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La Casa Blanca designa observadores y el Departamento de Estado niega haber tomado partido en Nicaragua

BBC, y agencias EFE y AFP. Desde Washington. | 2 de Noviembre de 2006 a las 00:00
La Casa Blanca anunció este jueves que asignó una delegación presidencial para observar las elecciones en Nicaragua el próximo 5 de noviembre. Los miembros serán el actual embajador estadounidense en Managua, Paul Trivelli, así como el ex senador J. Bennet Johnston y el ex representante Bill Paxon. El anuncio llega desde la Casa Blanca el mismo día que el portavoz del Departamento de Estado aseguró que Washington no ha tomado ninguna posición con respecto a los comicios nicaragüenses. "No tratamos de moldear la opinión ni de tomar posiciones", dijo este jueves Sean McCormack al negar que EE.UU. esté a favor de uno u otro candidato. Sin embargo, otros funcionarios alertaron en estas últimas semanas las "consecuencias negativas" del triunfo del candidato del Frente Sandinista Daniel Ortega. Uno de ellos fue el secretario de Comercio de EE.UU., Carlos Gutiérrez, quien manifestó el pasado 19 de octubre que un posible triunfo del candidato presidencial sandinista ahuyentaría el comercio y la inversión de Nicaragua. Otro fue el propio embajador Paul Trivelli, que en entrevista con esta corresponsal, aseguró que el triunfo de Ortega sería contraproducente para la región. Asimismo, tres importantes legisladores republicanos, Edward Royce, Dana Rohrabacher y Peter Hoekstra, enviaron una carta a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y al secretario de Seguridad Interior, Michael Chertoff, para pedir que se bloqueen las remesas que envían los nicaragüenses que viven en este país (unos 800 millones de dólares) en caso que Ortega gane. El portavoz del Departamento de Estado dijo que Washington no ha tomado ninguna posición. A las declaraciones y cartas se suman viajes a Nicaragua como el de Oliver North, un teniente coronel que trabajó para el gobierno Reagan en apoyo de los "contras" en la década de los noventa. A los analistas esta situación les sorprende. En una columna en el Washington Post, Michael Shifter, subdirector del foro de asuntos hemisféricos Diálogo Interamericano, aseguró que su país se mantuvo al margen de los demás procesos electorales de la región. "El gobierno Bush merece mucho crédito porque elección tras elección mostró mesura y muy sabiamente evito tomar parte. Sin embargo, Nicaragua es una excepción", señaló Shifter. El hecho de que "la Casa Blanca no pueda resistir la tentación de inmiscuirse en las elecciones para destruir una adversario de la guerra fría es una muy mala noticia". El experto en la región concluye que es una lástima que no se hayan aprendido las lecciones del pasado. La misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) pidió que países extranjeros no se inmiscuyan en el proceso electoral nicaragüense. Los funcionarios de la OEA no dieron nombres, pero no es un secreto que se referían a Washington y a Caracas. ¿Actuaría la Casa Blanca de modo distinto sino fuera por que teme que un candidato que apoya Hugo Chávez, el presidente venezolano, llegue al poder? Eso es lo que se preguntan algunos. Sin embargo, el gobierno Bush se comportó de otra manera durante elecciones en otras partes de América Latina, como Perú. Incluso durante el complicado proceso en México, el gobierno estadounidense mantuvo el silencio. Muchos creen que Estados Unidos desea ver a Ortega derrotado. Sin embargo, el portavoz del Departamento de Estado insistió en que "quien resulte elegido en Nicaragua será decisión de los nicaragüenses". "No vamos a emitir un juicio anticipado sobre el resultado de estas elecciones antes de que se produzcan", aseguró y explicó que luego se llevará a cabo una valoración de la opinión de los observadores internacionales para ver si el proceso fue justo y transparente. Además de la delegación de Bush, las elecciones en Nicaragua serán vigiladas por una misión de la OEA y un grupo del Centro Carter, así como representantes de gobiernos europeos. En octubre, el mismo Centro Carter pidió en un comunicado a los "gobiernos del hemisferio a no intervenir en los asuntos electorales de Nicaragua en estos delicados momentos".

