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Terratenientes preocupados pero admiten que «nadie ha tenido mejor oportunidad para hacer un buen gobierno como Ortega»

Agencia Reuters. Desde Granada, Nicaragua. | 13 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Bajo el candente sol del mediodía, hacendados nicaragüenses miran desfilar a caballos que cuestan miles de dólares en el Jockey Club de la colonial Granada, con un vaso de ron en la mano y un puro en la otra.

Por Pablo Garibian y Kieran Murria, agencia Reuters. Desde Granada, Nicaragua.

Muchos esperan hacer negocios, algunos vendiendo y otros comprando a los elegantes equinos, pero coinciden en algo: tiene miedo sobre el futuro en Nicaragua tras la victoria en las elecciones del ex guerrillero sandinista Daniel Ortega. Para muchos pobres, la abrumadora mayoría en Nicaragua, Ortega encarna tiempos en los que había medicinas gratis, buenas escuelas y comida en el plato durante un gobierno que duró toda la década de 1980. Pero para los terratenientes y empresarios el sandinista trae un sabor amargo a la boca. "Me tuve que ir del país al encontrarme que me quitaban propiedades", dijo Octavio Lacayo, un sexagenario hacendado y director general de Hertz Rent-a-car de Nicaragua, mientras miraba a los potros que trajo para competir en el torneo. Durante su gobierno iniciado en 1979 tras derrocar al dictador Anastasio Somoza, un Ortega en uniforme militar que combatía en sangrienta guerra civil a los "contras" apoyados por Estados Unidos confiscó propiedades, estatizó empresas y la hiperinflación fue una constante. Ortega fue derrotado en los comicios de 1990 y una seguidilla de gobiernos de derecha enderezaron la economía, pero no mitigaron la miseria que sofoca al 80 por ciento de la población y además fueron salpicados por casos de corrupción. Ahora, con su discurso marxista y su uniforme militar guardados en el armario, un católico Ortega ha vuelto al poder hablando de reconciliación, respeto a la propiedad, fomento a las inversiones, amor y colaboración entre ricos y pobres. Al menos hasta ahora, los inversores no han corrido. "A Daniel no le creo. Es difícil creer que ha cambiado", dijo Ismael Reyes, de 62 años, propietario de una finca, un hospital y criador aficionado de equinos españoles. "Los sandinistas pueden promover el odio de clases, pueden alentar la toma de tierras, de propiedades", agregó mientras desfilaban los caballos de hasta 30.000 dólares al ritmo del flamenco en el Jockey Club de Granada, una ciudad a 45 kilómetros de Managua. Y es que en Nicaragua las clases sociales están muy marcadas. En Managua la clase alta se reúne en el club Terrazas, un exclusivo centro donde pocos tienen acceso, que cuenta con piscina, canchas de tenis y elegantes salones donde 1.450 socios y sus familias, las más poderosas del país, se reúnen. Reyes recuerda que perdió una finca, una fábrica textil, un negocio de pegamento y un laboratorio cosmético durante la gestión de Ortega. Lacayo perdió dos haciendas. Con el gobierno de Ortega, a quien Estados Unidos le impuso un embargo económico, Lacayo y Reyes, como otros empresarios, eligieron irse y vivieron años en Miami. Cuando Ortega dejó el poder en 1990 y los conservadores llegaron, los grandes hacendados volvieron y muchos cobraron dinero del Estado por sus propiedades confiscadas, como Reyes, mientras otros recibieron bonos que aún guardan, como Lacayo. "Toda la gente como nosotros tenemos un plan A, que es quedarse, y un plan B", dijo Reyes. "El plan B es mandar a mis hijos a hacer una maestría afuera mientras nosotros nos matamos aquí", agregó. Pero no a todos los empresarios les fue tan mal con el gobierno pasado de Ortega. La conservadora familia Pellas siguió haciendo negocios con el sandinismo y es hoy la más poderosa de Nicaragua con su ingenio azucarero, bancos, aseguradoras, concesionarias de autos, una división industrial, empresas de televisión por cable e internet, además de su negocio tradicional: el ron. Ortega asegura que es otro hombre, pero su viejo enemigo, Estados Unidos, cree que se sumará al bloque anti Washington que Hugo Chávez encabeza en Latinoamérica junto con el líder cubano Fidel Castro, a quienes el sandinista llamó "hermanos" en el primer acto masivo después de su victoria. Washington dijo que su apoyo y sus inversiones podrían verse afectadas con el triunfo del sandinista. "Puede haber confiscaciones de propiedades, que se ponga a pelear (Ortega) con los EEUU, que venga otra vez el bloqueo económico. La presencia e injerencia de Chávez y Cuba es preocupante", dijo Reyes. Sea cual sea la actitud que tome Ortega, tendrá que tratar de acabar con la miseria en el país más pobre del continente después de Haití, que queda en evidencia a pocos kilómetros de la puerta del Jockey Club de Granada. En la plaza principal de la colonial ciudad, Juan Ramón Ayala se mueve en su silla de ruedas. "En estos 16 años (de gobiernos conservadores) hubo más pobreza", dijo. "Los políticos se dedican más bien a la corrupción", agregó. En un reciente índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional, Nicaragua se ubicó entre los seis países más deshonestos de Latinoamérica y como el peor en Centroamérica tras Honduras. "Hay que pensar un poco en la parte de la pobreza del país, que la gente tenga las facilidades para una mejor vida", reconoció Lacayo. "Nadie ha tenido mejor oportunidad para hacer un buen gobierno como Ortega", agregó acomodándose su sombrero de vaquero.

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