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El «factor Chávez» ronda elecciones. Análisis de la agencia DPA

Agencia DPA. Desde Managua. | 31 de Octubre de 2006 a las 00:00
A sólo cinco días de las elecciones en Nicaragua, las promesas de ayuda del gobierno de Venezuela al candidato del Frente Sandinista Daniel Ortega, el favorito según diversas encuestas, continúan provocando debate entre las principales fuerzas políticas que compiten por el poder.

Por Gabriela Selser, agencia alemana de prensa DPA. Desde Managua.

Ortega, que dirigió un gobierno de izquierda de 1985 a 1990, se anticipó a la campaña electoral que concluye oficialmente este miércoles anunciando desde Caracas, el pasado 25 de abril, la firma de un acuerdo entre Venezuela y varias alcaldías nicaragüenses para comprar petróleo en condiciones sumamente preferenciales. "Yo quiero que él gane", declaró públicamente el presidente Hugo Chávez, presente en aquella ceremonia y cuyas palabras suscitaron inmediatas críticas de Estados Unidos y líderes de la derecha nicaragüense. Diez días después y mientras se afinaban los preparativos para crear la empresa mixta Albanic, encargada de recibir y comercializar crudo y combustible refinado, Venezuela envió a Nicaragua el primer cargamento de 20.000 toneladas de urea (fertilizantes), valorado en 2,2 millones de dólares y regalado a una cooperativa agrícola vinculada al partido Frente Sandinista. El congresista republicano Dan Burton, presidente del subcomité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, llegó a Nicaragua la semana siguiente para advertir que Washington no avalaría "ninguna influencia externa en los comicios". "Hay candidatos que tienen amigos con los que comparten puntos de vista y que tienen miles de millones de dólares", dijo Burton consultado sobre la influencia que Chávez, férreo adversario del presidente Bush, podría ejercer en la campaña electoral. Sus palabras fueron respaldadas por Thomas Shannon, secretario de Estado norteamericano asistente para América Latina, quien también desde Managua reprobó "el injerencismo del que está metiendo dinero" para apoyar la campaña de Ortega. Estados Unidos reaccionaba así a las quejas suscitadas en el país por los comentarios de Paul Trivelli, el locuaz embajador norteamericano que jamás ocultó su simpatía por el ex banquero Eduardo Montealegre, candidato de la derechista Alianza Liberal y ubicado por las encuestas en segundo lugar de la intención del voto. "La de Estados Unidos sí es intervención, la de nuestro hermano Hugo Chávez es solidaridad", respondió Daniel Ortega, cuyos asesores después le aconsejaron callar, no asistir a debates presidenciales ni dar entrevistas de prensa durante toda su campaña. Durante los años 80, Estados Unidos apoyó a más de 40.000 "contras" antisandinistas que se alzaron contra la revolución en una guerra que duró casi 10 años y dejó más de 50.000 muertos. Aunque tampoco Chávez volvió a hablar en público sobre sus amigos nicaragüenses, el convenio petrolero se concretó el pasado 7 de octubre, con la llegada de un barco con 320.000 litros de diesel que, ante la falta de compradores en el Estado, tuvo que ser repartido entre alcaldías y cooperativas de transporte. Otro cargamento de 880.000 litros arribó dos semanas después al puerto de Corinto, en el Pacífico, pero a diferencia del otro, los sandinistas prefirieron guardarlo para después de las elecciones a fin de evitar "que hagan combustión", según comentó un diputado sandinista. El gobierno de Nicaragua y demás adversarios de Ortega también acusaron a Venezuela de financiar su "mega-campaña" publicitaria, cuyo costo asciende hasta ahora a seis millones de dólares, según informes independientes conocidos esta semana. "Estamos viendo a un Frente Sandinista altamente financiado por los 'petrodólares' de Chávez", se quejó el portavoz del Partido Liberal (derecha), Leonel Teller. "Cuando uno gasta tanto es porque alguien se lo está regalando, y por tanto el que recibe adquiere un claro compromiso con el donante", había dicho Herty Lewites, el fallecido candidato presidencial del disidente Movimiento Renovador Sandinista (MRS), que murió de un infarto a mitad de la campaña electoral. Tanto Ortega como su alcalde capitalino Dionisio Marenco, ungido vicepresidente de la sociedad Albanic, aseguran el convenio petrolero con Caracas "favorecerá a toda Nicaragua" y representa "una oportunidad de oro" para resolver la crisis energética que afecta al país. Según el acuerdo, las alcaldías nicaragüenses podrían pagar el 60 por ciento del valor del crudo en un plazo de 60 días después de recibirlo, y el 40 por ciento restante en los próximos 23 años, con dos de gracia y uno por ciento de interés, teniendo incluso la posibilidad de canjear la deuda con productos agrícolas. La noche del lunes, y después de varias semanas de no tocar el tema, Daniel Ortega anunció que de llegar al gobierno su primera medida será pedirle ayuda a Chávez y al reelecto presidente brasileño Lula da Silva para financiar grandes proyectos hidroeléctricos y geotérmicos. "Los únicos que tenemos posibilidad de resolver el problema de los apagones somos nosotros, y lo vamos a hacer inmediatamente con la cooperación de los hermanos venezolanos, con el petróleo venezolano, y con el apoyo y la experiencia de los brasileños", aseveró. El economista Edmundo Jarquín, que relevó a Lewites en la candidatura presidencial del MRS, se mostró preocupado ante la posible reacción de Estados Unidos si un nuevo gobierno de Daniel Ortega se sumara a la "ola de izquierda" en América Latina. "Para nosotros no hay injerencia buena o injerencia mala, sencillamente no debe haber injerencia. No podemos dejar que Nicaragua vuelva a caer en el centro de un conflicto geopolítico como el que vivimos en los años 80, afirmó.

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