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Trivelli, protagonista de la elección

Agencia AFP. Desde Managua. | 3 de Noviembre de 2006 a las 00:00
El embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Paul Trivelli, encargado por George W. Bush para dirigir la delegación de observación en los comicios del domingo, se ha convertido en un gran protagonista del proceso electoral nicaragüense intentando impedir una victoria del sandinista Daniel Ortega. Trivelli, sin duda el diplomático más conocido en Managua, ha dicho alto y claro que su gobierno apoya al candidato Eduardo Montealegre, de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, derecha), una escisión de su tradicional apuesta, el Partido Liberal Conservacionista (PLC), cuyo líder máximo el ex presidente Arnoldo Alemán, purga una condena de 20 años en prisión domiciliaria. En su llamada "cruzada contra la corrupción y las amenazas para la democracia", se ha vuelto un habitual de los medios de comunicación locales en los que fustiga a las fuerzas que según él, son antidemocráticas: el Frente Sandinista y el PLC de José Rizo, tercero en las encuestas de cara a las elecciones del domingo, por detrás de Ortega y Montealegre. Saltándose las reglas más elementales de la diplomacia, Trivelli ha asegurado que ni el Frente Sandinista ni el PLC "son opciones democráticas" para Nicaragua. El embajador, ayudado con intervenciones puntuales de congresistas o funcionarios de la administración estadounidense en visita a Managua, ha intentado unir a los dos partidos de la derecha y al Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) de Edmundo Jarquín, una escisión del Frente Sandinista controlado por Ortega, para impedirle que el domingo logre volver al poder que perdió hace 16 años. La posibilidad de un regreso a la presidencia del candidato del Frente Sandinista, primero en todos los sondeos, está provocando escalofríos en el gobierno republicano de George W. Bush, y reavivando viejos rescoldos de la Guerra Fría en la región, con un nuevo protagonista: el venezolano Hugo Chávez, amigo y, según sus detractores, banquero de Ortega en la costosa campaña electoral que ha realizado, que rondaría los 10 millones de dólares. La gran potencia, que no pudo derrocar con las armas a Ortega cuando llegó al poder por medio de la revolución sandinista (1979-1990) con el beneplácito del bloque comunista, ha amenazado a Nicaragua con cortar los 600 millones de dólares de remesas que envían los inmigrantes nicaragüenses a sus familiares y la vital cooperación con el empobrecido país centroamericano. La mayoría de los analistas opina que dichas presiones, sin embargo, no van a tener ninguna incidencia en el voto de los nicaragüenses el domingo para elegir al próximo presidente y renovar el Parlamento. "Tuvo un efecto para tratar de consolidar una de las opciones políticas, pero sobre la población va a tener una influencia reducida", opina Kairo Manuel López, ex presidente de la Asamblea Nacional. Otros incluso piensan que esas presiones han sido incluso contraproducentes, por lo que desde septiembre se ha notado una cautela mayor. Al parecer, ello ocurrió a consecuencia de un pedido del propio Montealegre durante su encuentro con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en Washington. "Nicaragua está viviendo su propia vivencia interna", señaló a la AFP el analista Victor Hugo Tinoco. Estados Unidos ha donado 12 millones de dólares para apoyar el proceso electoral, señal del "fuerte compromiso" de la administración de Bush con unas elecciones "libres, transparentes e inclusivas", según Washington.

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