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La naturaleza de la disputa por el poder, por William Grigsby

Managua. Por William Grigsby Vado, Radio La Primerísima. | 14 de Noviembre de 2009 a las 00:00
Conviene recordar la naturaleza del poder político que se ejercía en Nicaragua hasta 1979. Porque con frecuencia escuchamos en distintos medios de comunicación, o leemos, a políticos de nuevo cuño, o de vieja cuña, que limitan la conceptualización del poder político que se ejercía en Nicaragua, a simplemente "la dictadura somocista". Más como un apelativo, que como un concepto. Y creo que conviene, repito, desmenuzar qué era la dictadura somocista, para entender lo que ocurrió el 19 de Julio de 1979. En primer lugar, la dictadura somocista tenía un componente injerencista. La dictadura somocista se instaló, se mantuvo durante 45 años, gracias a EEUU, que la armó, la entrenó, le facilitó los negocios, le permitió la corrupción, entrenó a sus oficiales principales, como los asesinos que se convirtieron, la amparó en todos los foros internacionales, bendijo sus procesos electorales amañados, las restricciones de las libertades democráticas, que nunca las disfrutó el pueblo nicaragüense durante la dictadura. Pero no sólo era EEUU, esto es muy importante. EEUU creó el aparato militar llamado Guardia Nacional, y puso a un administrador de ese aparato militar, llamado Anastasio Somoza García, primero, y luego sus hijos. Pero el aparato militar fue creado por EEUU, y eso está documentado. Ese aparato militar se encargaba de garantizar el estatus quo en el país, desde el punto de vista político, y desde el punto de vista económico. En otras palabras, era el gendarme del sistema capitalista. Y al amparo de la dictadura de Somoza, crecieron los grandes capitales de este país. Cierto, no empezaron con la dictadura de Somoza, su génesis es del siglo XIX, efectivamente. Por ejemplo, el capital de los Cuadra, el capital de los Chamorro, el capital de los Lacayo, el capital de los Pellas... eso no comenzó con Somoza, pero se consolidó con Somoza. Esta clase terrateniente, principalmente, luego devenida en naciente burguesía, algún sector financiero y en la rama de la construcción, logró consolidarse como poder económico, como clase, o como segmentos de clase, gracias al régimen militar dictatorial de Somoza. Y había una alianza política, económica y social entre el aparato político–militar de la dictadura somocista, fuertemente respaldado por EEUU, y el aparato oligarca, terrateniente, de las familias tradicionales de este país. El objetivo fundamental de esa alianza, era sostener el sistema capitalista. Esa no era una alianza de personas, por ejemplo, el pacto que hubo entre un general conservador llamado Carlos Cuadra y Somoza, o el pacto de Emiliano Chamorro. Esos pactos no eran simplemente para repartirse los cargos en las instituciones del Estado, fundamentalmente esa era la expresión del pacto económico que había abajo, cuyo eje fundamental era garantizar la acumulación de dinero de parte de los ricos, a costillas de la explotación de los trabajadores, y especialmente a costillas de mantener al ejército de campesinos sin tierras. Somoza tenía como instrumento político el Partido Liberal. No es la dictadura somocista nada más, es la dictadura liberal–somocista, el partido liberal era el de Somoza, la maquinaria liberal era la de Somoza, así como el partido conservador era el de los intereses de los terratenientes, de los comerciantes, de los exportadores, de los oligarcas de este país. Esa era la naturaleza política del poder en Nicaragua, con un componente adicional: el de la jerarquía católica, que como muy bien ha recordado en los últimos discursos Daniel, apadrinó, bendijo, acompañó, la sangrienta represión de la dictadura somocista a lo largo de toda, de toda su época. El cardenal Miguel Obando se separa al final de la dictadura, en los últimos cinco años, a partir del golpe del FSLN a la casa de Chema Castillo, del 27 