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Batalla campal en Oaxaca y la Policía va en retirada

Agencia AFP. Desde Oaxaca, México. | 2 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Tras seis horas de choques con gases, bombas incendiarias y chorros de agua, la Policía Federal mexicana (PFP) fue obligada por miles de manifestantes y vecinos de Oaxaca (sur) a replegarse del punto donde horas antes habían desmontado una barricada opositora, constató la AFP. El repliegue de la policía se produjo ante la llegada de grandes grupos de colonos a la zona de la ciudad Universitaria (450 km al sur), donde horas antes los uniformados habían podido controlar la última gran barricada de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO, izquierda), en el marco de una extendida protesta en reclamo de la renuncia del gobernador Ulises Ruiz. Miles de personas, incluidas familias, caminaban hacia el área de la ciudad Universitaria desde las colonias populares. Tras la retirada policial, la APPO llamó a sus militantes a reinstalar las barricadas en toda la ciudad. "Se van a instalar nuevamente todas las barricadas en toda la ciudad hasta que la Policía Federal Preventiva (unos 4.500 efectivos) se vaya", dijo a la AFP Gustavo Adolfo López, encargado de orden y vigilancia de la APPO, que aglutina a los manifestantes. Poco antes, el vocero de la APPO, Florentino López, hizo un llamado a los habitantes y militantes de la organización para que "permitan el repliegue de la PFP hacia la zona del aeropuerto" de Oaxaca. "Necesitamos ser inteligentes y permitirles su huida hacia el aeropuerto, porque si no lo hacemos en otro momento estaría interviniendo el ejército", dijo López a la AFP. Según López, la retirada de los federales fue ordenada por la secretaría de Gobernación (ministerio del Interior). "Ha sido una medida unilateral la que tomó gobernación, pero el pueblo logró replegar a los policías", afirmó el portavoz. Poco antes de las 08h00 locales (14h00 GMT), cientos de elementos de la PFP habían logrado desmontar sin mayor resistencia la última de las cuatro grandes barricadas de la APPO en un cruce vehicular cercano a la Universidad Benito Juárez, donde los opositores tienen uno de sus centros de operación. Pero dos horas después, unos 200 jóvenes, al parecer estudiantes, llegaron hasta el lugar para lanzar bombas incendiarias, piedras y todo tipo de proyectiles a la PFP, que respondía con gases lacrimógenos, con lo que se desencadenó una batalla campal. La PFP nunca logró tener el control total de la situación y si bien con chorros de agua lanzados desde tanquetas antimotines y gases arrojados desde tres helicópteros logró replegar por momentos a los manifestantes, finalmente se vio superada en número y retrocedió. A los manifestantes se sumaron luego miles de furiosos pobladores de Oaxaca, que también arrojaban proyectiles a los uniformados y auxiliaban con trapos bañados en vinagre para combatir los efectos de los gases lacrimógenos. En el operativo de repliegue, los federales continuaban lanzado gases para abrirse paso hacia la zona del aeropuerto. Un saldo de 21 heridos - siete policías, 12 jóvenes y dos periodistas - dejaron los choques en torno a la ciudad Universitaria, informaron a la AFP fuentes de ambos bandos. Los elementos policiales resultaron "con lesiones en las manos por el estallido de petardos y bombas molotov", informó un oficial en las afueras de la Universidad Benito Juárez. Varios de los lesionados, con quemaduras, intoxicados o contusiones, fueron atendidos en la parroquia de los Siete Príncipes, donde se improvisó un centro médico. La PFP mantiene desde el pasado domingo un despliegue de 4.500 hombres en Oaxaca, estado sacudido por una ola de descontento social. Un saldo de 11 muertos en total ha dejado la protesta desde que comenzó en mayo pasado con una huelga docente en demanda de mejoras salariales y se amplió luego al pedido de renuncia del gobernador Ruiz.

