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La prensa extranjera insiste en analizar las elecciones de Nicaragua no como un asunto doméstico, sino como parte del conflicto Venezuela–EEUU

Agencias DPA y AFP, y diario Página/12. Desde Managua. | 2 de Noviembre de 2006 a las 00:00
En general, la prensa internacional se resiste a observar el eventual triunfo del Frente Sandinista como un fenómeno que responde a la lógica política nacional. Sin tener ninguna prueba sólida, insisten en ubicarlo como parte del ajedrez político entre los presidentes Hugo Chávez y Estados Unidos. Lo único que pueden decir con certeza, es que Daniel Ortega, el candidato del FSLN, es amigo de Chávez, y que el banquero Eduardo Montealegre, es el favorito de Washington. Estos son algunos de los abundantes enfoques que se publican todos los días.

Elecciones bajo «guerra fría» EEUU-Venezuela

Por Gabriela Selser, agencia DPA. Desde Managua

La vida transcurre en calma en Nicaragua, cuando faltan pocas horas para que el pueblo salga a votar y después de una campaña electoral sumamente pacífica, pero signada por las sombras de Estados Unidos y Venezuela, que recuerdan los años de la "guerra fría" en los países de Centroamérica. La candidatura presidencial del ex mandatario sandinista Daniel Ortega (1985-1990), favorito para ganar la elección según las encuestas, ha enfrentado una cerrada oposición de Estados Unidos, que envió a sus representantes a Managua para advertir sobre los "peligros" que conllevaría su regreso al gobierno en 2007. Desde el sur, en tanto, llegaron atractivas ofertas del presidente venezolano, Hugo Chávez, que avaló un acuerdo para la venta de petróleo a las alcaldías nicaragüenses en condiciones muy favorables y regaló 20.000 toneladas de fertilizantes a una empresa agrícola vinculada al Frente Sandinista. Altos funcionarios del Departamento de Estado, congresistas y hasta el poco célebre coronel Oliver North, protagonista del escándalo Irán-contras, visitaron el país durante la campaña electoral para advertirle a los nicaragüenses, sin rodeos, que no apoyarían a una administración dirigida nuevamente por Daniel Ortega. "Daniel Ortega es un tigre que no ha cambiado sus rayas", ha dicho el omnipresente embajador norteamericano Paul Trivelli, que falló en su misión de reunificar a las "fuerzas democráticas": el Partido Liberal (PLC) de Arnoldo Alemán y la disidente Alianza Liberal (ALN), ambos de derecha. Estados Unidos definió temprano su simpatía por el ex banquero Eduardo Montealegre, candidato presidencial de la ALN, y tomó distancia de Alemán, condenado a 20 años de cárcel por corrupción, retirándoles las visas de entrada a sus más cercanos familiares y colaboradores, e incluso a él mismo. Mucho antes de la campaña electoral, la subsecretaria de Estado adjunta Kirsten Madison pidió a los nicaragüenses votar "por líderes nuevos que representan esperanza y vitalidad", y no por "los dos caudillos corruptos", aludiendo a Ortega y a Alemán, que controlan el Poder Judicial y otras entidades del Estado como parte de un polémico acuerdo firmado en secreto hace ocho años. En su tenaz ofensiva "anti-Ortega", Washinton agregó un nuevo elemento al récord político del líder sandinista que tanto le disgusta: sus vínculos con la izquierda que ha llegado al poder en Sudamérica, y especialmente con la Venezuela de Hugo Chávez. El "factor Chávez" comenzó a rondar Nicaragua desde que, en abril pasado, Ortega viajó a Caracas para asistir a la firma del convenio petrolero entre la estatal PDVSA y varias alcaldías regentadas por el Frente Sandinista. "Yo quiero que Daniel gane", declaró esa vez de manera pública Hugo Chávez, a quien Ortega llama "hermano" y cuyas palabras suscitaron inmediatas críticas de Estados Unidos y líderes de la derecha nicaragüense. Diez días después y mientras se afinaban los preparativos para crear la empresa mixta Albanic, encargada de comercializar crudo y combustible refinado, Venezuela envió el primer embarque de 20.000 toneladas del fertilizante urea, valorado en 2,2 millones de dólares y donado a una cooperativa agrícola vinculada al partido Frente Sandinista. El acuerdo petrolero, en tanto, comenzó a andar a inicios de octubre, con la llegada de una barcaza con 320.000 litros de diésel. Otro barco con 880.000 litros de combustible arribó dos semanas después a Puerto Corinto, donde supuestamente aún se encuentra. Entre otros beneficios, el convenio establece pagar el 60 por ciento del valor del crudo en un plazo de 60 días, y el resto a un plazo de 23 años, con dos de gracia y uno por ciento de interés, teniendo incluso la posibilidad de canjear la deuda con productos agrícolas. El gobierno de Nicaragua y demás adversarios de Ortega también acusaron a Chávez de financiar su "mega-campaña" publicitaria, cuyo costo asciende hasta ahora a seis millones de dólares, según informes independientes conocidos esta semana. "Venezuela no se mete en eso" pero sí hay "una injerencia franca y abierta de Estados Unidos" en el proceso electoral nicaragüense, afirmó desde Caracas el vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel. "Hay candidatos que tienen amigos con los que comparten puntos de vista y que tienen miles de millones de dólares", declaró en Managua el republicano Dan Burton, presidente del subcomité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos. Casi a coro, el secretario de Estado asistente para América Latina, Thomas Shannon, llegó poco después al país donde reprobó "el injerencismo del que está metiendo dinero" para apoyar la campaña del Frente Sandinista. También desde Managua, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld recordó que en el mundo existen "grupos extremistas que pretenden eliminar a los gobiernos moderados y reemplazarlos por regímenes radicales". "Ortega y los sandinistas representan a la fracasada ideología comunista que trajo ruina y derramamiento de sangre", proclamó desde Miami el ex subsecretario de Estado Otto Reich, un activo defensor de la "contra" que dirigió la política exterior de Ronald Reagan durante la guerra contra Nicaragua. Algunos piensan que esta confrontación podría llevar a Nicaragua al centro de un nuevo conflicto geopolítico, ahora entre Washington y la izquierda "dura" latinoamericana liderada por Chávez desde Caracas. Pese a renovados pedidos de la misión electoral de la OEA para que representantes de otras naciones "no intervengan de manera activa en el debate electoral nicaragüense", tres influyentes congresistas republicanos pidieron hace pocos días a la Casa Blanca "revisar" sus relaciones con Nicaragua si los sandinistas regresaran al poder.