de diciembre de 1974. Y no es que se divorcia la jerarquía de la dictadura. Se separa Obando, pero tampoco fue un divorcio. Esa amalgama de intereses, es la que detentaba el poder en Nicaragua. No sólo era Somoza y la guardia nacional. No. Eran Somoza, los terratenientes, los ricos de este país, la jerarquía católica, todos ellos aupados por EEUU. Esa es la naturaleza del poder, que detentaban todo. El 85% de la tierra cultivable, del ingreso de Nicaragua, iba a un puñado, menos de 50.000 personas. Sólo así podés explicar una fortuna tan fastuosa como la de los Pellas, por ejemplo. Hay un momento en que hay una ruptura con Somoza, al final, en los últimos tres años, pero no por una discrepancia ideológica, no por un divorcio político, en el sentido de que estas clases que se habían enriquecido o que se habían consolidado al amparo de la dictadura somocista, de pronto hubiesen tenido un problema de conciencia social, y hubieran dicho «pobrecita la gente, tenemos que ahora buscar cómo resolver los problemas de la gente». No. Simplemente ocurrió porque el poderío del Frente Sandinista iba "in crescendo", a partir del 74, y ellos avizoran que así como van las cosas, lo que viene es una revolución total y ellos van a salir perdiendo. Y entonces prefieren desembarazarse de Somoza, para tratar de impedir la revolución. Lo que pasa es que no lo logran, pero muchas veces intentaron el somocismo sin Somoza, es decir, el capitalismo sin que Somoza lo dirigiera, y fracasaron. De manera entonces que cuando el pueblo nicaragüense se insurrecciona desde agosto del 78 hasta julio de 79, con algunos paréntesis, esa insurrección popular, arrasa con todo el régimen institucional, político, económico y social de este país. Y toda la pobretería es la que asume el protagonismo. Se olvidan los apellidos, desaparece el abolengo, entre otras muchas consecuencias. Esto es muy importante: la pobretería funda en Nicaragua, un nuevo Estado, con otra naturaleza, de profundas raíces democráticas, e inicia un proceso de liberación económica. Ya había logrado la liberación política, e inicia un proceso de liberación económica. Pero aquí cambia radicalmente la composición de clase que ejerce el poder político. La razón fundamental por la cual EEUU lanza su guerra contra Nicaragua, es porque eso es lo que ha ocurrido. Porque la revolución arrasó con el modelo económico y político, con el cual, EEUU había creado su esquema de dominación para, prácticamente, toda América Latina. Entonces, se lanza sobre Nicaragua porque no puede permitir que le desafíen su poderío, su hegemonía, a partir de un modelo contrario al que él ha impuesto, al que el imperialismo ha impuesto. Y nos vamos a la guerra. Contrario a lo ocurrido en el 79, que fue un triunfo total de las fuerzas populares, dirigidas por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y que fundan un nuevo Estado, y nuevas relaciones sociales en el país, contrario a ese fenómeno, en 1990, lo que hay es un triunfo electoral de EEUU, mediante Violeta de Chamorro, pero no hay una revolución. Violeta quiso hacerlo, EEUU quiso hacer la contrarrevolución, o la revolución al revés, destruyendo el Estado que había construido el Frente Sandinista y no lo pudo lograr, por varias razones. La primera razón, el Ejército y la Policía no estaban subordinados a sus intereses, por sus raíces sandinistas y populares. Segunda razón, la resistencia del pueblo organizado, sobre todo de los sindicatos, porque en aquella época las componendas de la clase política que dominaba el Frente Sandinista estaba impidiendo la lucha popular. Era un sector de los dirigentes del Frente los que empujaron, pero la mayoría no. Ahora están en el MRS. Y tercero, porque ellos no lograron mayoría suficiente en el parlamento para derogar la Constitución, o para cambiarla por sí solos, totalmente. Porque su victoria no fue total. Y entonces, si bien ellos logran reinstaurar el capitalismo en el país, en su modalidad neoliberal, de la mano de la