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FSLN, favorito en las urnas en un país más pobre

El Periódico, Catalunya. Desde Managua. | 4 de Noviembre de 2006 a las 00:00
La luz ha vuelto con las elecciones generales de mañana, pero Nicaragua vive a oscuras. Los apagones, de varias horas, se reparten por Managua, para descrédito de la empresa española Unión Fenosa, que distribuye una energía arcaica. Tampoco arrojan mucha luz los comicios. Las encuestas, aquí poco fiables, presentan como favorito a un Daniel Ortega que va de santo con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que el cantautor Carlos Mejía Godoy traduce como el "Frente Danielista de Prostitución Nacional".

Por Toni Cano, enviado especial a Managua de El Periódico, de Catalunya.

El rojinegro revolucionario se ha decolorado al rosa, pero Ortega, tres veces derrotado en las urnas y que gobernó el país entre 1984 y 1990, es aún un icono para quienes apenas logran comer algo de queso y ese arroz con frijoles llamado gallopinto. Con la revolución, el servicio militar y la guerra de la Contra, los ricos se fueron del país. Han ido volviendo y, al decir popular, "viven como Dios". Junto a la Iglesia y Estados Unidos, los grandes ricos, como los Pelas --una familia que hace honor a su nombre--, apoyan a Eduardo Montealegre, líder de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), que, a sus 51 años, es el más joven y acaudalado de los cinco candidatos. Los que se van ahora son los pobres, a Costa Rica, donde son chóferes, jardineros, guardas y empleadas domésticas. "Más de medio millón de emigrantes alivian a una tercera parte de los nicas nicaragüenses", dice un experto. El país sigue a Haití en el ranking occidental de la miseria. Cerca del 80% de la población vive en la pobreza, la mitad sin trabajo. En el campo, solo la mitad dispone de agua potable y electricidad. La desnutrición, la grave y la extrema, afecta a un tercio de los niños y se extiende por un tercio de los municipios del país. La deuda, externa e interna, pesa tanto como la política. "Los presidentes han defraudado", dicen muchos. "Arnoldo Alemán robó más que la dinastía de los Somoza", añaden otros recordando al presidente del país entre 1997 y el 2001. Un pacto antinatura permite que Alemán y Ortega dominen las instituciones políticas y judiciales. El poeta Ernesto Cardenal dice: "Alemán pudo robar descaradamente todo lo que quiso, sin oposición sandinista, y al mismo tiempo se han enriquecido desmesuradamente los del bloque de empresarios sandinistas". La gente lo resume así: "Yo no voy preso, tú no vas preso". El sandinismo acude dividido a las urnas. Salvo los comandantes duros, todos se han ido del FSLN de Ortega. Además de cantar los jueves en su restaurante, Mejía Godoy se presenta como candidato a vicepresidente por el Movimiento de Renovación Sandinista, liderado por Mundo Jarquín, El Feo, yerno de la expresidente Violeta Chamorro. También los liberales acuden divididos. Mucha gente recuerda que "al menos antes la educación y la sanidad eran gratuitas". Otros destacan que "se han perdido la ética y la amplitud de juicio". En Managua, una ciudad que vivía al calor de la calle, ya no hay vida pública y menos gratis. "No hay diversiones, no hay actividad ni cultura en la calle", se lamenta una pintora. La gente no sale y habla con nostalgia de los conciertos en la plaza de la Revolución. Los artistas que antes apoyaba la Casa de la Cultura dirigida por Rosario Murillo, mujer y portavoz de Ortega, no saben "cómo llegar a fin de mes". La esposa de Ortega reconoce que sus valores y los de su marido han cambiado: "Estamos comprometidos con la fe y los valores religiosos". Junto a los apagones y la entrega de las remesas, el aborto ha protagonizado la campaña electoral. El Parlamento y el Gobierno decidieron penalizar el aborto terapéutico. "Los derechos de la mujer han retrocedido al medioevo --dice la feminista Juana Jiménez--. Cambiaron por votos la vida de millares de mujeres". Al desencanto de la revolución, siguió el esoterismo. "Ahora, se lleva la religión y las sectas han convertido los cines en templos", dice un intelectual. En tres filas, docenas de nicas compran agua bendita por unos córdobas (la moneda nacional), una astilla del Santo Madero por un dólar, o un trozo de la Santa Faz por 10 dólares. Incluso frente a la concha acústica que Ortega levantó junto al lago para encabezar los actos de masas, cientos de fieles entonan canciones cristianas. Llegan en manifestación, con banderas nacionales, casi uniformados, ellos con camiseta negra y ellas de verde, con pantalón de camuflaje. "Como antaño los sandinos", señala una mujer. Mientras, en el Teatro Nacional, hay que llevar corbata. Pese al calor, el traje se ha impuesto a la tropical guayabera.

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