La sombra de Chávez y de EEUU planea sobre las elecciones de Nicaragua

Por Manuel M. Cascante, diario ABC de España.

A la cuarta quizá sea la vencida. La división de los liberales puede propiciar el regreso de los sandinistas (también escindidos) y de Daniel Ortega a la Presidencia de Nicaragua, después de tres derrotas consecutivas: ante Violeta Chamorro en 1990; en 1996 frente a Arnoldo Alemán (hoy, procesado por corrupción y latrocinio), y en 2001 con el actual mandatario, Enrique Bolaños, como rival. Para ello, el antiguo comandante guerrillero precisa del 35 por ciento de los votos en las elecciones de este domingo y un cinco por ciento más que el segundo candidato más votado: los que le evitarían disputar (y, con toda probabilidad, perder) una segunda ronda en las urnas. O sumar el 40 por ciento de los votos independientemente de los que logre el segundo. El aspirante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se acerca a esa cifra en las encuestas, que le otorgan un 33 por ciento. A once puntos del ex presidente (1979-1990) aparece el candidato de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), Eduardo Montealegre. En tercer lugar, con el 17 por ciento, figura el también conservador José Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). El disidente sandinista Edmundo Jarquín -Movimiento Renovador Sandinista (MRS)- se queda con el 13 por ciento. Ni Ortega ni el mandatario venezolano, Hugo Chávez, han escondido su mutua admiración y colaboración. En abril, Ortega anunciaba en Caracas la firma de un acuerdo entre el Gobierno bolivariano y varias alcaldías nicaragüenses para comprar petróleo en condiciones preferenciales. "Yo quiero que él gane", ha declarado el presidente revolucionario. El Gobierno y los adversarios de Ortega han acusado a Venezuela de financiar su propaganda, estimada en seis millones de dólares. "Cuando uno gasta tanto es porque alguien se lo está regalando, y por tanto el que recibe adquiere un claro compromiso con el donante", dijo Herty Lewites, el candidato del MRS que murió de un infarto en plena campaña. La mano estadounidense tampoco se aparta de estas tierras centroamericanas desde que el aventurero William Walker se convirtiera en presidente del país en 1856 o en 1940, cuando Cordell Hull, secretario de Estado del presidente Roosevelt, calificaba al fundador de la dictadura de los Somoza como "nuestro hijo de puta". Lo hizo en los ochenta, para armar a la "Contra" que contribuyó a poner fin al régimen sandinista en plena trayectoria prosoviética. Y hoy no oculta su injerencia para evitar el retorno de Ortega, tal y como ha denunciado la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Nicaragua, llave de la encarnizada lucha de influencia de EEUU y Venezuela