alianza con los ramiristas, que por la ilusión de que su jefe, Sergio Ramírez de que era el mejor candidato para presidente y ellos estaban seguros que iba a ser el presidente. Ello sí crearon condiciones institucionales, a cambio de regalarles puestos en los distintos estamentos del Estado, principalmente en la Corte Suprema de Justicia y en el Consejo Supremo Electoral. Los ramiristas le abren las puertas a la privatización de todo el Estado y a la confiscación de los derechos sociales de la gente, que después, se convierten en mercancía. La oligarquía recupera todo su poderío en la economía nacional y en la dirección del estado, después que había sido desalojada del poder político en el 79. Pero no logran destruir el Estado que el pueblo había edificado en los años 80. Y entonces, a través de toda esta reforma constitucional que hacen el ramirismo, Toño Lacayo y demás, permite la restauración del capitalismo, privatizan todo. Casi logran privatizar hasta el agua. Si el presidente Ortega no asume el poder en 2007, hoy estaríamos llorando porque el agua estaría privatizada, porque ese era el plan: en el año 2007, privatizar el agua, que era lo último que le quedaba al Estado. Cuando el Frente Sandinista gana las elecciones en el 2006, desaloja del poder político a la clase económicamente hegemónica de la sociedad que lo había recuperado en el 90. Pero no es el mismo fenómeno del 79, es decir, gana el presidente Ortega por la vía de la democracia electoral creada en el país. Pero no gana con mayoría suficiente en el Parlamento para poder tener margen de maniobra, ni tampoco significa que pueda dar marcha atrás a toda la reforma institucional que había permitido la restauración del capitalismo. Entonces, desaloja del poder político a la oligarquía, en alianza con el capital liberal–somocista, pero esa alianza oligarca y liberal–somocista tiene todavía una gran cantidad de poder en el país, poder económico, poder mediático, poder eclesiástico. Y detrás, siempre, los yankis. Lo que ocurre es que el Frente Sandinista, cuando asume el poder de nuevo en el 2007, todavía tiene una de las ventajas que les había permitido a los sandinistas a primeros de los 90, la no destrucción del Estado revolucionario, que es el Ejército y la Policía, los cuales, pese a todos los embates de esa alianza oligarca–somocista. habían logrado mantenerse, resistir, con muchos problemas internos, con mucha descomposición en algunos sectores, en algunos segmentos de ambas instituciones, pero en lo fundamental, resistir. Ambos instrumentos, Ejército y Policía, no habían caído todavía en manos norteamericanas. Había intentos, y habían penetrado, pero el mando político no estaba en manos de EEUU. Eso le permite al presidente Ortega, con esa enorme ventaja, asentarse en el poder rápidamente y emprender su programa de gobierno. No lo puede hacer con toda la fuerza que se hizo en el 79, por lo que ya expliqué, pero tiene suficiente fuerza para iniciar la aplicación de ese programa de gobierno, cuyo corazón es colocar a la gente, a las mayorías empobrecidas, en el centro de las políticas y del Estado. Entonces, ¿qué ocurre? Al convertir al Estado en un instrumento para garantizar una mejor distribución de la riqueza –y todavía hace falta perfeccionar ese instrumento–y al mismo tiempo iniciar un proyecto de desarrollo del país, ajeno a los intereses oligarcas, eso contraría todo el esquema político que tenía la oligarquía, el liberalismo somocista y los norteamericanos. De manera que, aunque el primer año es de tanteo de «dónde vas y por dónde vengo», es clarísimo que un sector del poder desalojado con las elecciones del 2006, inicia la campaña de acoso y derribo el propio 10 de enero de 2007. Y uno puede revisar los diarios y te encontrás con las pruebas. Porque saben la naturaleza de la administración del poder que va a encabezar el presidente Ortega. Y luego, van logrando sumar algunos sectores, como la jerarquía católica, que había permanecido neutralizada