Batalla campal

Armados con piedras y petardos, miles de oaxaqueños, fundamentalmente estudiantes y maestros, frustraron el jueves el intento de la policía de ocupar dos posiciones junto a la Universidad e infligieron su primera derrota a las fuerzas de seguridad mexicanas. Cuando la policía se retiró del lugar, luego de varias horas de violentos enfrentamientos, estalló el júbilo entre los manifestantes, que al grito de "Sí se pudo, sí se pudo", "El pueblo unido jamás será vencido" y "Ya cayó, ya cayó, Ulises (Ruiz, gobernador estatal) ya cayó", celebraron la victoria golpeando con piedras postes y persianas metálicas. Las inmediaciones del recinto universitario, donde los opositores a Ruiz mantenían dos de las cientos barricadas de barricadas con las que desde hace meses tienen bloqueada la ciudad, se había convertido en una auténtica batalla campal. Después de desalojar con éxito en los dos días anteriores tres de las barreras de autobuses y camiones de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) -la cual aglutina el movimiento opositor- la Policía Federal Preventiva (PFP) intentó este jueves tomar posiciones junto a la Ciudad Universitaria. Allí, la APPO tiene Radio Universidad, el medio de comunicación por el que coordina el movimiento. Durante las primeras horas los agentes antimotines apenas encontraron resistencia y consiguieron hacer replegarse a las callejuelas aledañas al centro de enseñanza a unos 400 jóvenes que les plantaron cara con palos y piedras. Sin embargo, cada vez más oaxaqueños acudieron en respuesta a la llamada de la emisora rebelde y acabaron rodeando a las fuerzas de seguridad por todos los costados. Los enfrentamientos entre policías y rebeldes duraron cuatro horas, en las que los primeros respondieron con chorros de agua, con gas pimienta, bombas de gas y pedradas a todo tipo de objetos, petardos e incluso cócteles molotov lanzados por los segundos. Algunos manifestantes acosaban a las tanquetas desde las azoteas, otros lanzaban petardos, otros, vecinos del lugar, sacaban cubos de agua de las casas para que los manifestantes se limpiaran el gas, que entraba en boca, nariz y quemaba la piel. "Están usando gases muy tóxicos, con un ácido", aseguró un doctor, que formaba parte de los equipos médicos formados por ex estudiantes universitarios, que asistían a los heridos en la facultad de derecho y en las calles con unidades móviles. Más de 50 personas resultaron heridas, la mayor parte con contusiones, intoxicaciones y quemaduras (generalmente producidas al manipular erróneamente los petardos), que sólo precisaban de los primeros auxilios y tan sólo tres requirieron una mayor atención, por una corte en la boca, una quemadura de segundo grado en una mano y una contusión fuerte en un ojo. "Fue una piedra en el ojo. Fueron los policías", dice un joven de 28 años que se identifica como universitario a pesar de que ya terminó su carrera. Por parte de la policía, se informó de al menos siete heridos por contusiones. Yunué López, un encargado de mostrador que salía de trabajar, se dirigía hacia el centro y, atrapado por los disturbios, se dedicó a llevar a personas a una clínica. Incluso trasladó a un agente policial que encontró solo y magullado en la zona. "Estaba escondido debajo de un camioncito, le digo 'súbete' y ya lo llevé con su unidad", asegura Yunué, que no se manifiesta a favor ni de opositores ni de policía: "se están matando a lo tonto", dice. Algunos de los participantes en las refriegas, entre los que había hombres y mujeres, jóvenes y adultos, agarraban las bombas de gas y las devolvían a la policía o les echaban arena para desactivarlas, mientras que otros arrastraban autobuses para crear más barricadas y los quemaban. La policía usaba tanquetas y helicópteros, de donde lanzaba bombas de gas. Los estudiantes adentro del recinto estudiantil, por su lado, ayudaban con agua y comida a los manifestantes. Tras la batalla campal, las calles quedaron llenas de piedras, vehículos quemados y múltiples comercios tenían los cristales rotos. En la avenida por donde se había retirado la policía fue instalada otra barricada con maderas, piedras y ramas.

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