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Una nicaragüense entre las víctimas mortales del incendio en Guatemala

Agencia EFE y Diarios La Prensa Libre y El Periódico. Desde ciudad Guatemala. | 21 de Noviembre de 2006 a las 00:00
María Adela Rojas, 36, trabajaba como comerciante de pólvora en el Mercado El Granero de Ciudad Guatemala y murió junto a otras 18 personas en el incendio que se registró el luens por la tarde en ese centro de compras, uno de los más populares de la capital guatemalteca, informaron familiares. Rojas viajó hace tres años a Guatemala en busca de trabajo y desde hace uno tenía su puesto en el mercado. Vivía con su yerno y cinco hijos en la capital guatemalteca. Uno de sus hijos vive en la colonia 9 de junio de Managua y viajó hoy para participar en el entierro de su madre. La mamá de Rojas está en EEUU por problemas cardíacos. El entierro se realizará en Guatemala porque las líneas aéreas cobraban cinco mil dólares para el traslado del cadáver a Nicaragua, según informaron allegados de la familia. El incendio también dejó pérdidas económicas incalculables. Los cuerpos de socorro dijeron que la mayoría de víctimas quedaron carbonizadas y entre ellas figuran nueve mujeres y dos menores de edad y el resto hombres adultos. El fuerte viento que aún sopla en la capital contribuyó a que las llamas se propagaran de inmediato consumieran más de medio centenar de locales comerciales, la mayoría de ellos de fuegos pirotécnicos. Según los cuerpos de socorro, el alto número de víctimas se debió a que los comerciantes quedaron atrapados por las llamas dentro de sus propios negocios.

Una verdadera tragedia

Un incendio que comenzó en una venta de juegos pirotécnicos en el área conocida como El Granero, en el mercado La Terminal, de la zona 4 de la capital guatemalteca causó la muerte de 18 personas y la destrucción de 132 locales y siete vehículos. Los bomberos indican que el aire y el material con el que están construidos algunos locales fueron determinantes para que la tragedia fuera de tal. Los bomberos trabajaron desde las 13:30 horas, y cinco horas después lograron contener las llamas que ocasionaron millonarias pérdidas. Jorge Méndez, bombero municipal, mencionó que la radiación (sic) y las altas temperaturas emanadas les impidieron ingresar con rapidez al lugar, además del tráfico y la poca colaboración de los curiosos. Dentro las víctimas se encuentran 9 mujeres y 8 hombres. De ellos, 15 murieron en el lugar y 2 en el centro asistencial a donde fueron trasladados por parte de los cuerpos de socorro. Óscar Sánchez, vocero de los Bomberos Voluntarios, declaró que varios cuerpos fueron descubiertos dentro de los comercios. "Sabemos que los comerciantes, al ver las llamas y el humo, lo primero que hicieron fue encerrarse y bajar las persianas de los puestos de venta. Por eso es que varios de ellos murieron intoxicados y otros calcinados". Jorge Mux, vendedor del lugar, mencionó que él tuvo suerte de poder correr antes de que las llamas lo alcanzaran. "Los silbadores y las bombas asustaron a los compañeros y se encerraron, y ese fue el error", dijo. Sánchez añadió que no se puede calcular la cantidad de agua que utilizaron por dos horas para apagar el fuego. Las autoridades de la municipalidad indicaron que las ventas de juegos pirotécnicos del lugar no tenían el permiso correspondiente. La imagen que se observaba en el lugar se asemejaba más a una zona de guerra que a un lugar donde hubo un incendio: puestos de venta completamente destruidos, como si una bomba hubiese explotado, humo cubriendo el cielo, automóviles quemados, personas gritando y corriendo de un lado a otro, mientras los bomberos llegaban a toda prisa y agentes de la Policía intentaban poner orden, sin lograrlo. Todo esto pasó el lunes en horas de la tarde cuando un incendio, que se inició en un local donde vendían fuegos pirotécnicos, se propagó por otros locales de ventas de granos básicos y otros productos, con una rapidez que sorprendió a los comerciantes, según declararon ellos mismos. Las versiones varían sobre el inicio del fuego; unos dicen que se originó después de que un hombre que fumaba tiró la colilla del cigarro sin precaución en el suelo y el aire la impulsó a un lugar donde distribuían cohetillos y silbadores. Y la otra versión, dada también por vendedores, dice que los responsables fueron trabajadores del comercio que manipulaban la mercancía y al tirar una caja de "tronadores" explotó al caer al piso. Hasta anoche, las autoridades tenían dos hipótesis: una, que un menor quemaba silbadores. La otra, que un cortocircuito habría sido la causa. Sin embargo, Carlos Eliseo Balam expresó que vio a dos hombres que fumaban cerca de las ventas de cohetillos, y unos de ellos lanzó una colilla al suelo, y el aire la llevó hasta los juegos pirotécnicos, provocando el estallido. Dos mujeres que atendían ese negocio murieron en la explosión; sus cuerpos fueron rescatados luego de que los socorristas controlaron las llamas, pues el estallido de bombas de gran potencia hizo que el fuego se extendiera, evitando que los bomberos se acercaran. Inclusive el socorrista Julio Álvarez, de los Bomberos Voluntarios, resultó lesionado en la pierna, al estallar un juego pirotécnico cerca de donde se ubicaba. Hasta anoche, estaban confirmados 18 muertos, nueve hombres y nueve mujeres; también se registraron tres personas lesionadas. Según la comuna capitalina, los locales donde se inició el incendio no estaban autorizados para la venta de juegos pirotécnicos, pues es área de expendio de otros productos.