hasta diciembre del año pasado, que finalmente se suma a la resistencia oligarca contra el proyecto popular. En esencia es esto. Nosotros no podemos fingir ignorancia o demencia. Aquí hay una razón de clase, de la oligarquía y sus aliados, para ser enemigos del sandinismo, como expresión del poder popular. Son unos proyectos antagónicos, desde el punto de vista ideológico, y desde el punto de vista, por lo tanto, de clase. Hay un enfrentamiento natural, que no es de ahora, que viene de antaño, desde la colonia, cuando nos invadieron los españoles, y tiene su expresión política en distintas formas. En esta coyuntura, tiene su expresión política principalmente, en estos instrumentos mediáticos con los que cuenta la oligarquía, y que ella financia. Pero no es la única expresión. Tiene también la expresión de la jerarquía católica, en los sectores políticos del empresariado. Y tiene la expresión en algunos sectores populares, todavía la tiene, cada vez menos, pero todavía la tiene. Y eso se advierte que es todavía menos, por la composición de las personas que acompañan a quienes ellos denominan dictadura y por las personas que acompañan a los principales personajes de la oligarquía. Se advierte que cada vez están más solos, pero todavía no significa eso que todo mundo está a este lado. Ha habido un avance impresionante. Creo que por encima de la mayoría absoluta, ahora en este momento. Pero eso no es todo, falta avanzar, obviamente. Entonces, ¿qué ocurre? Que estas fuerza oligarcas, esta alianza de sectores de clase, los terratenientes, los banqueros, los comerciantes, los exportadores, el esqueleto partidario del somocismo, todos estos sectores que están aliados, tienen un proyecto común: recuperar el poder político, para restaurar las posibilidades de seguirse enriqueciendo a costillas de la gente. Eso es lo que los une, los dividen otras cosas, pero eso los une. El segundo factor que los une es EEUU. Aquí, haga lo que haga el presidente Ortega, haga lo que haga que no se corresponda con ese proyecto, va a ser simplemente enfrentado por esta alianza. O sea, para que esta alianza oligarca–somocista, aplauda alguna decisión de Ortega, él tendría que abandonar el proyecto popular, es la única manera de ser aplaudido por la oligarquía y sus instrumentos políticos y mediáticos. De lo contrario, va a ser vapuleado siempre, él, todo el liderazgo del Frente Sandinista, todo el sandinismo en su conjunto, y todas sus obras. Y van a inventar cualquier excusa de todo tipo. Ellos sabían que iban a perder la elecciones municipales, lo sabían desde marzo del 2008. Entonces inventaron toda esa campaña diciendo que iba a haber fraude, porque como sabían que iban a perder y que iba a ser por paliza, por garroteada, entonces no les quedaba de otra que enredarla, que desprestigiarla, que deslegitimarla. Ese objetivo lo lograron en el exterior, pero en el seno del pueblo, fracasaron. Ellos tienen mucha fuerza fuera de Nicaragua, pero aquí, ninguna fuerza. En la medida que el proyecto político del Frente Sandinista avanza en su ejecución, en la medida de que cada uno de esos proyectos que componen el programa de gobierno, va teniendo éxito, en esa misma medida ellos van disminuyendo sus posibilidades de mantenerse como alternativa de poder. Y como ellos lo saben, no les queda de otra que radicalizarse, y buscar el choque, porque en el choque, ellos tienen esperanza de pescar y cómo con alguna cascarita de banano el gobierno resbala, y ellos logran repuntar. Ya no les queda de otra, tienen que chocar. Pero fíjense, como les decía al principio del programa, en este proceso donde el Frente Sandinista emerge como una fuerza hegemónica en la sociedad, de la mano de su liderazgo, acompañado de obras concretas que son las que conquistan conciencias, entonces, a partir de esa hegemonía, también entran en crisis todas las expresiones político–partidarias de la alianza de clases entre el somocismo y la oligarquía. Y entran en crisis, por las derrotas