Las elecciones nicaragüenses acabaron con la cautela de EEUU

Estados Unidos rompió en Nicaragua con la cautela que caracterizó su diplomacia en las otras elecciones latinoamericanas de este año, ante la perspectiva de una victoria el domingo del sandinista Daniel Ortega y bajo el efecto de "una resaca de la Guerra Fría", afirmaron analistas. "Las injerencias de Estados Unidos en el proceso electoral nicaragüense me parecen bastante lamentables y desafortunadas", declaró a la AFP Michael Shifter, vicepresidente del Diálogo Interamericano, al referirse a declaraciones de altos funcionarios norteamericanos que generaron reproches de la OEA. El embajador norteamericano en Managua, Paul Trivelli, el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, el influyente congresista republicano Dan Burton y en los últimos días el administrador de USAID para América Latina, Adolfo Franco, advirtieron de consecuencias en caso de que gane Ortega (1979-1990), que lidera las encuestas. "Esas declaraciones no respetan la soberanía de Nicaragua", agregó Shifter, recordando, por ejemplo, que Gutiérrez advirtió que "es un hecho histórico que las relaciones con nuestro país siempre se han visto limitadas y dañadas cuando los sandinistas están en el poder. Esa es la preocupación nuestra". El portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, negó este miércoles injerencias de su país en los comicios nicaragüenses, haciendo caso omiso de las declaraciones de Trivelli y Franco, de su propio departamento, aunque dijo que sólo hablaba en nombre de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice. En Washington, las interferencias de Estados Unidos suscitaron un amplio debate: "Es un error. Cada vez que Estados Unidos trata de alinearse con un candidato siempre paga las consecuencias", explicó un ex funcionario bajo anonimato. El columnista conservador Robert Novak exigió, por su parte, un mensaje más claro y lamentó que el Departamento de Estado haya alertado recientemente a los ciudadanos de su país sobre actos violentos en Nicaragua y no "sobre el regreso de los sandinistas, en la misma línea que La Habana y Caracas, gracias a otro error de política estadounidense". Lo cierto es que Ortega acabó con la cautela de Estados Unidos en un año con numerosas elecciones en América Latina: "Contrariamente a los casos de Perú o Brasil, Estados Unidos aparece dando señales de qué partido apoya en las elecciones de Nicaragua", constató Nelson Cunningham, de McLarty Associates. "Hay un largo historial entre los sandinistas y los republicanos en Washington. Esto convirtió a Nicaragua y los sandinistas en un tema particularmente sensible para el Gobierno de (presidente George W.) Bush", subrayó el experto. El contraste es revelador: en las elecciones peruanas, por ejemplo, Washington evitó las declaraciones públicas, a pesar de que el nacionalista Ollanta Humala tenía el apoyo explícito del presidente venezolano, Hugo Chávez, que también respalda a Ortega. En Nicaragua, Chávez parece hacer sacado las lecciones de la derrota de Humala y se mantiene cauto, mientras Estados Unidos no tuvo reparos en manifestar su oposición al sandinismo, sino también al Partido Liberal Constitucionalista (PLC-derecha) cuyo líder es el ex presidente Arnoldo Alemán. En el Gobierno de Bush, las guerras civiles en Centroamérica siguen muy presentes. En los últimos años, tanto el vicepresidente Dick Cheney, como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, citaron a menudo al éxito de la democracia en esa región en los años 80 como ejemplo para Irak y Oriente Medio. "La figura de Daniel Ortega excita y genera pasión de mucha gente aquí en Washington", subrayó Shifter. "El hecho de que pueda regresar al poder es muy difícil de aceptar para muchos funcionarios" norteamericanos, añadió. El experto consideró "exageradas" las advertencias estadounidenses de que Ortega constituye "una gran amenaza para América Latina" y las atribuyó a "una especie de resaca de la Guerra Fría". "Están repitiendo lo que figuraba en su libreta de aquella época sin darse cuenta de que es el pasado", lamentó.

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