglo XXI", todo esto que está pasando y lo que tenemos que hacer para evitar las grandes crisis que acosan a la humanidad? WGV: Quizás el principal desafío de los gobiernos del ALBA y de los partidos en el poder en esos países es que la gente se apropie de esa idea. No veo que se haya avanzado considerablemente en eso. Quizá donde más se haya avanzado es en Cuba por tradición, porque es un pueblo sumamente politizado y educado en el sentido cultural de la palabra. En cambio, en países como el nuestro, en Nicaragua, Honduras, o en la misma Bolivia, y hasta me atrevería a decir que en Venezuela, no creo que el ALBA aún haya logrado prender en las masas populares. Así como el socialismo no se puede decretar, tampoco la globalización de las soluciones se puede dar por decreto. Tienen que prender en la gente porque sino se vuelve un plan de la cúpula, que puede llegar a abandonarlo o a decidir emprender otro camino. Pero si la gente se ha apropiado de la idea, difícilmente habrá un giro. A mí no me gusta el nombre de "socialismo del siglo XXI" porque no existe un socialismo del siglo XIX y otro del siglo XX, lo que existe es una idea socialista que es similar a la idea de justicia social. Es decir, que todos demos según nuestras capacidades y que nos den según nuestras necesidades. La fórmula de eso puede ser a través de una economía con una gran influencia del estado sobre las palancas principales de la economía, puede ser una economía asociativa, puede tener mil formas. El socialismo nunca fue un modelo universal. Lo importante es el principio que guía al socialismo de que cada quién le dé al país de acuerdo a sus capacidades y reciba de acuerdo a sus necesidades. Cómo lo hacés va a variar de acuerdo a la correlación de fuerzas. En Nicaragua, por ejemplo, es absurdo estar pensando en implantar grandes empresas estatales en el sector agropecuario como lo hicimos en los 80s y en lo que nos equivocamos. O en decirle a los campesinos "mirá, te voy a dar asistencia técnica si te unís a otros campesinos". Eso no tiene sentido. Si no surge del campesinado como necesidad de desarrollo propio, es inútil, estúpido, contraproducente, el hacerlo desde el estado. ¿Qué modelo de socialismo se desarrollará en Nicaragua? No lo sabemos. Francamente, yo no creo que nadie tenga la receta, pero sí creo que tenemos clara la meta. Y que para llegar a esa meta, para la que nos faltan muchísimos años, tu primera prioridad es invertir en los seres humanos: Que coman, que se vistan, que tengan salud, que se eduquen, desde la educación formal hasta el desarrollo de nuevos valores. Pero, en un mundo tan interrelacionado como el de hoy, tus posibilidades económicas están limitadas. Si no tenés el apoyo de otros pueblos que piensen como vos, te liquidan. La fortaleza del gobierno de Nicaragua está en su gente, pero también está en el ALBA. Sin lo uno y sin lo otro, difícilmente se puede seguir el rumbo del socialismo. Vamos bien JC: Después de la derrota de 1990 te tocó abrir los micrófonos de La Primerísima y lo primero que dijiste fue "¡Viva el Frente Sandinista de Liberación Nacional!" Hoy en día el Frente tiene la meta de alcanzar el millón de militantes en saludo al 19 de julio. Después de esta noche larga de neoliberalismo y en vistas a este 30 aniversario de la Revolución Popular Sandinista: ¿Cuál es tu reflexión sobre el futuro del Frente y sobre las perspectivas de Nicaragua? WGV: El principal desafío es que la gente se apropie de la idea de que, así como están las cosas, con el sistema capitalista, no hay solución. La solución es encontrar otro sistema que, como te decía antes, no sabemos de qué manera será compuesto. Hay que lograr que la gente eleve su conciencia a ese nivel. Eso debe tener una expresión política o partidaria que es el Frente Sandinista. Estamos pagando costos por haber liquidado al Frente Sandinista como partido activo, dinámico, deliberativo y decisorio. En estos momentos no me pongo a evaluar si eso fue o no fue correcto, sino solamente constatar que esto es lo que nos pasó a partir de 1998. ¿Cómo hacemos ese partido? Ahí