electorales del 2006 y de 2008, por las disputas de liderazgo, y porque se ven abandonados por el electorado. Porque ese electorado, desencantado por ellos mismos, es decir, por esos líderes de la alianza oligarco–somocista, y desencantados por las propias derrotas, empiezan a ver otras cosas. «Ve, es que los sandinistas no eran tan malos como nos decían». Eso es bueno. «¡Ah! Mirá, nos van a dar crédito. ¡Ah! Fui al Centro de salud y nos dieron todo». Entonces la gente empieza a quitarse la venda de los ojos y abandona esas estructuras, esas alternativas partidarias. Y además, si le sumás a eso los casos de corrupción y todas estas cosas que ya conocemos, entonces vos te encontrás que la derecha, la oligarquía nicaragüense, la alianza oligarca–somocista, carece de instrumentos partidarios eficaces, que le permitan acumular capital político, para disputar elecciones con posibilidades de ganar en 2011. Ellos lo saben. Ni tienen candidato ni tienen estructura partidaria, Vamos al tercer factor: tampoco tienen ideas de cómo enfrentar los problemas de Nicaragua, que sean diferentes o que sean mejores, o que sean alternativa a las ideas puestas en práctica por el gobierno del Frente Sandinista. Y como no las tienen, ustedes escuchan cualquiera de sus discursos, y carecen de todo tipo de propuestas. No tienen ¡ni idea! de cómo salir de los problemas de Nicaragua, o de cómo proponer cosas diferentes a las que hace el gobierno y que sean mejores para la gente. No la tienen, porque no las pueden tener, porque sus intereses de clase les inspiran otras cosas. Los gringos que no son babosos, tienen reales y no son babosos, tienen experiencia conspirativa, saben que esto es una batalla a largo plazo. Porque cada batalla que han querido presentar al corto plazo, para desgastar y eventualmente, derribar al gobierno como se lo han planteado, no han podido. No han podido ganar ninguna de esas batallas. No pudieron en las municipales, no han podido a lo largo de todo este año. Entonces, ya van alzando miras por otros senderos. Los gringos no están ya apostando necesariamente a 2011, están apostando a una renovación del liderazgo político que los representa, para por lo menos, tener alguna fuerza en el Parlamento que va a nacer en el 2011, y su pelea va a ser para el 2016. Ya la batalla del 2011 saben que la tienen perdida. Pero mientras tanto, para poder acumular esas fuerzas, tienen que ir chocando, chocando, chocando, provocando, provocando. Y eso es lo que van a seguir haciendo. O sea, lo del 21 es una de tantas expresiones. Después se van a calmar, porque viene la Navidad, y van a volver para enero. Pero esa es una prueba. Entonces, ¿qué pasa? Algunos quisieran que los sandinistas nos quedáramos quietos, que dejáramos hacer. Pero es que en la desesperación de no tener nada, y sobre todo, en la desesperación de construir alternativa de poder, la derecha, la oligarquía, los yankis en Nicaragua, no les queda de otra que el desgaste publicitario, propagandístico. Y el desgaste ahí va, por el choque, provocar, golpear, por el choque. Pero al revés, si los sandinistas dejan que simplemente ocupen espacios, se enredan la vida. Nos enredamos la vida. Porque recuerden lo que ocurrió en Venezuela. En la coyuntura del golpe militar y del paro petrolero, la oposición a Chávez, que es de la misma naturaleza de clase que la de aquí en Nicaragua, logró ocupar espacios públicos, y desde esos espacios públicos, construir oposición política y conspiración política. Cuando el doctor Gustavo Porras, por ejemplo, dice: «las calles son del pueblo», los que están de aquel otro lado, saben a qué se refiere el doctor Porras. No está diciendo que sólo el pueblo se puede manifestar, el pueblo sandinista, él no dice eso. Ese es un código político que todos lo entendemos. Las calles son del pueblo, es en un sentido estrictamente ideológico y político y saben a qué se refiere. Es decir, en las calles no les vamos a permitir que ustedes protagonicen la