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Los sandinistas vuelven al gobierno. ¿Adónde va Nicaragua?

Agencia BolPress. Desde La Paz, Bolivia. | 21 de Noviembre de 2006 a las 00:00
El ex-guerrillero y candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega, venció en las elecciones presidenciales en Nicaragua, en el primer turno. Al igual que otros Frentes Populares, Ortega combina un discurso de "combate a las desigualdades", prometiendo implementar políticas sociales compensatorias, como la Bolsa Familia de Lula. Pero, en el campo económico no hay ningún horizonte de rupturas con las políticas neoliberales. En eso consiste su programa de "corte social".

Por Agencia BolPress, de Bolivia. Desde La Paz.

La campaña electoral expresó la profunda polarización social existente en el país. Nicaragua es una de las naciones más pobres de América Latina, junto con Haití y Honduras. La pobreza extrema afecta a 5,2 millones de nicaragüenses. De los niños con menos de 5 años, cerca del 35% sufren de desnutrición. El desempleo afecta al 53% de la población. La miseria y la pobreza extrema son las ruedas propulsoras del enorme flujo de inmigrantes nicaragüenses que van ilegalmente a los Estados Unidos en busca de un "futuro mejor". La derecha se presentó dividida a las elecciones, lo que acabó favoreciendo a Ortega. Sus candidatos principales fueron Eduardo Montealegre, de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), y José Rizo, del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Montealegre era el hombre preferido por Washington, ya que él trabajó para diversos bancos norteamericanos. Desde 1990, después del fin del gobierno del Frente Sandinista, participó de los gobiernos de derecha que lo sucedieron, y ocupó el cargo de ministro da Hacienda. En esta época, Montealegre fue responsable por la emisión de bonos que endeudaron el país en más de 400 millones de dólares. Montealegre también estaba ligado al actual presidente, el latifundista Enrique Bolaños. El sandinismo también se dividió. El Movimento de Renovación Sandinista (MRS), uma ruptura del FSLN, llevó como candidato a a la presidencia a Edmundo Jarquín, un antiguo funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo, que recibió el 6,44%. Su principal critica a Ortega era contra su perfil "autoritario" y la "falta de ética" del FSLN, acusado de corrupción. Pero no dijo nada sobre o programa moderado presentado por el FSLN.