tenemos que ser inventivos. ¿Cómo hacés para organizar un millón de personas? Habrá que depurar, ya que seguro que se van a meter muchos oportunistas, pero yo prefiero que se metan 300 mil oportunistas a que continuemos en la parálisis actual, donde sólo somos miembros los de 30-35 años para arriba y la juventud no está integrada. Eso es algo que algunos compañeros y compañeras no entienden. Se trata de permitir que las nuevas generaciones entren al Frente y adquieran la experiencia necesaria para que dirijan al Frente a mediano y a corto plazo. Dentro de 10 años deberían de ser ellos los que estén en la dirección. Había una encuesta que se hizo en la UCA en 2005 según la cual, la principal prioridad de un 61 por ciento de los jóvenes era irse de Nicaragua. ¿Un país para quién estamos haciendo? Si no logramos que esa muchachada se apropie de la idea de país, y luego, de la idea de qué tipo de país, podemos irnos retirando. Porque estaríamos gobernando para nosotros mismos, porque dentro de unos 15 años en Nicaragua quedaremos un montón de viejos. La manera de satisfacer las necesidades materiales y espirituales de la población no sólo tiene que ver con que una generación le entregue el país a la siguiente, sino que la nueva generación también participe. Si no, no hay un enganche histórico-generacional. Si no somos capaces de reproducir esa idea es como si la revolución sandinista jamás hubiese existido. Cuando perdimos las elecciones en el 90 decíamos "no importa, las próximas elecciones las vamos a ganar nosotros". Y después, en 1996, nos robaron las elecciones y decíamos "bueno, no importa, pero en el 2001...". Nosotros decíamos "no, si esos sólo van a estar en el poder cinco años..." ¡qué va! En el 2005 ellos ya llevaban como 15 años y nosotros sólo habíamos estado 10 en el poder. Y en términos históricos, ellos habían estado en el poder 200 años y nosotros sólo 10. Entonces, yo tenía miedo de que la revolución hubiese sido un paréntesis histórico. Ahora podemos decir que no somos un paréntesis. Pero si no logramos que se integren las nuevas generaciones, esa generación de la que te hablaba al principio, que no vivió ni la dictadura ni la revolución, no veo cómo el sandinismo, o el modelo socialista o lo que vos le querrás llamar, va a pervivir en términos históricos. Y otra cosa, fíjate que yo creo que a veces se dice "ese partido no es marxista, no es socialista" etcétera. Mira: la situación de Nicaragua ha demostrado que el capitalismo no es la solución. No depende de si nosotros lo queremos o no, no depende de nuestra voluntad. ¿Qué produce el capitalismo tanto en Nicaragua como en el mundo entero? Pobres y corruptos. Es una máquina de producir pobres y corrupción. Y nosotros somos, si vos querés, la mejor prueba de que eso es así. Entonces, tenemos una realidad que te demanda un cambio de sistema. Hace falta que esa realidad se convierta en una acción política que no puede ser sólo de la dirigencia, que tiene que estar prendida en la gente. Y para eso está el instrumento Frente Sandinista de Liberación Nacional. Por eso y por integrar a las generaciones futuras, la meta del millón de militantes es muy importante, sobre todo para incorporar a las nuevas generaciones y para ver cómo las nuevas generaciones se apropian de esa idea. Yo creo que vamos bien, esa sería la conclusión. Si a mí me preguntan cómo evalúo este gobierno, lo respondo con una pregunta muy sencilla: ¿vive mejor la gente hoy? Sí. Tiene restablecidos los derechos sociales, sólo eso es bastante. En educación y salud, la gente vive mejor que hace 30 meses. La respuesta es un sí rotundo y cualquiera con el mínimo sentido objetivo estará de acuerdo. Eso no significa que la economía del país hoy esté mejor que hace 30 meses - aunque sí: Está mejor porque tenemos resuelto el problema energético, y está mejor porque hoy tenemos un norte de desarrollo que es la agricultura y el sector pecuario. En eso estamos mejor, pero no estamos aislados, sufrimos el embate de la crisis del capitalismo.


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