conspiración. No, señores. Y ellos saben que ése es el mensaje. Sé de que el gobierno tiene información suficiente de toda la conspiradera, de garrotear, de tirar bombitas, y por allá otras cositas… información suficiente. Y han sido neutralizados montones de planes de ellos, ¡montones!, pero en silencio. Ellos lo saben. Les van quebrando uno a uno ¡bungum! y no logran levantar cabeza. De su parte, si aquí hubiese una Policía dócil, si aquí hubiese una Policía arrodillada a sus intereses, o un Ejército arrodillado a sus intereses, aquí hace rato que hubieran hecho barbaridades. Pero las fuerzas armadas ven que conspiran, ven que planean hacer algo, les caen encima. En silencio, calladitos, y ellos lo saben. De eso se trata. Aquí está en disputa el poder. No anden creyendo en la ilusión que el poder sólo se coloca en disputa cada cinco años por las elecciones. Esta es una disputa por el poder, cotidiana, diaria. Si los sandinistas se desmovilizan, ellos toman las calles y escalan su lucha. Ya quisieran ellos encontrar los sandinistas desmovilizados, y acongojados, y ahuevados y encerrados en su casa, porque entonces ocuparían las calles ellos, y derribarían al gobierno. Aquí está en disputa el poder político. Que nos quede claro. ¿Habrán incidentes de violencia? A mí me repugna la violencia, pero es inevitable, es inevitable. Por mucho que la Policía haga todos los esfuerzos a su disposición, dentro de sus posibilidades, es inevitable… un incidente por aquí, otro incidente por allá… A mí me divierte estar oyendo y leyendo todos estos organismos de derechos humanos, y demás, hablando de que los periodistas perseguidos que por allá… y recuerdo yo, que para las municipales, el primer periodista golpeado y su camioneta incendiada, era uno de la Nueva Radio Ya. Pues bueno, incidentes como ese, son los que quisiera generalizar la derecha, escaramuzas de ese tipo, para sembrar el terror entre el sandinismo. Los sandinistas no nos podemos ahuevar. Al contrario, tenemos el poder político, y lo tenemos que defender. La defensa del poder no sólo se hace con decisiones institucionales, ni con obras de gobierno. Se hace desde la calle, con el pueblo movilizado. Esa es parte de la esencia del poder político mismo. Un poder que sólo se defiende con instituciones, es un poder debilitado. El poder político se fortalece, en la medida que la gente lo respalde, y la gente, además, manifiesta activamente ese respaldo. De lo contrario, ese poder se debilita y se puede hasta caer. Y esas son las cosas que nos están ocurriendo a los nicaragüenses ahora. Algunos se asustan y otros que no tanto. Y algunos, por supuesto, maximizan. Los medios tienen que maximizar cualquier incidente, porque ellos necesitan soliviantar los ánimos, ellos necesitan enardecer a un sector de la población, para que los acompañen, para que ellos puedan tener algo de fuerza y no lo han logrado, no lo han logrado. Y fíjense, el programa de gobierno del presidente Ortega, es exclusivamente para mejorar las condiciones de vida de las mayorías empobrecidas, aplicando algunos resortes del propio sistema capitalista, porque esas son las condiciones en las que se mueve ahora. Y la idea es, primero restituir derechos a la gente, que la gente tenga un respiro y pueda, por lo menos, comer, que además, eso le ayude a encontrar la esperanza. Y ambas cosas, provoquen conciencia, para entonces, tener mayoría suficiente, que se exprese en las elecciones del 2011 y tener la posibilidad de avanzar más allá. Pero, mientras tanto, esto es lo que hay y con lo que hay es lo que tenés que jugar. ¿Por qué creen ustedes que la alianza oligarca–somocista recurre a las fuerzas extranjeras? Porque no tienen arraigo en Nicaragua. Nadie les hace caso. Puede ser que la gente esté disgustada, con esto, con aquello, pero nunca se casa con la gente de ellos. Puede ser incluso, que un sector de la población sea genuinamente enemigo del gobierno. Pero no son amigos de ellos. Ha habido una fractura radical. Dos cosas