Análisis de la agencia AFP

Las elecciones presidenciales que Nicaragua celebra el domingo, en las que aparece favorito el candidato sandinista Daniel Ortega, se han convertido en el nuevo escenario de la encarnizada lucha de influencia que libran Estados Unidos y Venezuela en el continente. La ventaja que le dan las encuestas a la vieja 'bestia negra' de Estados Unidos, con entre el 30 y 34% de los votos, insuficientes, sin embargo, para ganar en primera vuelta, han puesto en pie de guerra a la administración de George W. Bush. La gran potencia, que no pudo derrocar con las armas a Ortega cuando llegó al poder por medio de la revolución sandinista (1979-1990), no ha dudado en amenazar con controlar los más de 600 millones de dólares de remesas que envían los inmigrantes nicaragüenses a sus familiares y reducir la ayuda al país centroamericano, con cerca del 70% de la población en la pobreza, con tal de no perder otra pieza en la partida de ajedrez que juega con Hugo Chávez en el tablero latinoamericano. Los detractores -numerosos sobre todo en el país donde más de la mitad de la población reconoce que no votaría nunca por él- no acaban de creerse el mensaje pastoral del nuevo Ortega, en el que promete una "revolución espiritual y solidaria" plagado de referencias a Dios y amor al prójimo y ha cambiado los colores rojo y negro del viejo sandinismo por un rosa chicle que pena en imponerse entre su fiel militancia, formada mayoritariamente por un ejército de pobres. Pese a que su fervor antiimperialista se ha ido suavizando con los años y el pragmatismo ha imperado en su política desde la oposición, sus 'amistades peligrosas' con el presidente venezolano Hugo Chávez, el líder cubano Fidel Castro o ahora el boliviano Evo Morales, dan miedo y sus rivales no han dudado en utilizarlas como una razón para atacarlo. Eduardo Montealegre, el candidato por la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, derecha) favorito de Washington y segundo en las encuestas con un 22-25,5% de las intenciones de voto, ha denunciado el intento de Chávez "de comprar voluntades" para poner a su amigo en Nicaragua y "un pie a tierra en Centroamérica", con la venta de petróleo a precio preferencial a las alcaldías controladas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, desmintió dichas denuncias y acusó a Washington de "desacreditar el papel de Venezuela a escala regional". Una Venezuela que acaba de perder una batalla en su pugna con Guatemala para conseguir un sillón no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, llegando a un consenso a favor de Panamá. Tanto el candidato del disidente Movimiento para la Renovación Sandinista, Edmundo Jarquín, cuarto en las encuestas, como el equipo de observadores de la Unión Europea han pedido que se deje votar a los nicaragüenses en libertad sin injerencias externas. "Hay que respaldar al pueblo de Nicaragua en su oportunidad de poder elegir su propio presidente y su Congreso sin tener que contestar a las presiones internacionales", ha declarado el jefe de la misión de la UE en Managua, el italiano Claudio Fava. La mayoría de los analistas vaticinan un resultado muy ajustado en los comicios del domingo, los más vigilados de la historia con más de 17.000 observadores internacionales y nacionales.