Testimonios

Un gran estruendo, seguido de varias detonaciones y una ola de fuego, provocó sentimientos de pánico, desesperación, dolor y gritos de angustia. Al observar las llamaradas, un bombero expresó: "Aquí las posibilidades de vida en los locales son nulas". Una enorme cortina de humo, de más de mil pies de altura, se dejaba ver a varios kilómetros; el estruendo de los juegos pirotécnicos y el sonido de las sirenas de las motobombas de los bomberos, Voluntarios y Municipales, daban cuenta de la magnitud del siniestro. Miles de galones de agua eran esparcidos para tratar de controlar el fuego, que amenazaba con devorar pequeños locales y grandes depósitos de mercadería. Cientos de comerciantes, en una labor de hormiga, tomaron cubetas plásticas y las llenaron de agua para lanzarlas en el área donde el fuego amenazaba. "Echen toda el agua que puedan. Necesitamos más gente que quiera colaborar; aquí están nuestras cosas, evitemos que el fuego llegue hasta aquí", gritaban desesperados. Una mujer de unos 50 años, con gran esfuerzo, se colocó una cubeta en la cabeza e hizo 20 viajes con agua para proteger su local de ropa. Después de cinco horas de batallar contra el fuego, los bomberos pudieron ingresar en los locales afectados, y localizaron los cadáveres. En ese momento comenzó la angustia para los familiares, quienes identificaban a sus seres queridos. El drama llegó al máximo, por el dolor de observar a las víctimas desfiguradas; algunas sólo fueron reconocidas por la ropa. Los primeros cinco muertos estaban en el depósito Mirna; el resto, en otros locales. Los cadáveres fueron trasladados a la Morgue del Organismo Judicial, donde el Ministerio Público efectuó algunas diligencias. Los socorristas informaron que algunas víctimas murieron asfixiadas y otras no tuvieron tiempo de salir, pues el fuego, avivado por el fuerte viento hizo que se expandiera en cuestión de minutos. "La gente se encerró en sus locales para cuidar sus pertenencias, pero yo salí corriendo al oír la tronazón", comentó Jorge Pérez, un comerciante sobreviviente de la tragedia. Un automovilista dijo que le preguntó a su esposa si era día de fiesta, pero al ver el humo descubrió que se trataba de un incendio. El ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, llegó al lugar de la tragedia, e informó que 300 agentes de la Policía Nacional Civil, al mando del comisario Henry López, subdirector de Seguridad Pública, quedaron al resguardo de las pertenencias de los locatarios. "Les pedimos a los vendedores que salieran de sus locales porque, debido al material que se guarda en algunos inmuebles, era arriesgado permanecer en el lugar", manifestó el funcionario. "Aquí mucha gente se quedó en la miseria, porque unos perdieron todo su producto en los locales y otros, como yo, que soy impulsadora, vivimos de lo que vendían esos negocios", expresó entre sollozos Mabel Esperanza Quintanilla. "Ay, mis hermanos; no puede ser. ¡Yo quiero estar con ellos!", gritaba Élmer Roblero, quien sufría por la muerte de tres de sus familiares, quienes eran propietarios de un local de venta de plásticos. "Estaba en otro lado y, cuando me dijeron del incendio, me vine de inmediato, con gran aflicción, porque era en el local donde estaban mi esposa y dos trabajadores", explicó Salomón Argueta, quien lamentó la muerte de esas personas. Otros vendedores vieron con lágrimas cómo las llamas devoraban sus negocios, sin poder hacer algo para evitarlo. "Tenía una venta de maíz, y mi producto se quemó. Con esta tragedia perdí más de Q50 mil", expresó un comerciante que no quiso identificarse. El resto de propietarios sólo se abrazaban con sus familiares, en busca de consuelo por la pérdida de sus ventas, que poco a poco fueron destruidas por el voraz incendio. María José Salas, vocera de la municipalidad capitalina, informó que la comuna no ha autorizado puestos de venta, almacenamiento o distribución de juegos pirotécnicos en la ciudad, y menos en La Terminal, de la zona 4. La funcionaria hizo énfasis en que el lugar donde ocurrió la tragedia era un puesto clandestino, puesto que no se había pedido autorización a la municipalidad. Aseveró que cada puesto de La Terminal está autorizado para un producto específico, y no se puede cambiar el uso del mismo.

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