más. El año pasado hubo una debacle del capitalismo, en términos económicos y sociales, pero principalmente ideológicos. El capitalismo se quedó sin discurso político para convencer a las gentes de que su sistema, es el sistema: el capitalismo neoliberal. Y entonces, ellos, huérfanos de ideas, están recurriendo en todas partes a instrumentos de fuerza. Golpe de Estado en Honduras, bases militares en Colombia, en Panamá, nidos de radares en Costa Rica... están apostando a la vía militar en aquellas zonas de América donde no tienen posibilidades políticas de recuperar pronto el poder. Y la están echando toda, para derrotar a la Convergencia en Chile y que gane la extrema derecha. Hace un mes la tenían ganada, hoy ya sólo son 6 puntos de diferencia, y hay segunda vuelta, así que está por verse lo que ocurra en Chile. Está por verse lo que ocurra en Brasil. Pero si en esos dos casos pierden los candidatos de los yankis, ese poder de la extrema derecha, tengan la seguridad que van por la opción de la fuerza, la opción militar, la opción de la subversión, de la conspiradera. Tengan la seguridad. Entonces, carentes de ideas, de todo ese discurso mentiroso que le habían sembrado a la gente, que el mercado es Dios… eso ya nadie se lo cree, la gente sabe que eso es mentira. Carentes de ese discurso, repetido una y otra vez por toda su maquinaria mediática, que ha quedado totalmente desprestigiada, desacreditada, van buscando la opción de la fuerza. Y la descalificación, la demonización de todos los procesos políticos progresistas de América Latina. ¿Con qué objeto? Con el objeto de sembrar miedo en la gente. En Nicaragua, y lo hemos dicho muchas veces, las primeras elecciones despojadas del miedo, que se han celebrado en el país, en toda su historia, han sido las elecciones del año pasado. Y eso causó además, la ruptura –y ésta es una ruptura histórica– del bloque más homogéneo que había en el electorado nicaragüense, que podía tipificarse como antisandinista. Ya ese electorado que alguna vez llegó a cubrir hasta el 50% o más de la población, está reducido a una ínfima minoría, quizás al 15% del electorado. Esa es una victoria de las obras del gobierno del Frente Sandinista en estos tres años. Es una victoria ideológica. Se rompió el bloque antisandinista, se diluyó. Hay ahora mucha gente que no es sandinista, claro que sí, hay mucha gente que no lo es, pero otra cosa es que sea antisandinista, eso se quebró, se acabó. Y entonces, ellos, toda la alianza oligarca–somocista, están trasnochados, creen que recurriendo a ese discurso antisandinista, tendrán posibilidades de movilizar primero, y luego de acumular capital político para vencer al Frente Sandinista y se están equivocando del medio al medio, porque ese recurso de promover el odio, de promover el antisandinismo, se les agotó, no existe, no hay razones para que así sea. Hay mucha gente que le es antipático Daniel, sí, por qué lo vamos a negar. Pero ya no es el odio enfermizo, el anti, inspirado por miedo o por rencor, lo que fuese. Ya no es eso lo que ocurre en vastos sectores de la sociedad. Hay un sector que siempre va a ser antisandinista, claro que sí, toda la alianza oligarca–somocista, pero en el conjunto de las clases populares, eso ya no es un fenómeno. Ya no lo es. Y ahí es donde se equivocan del medio al medio, no van a lograr hacerlo. Por eso entonces, ahora, vienen estos "civilistas", y retroceden en todo su discurso. ¿Se acuerdan hace una semana, incluso esta semana, cómo estaba Montealegre, diciendo. «si nos tiran un mortero, les vamos a tirar dos, y ésta es una marcha contra la dictadura de Ortega» ¿Te acordás? Pues ahora, salen en conferencia de prensa todos estos civilistas y dicen: «nosotros no somos anti nada. Nosotros estamos proponiendo, queremos la paz, queremos la concordia, queremos la democracia...» Parece como de esos menús, como del atol, el final de la canción de Los hijos del maíz, se la saben todita, pero otra cosa es que eso es lo que quieran. ¿Por