Intervención imperialista

Después de haber sido derrotado en tres elecciones consecutivas, el ex-líder guerrillero Daniel Ortega despuntó como el candidato favorito luego de asumir un discurso de "candidato de los pobres" y prometer la realización de programas sociales compensatorios como el "hambre cero" y el "desempleo cero". El imperialismo intervino claramente durante todo el proceso electoral, intentando chantajear a la población diciendo que la elección de Ortega seria un "desastre para Nicaragua". La desconfianza de los EE.UU. con relación a Ortega reside en su pasado de luchas contra el imperialismo, durante la revolución sandinista. Pero Ortega, hoy con 60 años, intentó aparecer como un candidato "confiable" al imperialismo, moderó su discurso diciendo que "estaba dispuesto a mantener buenas relaciones" con Washington, se comprometió a mantener las políticas de libre comercio e hizo alianzas con sectores de las tradicionales oligarquías del país, sectores de la Iglesia Católica, representados por el Cardenal Miguel Obando, y el ex-banquero Jaime Morales Carazo. La campaña de Ortega muestra de forma incuestionable las profundas transformaciones políticas ocurridas en el FSLN desde su salida del poder en 1990. Y sirve como un ejemplo de la rendición de los ex-guerrilleros que abandonaron las trincheras y pasaron a defender al régimen democrático-burgués. En 1963, Ortega se unió a la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza. Miembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional, participó del levantamiento que derribó a Somoza, en 1979. Luego de la revolución fue coordinador de la Junta de gobierno que asumió el poder. En aquellos años, partidos y grupos trotsquistas de todo el mundo iniciaron una campaña de solidaridad y apoyo a la revolución nicaragüense. La Fracción Bolchevique (que más tarde daría origen a la Liga Internacional de los Trabajadores - LIT-CI) participó de la lucha directa contra Somoza, a pesar de las diferencias políticas con el sandinismo. A través del PST colombiano, realizó una gran campaña para construir la Brigada Simón Bolívar, formada por militantes de la FB y revolucionarios independientes de Colombia, Panamá, Costa Rica, EE.UU. y Argentina. El colombiano José Juan Sánchez, integrante de la Brigada, recordó, en una entrevista concedida al Portal del PSTU, en 2003, que la campaña de reclutamiento para la formación de la brigada atrajo centenas de personas que deseaban luchar contra Somoza: "Muchas personas de diferentes orígenes querían ingresar en la Brigada. Recuerdo, por ejemplo, que un muchacho del interior de Colombia, que era relojero, vendió todas sus cosas y fue por su propia iniciativa hasta Bogotá", Después agregó: "Nuestro entrenamiento fue en Costa Rica, en una casa como esta, donde hicimos una instrucción tanto política como militar. La Brigada participó del Frente Sur, donde se produjeron las mayores bajas. Me recuerdo que, apenas en los primeros combates, cuatro compañeros murieron". Manteniendo su total independencia política, la Brigada ingresó en el Ejército Sandinista y cumplió un heroico papel en la liberación de la región sur de Nicaragua, con el costo de varios muertos y heridos. La revolución expropió las tierras y las propiedades industriales de la familia Somoza (cerca del 40% de la economía del país), nacionalizó bancos y aseguradoras, inició una campaña de alfabetización y la reforma agraria. En 1984, Ortega fue electo presidente con el 60% de los votos. Durante toda la década de 1980, l os sandinistas fueron víctimas de una fuerte campaña del imperialismo, liderada por el entonces presidente de los EE.UU. Ronald Reagan. Guerrilleros anti-sandinistas, conocidos como "los contras", fueron reclutados y financiados por el imperialismo para derrotar a la frágil revolución. Gran parte del caos económico y social existente hoy en Nicaragua está relacionado con las acciones terroristas de los "contras", que mataron más de 30 mil personas y sabotearon la economía del país. Sin embargo, la dirección sandinista, a pesar de luchar heroicamente contra Somoza, se rehusó a avanzar en medidas que apuntasen al socialismo. Se negó, por ejemplo, a expropiar al conjunto de la burguesía, dejando intacta una importante base social para la actuación y el fortalecimiento de los "contras". En esa época, la dirección sandinista lanzó la política de "reconstrucción nacional" junto con la burguesía. Preguntado sobre los riesgos de la incorporación de representante de la burguesia al gobierno, un representante sandinista respondió que "no se corría ningún riesgo". De esta forma impidió que el pueblo nicaragüense siguiese adelante con la expropiación de las tierras y las fábricas de los explotadores. Para avanzar en dirección al socialismo era preciso expropiar sin indemnizaciones de las empresas y latifundios, el desconocimiento de la deuda externa, la distribución de tierras y la adopción de un orden revolucionario basado en los consejos obreros y campesinos. Los sandinistas también se rehusaron a adoptar medidas que permitiesen la creación de sindicatos libres y la libertad de expresión de las organizaciones obreras y campesinas. En esa época, la Brigada Simón Bolívar exigió que los sandinistas rompiesen con la burguesía y formaran un nuevo gobierno juntamente con los sindicatos obreros. La Brigada impulsó la creación de sindicatos y consiguió organizar más de 70 en poquísimo tiempo. Esto provocó la reacción de la dirección sandinista, que expulsó a la Brigada de Nicaragua y entregó sus integrantes a la policía panameña. El boicot económico impuesto por los EE.UU., la acción de los "contras" y la negativa de la dirección sandinista a expropiar al conjunto de la burguesía, llevó a la derrota de la revolución nicaragüense que había despertado tantas pasiones en la izquierda latinoamericana. Aprovechándose del desgaste del FSLN, el imperialismo articuló y financió la candidatura de Violeta Chamorro, que fue electa presidente en 1990. La FSLN se transformó entonces en un partido político de oposición legal y las conquistas de la revolución se fueron perdiendo gradualmente. Varios dirigentes sandinistas fueron posteriormente acusados de corrupción y de apropiarse del patrimonio público expropiado por la revolución. Ortega vive hoy en una mansión confiscada a un pariente de Somoza. La victoria de Ortega se inserta en el marco de la situación revolucionaria latinoamericana que produjo una ola de gobiernos de Frente Popular, es decir, de coaliciones entre partidos de izquierda y burgueses. Al igual que otr0s Frentes Populares, Ortega combina un discurso de "combate a las desigualdades", prometiendo implementar políticas sociales compensatorias, como la Bolsa Familia de Lula. Pero, en el campo económico no hay ningún horizonte de rupturas con las políticas neoliberales. En eso consiste su programa de "corte social". Los trabajadores de Nicaragua, con su larga experiencia revolucionaria, no deben depositar ninguna confianza en el gobierno Ortega, que ya los traicionó en el pasado. La lección de la revolución sandinista muestra que sólo la lucha directa de los trabajadores y las masas, independiente de la burguesía puede llevar a la construcción de una sociedad justa e igualitaria. Una sociedad socialista.

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