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El sandinismo, entre la nostalgia revolucionaria y la mutación de Ortega. Reportaje del diario Clarín, de Argentina

Diario Clarín, de Argentina. Desde Managua. | 2 de Noviembre de 2006 a las 00:00
La casona ocupa toda la manzana del arbolado barrio El Carmen, en Managua. Los altos muros pintados de varios colores impiden ver hacia adentro. El dueño de esa propiedad era Jaime Morales Carazo hasta que le fue expropiada luego del triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979.

Por Pablo Biffi, enviado especial del diario Clarín de Argentina. Desde Managua.

Este banquero, que se exilió en EE.UU., fue desde allí uno de los ideólogos de los Contras, que financiados por Washington y entrenados desde Honduras por militares y paramilitares argentinos, le hicieron la guerra sucia durante casi 10 años al sandinismo en el poder. Hoy, esa casona es propiedad de Daniel Ortega, "expropiada" también al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por este personaje, en el marco de lo que aquí se llama "la piñata sandinista", la apropiación lisa y llana de bienes que por ley le correspondían al Frente. Esa es la parábola de "Daniel" —como todos lo llaman aquí—, la metamorfosis de un líder revolucionario que se convirtió en uno de los hombres más poderosos política y económicamente de este empobrecido país de poco más de 5 millones y medio de habitantes. Ese proceso de mutación también alcanzó a Morales Carazo, en un juego perverso de "expropiador y expropia do". Pero esa es otra historia. El triunfo de la Revolución Sandinista acabó con la dictadura somocista, que había comenzado en 1937 con Anastasio Somoza García —alias "Tacho"— y culminó con su hijo "Tachito" en aquel 19 de julio de 1979. Era el triunfo de la revolución democrática, ética y moral contra una tiranía de 42 años. En ella no sólo estaban los sandinistas: la primera junta revolucionaria incluía también a Violeta Chamorro. Eran tiempos de "Guerra Fría". Ya en 1980 "Doña Violeta" y personalidades independientes dejan la Junta y el sandinismo pasó a hegemonizar el gobierno revolucionario. Aquella "primavera revolucionaria" por el "socialismo democrático" duraría poco. En 1980, financiados por Washington —temeroso por el acercamiento del sandinismo con Cuba y la entonces Unión Soviética— surgieron los Contras, que llegaron a tener 40.000 hombres armados, entrenados por la CIA y por militares argentinos como el coronel José "Balita" Riveiro, jefe de los grupos operativos en Centroamérica, con base en Honduras. En ese grupo también estaba el coronel Mario Davico y los civiles Leandro Sánchez Reisse y Raúl Guglielminetti. Respondían al general Guillermo "Pajarito" Suárez Mason, jefe del Estado Mayor en tiempos de Jorge Rafael Videla. "Esa guerra fue atroz y una verdadera sangría para el país. Perdimos 50.000 vidas y 16.000 millones de dólares, además del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos y el gobierno de Ronald Reagan. Eso, y errores del sandinismo marcaron el fin de la Revolución en 1990, con el triunfo electoral de Violeta", dice a Clarín Víctor Hugo Tinoco, ex guerrillero, ex vicecanciller de Ortega y ex miembro de la conducción del FSLN hasta el año pasado, cuando fue expulsado por exigir elecciones internas para elegir al candidato a presidente. Hoy es candidato a diputado por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), una agrupación que surgió en 1994 con intelectuales, artistas y músicos sandinistas, como Carlos Mejía Godoy, autor de decenas de canciones que fueron himnos de la Revolución y de la izquierda latinoamericana en los 70 y 80. El endeudamiento externo —12.000 millones de dólares— y el ahogo financiero colapsaron la economía nicaragüense, que por entonces tenía una inflación anual del 39.000 por ciento. Pero lo que minó aún más al gobierno sandinista —ya en 1985 Ortega había sido electo presi dente— fue la decisión de imponer el servicio militar "Patriótico" obligatorio para enfrentar a los Contras. Chicos de 16 años enrolados a la fuerza para enfrentar a un ejército entrenado por la CIA y el tristemente célebre coronel Oliver North —aquel del escándalo Irán-Contras, hoy un "héroe" republicano y que anduvo por estos días haciendo campaña en Nicaragua a favor de los liberales— y por aquellos argentinos que exportaron a estas tierras el "método argentino" de lucha antisubversiva y de tortura. Muchos dieron la vida por la Revolución. Otros se hicieron ricos con ella, o con sus restos, sus ideales y sus banderas. El sandinismo y Ortega perdieron las elecciones del 25 febrero de 1990 contra la alianza UNO, que agrupaba a ex contras y liberales. Poco antes, en 1987, se habían firmado los acuerdos de paz de Esquipulas, motorizados por el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo (en el que estaba Argentina, ya con Raúl Alfonsín como presidente) que trajeron un manto de paz a Centroamérica, salpicada por guerras civiles. En esas elecciones, Ortega y el FSLN dejaron el gobierno pero no el poder. Entre febrero y abril de 1990, cuando asumió Chamorro, fue el pico más alto de la llamada "piñata": propiedades, tierras, empresas que legalmente le correspondían al Frente, fueron a parar a manos de Ortega y de algunos comandantes como Tomás Borge, o de sus testaferros. "Ortega siempre supo que no hay poder político sin poder económico. Y lo que hizo fue construir un imperio que le permitió seguir teniendo el poder para chantajear al gobierno. En definitiva, el FSLN fue el socio ideal de estos años de neoliberalismo, ya que aprobó todas sus políticas. De allí viene, en el año 1998, el pacto con el presidente Arnoldo Alemán. Ambos son socios políticos y económicos", dice Tinoco. La derechización de Ortega es evidente en cada paso que da. Se parece a un predicador electrónico, como cuando apoyó en estos días la sanción de una ley contra el aborto terapéutico para mujeres violadas. Con todo, la Revolución Sandinista dejó un fuerte legado, como la gratuidad de la enseñanza y de la salud, el desarrollo cultural, el cooperativismo y una sobria reforma agraria. Pero sobre todo, algo palpable aún en los nicaragüenses: los sentimientos de dignidad, solidaridad, de generosidad y un pueblo consciente de que en sus manos está el cambio. "¿Vos sabés lo que es dejar el Frente, por el que uno peleó y ofreció su vida? El Frente es hoy un sentimiento, es la bandera roja y negra, los sueños de la revolución. Y por eso sigue teniendo el apoyo que tiene. Los que creemos en el sandinismo, la democracia interna y nos oponemos a la corrupción, nos hemos ido", concluye Tinoco. Así es que Ortega está a un paso de volver al poder. Claro que ahora no cuenta masivamente con el apoyo de las masas campesinas que forman el 80% de pobres nicaragüenses, sino con el poder del dinero. Y también de muchos contras y ex somocistas, como el banquero Jaime Morales Carazo, aquel "expropiado", que es hoy su candidato a vice presidente.

Recta final con rumores y encuestas

A sólo cuatro días de las elecciones presidenciales, todo puede ocurrir en Nicaragua. Y hay rumores de todo tipo: Ayer, Leonel Teller, portavoz del Partido Liberal Constitucionalista, que lleva a José Rizo como candidato, dijo que su rival de la Alianza Liberal Nicaragüense, Eduardo Montealegre, le había comunicado que se bajaba de la pelea electoral. En una rueda de prensa con corresponsales extranjeros, entre ellos Clarín, Montealgre negó esa posibilidad y dijo que eso era parte de la guerra sucia contra él. Los dos partidos liberales han dividido el voto de la derecha y eso puede posibilitar el triunfo del sandinista Daniel Ortega en la primera vuelta del domingo. Todo parece ser parte de la pelea por quitarse votos entre sí. Ortega lidera con un 30 a 34%, seguido por Montealegre y Rizo con entre un 20 y 27%, sin certezas sobre cuál de los dos va segundo y cuál tercero.

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