qué razón tienen que recurrir a eso? Porque ya saben que lo demás les ha fracasado. Entonces ahora quieren buscar otro envoltorio, y lo primero que hacen es decir: «no es partidaria la marcha, no queremos partidos aquí» Y sale Alemán furioso y dice: «¿por qué? No nos van a discriminar, nosotros vamos a mandar nuestros dirigentes, ahí van a ondear nuestras banderas, vamos a ver si nos corren». Porque Alemán no es tonto, sabe que el fondo de eso es construir una alternativa a mediano plazo, distinta al propio PLC, porque el PLC ya no es útil para el enfrentamiento con los sandinistas. En resumen, aquí la alianza oligarco–somocista, desalojada del poder político, a partir del 2007, es la misma alianza que fue desalojada en el 79. El Frente Sandinista tiene muchos desafíos al asumir el gobierno. El primero de ellos, es cumplirle a la gente. Por lo tanto, al cumplirle a la gente, acumula capital político que tiene expresión electoral. El segundo, es hacer esas cosas, esas obras de gobierno, sin que eso signifique una ruptura con EEUU ni tampoco una ruptura con la oligarquía del país, en términos económicos. Por eso vos ves que el Frente, va tratando, en la medida que aplica su plan de gobierno, de no causar tensiones innecesarias con el sector más poderoso. Por ejemplo, una expresión de eso, la Reforma Tributaria. Da un paso atrás, porque eso le puede causar una mayor tensión, y al Frente no le conviene, en esta coyuntura de disputa de los espacios públicos y del poder político, no el conviene una ruptura total con el capital oligarca. Y le conviene al Frente, además, en la medida de lo posible, alejar al capital oligarca, de la alianza política con el somocismo. En la medida que lo logre, por lo menos que los aleje, no los neutraliza pero los aleja, disminuye la posibilidad de que la alianza política oligarca–somocista, adquiera una posición de poder. Es una decisión inteligente. No importa que el COSEP lo reivindique como su triunfo, eso no importa. Es una decisión política muy inteligente, en la coyuntura actual. La base fundamental del poder político del Frente Sandinista no son las instituciones, no nos hagamos tontos, no es el gobierno, no es el Parlamento, no es el Consejo Supremo Electoral, no es la Corte Suprema. Esa no es la base fundamental del poder que ejerce el Frente Sandinista. La base fundamental es la gente. La gente organizada, y cada vez más gente, fruto de que están viendo que efectivamente se pueden hacer de otra manera las cosas. Que efectivamente les habían robado, los habían saqueado, los habían humillado a lo largo de todos estos años, esos que hoy se autodenominan como demócratas. Y entonces, en la medida que esa gente se va quitando la venda de los ojos, se va incorporando a la organización popular. Esa es la fuerza del Frente. Esa es la esencia, en mi opinión, de la diferencia del poder político que representa el Frente Sandinista y el que representa la oligarquía. El que representa la oligarquía y sus expresiones políticas, es simplemente el poder del dinero, de los intereses de clase, de EEUU en Nicaragua. Y el poder del Frente, su naturaleza, su esencia, está en la expresión de la gente organizada. Y por lo tanto, si esa es la esencia de su poder, esa es la que va a poner frente al otro poder, y no otra. Y no otra, pues, no nos hagamos tontos. La fuerza del somocismo, cuando fue poder político en este país, eran sus instituciones, te dejaban caer la ley, la guardia, los tribunales, todo, te lo dejaban ir con todo. Esa era su fuerza. Y la fuerza del Frente era la gente. Y eso sigue siendo exactamente igual ahora. Las instituciones te ayudan, pero no son la esencia del poder. La esencia del poder reside en el pueblo organizado. Lo demás, simplemente es de ayuda, pero no es lo fundamental. Transcripción parcial del programa Sin Fronteras, de Radio La Primerísima, del jueves 12 de noviembre de 2009. Colaboración de Maríaluisa Atienza Salamero.

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