Chávez y Bush se enfrentan en Nicaragua

Reporte del diario Página/12, de Argentina

No va más. La campaña nicaragüense terminó ayer, con actos, caravanas y conciertos multitudinarios. A pesar del creciente clima de tensión y polarización, los observadores electorales destacaron la paz que reinó en todo momento en las calles. Los candidatos hicieron énfasis en los dos principales problemas del país: la pobreza y la corrupción. El líder sandinista y favorito según todos los sondeos, Daniel Ortega, aprovechó la jornada para recorrer ciudades del interior y terminar a la noche con un último peregrinaje a la capital. Su rival más fuerte y aliado de la Casa Blanca, Eduardo Montealegre, dedicó el día a recorrer los barrios más pobres de Managua, incluyendo los tradicionales feudos del sandinismo. Allí, casualmente, se encontró con la caravana de su ex aliado y candidato del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), José Rizo. Los dos, apoyados por distintos sectores de Estados Unidos, buscan evitar una victoria de Ortega en primera vuelta. Los últimos sondeos sitúan al líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) con una intención de voto que oscila entre el 35 y el 30 por ciento. Según la ley electoral nicaragüense, para ganar es necesario obtener el 35 por ciento de los votos, con una diferencia de cinco puntos porcentuales con respecto al segundo candidato, o el 40 por ciento de los votos. El miedo de Ortega no es sólo no conseguir arañar el 35 por ciento, sino que Montealegre, el ex banquero que representa a la Alianza Liberal Nicaragüense, continúe achicando la distancia. Una última encuesta de la empresa estadounidense Greenberg Quinlan Rosner Research, difundida por el diario nicaragüense La Prensa, le daba 27 por ciento al ex ministro de Economía del actual gobierno. El otro elemento que podría derribar las aspiraciones del ex comandante sandinista es un eventual traspaso de votos al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), el sector disidente que dejó el FSLN por no estar de acuerdo con la dirección de Ortega y que hoy cuenta con una intención de voto de alrededor del 15 por ciento. Sin embargo, esta amenaza se debilitó con la muerte del candidato presidencial del MRS, Herty Lewites, tres meses antes de las elecciones. Su reemplazo fue su compañero de fórmula, el economista Edmundo Jarquín, un hombre casi desconocido para muchos nicaragüenses. Por eso, el partido eligió un dirigente con alto perfil para acompañarlo: el cantautor más importante de la Revolución Sandinista, Carlos Mejía Godoy. Utilizando su figura, el cierre de campaña del MRS fue un concierto masivo al aire libre en Managua. Frente a una multitud de simpatizantes con velas blancas, Mejía Godoy repasó su repertorio más conocido con canciones como "La tumba del guerrillero" y "Nicaragua Nicaragüita". El cierre le correspondió a Jarquín: "Vamos a terminar con la infamia en uno de los países más desiguales de la más desigual región del mundo. Por la justicia, por la dignidad, no les vamos a fallar", prometió el único de cuatro candidatos que no ha recibido el apoyo de un gobierno extranjero (a Ortega lo apoya Venezuela). Mientras el MRS eligió uno de sus bastiones para cerrar la campaña, Montealegre hizo su última aparición en medio de uno de los feudos del sandinismo. Subido a una caravana, recorrió una de las zonas más pobres de Managua, en donde la mayoría de las familias todavía le agradecen a Ortega por sus casas, construidas durante la revolución. El candidato del empresariado –nacional y extranjero– llegó a mitad de la tarde en su 4x4, seguido por una larga fila de colectivos que llevaban a sus simpatizantes. La caravana estuvo marcada por la tensión, especialmente cuando unos militantes comenzaron a tirarles pedazos de galletitas a los simpatizantes del FSLN que miraban desde las veredas. El broche final de la campaña lo puso Ortega. Anoche continuaba recorriendo los barrios de Managua, luego de un día lleno de actos y reuniones. A la tarde se reunió con directivos de la Cámara de Comercio para firmar, como ya lo había hecho el resto de los candidatos, un documento, en el que se comprometió a respetar la libre empresa y a formar un gobierno amplio y de consenso. Luego de marchar por el centro del país, el líder sandinista llegó a la capital acompañado por miles de personas. Su discurso final fue un resumen de lo que ha sido su campaña: "Paz, trabajo, educación y reconciliación".

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