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Los olvidados de la guerra

Agencia AFP. Desde Managua. | 4 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Ricardo Alemán y Leonardo Celedón están en silla de ruedas. Eran enemigos, pero hoy los une la pobreza y la esperanza de que un nuevo presidente les mejore su situación. Son los olvidados de la guerra civil nicaragüense. Hay que subir una pequeña rampa de cemento para encontrar a Ricardo Alemán, 42 años, en su minúscula vivienda transformada en taller de costura, en medio de un pequeño complejo financiado por los sandinistas para una veintena de familias discapacitadas. Con su mujer Zayda Díaz, también en silla de ruedas por la polio, y padre de una niña de 13 años, piensa que su "vida va a cambiar" si el candidato del Frente Sandinista, Daniel Ortega, gana el domingo la elección presidencial. Soldado del ejército sandinista, en 1980, resultó herido en la espalda por las esquirlas de una mina, en una operación contra la "contra", la rebelión financiada por Estados Unidos. Encima de la máquina de coser, al lado de una tabla con muestras de tela colgada de la pared, hay una foto del equipo de baloncesto paralímpico de Nicaragua, el suyo. Zayda también juega al baloncesto. "No hay mejor combate que el que se libra", dice. Daniel "nos volverá a dar trabajo, una vivienda adaptada a los discapacitados, educación y formación", asegura, pese a que más del 10% de la población sufre las secuelas de una guerra que dejó cerca de 50.000 muertos. Su pensión de 250 córdobas (menos de 15 dólares) sólo le da para malvivir, sobre todo después de la derrota de Daniel Ortega en las urnas, en 1990, cuando tuvo que empezar a pagar agua y luz. Pero Alemán reconoce que los mutilados de guerra de la ex contra que ha conocido durante sus partidos de baloncesto están todavía peor. A pocos kilómetros de su casa, Leonardo Celedón vive en un asentamiento, el 380, el número de código de Enrique Bermúdez, el jefe militar de la "contra", asesinado en los años 90. Oficial del régimen del dictador Anastasio Somoza, derrocado por los sandinistas en 1979, el antiguo comandante "Chispero" dirigía una columna de 150 contras. Asegura que fue castigado por sus propios compañeros de la "resistencia nacional", tras denunciar su tráfico y corrupción. "En 1986, me pegaron con barras de hierro en Tegucigalpa (Honduras) y me dejaron parapléjico", dice. De su pequeña cabeza rasurada emerge un mechón de cabello negro en forma de triángulo. Para "sentirme joven", bromea este hombre de 59 años con una salud delicada. Con la amargura de los perros de guerra traicionados por sus jefes, insulta a los tres últimos presidentes de derecha y a Estados Unidos que sólo sabe "utilizar el palo contra Nicaragua". "Nos han enviado al olvido", asegura. "Soy inválido de guerra y recibo una pensión de 750 córdobas (unos 44 dólares). No cumplieron lo que prometieron" durante la desmovilización y ahora "quieren quitarme las decenas de dólares que me envía mi familia en Estados Unidos", como amenaza la administración estadounidense en caso de victoria sandinista. Sentado en su silla de ruedas, en un cuarto del tamaño de un armario pero con aire acondicionado, se pasa el tiempo en el ordenador y muestra su barrio visto desde un satélite. No descarta votar por Daniel Ortega cuyo proyecto "le gusta". Sus antiguos camaradas del partido de la resistencia nacional, dice, están divididos entre varios candidatos, aunque el que se lleva la palma es el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) la formación histórica de la derecha local).

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